miércoles, febrero 22, 2017

Ernesto Cardenal / De "Gethsemani, Ky"















1.
En Pascua resucitan las cigarras
-enterradas 17 años en estado de larva-
millones y millones de cigarras
que cantan y cantan todo el día
y en la noche todavía están cantando.
Sólo los machos cantan:
las hembras son mudas.
Pero no cantan para las hembras:
porque también son sordas.
Todo el bosque resuena con el canto
y sólo ellas en todo el bosque no los oyen.
¿Para quién cantan los machos?
¿Y por qué cantan tanto? ¿Y qué cantan?
Cantan como trapenses en el coro
delante de sus Salterios y sus Antifonarios
cantando el Invitatorio de la Resurrección.
Al fin de mes el canto se hace triste,
y uno a uno van callando los cantores,
y después sólo se oyen unos cuantos,
y después ni uno. Cantaron la resurrección.

2.
Ha llegado al cementerio trapense la primavera,
al cementerio verde de hierba recién rozada
con sus cruces de hierro en hilera como una siembra,
donde el cardenal llama a su amada y la amada
responde a llamada de su rojo enamorado.
Donde el reyezuelo recoge ramitas para su nido
y se oye el rumor del tractor amarillo
al otro lado de la carretera, rozando el potrero.
Ahora vosotros sois fósforo, nitrógeno y potasa.
Y con la lluvia de anoche, que desentierra raíces
y abre los retoños, alimentáis las plantas
como comíais las plantas que antes fueron hombres
y antes plantas y antes fósforo, nitrógeno y potasa.
Pero cuando el cosmos vuelva al hidrógeno original
-Porque hidrógeno somos y en hidrógeno nos hemos de convertir-
no resucitaréis solos, como fuisteis enterrados,
sino que en vuestro cuerpo resucitará toda la tierra:
la lluvia de anoche, y el nido del reyezuelo,
la vaca Holstein, blanca y negra, en la colina,
el amor del cardenal, y el tractor de mayo

11.
La bocina de este auto en la carretera me es familiar
y este viento silbando en los pinos
y estremeciendo el techo de zinc del noviciado
me recuerda mi casa. Alguien llama desde el auto.
Pero mi casa, junto a la carretera
donde estaban siempre pasando los autos,
hace años fue vendida y en ella viven extraños.
El auto era desconocido y ya se fue.
Sólo el viento es el mismo. Sólo el silbido
de esta tarde lluviosa de otoño es familiar.

14.
Detrás del monasterio, junto al camino,
existe un cementerio de cosas gastadas,
en donde yacen el hierro sarroso, pedazos
de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos,
cajetillas de cigarrillos vacías, aserrín
y zinc, plástico envejecido, llantas rotas,
esperando como nosotros la resurrección.

Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925), Gethsemani, Ky, Ediciones UNAM, Ciudad de México, 1961
Envío de Jonio González



martes, febrero 21, 2017

Silvia Pratt / De dónde proviene este silbante...
















De dónde proviene este silbante
viento
       sibilino,
si lacera los labios y acarrea nostalgias
de parajes soterrados.

No es verdad que aleje
para siempre la hojarasca y los pesares
si estarán mañana
                 otra vez aquí
enraizándose en mi piel.

Si pudiera detenerlo con mis manos,
no se albergaría la angustia en los postigos
ni los vitrales retumbarían de pesadumbre.

Silvia Pratt (Ciudad de México, 1949), Urdimbre circular, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Ciudad de México, 2009




lunes, febrero 20, 2017

Diego Muzzio / De "Hyeronimus Bosch"
















Avaritia

Trescientos autos abandonan el Monte Calvario
aplastando viejos cráneos de hombres y animales,
arrastrando pedazos de la cruz, restos del manto,
las guanteras repletas de clavos oxidados y martillos,
y obesas mujeres sudorosas en vestidos floreados
aprietan contra sus pechos frascos con tierra del Gólgota,
piedras manchadas de sangre, esponjas embebidas en vinagre
que apestan al humo pertinaz de una quemadura.
Regresan a la aldea. En el Mercado de las Reliquias
se asean los mostradores y se preparan los carteles
con las sumas a pagar por un jirón de mortaja,
una espina, dos lágrimas derramadas por Magdalena.
Sucumbe el sol detrás de las nubes.
Pero mañana habrá pingües ganancias de esta excursión
al perímetro electrificado del monte donde aún
rondan mujeres llorosas, ratas, perros, pescadores
bajo la luz glacial de una promesa incumplida.


Invidia

Escucho, te oigo murmurar entre los búhos
que revolotean alrededor de un grupo de mujeres,
considerando la longitud del fémur, el perfil,
el suave movimiento de la cabellera cuando gira la cabeza,
la engañosa seguridad de un amor duramente conquistado.
Tus manos rebosantes de alfileres, tu lengua, la nariz
que se adelanta para husmear el perfume que exhalan
las manadas de gacelas que anidan entre sus pechos.
Y fuiste vencido. Sobre las sábanas sólo hubo carne
complaciente al embrujo de tu largo esqueleto
empujando como una máquina en la oscuridad
y en mis noches se instaló una idéntica serpiente
que envuelve y aprieta mi cráneo hasta triturarlo.
Yo también fui vencido. El cordón umbilical
que desde siempre nos unía transporta ahora
sólo tristeza, excrementos, despojos,
la negra caballería de nuestra mutua destrucción.

Diego Muzzio (Buenos Aires, 1969), Hyeronimus Bosch, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2005


Foto: Diego Muzzio en FB


domingo, febrero 19, 2017

Juan José Saer / Por Clodia (Lesbia) en el cabaret
















Sin embargo tus ojos ardían recientes bajo las drogas
fugaces y livianos como dos cirios en las sombras.
Acunabas un lobo por corazón, oh queridísima Clodia, oh Lesbia.
Abandonado elijo tu lado bueno: entre las luces
mínimas, las atroces, parecidas a un meteoro,
tu cabeza bailaba y expandía como con aspas verdes
la claridad. Abandonado elijo
tu lado triste: a veces, como Dios, no estás
en ningún lado; entonces cierras
los ojos, oh Lesbia, y tiemblas como esas
grandes hojas tropicales mojadas. Abandonado
elijo tu lado esencial: nunca vuelves,
eres como una muerta obstinada, tú,
la oscura patrona de haber sido. Abandonado
elijo tu lado vuelto hacia mí: algo de cuya cara
tu corazón es el reverso.

Juan José Saer (Serodino, Argentina, 1937-París, 2005), El arte de narrar, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 1988


sábado, febrero 18, 2017

Gerardo Vacana / Dos poemas
















El muro a seco

El muro a seco detrás de casa
esconde entre piedra y piedra
serpientes y caracoles en abundancia.
Nosotros no lo demolemos,
ni rellenamos los espacios vacíos
con cemento.
Nos persuade su belleza
—todo de piedra viva
y obra de una excelente mano—,
nos quedamos con sabiduría
nutrición y espanto.
 

El acontecimiento en busca del autor

El acontecimiento grande o mínimo
pasa por mil bocas distraídas
sufre mil tergiversaciones
pero reclama verdadera atención
busca un paso
entre gente resuelta, indiferente,
llega hasta ti
atenta, inquieta desembocadura
terminal doliente.

Por más esfuerzos que haga
tu mente (mente, no mar)
no le devolverá
la original pureza
la inicial, intacta verdad.

Gerardo Vacana (Gallinaro, Italia, 1929), El verbo infiel, traducción de Carlos Vitale, Emboscall Editorial, Barcelona, 2016


IL MURO A SECCO

Il muro a secco dietro casa
nasconde tra pietra e pietra
serpenti e lumache in abbondanza.
Noi non lo demoliamo,
né riempiamo gli spazi vuoti
col cemento.
Ci persuade la sua bellezza
—tutta di pietra viva
e fatto di ottima mano—,
ci prendiamo con saggezza
nutrimento e spavento.   

L'EVENTO IN CERCA D'AUTORE

L'evento grande o minimo
passa per mille bocche distratte
subisce mille travisamenti
ma reclama vera attenzione
cerca un varco
tra gente tetragona indifferente,
giunge fino a te
attenta inquieta foce
terminale dolente.

Per sforzi che faccia
la tua mente (mente, non mare)
non gli ridarà
l'originaria purezza
l'iniziale intatta verità.




viernes, febrero 17, 2017

Rafael Courtoisie / Enriquezca su vocabulario














Ve al diccionario rescata
la palabra  "íngrimo" y me avisas.
¿Volviste? A esta hora
están matando un gallo en Senegal
óyelo bien
le están cortando el cuello
a un gallo que no eres tú
no te importa su nombre
sin nombre un gallo
pudo ser hombre
el destino es extraño
y tiene plumas
cacareaba, sí
pero, ¿qué sabes?
¿Tú qué sabes
del gallo
de la sustancia que alza
dentro?
¿Conoces el principio
azul del músculo
la estatura ciega
ósea?

Pudo ser hombre
sufrió en dos patas
como cualquiera
en Senegal.

                       Lo matan. Ya sabes
la cáscara
deja la llaga
del gallo humano salir
gotea cortado
                       el cuello
el hombre puro
del gallo
                       la desolación
deja un desierto en la madrugada
hace un agujero en la luz
el picotazo negro
de la muerte
gallina
                       la mañana.
El gallo
                       en el hombre.

Ahora di:
¿Qué significa “íngrimo”?


Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958), Casa de cosas, Asociación de Escritores y Artistas Españoles, Madrid, 2003


Foto: Rafael Courtoisie en FB



jueves, febrero 16, 2017

Gregory Corso / El hundimiento del Nordling















Una noche cincuenta hombres se alejaron nadando de Dios
y se ahogaron.
Por la mañana el abandonado Dios
hundió Su dedo en el mar,
lo hizo emerger con cincuenta almas
y señaló hacia la eternidad.

Gregory Nunzio Corso (Nueva York, Estados Unidos, 1930- Robbinsdale, Estados Unidos, 2001), The Vestal Lady on Brattle and Other Poems, City Lights, San Francisco, 1969
Versión de Jonio González


THE WRECK OF THE NORDLING

One night fifty men swam away from God
And drowned.
In the morning the abandoned God
Dipped His finger into the sea,
Came up with fifty souls,
And pointed towards eternity.




miércoles, febrero 15, 2017

Rudyard Kipling / La balada de los autos
















"Puede ser el precio por tomar de más",
dijo el doctor arrodillado,
y pidió que removieran al hombre
cuando comprobó que estaba muerto.

Levantaron y trasladaron
el triste cuerpo inmóvil,
para llevarlo al pueblo más cercano
a la espera del forense.

Le cubrieron el rostro,
y los conductores de los autos detenidos
en la puerta del mercado
hablaban del accidente sin cesar.

"Tal vez haya bebido demasiado,
nada nos podría ayudar
a traerlo nuevamente a este mundo,
a despedirse de su amada."

"No hay calle alguna en Inglaterra
que un hombre ebrio pueda cruzar,
sin mirar hacia los costados
y también hacia adelante y hacia atrás."

Le descubrieron el rostro
y el forense lo examinó;
los autos detenidos en la puerta del mercado
ya habían retomado sus caminos.

Rudyard Kipling (Bombay, India, 1865-Londres, 1936)
Versión libre de Javier Cófreces y Maximiliano  Legnani

Los autos
(Poemas a cuatro ruedas),
Selección y prólogo de Maximiliano Legnani,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2017









martes, febrero 14, 2017

Silvina López Medin / La luz se había cortado















Hablábamos boca arriba,
una conversación de campamento, de antes de dormir
hacía cuánto que la luz se había cortado y el frío
empezaba a filtrarse
bajo las puertas, corriente de aire
en las cosas que no encastran.
Hacía cuánto
no conversábamos así
el tono con que se planea un largo viaje,
voces que se deslizan, el sueño
cayéndonos encima con el dulce peso
de un edredón.
Hasta escuchar un beep
un motor
las cosas volviendo a encenderse.

Silvina López Medin (Buenos Aires, 1976), Excursión, inédito




lunes, febrero 13, 2017

Milo De Angelis / De "Incontri e agguati", 2















[I. Guerra de trincheras]

......................................................
......................................................
..... en 1967, después de una larga guerra
de trincheras, una guerra de metros
ganados y perdidos, inicié
una negociación con la muerte.



Comencé entonces a negociar, sí, a negociar
pero ella recalcitraba, negaba la firma
se daba por desaparecida y reaparecía en lo más bello
en el velero de una caricia o en la voz
que señalaba allá arriba una osa de fábula
era ella con un sabor de almendras asadas:
inyectaba en el alba su oscuridad primitiva.



Con la muerte lo intenté seriamente
por un tiempo fue buena
renunció a su imperio universal
comenzó a actuar caso por caso
alivió algunos sobresaltos con su ungüento
luego comenzó a entonar
una canción cantada en re.

Milo De Angelis (Milán, Italia, 1951), Incontri e agguati, Mondadori, 2016
Versiones de Jorge Aulicino


[I. Guerra di trincea]

................................................
................................................
..... nel 1967, dopo una lunga guerra
di trincea, dopo una guerra di metri
guadagnati e persi, iniziai
una trattativa con la morte.


Iniziai dunque a trattare, sì, a trattare
me lei recalcitrava, negava la firma
si dava per dispersa e riappariva sul più bello
nella vela di una carezza o nella voce
che indicava lassú un'orsa favolosa
era lei con un sapore di mandorle bruciate
iniettava nell'alba il suo buio primitivo.


Con las morte ho tentato seriamente
per un po'è stata buona
ha rinunciato al suo impero universale
ha cominciato a muoversi caso per caso
ha lenito alcuni sussulti con il suo unguento
poi ha cominciato a intonare
una canzone cantata in re.



domingo, febrero 12, 2017

Lucio Zinna / Casablanca
















1

La infancia enjuta y soleada la adolescencia
vasta y solitaria como un desierto de cítricos
y Casablanca un espejismo la más cercana
lejanía desde que allí se perdió mi padre
por cosas de la guerra (otra femme otro
hijo en la ruleta de la vida).

2

Cartes postales y viajeros sículos
(en la diáspora transitando por el valle de Mazara)
contaban de cúpulas moriscas sobre el océano
de jardines colgantes —nueva Babilonne—
de noches pespunteadas de diamantes de mercaderes
locuaces y embozados en la casba cautelosa.

3

Y la blanca ciudad suspendida en una niebla
que el sol de África despejó en broma
A mi querido papá lejano / con mucho abecto
releyó mi madre y subrayó nerviosa la «b»
(tuvo una prolongación reparadora
en la foto de «Boscarino» con dedicatoria — me retrataba
con un libro de mitos la mirada perdida
en el vacío). En el vacío Casablanca un milagro.

4

Llegaron más tarde perfumes de oriente
huríes siempreverdes pecadoras (des)veladas
arenas rojizas de siroco. Nadie
me decepcionó más que Humphrey Bogart. Lorenzo
más sencillamente —ex prisionero en desbandada—
se había convertido en dueño de una épicerie fine
abarrotado almacén para ciudadanos franceses
«La Jardinière».

5

Al independizarse Marruecos debió abandonarlo todo
retirarse a Lyon donde murió de un tumor
en el cerebelo o en un accidente de camión nunca se supo
con precisión. Lyon fue —de Casablanca—
sucedáneo y fusión tuvo también ella minaretes
palmeras blancos palacios sabía a ultramar
hasta el pâté de foie.

Lucio Zinna (Mazara del Vallo, Italia, 1938), Bonsai, I.L.A. Palma, Palermo, 1989
Versión de Carlos Vitale




L'infanzia magra e solatìa l'adolescenza
vasta e solinga come un deserto d'agrumi
e Casablanca un miraggio la più vicina
lontananza da che vi si sperdette il padre
per fatti di guerra (altra femme altro
figlio nella roulette del vivere).



Cartes postales e viaggiatori siculi
(nella diaspora transitanti per il valmazàra)
narravano di cupole moresche sull'oceano
di pensili giardini —novella Babilonne—
di notti trapunte di diamanti di mercanti
ciarlieri e intabarrati nella casbah guardinga.




E la bianca città sospesa in una nebbia
che il sole d'Affrica diradò per celia.
Al caro papà lontano / con tanto abbetto
rilesse mia madre e calcò nervosa sulle «bb»
(ebbero un prolungamento riparatore
nella «fotoboscarino» con dedica — mi ritraeva
con un libro di miti lo sguardo sperso
nel vuoto). Nel vuoto Casablanca un miracolo.



Giunsero più tardi profumi d'oriente
urì sempreverdi peccatrici (dis)velate
sabbie rossastre di scirocco. Nessuno
mi deluse più di Humphrey Bogart. Lorenzo
più semplicemente —ex prigioniero sbandato—
era divenuto padrone di un'épicerie fine
dovizioso magazzino per cittadini francesi 
«La Jardinière».




A Marocco indipendente dovette tutto mollare
ridursi a Lyon dove morì di tumore
al cervelletto o in un incidente di camion mai si seppe
con precisione. Lyon fu —di Casablanca—
surrogato e fusione ebbe anch'essa minareti 
palmizi bianchi palazzi sapeva d'oltremare
persino il pâté de foie.




sábado, febrero 11, 2017

Diane di Prima / La sonrisa de la viuda















I

la sonrisa de la viuda
mientras dispone rosas de Navidad
en un vaso

II

marcas de
dientes de liebre en cada
higo de nopal

III

la risa del niño delgado
mientras se dirige
a que lo operen de cáncer

IV

la mente del anciano
brilla radiante mientras
escribe la última página de su diario

V

aun fuera de temporada
el cactus
florece

VI

muerto mientras duermes
tendido en tu propia cama:
¿cómo cambió el sueño?

VII

fría mañana de invierno
la cría de codorniz busca semillas
bajo la artemisa

VIII

amanece sobre las montañas
en el árbol muerto
el pájaro carpintero está preparado

IX

me gustaría abrazarte
en silencio, decir sí
el dolor es como tú lo describes

X

en el lecho seco
las huellas de coyote
los huesos blancos de algo pequeño

Diane di Prima (Nueva York, Estados Unidos, 1934), Haiku, Love Press, Topanga, California, 1966
Versiones de Jonio González



THE WIDOW'S SMILE 

I

the widow's smile
as she arranges winter roses
in a glass

II

marks of the
jackrabbit's teeth on every
pad of the prickly pear

III

laughter of the thin child
on her way
to cancer surgery

IV

old man's mind
flares brightly as he
writes the last page of his journal

V

even off-season
the cholla
flowers

VI

died in yr sleep
laid out in yr own bed:
how did the dream change?

VII

cold winter morning
the baby quail search for seeds
under the sagebrush

VIII

dawn over mountains
in the dead tree
the ladder-back woodpecker is ready

IX

would like to hold you
in silence, say yes
grief is as you describe it

X

in the dry wash
tracks of coyote
white bones of something small





viernes, febrero 10, 2017

Milo De Angelis / De "Incontri e agguati"















[I. Guerra de trincheras]

Esta muerte es un taller
donde trabajo hace años
reconozco las piezas buenas y las flojas,
los días propicios, la virtud
de dedicarse cada minuto y la de
detenerse, detenerse y esperar
una solución nueva para la falla.
Ven, amigo, te muestro,
te cuento.

*

Todo empezó en una piecita
con los regalos y las velitas
que de un soplo apagó mi padre
firme en su traje para siempre
y un círculo de pura nada me asaltó
instantáneo se desmoronó sobre la mesa
y me mostró cientos de estos días.

Milo De Angelis (Milán, Italia, 1951), Incontri e agguati, Mondadori, 2016
Versiones de Jorge Aulicino


[I. Guerra di trincea]

Questa morte è un'officina
ci lavoro da anni e anni
conosco i pezzi buoni e quelli deboli,
i giorni propizi, la virtù
de applicarsi minuto per minuto e quella
di sostare, sostare e attendere
una soluzione nuova per il guasto.
Vieni, amico mio, ti faccio vedere,
ti racconto.

*

Tutto cominciò in una cameretta
con i regali e le candeline
che in un soffio spensero mio padre
fermo nella sua giacca per sempre
e un cerchio di puro niente mi assalì
in un attimo franò sul tavolo
e mi mostrò cento di questi giorni.





jueves, febrero 09, 2017

Jaime Dávalos / Las golondrinas














[Canción]

¿Adónde se irán volando por esos cielos,
brasitas negras que lustra la oscuridad?
Detrás de su vuelo errante mis ojos gozan
la inmensidad.

Veleros de la tormenta se van las nubes,
en surcos de luz dorada se pone el sol
y, como sílabas negras, las golondrinas
dicen adiós.

Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
sobre la luz, cruzando el mar.

Un cielo de barriletes muestra la tarde,
el viento en las arboledas cantando va
y desandando los días mi pensamiento,
también se va.

Cuando se acorten los días junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
volverte a ver.

c.1962

Jaime Dávalos (Salta, Argentina, 1921-1981)


Nota del Administrador

La letra de esta canción fue trascrita aquí escuchando la propia interpretación del autor, con la música y el acompañamiento de Eduardo Falú. No dispongo de más datos sobre la grabación. Las primeras y principales diferencias con las letras que se suelen publicar en Internet están en la primera estrofa. Dávalos menciona a las golondrinas en plural. El segundo verso suele trascribirse como "brasita negra que lustra la claridad", mientras que Dávalos canta: "brasitas negras que lustra la oscuridad". Esto es, la golondrinas son lustradas por la oscuridad (tienen el lustre de la oscuridad), no "lustran la claridad", figura que a mi juicio carece de sentido. Comentario, quizá, del poema popular de Gustavo Adolfo Bécquer, la canción solicita el regreso de la eternidad que el vuelo de las golondrinas sugiere, mientras que el poeta sevillano postula que el momento eterno no se repite, pues las golondrinas que vuelven no son las mismas. Bécquer parece sin embargo dueño de los momentos irrepetibles (la llegada de las golondrinas, el florecer de las madreselvas) y finalmente se lo enrostra a la amada perdida: "Pero mudo y absorto y de rodillas/ como se adora a Dios ante su altar,/ como yo te he querido... desengáñate,/ ¡así... no te querrán!", mientras que Dávalos espera ver esas "silabas negras" cuando lo alcance la sombra. Es mejor poema el del salteño, y más inmediatamente reclutador de emociones, por su soberbia, el del sevillano.


Adjunto I

Cuenta Jaime Dávalos acerca de esta canción: "En el patio de casa aparecían de pronto, con los primeros colores un día, llenando con sus chirridos de alborozo aquel ámbito de nuestros juegos donde el Tata estaba casi siempre sentado en su sillón de mimbre leyendo. Las campanas de San Alfonso contribuían entonces a insuflarle encantamiento a la visita de las golondrinas en aquellos cielos donde grandes nubarrones anunciaban la próxima estación de las lluvias. Los días eran largos y se demoraban en la agonía de la tarde. Lo recuerdo. Una tarde así en la que salía de la convalecencia de una larga gripe, ¡vi tan nítido el aire! Me subí al techo y de espaldas sobre las chapas de zinc aún tibias, miré hacia arriba tratando de abarcar la vasta redondez comba del cielo de una sola mirada, sin pestañear; quería ver todas las golondrinas de una vez, sin necesidad de seguirlas una por una en el vuelo loco con que garabateaban el azul hondo, tiritante de la luz.
"En el horizonte cenizo del arrabal a ras de los techos, los barriletes subían como fantasmales rayas coleando, nadando hacia las primeras estrellas pálidas, y el viento hacia saludar gravemente a los árboles. No sé cuanto tiempo permanecí echado así, pero me despertaron aquella fiesta de la contemplación los maullidos de aquellos gatos que ya sentían también como las golondrinas y yo, el advenimiento de la primavera.
"Cuando Eduardo (Falú) me hizo oír la música de lo que después sería 'Las golondrinas', voló mi pensamiento tiempo atrás y desandando los días recuperó el alborozo triste de aquellas tardes de la infancia; los conmovidos versos de Gustavo Adolfo Bécquer; algo que me dictaba Leopoldo Lugones; y la vida, esa que siempre se nutre de la literatura sin temor de canjear entre ambas, de plagiarse o imitarse porque las dos son autoras de un sueño en el que devenimos polvo. La música, repito, con su fuerza evocadora citó en mí las palabras donde la experiencia sensible de los días lejanos quedó apenas atrapada, tan apenas como en la red de vuelos de las golondrinas en el ancho cielo del asombro" (Jaime Dávalos, Yo soy quién pinta las uvas, 1980).
Folklore del Norte

POEMA DE LAS GOLONDRINAS (Jaime Dávalos)

Amo las golondrinas
porque son como mi alma
fugaces visitantes de lo desconocido.
Aparecen de pronto,
cuando la primavera en el aire
decide la derrota del frío.

Me traen de los cielos remotos de la tierra
la nostalgia despacio
y el ansía de infinito
con que mi sangre
viene venciéndola a la muerte
y afirmando la vida
a través de los siglos.

Las veo,
entre celajes de nubes ampulosas
que copia en el espejo de las aguas el río,
festejar la tormenta que presienten
volando al ras del agua
ebrias de librar su instinto.
Porque son como flechas del arco iris
jugando en el azul abierto
su secreto destino.

Yo creo,
que a mi vienen
desde el fondo del tiempo
para que no me olvide
de mi origen divino.


Adjunto II

[RIMA LIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
¡esas... no volverán!.

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡esas... no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengáñate,
¡así... no te querrán! - Gustavo Adolfo Bécquer]




miércoles, febrero 08, 2017

Jorge Fondebrider / Oerlikon-Hinwil, invierno boreal de 2017















En Wallisellen parecía que se había derrumbado el cielo
y había una grúa en la estación
que no lograba levantarlo.

En Dübendorf ya había puro campo.
Sin vacas.
Puro cuervo.

En Schwerzenbach, el guarda.
Está en primera –dijo– y su boleto
no sirve, es de segunda.

Cambié de coche. Y ya era Nanikon
-Greifensee, ciudad esta última donde, después de ser tomada,
el 27 de mayo de 1444
decapitaron a todos sus defensores, excepto a dos,
porque la ejecución masiva es siempre cruel e injusta.

En Uster cabeceé.

Aathal tiene un museo para los dinosaurios.

Y en Wetzikon hay un sitio prehistórico
y el desempleo supera el 2%.

Así se llega a Hinwil, que no es nada.
Apenas hay un pueblo perdido al pie de las montañas.
o en todo caso es final de un recorrido
que alumbran tenuemente las luces de estación.
Hacía frío y entonces esperé. No vino nadie.

[inédito]

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956)




martes, febrero 07, 2017

María del Carmen Colombo / Dos poemas













Piccolo

Colombo viene de paloma
decía papá
y su mano callada
acariciaba mi cabeza

reímos juntos
en el gran comedor de la casa

recuerdo el anillo
de una voz
         luminoso
en su eterno retorno:

Oh mio babbino caro



Carta a papá

Miserable estratagema
para tenerte parecerme
a vos

ser en espejada lejanía
lo que brilla por ausencia
una estrella

no me llames ilusa
estoy arriba
reina de la nada
ardiendo en mis heridas

soy tu pequeño espejismo
qué peor atadura

ah, si quisieras llegar hasta aquí
y entraras en esta luz

en todo caso si así fuera, querido mío
la luz hiere, la luz es realidad

María del Carmen Colombo (Buenos Aires, 1950), "Algunos poemas inéditos", Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2015



lunes, febrero 06, 2017

Antonio Gamoneda / Sobre el excremento de rebaños...
















Sobre el excremento de rebaños, subo y me acuesto bajo los robles musicales.
Cruzan palomas entre mi cuerpo y el crepúsculo, cesa el viento y las sombras son húmedas.
Hierba de soledad, palomas negras: he llegado, por fin; éste no es mi lugar, pero he llegado.

Antonio Gamoneda (Oviedo, España, 1931), Libro del frío, Siruela, Madrid, 1992
Envío de Jonio González



domingo, febrero 05, 2017

Kay Ryan / Las cosas no deberían ser tan duras















Una vida debería dejar
profundas huellas:
surcos en el sitio
en que ella salía y volvía
para buscar el correo
o mover la manguera
en el jardín;
pararse ante el fregadero,
un lugar desgastado;
bajo su mano,
los tiradores de porcelana
frotados hasta convertirse
en pastillas blancas;
el interruptor que solía
buscar tanteando
a oscuras
casi borrado.
Sus cosas tendrían
que conservar sus marcas.
El paso de una vida
debería verse;
mostrar su erosión.
Y cuando la vida se interrumpe,
un cierto espacio
-por pequeño que sea-
tendría que exhibir las cicatrices
de ese tránsito
grandioso y dañino.
Las cosas no tendrían
que ser tan duras.

Kay Ryan (San José, Estados Unidos, 1945), "Conversos", traducciones de Mirta Rosenberg, El paisaje interior, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2012


Things Shouldn't Be So Hard 

A life should leave
deep tracks:
ruts where she
went out and back
to get the mail
or move the hose
around the yard;
where she used to
stand before the sink,
a worn-out place;
beneath her hand
the china knobs
rubbed down to 
white pastilles;
the switch she 
used to feel for 
in the dark
almost erased.
Her things should 
keep her marks.
The passage
of a life should show;
it should abrade.
And when life stops,
a certain space—
however small—
should be left scarred 
by the grand and 
damaging parade.
Things shouldn't 
be so hard.

The Niagara River [2005] © Grove Press



sábado, febrero 04, 2017

Elizabeth Bishop / Un arte




















No es difícil dominar el arte de perder;
tantas cosas parecen llenas del deseo
de perderse que si se pierden no hay desastre.

Perdé algo cada día. Aceptá el no tener
las perdidas llaves de tu puerta, la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Practicá después perder más, y más rápido perder:
lugares y nombres, el sitio al que querías
viajar. Nada de esto es un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mirá, hay que saber
que la penúltima de mis tres casas más amadas se perdió.
No es difícil dominar el arte de perder.

Perdí dos ciudades, adorables. Y, más grande,
algunos reinos que tenía, dos ríos, también un continente.
Los extraño, pero no fue una catástrofe.

Incluso si te pierdo (la voz burlona, ese andar que amo) no habré mentido.
   /Es evidente
que no es difícil dominar el arte de perder
aunque parezca (escribilo) un gran desastre.

Elizabeth Bishop (Worcester, Estados Unidos, 1911 - Boston, Estados Unidos, 1979)

Versión de Mirta Rosenberg (para Irene)

Foto: Elizabeth Bishop con Tobías en The Cultural Cat


One Art

The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant 
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

—Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied.  It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.

-The Complete Poems 1927-1979 by Elizabeth Bishop, published by Farrar, Straus & Giroux, Inc. Copyright © 1979, 1983 by Alice Helen Methfessel. Used with permission of Farrar, Straus & Giroux, LLC. All rights reserved.

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viernes, febrero 03, 2017

Cecil Day-Lewis / Una fuerte helada




Una helada llegó en la noche y robó mi mundo
y dejó a este niño cambiado en su cuna- una precoz
imagen de la primavera, demasiado brillante para ser verdad:
blanco alilado en los cristales de la ventana, cada brizna de hierba
abrigada como una candelilla, parra rusa abordando el seto.
Los olmos detrás de la casa no son más olmos
sino floraciones del cristal, tallos de la neblina
que aún cuelga valle abajo, amorfa
como la célula ciega de la cual la creación surgió.

El sol observa y los campos resplandecen con diamantes
de falsa primavera, prestarle este atavío nupcial
por unas pocas horas a una simple campesina,
¡luego dejarla toda desconsolada con viejos embellecimientos
de acónitos y campanillas de invierno! No, no aquí
en medio de este contoneo y filigrana de muerte
está la transformación real en curso,
sino en la honda profundidad donde la escarcha,
que angustia a los rígidos terrones suelta de su
puño las semillas
y  deja que el futuro respire.

Cecil Day-Lewis (Ballintubbert, Irlanda, 1904-Hadley Wood, Inglaterra, 1972), 15 poetas irlandeses, versiones de Marina Kohon (inédito)



A Hard Frost

A frost came in the night and stole my world
And left this changeling for it - a precocious
Image of spring, too brilliant to be true:
White lilac on the window-pane, each grass-blade
Furred like a catkin, maydrift loading the hedge.
The elms behind the house are elms no longer
But blossomers in crystal, stems of the mist
That hangs yet in the valley below, amorphous
As the blind tissue whence creation formed.

The sun looks out and the fields blaze with diamonds
Mockery spring, to lend this bridal gear
For a few hours to a raw country maid,
Then leave her all disconsolate with old fairings
Of aconite and snowdrop! No, not here
Amid this flounce and filigree of death
Is the real transformation scene in progress,
But deep below where frost
Worrying the stiff clods unclenches their
Grip on the seed and lets
the future breathe. 



jueves, febrero 02, 2017

Herta Müller / Dos collages





Cuando se cortó la película el Friedel gritó vos
mataste al Mastroiani corrió por la
sala mientras le salían dos manos que ni él mismo
conocía y estranguló al proyectorista
con un chal de gran cuadriculado la pantalla
quedó tan blanca como hielo en terreno baldío y el
diario decía un hilo de saliva meloso uno de treinta
cm colgaba en línea recta del lado
derecho del mentón del Friedel cuando iba para su casa

*

detrás del callejón sin salida está
el cielo traslúcido como
la caja de vidrio de una taquilla de cine
aunque eso no es importante
más importante es que a la noche tarde
el contador pasea por la playa de estacionamiento
de acá para allá deletrea
mecánicamente esta oración que de todas formas
nadie entiende excepto en el
centro
señor inspector por favor venga usted
vis-à-vis a la oficina de grasa me cuelga
de la oreja una etiqueta de cepillo que
viene del Tirol del Sur


Herta Müller (Niţchidorf, Rumania, 1953), Los señores pálidos con las tazas de moca, Múnich-Viena, Carl Hanser, 2005 
Versión: Silvana Franzetti 






































miércoles, febrero 01, 2017

Irene Gruss / El rulo (Leyendo a Sharon Olds)















La araña no hace un nudo
al final de su tela.
Yo observo el rulo de tu hilo
áspero y sutil: tú no eres araña.

La araña precisa atrapar, comer a la mosca,
cruel, por necesidad.
Lo intentas con la cabeza, el estómago
vacíos: yo no soy la mosca.

Implícita, la araña
provoca, conmueve su impiedad: no eres
la araña.

Desarma el rulo de tu nudo
teatral: tú raspas, arañas.
Yo no soy la mosca.

[inédito]

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950)

Foto: Irene Gruss en FB




martes, enero 31, 2017

Ismaíl Kadaré / Dos poemas















Campos invernales

Campos sembrados
con cabezas de visires y bajaes,
condes y coroneles:
silba el viento sobre ellos.
Una hoja que vuela,
una crin de caballo
y las plumas de un ave
se convierten de repente
en símbolos, enseñas y grados.
El llano desolado invoca viejos fantasmas
(cuántas veces en verano
dictaron que aquí era invierno).
Pero el trigo brotará dentro de poco,
se esfumarán esos espectros por ahora,
hasta que, tras la cosecha y las primeras lluvias,
otra vez se presenten.


Exorcismo

¿Qué era ese vago resplandor como de la otra vida?
¿Por qué un fuego pareció engendrar otro fuego,
aunque helado, y dentro del gemido,
qué fue esa especie de queja?
Aéreas máscaras se proyectaban aquí y allá
como llamas en busca de un rostro en que posarse.
¿Por qué una mujer se incorporó gritando en sueños:
“me estoy quedando estéril”?
Y ¿qué risa era aquella
que se rasgó por dentro
y desplomó como ruina?

Otra vez vagan en busca cada cual de su cabeza,
angustiados por no hallarla. ¿Dónde, dónde? ¿Cuál?
En la llanura invernal quedará flotando su congoja.

Troya resucitaba.
Y Grecia se estremeció de angustia.
Los hombres de Estado se reunieron.
Por todas partes cundió la alarma.
El ejército estaba alerta. La policía. Los filósofos.
Las cárceles y los diplomáticos.
Todo estaba a la espera.

Se debatió largo tiempo qué partido tomar.
Se abrieron los archivos,
las crónicas antiguas fueron consultadas.
Hasta que al fin se halló la solución:
llamar a lo aedos
para calmar los ánimos, amputar Troya.
Separar Troya de Grecia
como se extirpa un tumor,
para salvar a Grecia.
Y así se hizo.

Ismaíl Kadaré (Gjirokastra, Albania, 1936), Antología poética, Pre-Textos, Valencia, 2014
Traducción de Ramón Sánchez Lizarralde
Emvío de Jonio González




lunes, enero 30, 2017

Mercedes Alvarez / Cuando haya transcurrido tiempo...















Cuando haya transcurrido tiempo
cambiará todo
Europa y su farsa de castillos
y sus hombres disfrazados de campesinos
los atractivos mundiales
un orden habitual de prioridades.
La piedra como testimonio
mudez de lo inorgánico
reemplazada por basura
el testimonio de la imagen
volverá nuevamente a las palabras
las estrellas en el cielo por toda luz
el fin de los mesianismos
el cuerpo recuperado como medio
el trabajo de las manos
los alces enterrados
bajo montañas de tecnología obsoleta .
La carne sola
frente al silencio de Dios
y finalmente
también el final de la palabra.

[inédito]

Mercedes Alvarez (Tandil, Argentina, 1979)

Foto: Mercedes Alvarez por Magdalena Siedlecki




domingo, enero 29, 2017

Massimo Gezzi / Dos poemas














Hallazgos

En la tierra se leen muchísimos
acontecimientos, me doy cuenta mientras voy por
un sendero de campo que no había
vuelto a recorrer: los troncos segados a la par
del terreno resisten por siglos;
a veces reaparece un objeto
que parece extraterrestre, tanta es la distancia
que lo separa del presente. Un día, por ejemplo,
he encontrado en el pequeño jardín
de delante de mi casa una máquina
de coser en miniatura, trastería o juguete,
negra y desconchada pero del todo
conservada, que al limpiarla habría dado
una elegancia démodé a un mueble
antiguo. Más raramente se encuentran
confetis de papel, a veces de periódicos pornográficos,
otros de firmas y escrituras impronunciables,
desteñidos por las babas o recortados
por quién sabe qué mandíbula paciente.
                                   Yo también sé decir
dónde están sepultados mis dos perros, blancos
y poderosos, enterrados por mi padre
después de años de paseos vespertinos
y de caricias. Quién sabe qué resiste, ahora,
de aquellos cuerpos, si los largos filamentos del pelo
o los colmillos caninos, o si es como
se hubieran transitado para nada
por aquella tierra, extintos del todo, devorados por insectos
que tal vez habré pisado sin demasiada
atención, no entendiendo que en el cric
de aquellos esqueletos retumbaba el latido
familiar de mis perros, la saliva que dejaba
minúsculos globos más oscuros en el cemento,
breves constelaciones evaporadas
en un segundo, en seguida desaparecidas en otras formas
ellas también.


Grottammare

Las generaciones que han hecho Grottammare,
los hombres que ordenadamente han izado
las piedras de este murallón
en desplomo - los inquilinos de las casas
desiertas todo el año, que han quitado
los postigos agrietados para elegir unos nuevos -
los albañiles, que han situado en los lugares
los cubitos de pórfido, los ancianos
que han trasplantado los brotes de las matas
que ahora enloquecen por los capullos.
Y a la izquierda, este paseo marítimo descarnado
que parece sin límites, de noche,
este dominó de luces que atraviesa
los confines regionales, para todas las personas
que dividen una tierra, y delante de una mesa
conversan o se ignoran -

al débil silencio de la luna, esta noche,
cómo quieren hablar ellos a los transeúntes,
señalar con orgullo el muro edificado
con las propias energías, el agave plantado por juego
y después proliferado, su pasado en esta casa
o en esta otra, invisibles y mudos, convencidos
de que las cosas, al final, se acuerdan de cada uno,
mientras cae la escarcha en el balcón y la autopista
desaparece dentro del túnel, y en una curva de pilares
vuelve a empujar todo.

Massimo Gezzi (Sant'Elpidio a Mare, Italia, 1976), El instante después, traducción de Juan Carlos Abril, El Oro de los Tigres V, Universidad Autónoma de Nueva León, México, 2015

Foto: Massimo Gezzi por Daniele Maurizi

Reperti

Nella terra si leggono moltissime
vicende, mi accorgo mentre faccio
un sentiero di campagna che non avevo
più percorso: i tronchi segati al pari
del terreno resistono per secoli;
qualche volta riaffiora un oggetto
che pare extraterrestre, tanta è la distanza
che lo separa dal presente. Un giorno, per esempio,
ho trovato nel piccolo giardino
antistante la mia casa una macchina
per cucire in miniatura, ciarpame o giocattolo,
nera e scrostata ma del tutto
conservata, che a pulirla avrebbe dato
un’eleganza démodé ad un mobile
antico. Più di rado si rinvengono
coriandoli di carta, a volte di giornali pornografici,
altre di firme e scritture impronunciabili,
slavati dalle bave o rifilati
da chissà che mandibola paziente.
      Io so anche dire
dove sono tumulati i miei due cani, bianchi
e poderosi, seppelliti da mio padre
dopo anni di passeggi serali
e di carezze. Chissà cosa resiste, adesso,
di quei corpi, se i lunghi filamenti del pelo
o le zanne dei canini, oppure se è come
se non fossero affatto transitati
in quella terra, stinti del tutto, divorati da insetti
che magari avrò schiacciato senza troppa
attenzione, non capendo che nel cric
di quegli scheletri echeggiava il guaito
familiare dei miei cani, la saliva che lasciava
minuscoli globi più scuri sul cemento,
brevi costellazioni evaporate
in un secondo, subito sparite in altre forme
anche loro.


Grottammare

Le generazioni che hanno fatto Grottammare,
gli uomini che ordinatamente hanno issato
le pietre di questo muraglione
a strapiombo – gli inquilini delle case
deserte tutto l’anno, che hanno tolto
gli infissi incrinati per sceglierne di nuovi –
i muratori, che hanno spinto nelle sedi
i cubetti di porfido, gli anziani
che hanno messo a dimora i getti dei cespugli
che adesso impazziscono di bocci.
E a sinistra, questo scarno lungomare
che pare senza limiti, di notte
questo domino di luci che attraversa
i confini regionali, per tutte le persone
che dividono una terra, e davanti a una tavola
conversano, o si ignorano –

al debole silenzio della luna, stanotte,
come vogliono parlare di loro ai passanti,
additare con orgoglio il muro edificato
con le proprie energie, l’agave piantata per gioco
e poi proliferata, il loro passato in questa casa
o in quest’altra, invisibili e muti, convinti
che le cose, alla fine, si ricordino di ognuno,
mentre cade la brina sul balcone e l’autostrada
scompare dentro il tunnel, e in un giro di piloni
risospinge via tutto.

[M. Gezzi, L’attimo dopo, Luca Sossella Editore, Roma, 2009]