sábado, diciembre 03, 2016

Alberto Girri / De "Elegías italianas", 5












Di lo que tuve

Di lo que tuve,
me despreocupé
del drama cotidiano
de la emoción,
un solitario
afanándose en la perspectiva
y sus bases matemáticas,
construcciones en la luz y sombra
y problemas de atmósfera
resueltos con grises,
el universo
entendido como cálculo
y crispación,
espacio
y aliento sin ternura,
una gélida masa
donde me entregaba
a los refinamientos del modelado,
a los monótonos pretextos
de escenas bíblicas
y homenajes a déspotas,
Resurrecciones,
y potentes caballos
fijos sobre Ponte Milvio,
y escudos
protegidos por la cruz,
amuletos del sueño
y de la revelación de Constantino.

Qué juicio
provocaré en lejanos sucesores
que distorsionan el desnudo
quiero ignorarlo,
nada conseguiría borrar
la sumisión de mis coetáneos,
el brindis
por Piero della Francesca,
monarca
en la ciencia de la pintura.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Elegías italianas" (1962), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977




viernes, diciembre 02, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena? / Conclusión y síntesis

       
La imagen casera del hombre es su enemigo. Debe ser destruida con palabras directas y paradojas. Tal es tu obra religiosa, mérito y sacrificio. ¡Golpea, Girri, con gracia metafísica!.
 - de una carta del monje y poeta Thomas Merton a Alberto Girri, sin mención de fecha (Alberto Girri, Obra Poética, Tomo I, Corregidor)

Abajo de este comentario, va la lista de las ideas que me parecieron personalmente más importantes entre las vertidas por los participantes de la encuesta "La lira argentina, ¿cómo suena?" que se publicó en este blog.

El conjunto muestra que si hubo poetas de menos de treinta años que leyeron la convocatoria a esta encuesta publicada en Facebook, todos se abstuvieron de participar.

Dos palabras sobre el tono: en general, no hubo ánimo guerrero, sino más bien amable. Cosa que se logra "con provinciana elegancia" diría Pasolini, no mencionando libros ni antologías ni ningún otro tipo de publicación tradicional, sino tendencias. Esto no es reprochable en modo alguno, sino simplemente observable. Con todo, hubo también mensajes cifrados, y mucho "a quien le caiga el sayo".

En gran parte de la encuesta se señala una creciente tendencia a la nada: poesía de anécdota, semejante a estados de Facebook (medio también señalado como "nuevo aparato crítico"), compulsión a publicar, pérdida de calidad literaria. Basta recorrer los textos de las respuestas para ver que esta preocupación es mayoritaria.

¿Se trataría de una autodefensa de los poetas de la segunda y tercera edad? En muchos casos los participantes indican las franjas "etarias" a las que refiere su opinión. En otros casos, no. El señalamiento de una poesía de lo cotidiano y banal como predominante fue hecho, es cierto, mayormente por poetas nacidos de 1970 para atrás, pero también por poetas más jóvenes, de modo que se trataría más bien de un juicio ideológico antes que "etario" (ideológico en el sentido más amplio del término, si cabe aclarar).

Si esta apreciación es correcta, asistimos al nacimiento de un nuevo mundo cultural del que la poesía es un síntoma. Es un mundo que no está interesado en dialogar con el otro ni en enfrentarlo, a estar de la ausencia total de poetas de 20 años que hayan respondido la encuesta. Ese mundo, para muchos, comenzó a perfilarse en los 90, pero venía creciendo desde los ochenta (vean el testimonio de Villa) y habría alcanzado su apoteosis en las redes sociales o con las redes sociales. La "desatención del consenso" sobre qué es poesía, con que Freidemberg inaugura la serie de respuestas, para indicar un cambio que rompe con la época, fue también desatención de otro consenso, el que rigió hasta los 90, y era más bien indiferencia que ruptura.

Un estado de melancolía ha invadido a otros veteranos. Se encontrarán en la encuesta con respuestas como las de Miguel Angel Morelli o José María Pallaoro, que miran hacia atrás.

Por cierto, todos señalan esta especie de banalidad posobjetivista como solo una de las tendencias actuales, y en el señalamiento de nombres surgen otras alternativas, aunque ninguna que no sea en los mayores de 30.

Tal vez esa es realmente la edad en que se puede ser poeta, no antes, salvo Rimbaud, ya se sabe, o poemas sueltos de algunos poetas en sus veinte años, incluso libros, como excepción.

Ezra Pound, a quien mi generación leyó después que a los españoles clásicos y a los coloquialistas locales, con lo cual estaba vacunada, creo, contra el "estilo traducción", creía en un progreso en el arte de escribir, no solo local, sino global, y no solo referido a una época, sino a todas las épocas sin distinción de idiomas. Su lista básica para comprender la evolución era corta, no más de una veintena de nombres, empezando por los griegos clásicos ("Para un método", en Antología general, Barral, 1973). Tal vez en cortos periodos se puede hablar de evolución, aclarado que fuese que en nuestro caso -y creo que en el de Pound- la elección de nombres o libros que contribuyeron a ese progreso no es una lista de los mejores, sino de los más eficaces. Así, en la lírica latinoamericana puede interesarnos Vicente Huidobro como uno de los pilares de un avance, sin que su obra se cuente entre nuestras preferidas.

La historia de la poesía local comenzó formalmente con, precisamente, La lira argentina ó colección de las piezas poéticas dadas a luz en Buenos Ayres durante la guerra de su independencia, en 1824. Fue un trabajo ordenado por decreto de Martín Rodríguez a su ministro Secretario de Gobierno, Bernardino Rivadavia, y encomendado a la Sociedad Literaria, que destacó a Vicente López y Planes, Esteban de Luca y Cosme Argerich para su realización. Muchas de las piezas son anónimas, otras están firmadas con iniciales, incluso con seudónimo, incluso con simples apelativos del tipo "Un ciudadano".

En caso de que acordemos con Pound en términos relativos, específicos (histórica y geográficamente acotados), hoy estaríamos viviendo una decadencia, no el nacimiento de un mundo.

Puede verse, fríamente, de los dos modos, porque en el primer caso "siempre habrá poesía", aunque no sea visible ni mucho menos "hegemónica", y en el segundo, porque "siempre habrá poesía", aunque no sea lo que se publica o difunde como tal. Cabe incluso la posibilidad de que esa nueva poesía contenga poesía.

Jorge Aulicino



Síntesis
(Citas y glosas)

Daniel Freidemberg: Asoma la afirmación de la singularidad y desatención del consenso acerca de qué es poesía. Desde hace un corto tiempo hay poetas que escriben sin tener en cuenta las interdicciones vigentes, entre ellas: nada de metáforas, nada de inquietud lírica, nada de hermetismo, nada de alterar la sintaxis o recurrir a un léxico o a modos expresivos que no sean los que se usan para hablar por celular o bromear entre amigos.
Jorge Fondebrider: Hay diferencias y convivencia. Lo que no se entiende es por qué muchos llaman poesía a lo que no lo es.
Pablo Caramelo: La ilusión del yo se tensa en la performance, y hay ecos de una lejana batalla de la poesía por la permisividad.
Marcelo Díaz: Existe una "zona de contacto" entre estéticas de los años 90 como punto de reinicio.
Santiago Sylvester: La disonancia no preocupa tanto como lo poco que tiene la poesía para decir.
Irene Gruss: Composiciones de escuela, historias cotidianas que reciben aprobación en Facebook.
Miguel Gaya: Existen rasgos comunes entre los nacidos desde mediados del siglo XX: "tal vez", economía de lenguaje, escasa lírica, mesura sentimental, indagación por el sentido.
Mercedes Alvarez: Retazos del "museo" de los 90 y poetas que vuelven a lo sagrado, unos en el plano simbólico, otros en el religioso.
Diego L. García: Tres tipos de poesía: facilista de autoayuda; de poetas que imitan a poetas traducidos y la de los que "rechazan la legalidad".
Valeria Cervero: Existe una línea de jóvenes que sigue los lineamientos de los noventa, pero también una "gran diversidad" de búsquedas.
Pablo Anadón: Predomina la prosa en versos de mayor o menor extensión.
Alicia Silva Rey: "Hay poéticas –para mí, las mayores de nuestra lírica actual y son más de cinco y menos de diez- donde intervienen la yuxtaposición, la intersección, le mot just que fisura el espacio-tiempo. Y, en el orden del ritmo, un palimpsesto donde la oralidad de antiguo cuño abre su delta intratextual."
Alberto Cisnero: "Si escribir fuese sonrisas, laics y ligeros apretones de manos tendríamos que leer demasiadas muchas cosas".
Rafael Felipe Oteriño: La poesía ha perdido su incidencia en la Historia, "ha apagado el énfasis y hace pie en las preguntas simples (y no tan simples) de una criatura que se sabe solo humana".
Diego Colomba: Hay algunos rasgos predominantes que en cada caso encarnan en poetas concretos que parecen darse como topografía de la poesía actual. (Colomba los menciona).
Griselda García: Hay dos franjas etarias: los de los nacidos en los 40-50, en los que predomina la reflexión, y los nacidos en los 70-80 en los que domina la emoción.
Miguel Angel Morelli: Nada me ha conmovido desde Juanele, Juarroz y Giannuzzi.
Carles Tavec: Resistencia y resiliencia como dos regiones de la poesia argentina.
Silvina López Medin: Prefiero señalar lo que me gusta de los poetas que me gustan: principalmente el riesgo.
Mirta Rosenberg: No hay tendencia hegemónica y sí una gran variedad de tendencias.
Valeria Melchiorre: Contrapunto entre romanticismo-modernismo y coloquialismo real-histórico (Melchiorre agrega unas construcciones metafóricas que parecen cifradas).
Jotaele Andrade: En los poetas de 45 años para abajo predomina un "realismo emocional" o "lírica de cabotaje".
Pablo Seguí: La nueva poesía suena como estados de Facebook; anécdota, prosa cortada, confesionalismo.
Silvia Camerotto: El poema es hoy una anécdota sostenida por el aplauso en Facebook que opera como nuevo aparato crítico.
Jonio González: Hay rayas marcadas con recelo; la lira argentina es la historia de esas rayas.
Eduardo Mileo: Las diferencias en los 80 fueron la reescritura de Boedo-Florida. Ahora, no hay movimientismo ligado a grandes acontecimientos políticos. Diáspora estética.
Silvana Franzetti: La producción creció, y también las diferencias. Existen modos distintos de difusión a tener en cuenta.
Javier Galarza: Las convergencias interesan. No hay hegemonías.
Valeria Pariso: Hay una tendencia al texto anecdótico, plano, sin vuelo: un "estado" de Facebook.
Diego Suárez: Precisión alejada de toda vanidad retórica en algunos poetas; juegos de sentido.
Rafael Gabino: La poesía responde con una búsqueda de "fulgores" al contexto de contaminación y arrasamiento a escala global, a la vez que con cada vez mayor individualismo.
José María Pallaoro: "Posiblemente yo ya no tenga oídos para el ritmo del tiempo actual".
Javier Cófreces: Mi función de editor es "estar atento"; celebro la poesía perfornática de los más jóvenes.
Javier Saleh: La publicación es compulsiva, se deja de lado la calidad de la escritura. Contra eso, predomina la pluralidad poética, incluso pluralidad en un mismo autor.
Mauro Viñuela: Hay una antinomia entre lo global y el sentimiento de individualidad. Y talento experimental relacionado con la crisis general. En muchos casos, suena muy bien.
Gabriel Roel: "En el mar de alusiones y cadencias suena la obsolescencia."
Mariano Shifman: Entre el verso libre y la forma clásica, hay excelentes poetas y otros que no hacen poesía sino relaciones públicas.
Horacio Fibelkorn: Reaparece lo confesional en los más jóvenes, que era sancionado con dureza en los 80. Les tiran centros a los sociólogos.
Damián Mereles: Se lee mucho más que antes gracias a las redes sociales. Esto trae cambios en los modos de producción. En ciertos círculos, es anecdotario de clase media que accede al campo literario.
Patricia Coto: Los talleres de poesía moldean voces iguales.
Luis Bacigalupo: Se ha abierto un espacio histriónico, narcicista, teatral. Parte del "negocio del ocio".
Ignacio Di Tullio: Entre los nacidos a partir de mediados de los ochenta, se revisitan algunas maniobras del objetivismo y del realismo sucio. Son lecturas insuficientes o superficiales de los 90.
Bruno Di Benedetto: No es preocupante el batifondo sino "cierta musiquita resignada" a ahorrarse riesgos en los temas y en el lenguaje, como si tocaran con "una piedra y dos palitos".
José Villa: La clave de la diferencia entre poetas anteriores y posteriores a los años ochenta es una disminución de la gravedad.


Imagen:  La Lira Argentina, ó Colección de las Piezas ... (edición original, 1824)


jueves, diciembre 01, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 44


José Villa

El otro día tuve el gusto de dar una charla en Bahía Blanca, ante lectores y escritores de poesía. Hice un recorte algo extremo de lo que se viene escribiendo desde hace unos años. Me jugué a leer lo más extraño de cada autor, según su propia retórica. O mejor dicho, tomé aquellos textos donde yo pudiera ver el elemento extraño. Pensé entonces que en realidad la poesía argentina contemporánea, en un mismo autor con cierta trayectoria, ofrece varios autores dentro del autor en el siguiente sentido: que el estilo está muy expuesto a la variación o la experimentación, por así decir. Es un tipo de escritura mixturado, con muchas tentativas y ensayos, con mezcla de géneros, y estrategias que están relacionadas mucho más que con temas, con trazos, procedimientos, series, ciertos programas de escritura, también, que no van más allá del proyecto en cuestión, es decir, que no se convierten en una dirección definitiva o esencial. Esto viene pasando desde hace algún tiempo. Si tengo que poner un corte, sería a mediados de los ochenta, y durante los dos mil empieza a prevalecer. En aquella charla que di con una gente muy interesada en la lectura, surgió una cuestión de época, por así decir, que me dejó inquieto y disconforme. Confrontamos, para terminar aquella reunión, un texto de otra época respecto de la mayoría, que eran de fines de los noventa y de los dos mil, pero que también evocaba cierta radicalidad de la palabra, un texto de Olga Orozco. La diferencia entre el poema de Orozco y los demás autores que se encuentran en plena producción, no pasó de una elucidación que recorría el concepto de escritura de época. Entiendo esto con cierta complejidad, en tanto y en cuanto se refiere a una cantidad de influencias, reproducciones, deformaciones, variaciones, hiatos, asimilaciones, que conforman esa escritura que consideramos de época. Pero no pudimos transitar mucho más este camino, tal vez porque era el final y ya estábamos algo cansados. Yo tenía pensado desarrollar alguna idea para la que no encontré el ambiente adecuado: que lo contemporáneo tiene una diferencia de gravedad, acotándolo como lo hemos hecho a partir de mediados de los ochenta (no de los que empiezan a escribir en ese momento; sino que ese es el momento), en comparación con las producciones o autores de movimientos inmediatamente anteriores. Creo que la lira de hoy suena más ligera, tratando de incorporar tal vez lo incidental, a veces lo espontáneo, cierta peculiaridad, elementos exteriores, a lo que se suma la raíz literaria, religiosa, política, estética, de cada autor, y esto último es muy importante porque construye ciertos sentidos o significados muchas veces difusos o encriptados. De los más jóvenes, por ahora no voy a decir nada.

José Villa (Martín Coronado, provincia de Buenos Aires, 1966) Poeta. Corrector de estilo. Periodista y crítico literario. Actualmente coordina y edita el sitio op.cit. (opcitpoesia.com/) dedicado a la poesía, la crítica y la difusión cultural. En los años noventa fue director de la revista 18 Whiskys, y formó parte de la editorial Ediciones del Diego, a finales de esa misma década. Fue editor del sitio web Poesía Argentina, que publicó entre 2012 y 2014 gran cantidad de artículos sobre literatura, una revista y libros digitales. Desde 2005, edita la revista de poesía Atmósfera (revista-atmosfera.com.ar). Publicó  Escombro (2015), Camino de vacas (2007), Es un Campo (2006), Poemas largos (2006), Cornucopia (1996, 2002), Wu (2000) y 8 poemas (1998).



La lira argentina. ¿cómo suena?, 43


Bruno Di Benedetto

En la (ya no tan) pequeña orquesta involuntaria de la poesía argentina suenan liras y matracas, y también zampoñas, clavicémbalos, monocordios, gritos, gaitas, maracas y mucho silbato de vigilante y de referí; hay siringas, violines de lata, oboes y triángulos, bandoneones, cajas, pifilkas, latas y botellas, guitarras solitarias, bajos profundos, agudos inaudibles. A menudo domina la sección de los bombos y los autobombos, cuando hay excesiva preocupación por sostener el propio compás; mucha blanca, poca redonda, las negras un poco desteñidas, mucho corcho y poca corchea, tímidas fusas, vertiginosas semifusas y, para mi gusto, muy pocos silencios.
Pero en esos silencios se escucha el canto de un pájaro siempre por nacer.
En definitiva: no me molesta el batifondo. Hay días en que se disfruta. Lo que me preocupa es cierta musiquita resignada (en el ahorro de riesgos, en los temas, en el lenguaje, en la búsqueda de los límites: un sonsonete tal vez pariente de cierto fallido decreto que daba la historia por finalizada) que parece imponerse de a ratos largos, como si quisiéramos condenarnos a hacer nada más que toc toc con una piedra y dos palitos, mientras ahí nomás sigue esperando esa infinita riqueza abandonada.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, provincia de Buenos Aires, 1955). Reside en Puerto Madryn, Chubut, desde 1979. Es docente y capacitador del programa Provincial de Lectura del Chubut. Aficiones: sobrevivir,  leer de todo, escribir lo que puede, escuchar y hacer música y, en lo posible, hacer absolutamente nada salvo mirar una ventana, a veces cerrada.
Ha publicado: Vengan juntos  (relatos, 2004) y los poemarios  Palabra irregular (1987), Complicidad de los náufragos (1988), Dormir es un oficio inseguro  (2003), Country  (2009), Crónicas de muertes dudosas  (2011), Nada  (2014), Crítica de la espera  (2015) y Cámara de niebla  (2015).




La lira argentina. ¿cómo suena?, 42

Ignacio Di Tullio

Gran parte de los poetas considerados jóvenes (me refiero a los nacidos a partir de mediados  de la década del ochenta en adelante) revisitan algunas de las maniobras del objetivismo y de los narradores pertenecientes al “realismo sucio” norteamericano. El desencanto como actitud frente a la vida,  la temática de los vínculos, cierta “opacidad” minimalista,  la ausencia casi total de lirismo, pero sobre todas las cosas el uso de la anécdota como pilar fundamental del poema, son algunas de las notas que caracterizan a la generación actual. En algunos casos, el empleo de la anécdota desprovista de carga semántica y la alusión a lo “pop” como novedad en sí misma, hacen que el lenguaje poético pierda peso específico. Y aunque intenten sacarse la marca de la poesía escrita en la Argentina durante la década del 90, muchas veces caen en una especie de mala relectura (o en todo caso en una lectura incompleta o superficial) de los escritores de esa generación.

Ignacio Di Tullio (Buenos Aires,1982). Poeta. Traductor. Docente. Publicó La música sin nombre (ensayo, Trópico Sur Ediciones, 2013) y Famiglia (poesía, Ediciones del Dock, 2016). Junto con Inés Garland tradujo los poemas de La materia de este mundo, antología de la poeta norteamericana Sharon Olds (Gog y Magog, 2016). Creó y coordinó el ciclo de lecturas "Poesía a la parrilla", en San Isidro, provincia de Buenos Aires. Actualmente organiza junto con Mercedes Álvarez el ciclo de entrevistas a escritores "La poesía era un bello país" en Centro Cultural de España en buenos Aires (CCEBA). Coordina talleres de escritura creativa.




La lira argentina, ¿cómo suena?, 41


Luis Bacigalupo

No es fácil caracterizar qué se escribe hoy sin pecar de un reduccionismo acrítico. De mis lecturas surge un espectro de una diversidad tan amplia como en décadas inmediatamente anteriores, aunque con la imprecisión que impone la extrema cercanía. Se trataría entonces de tentar unas pocas impresiones en la niebla. Observo un escenario donde tiene lugar la representación de la poesía argentina, que no es sino la porción módica de mis lecturas. Es un espacio notoriamente público, histriónico, narcisista, teatral. La poesía hoy responde a esta demanda, que es también una urgencia. La institución opera solidariamente, es parte de esta producción escénica: editoriales, ciclos de lecturas, festivales, blogs, redes sociales, talleres, crítica periodística –académica, incluso– y universidades de escritura. Y un público lector joven, ávido de esta oferta, que no quiere quedar fuera de este paradójico “negocio del ocio” (¿creativo?).
Aquí hay una economía y una eficacia que se traducen en el conjunto de recursos y procedimientos. La base de todos ellos reside en el lenguaje: necesario, delgado y transparente. Su eficacia, en su economía. Ausencia de metáforas, de lirismo, de ampulosidad, de barroquismo, de cultismo, de parodia, de una sintaxis que no asimile el texto a cierta ilusión conversacional, actos de habla, familiaridad y cercanía con lo cotidiano, con una subjetividad que atraviese el breve, ilusorio puente que se tiende entre el yo lírico y el empírico. El registro confesional es, también, un pasaje eficaz de la subjetividad, en ocasiones sobreactuada, de un yo autobiográfico a la de un lector tentado a poner la oreja en la base de un vaso pegado a la pared.
En contrapunto a la melodía un tanto monocorde que se tañe en esta lira yoica, se puede oír una tímida insistencia en la apuesta al trabajo con la lengua, resituando el texto en ese viejo territorio de autonomía y resistencia respecto a la exigencia de referencialidad. Aquí respiro un aire renovado, diviso una luz, me convierto en un hombre de fe... Los nombres propios echan sombras en las tendencias, por lo que prefiero omitirlos y hablar de un corpus de afinidades de alguna complejidad impulsado por un determinado flujo de factores estéticos, políticos, ideológicos e institucionales, en un tiempo y lugar también determinados. Esta escena formal por “resistente” es a su vez resistida, y las salas donde despliega sus artes cuentan con un bajo número de asistentes.
Luego se oye lo que nunca falta y ha sido parte del repertorio canónico de la lira nacional de los años cuarenta a esta parte: sencillismo, hermetismo, neo-romanticismo, coloquialismo, conceptualismo y una clara renuncia al experimentalismo en sus expresiones más extremas. Sin mayores innovaciones, apartada del riesgo que comporta ensayar nuevas partituras, la música que se pulsa en esta lira tiene algo de incidental respecto a la monotonía de los tiempos que corren. Lo mejor siempre está por venir, vendrá de los que vendrán. Es de esperar.

Luis Bacigalupo (Buenos Aires, 1958). Poeta, narrador y editor. Libros publicados en poesía: Trogloditas (1987), Yo escribía un poemita (1988), El relumbrón de la claraboya (1989), Madagascar (1989), Las purpurinas (1989), El océano (1992), Elíptica del espíritu (1995) y Mixtión (2014); en narrativa, La novela Los excomulgados (2000).




La lira argentina, ¿cómo suena?, 40


Patricia Coto

Un fenómeno es el taller de poesía.  Existe el peligro de que todos escriban como el coordinador; pero, si sobrellevan la influencia, es un diálogo con los textos, auxilio en el batallar por la palabra y  espejo  para  la autocrítica. Los poetas se enamoran de sus escritos y pierden objetividad. En un taller, cada uno lee para sí y para los demás y su texto, pura subjetividad, se objetiva y se convierte en una página legible. Ese proceso es la puerta  a recreaciones. Para un poeta, nada es mejor que la atención de quienes caminan a su lado, de quienes atraviesan crisis al escribir y re-escribir.

Patricia Coto (La Plata , provincia de Buenos Aires, 1954). Profesora de Enseñanza Normal, Especial y Superior en Letras (1976), Licenciada en Letras (1983) y Doctora en Letras (2010) por la Universidad Nacional de La Plata. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio Nacional otorgado por el Fondo Nacional de las Artes en la categoría Ensayo, en 1986, por De narradores populares y cuentos folklóricos argentinos (Ediciones Filofalsía, 1988); en el mismo género se edita en 2013 ¿Qué dicen los migrantes cuando cuentan? (Editorial de la UNLP). Publicó los los libros de poesía Libro del vigía (1978), Libro de la memoria (1982), Libro del espejo ardiente (1985), Libro de la frontera (1992), Libro de navegación (2003), Libro del humo (2014).




La lira argentina, ¿cómo suena?, 39


Damián Mereles

¿Cómo está la lírica hoy? Creo que estamos ante un cambio en el modo de comunicarnos y eso trae aparejados cambios en los modos de producción artística. Particularmente la poesía, en vastos sectores, se ha convertido en el anecdotario de círculos pequeños de amigos de clase media que acceden al campo literario y a este tipo de expresiones. La poesía sigue siendo para pocos. Pero por fortuna el fenómeno de las redes sociales, a la vez que habilitó la expresión estúpida masificada, como dice Umberto Eco en algo que hasta podemos criticar de políticamente incorrecto, pero tiene mucho de certeza, también permitió abolir las barreras materiales. Para compartir poesía solo basta con tener acceso Internet y algún dispositivo que no se tilde demasiado.
Que no se lee, eso es una mentira, hoy se lee mucho más que antes. Y se escribe mucho también, aunque muchos críticos ven como malos ojos y hasta tildan de prostitución que cualquiera pueda escribir sobre cualquier cosa. Lo bueno es que la poesía no tiene que servir para nada, ni para cambiar el mundo ni para hacer la revolución. La muerte de Twitter es algo a tener en cuenta. Es mentira que a ese abstracto al que llaman “la gente” no le gusta leer mucho. El crecimiento de Facebook es su otra cara de moneda, las publicaciones de tres o cuatro párrafos funcionan: así que no todo está perdido.

Damián Mereles. Estudiante de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Social en la Universidad de La Plata. Vive en el Barrio San Rudecindo, en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. Sin obra publicada, actualmente terminando su primer novela policial romántica, Remberto.





miércoles, noviembre 30, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 38

Horacio Fiebelkorn 

Las voces de la poesía argentina, con sus coros y sus solistas, están reconfigurándose todo el tiempo, y en este momento veo que algunas estéticas de otros años han devenido simples etiquetas que nada dicen. Lo que repone, una vez más, la necesidad de leer bien y sin prejuicios antes de formarse una opinión o definir lo que leemos.

En el medio de todo esto, en algunos de los más jóvenes reaparece lo confesional, que era sancionado con dureza desde mediados de los 80. La posibilidad de publicación se convirtió en “urgencia de publicación”, y es así como cada semana se editan y festejan libros en clave generacional inmediata, muy fáciles de fechar, como si perdieran de vista que todo poema, relato, canción o lo que sea, se proyecta hacia adelante. O como si, más que escribir poesía, le tiraran centros a los sociólogos. El colador del tiempo se quedará con lo que vale la pena

Mientras tanto, por otros andariveles, alejados de las retóricas del momento, se sigue produciendo obra sólida e intensa.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, provincia de Buenos Aires, 1958). Reside en la ciudad de Buenos Aires. Es poeta y periodista. Trabajó en Radio Universidad de La Plata, donde condujo los programas El cazador americano y La hora de los magos. Colaboró con la revista Humor Registrado y fue coeditor del tabloide de poesía La Novia de Tyson. Su obra poética editada comprende los siguientes libros: Caballo en la catedral (Ediciones El Broche, La Plata, 1999), Zona muerta (La Bohemia, Buenos Aires, 2004), Elegías (Ediciones Al Margen, La Plata, 2008), Tolosa (Eloísa Cartonera, Buenos Aires 2010),  Elegías (2a. edición, Determinado Rumor, Buenos Aires, 2011), Pájaro en el palo. Antología personal (Civiles Iletrados, Montevideo, 2012) y El sueño de las antenas (Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2013). Algunos de sus poemas fueron traducidos al portugués por Virna Teixeira y publicados en una plaqueta con el título O tempo que se perde em buscar o tempo perdido (O Arqueiro Verde, San Pablo, 2011). Durante el 2016 se publicaron también Cerrá cuando te vayas (narrativa, Club Hem, La Plata) y La patada del chancho (Zindo & Gafuri).




La lira argentina, ¿cómo suena?, 37


Mariano Shifman

Es de agradecer la oportunidad de opinar libremente sobre poesía, sin preguntarnos antes a qué confesión grupal pertenecemos. Entrando en materia y en espíritu, opino que desde hace tiempo, medido en lustros o incluso en décadas, en la Argentina -pero no sólo-, se amparan bajo el término “poema” miríadas de textos que no lo son.
No me gusta apostrofar; no soy quién y quizá nadie lo sea. Pero entiendo y siento que a un poema que se precie de tal y que no sea apenas una disgregación de prosa –y no de la buena, por lo general- en espacios que la exceden, no pueden faltarle sonido y sentido, para decirlo de un modo elemental.
He publicado hasta ahora tres libros de poesía: los dos primeros no contienen un solo poema que no haya sido escrito según los cánones del “versolibrismo”; el tercero, que recién salió de la imprenta, de 70 sonetos. Creo que todas las opciones son válidas, siempre que el poema tenga algo que decir y que lo diga mejor que lo que podría hacerlo un cronista deportivo o un columnista de espectáculos.
Hay excelentes poetas en nuestro país: nominarlos sería injusto por todos los que quedarían fuera de la lista. Y hay otros tantos, no pocas veces múltiplemente premiados, que, según este modesto escriba, son poetas en un recortado sentido etimológico de la palabra: “hacen”, pero no poesía, sino excelentes relaciones públicas.
La lira argentina suena bien muchas veces, y otras es demasiado cacofónica para mi gusto. ¿Dependerá de la dirección del viento?

Mariano Shifman (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, 1969). Abogado y licenciado en Letras. Autor de los libros de poesía Punto rojo (Primer Premio del XI Certamen Nacional de Poesía, Editorial de los Cuatro Vientos, Buenos Aires, 2005), Material de interiores (Proa Editores, Buenos Aires, 2010) y Cuestión de tiempo, recientemente editado por Poemanía, Colectivo Editor Latinoamericano. Aficionado al ajedrez, a las largas caminatas y a la música.




La lira argentina, ¿cómo suena?, 36


Gabriel Roel
(EL RUIDO DON DE ESTARNOS)

En las recobradas cadencias de lo retroactivo, implicado arrebato particular, la experiencia de la letra exige aquella rarezas cuyo tiempo de etcétera atisba consentir con las propias torpezas y destellos. Y de sus infranqueables madejas perceptibles o no, la condición de dejarse conmover como desaprender, stricto sensu, ese albergue innumerable de destituciones que arma lo singular de la experiencia. Don que ninguna época por ideal que sea -raigal canalla- ofrece en su default de maleza y criminal caza-bobo.

Allí donde nadie es contemporáneo de sí, una enunciación suena, hace pie silencioso
por escrito.

¿cuántos añoran sin saberlo / sus oropeles, su esplendor barato, / la eterna adolescencia del espíritu? (1) Provisoria encallada en discordia de linajes (2). E incluso lejana semejanza con las virtudes (3).

En el mar de alusiones y cadencias suena la obsolescencia. Sin Otro. Branquias de platillos de óxido ideológico, de estériles comillas, junto a lo innumerable inédito y ascesis. Paradojas chapitas y tapitas despegadas del bleque que insume horizontes de malentendido a sumidero. Trincheras, segregación y sugestión dizque razón todo terreno de retornos, restos sintomáticos, burocracias para modular disensos, agitación de histrionia y vamos-por-todo. Imaginaria carbonera identitaria en la carnicería de los saldos cínicos. Panderetas ágrafas de rastas, chas-chas, ceos y cebos.

Hamlet, su arduo advenimiento (4)

Don de los entusiasmos desbaratan -desierto simbólico deshecho- el sol de noche de la palabra. Ni primera ni última.  
 
(1) Zaidenwerg, Ezequiel  La lírica esta muerta, Bahía Blanca, Vox Senda, 2011.
(2) Rosa, Nicolás  La letra argentina - crítica 1970-2002, Buenos Aires, Santiago Arcos, 2003.
(3) Rosenberg, Mirta  El paisaje interior, Bajo la luna poesía. Buenos Aires, 2012.
(4) Oliva, Aldo De fascinatione, Universidad Iberoamericana/Artes de México, 1997.


Gabriel Roel (Villa Libertador General San Martín, provincia de Entre Ríos, 1971). Estudió letras en la Universidad de Buenos Aires y psicología en la Universidad Nacional de Rosario. Vive en ciudad de México donde trabaja en literatura y es analista practicante del psicoanálisis, asociado al Campo Freudiano de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL). Mantiene el blog de literatura Cuadernos Init Labor Publicó Parque México (2011); Las ciudades descalzas sin nosotros (2012); La sangre de la letra (2012); Dizque (2014); Cantos de bagre (2015); Allende (2015); Comillas sobre un inquebrantable mar de horquetas (2015); El ras de la experiencia (2016); Michaux (2016); Mañana del poema (2016) y Kojève (2016).




La lira argentina, ¿cómo suena?, 35


Mauro Viñuela

Suena tal vez como en el resto del mundo. Con marcadas antinomias entre lo global y un arduo sentido de identidad. Entre realidad en tanto experiencia vital y realidad en tanto medios de comunicación. O dignidad humana versus dilución semántica del mensaje. Tierra y veneno. Poco paisaje. Escasa tradición. Suena, como en todo el mundo, con desbordante talento experimental, pero de una forma  casi emparentada al desasosiego, a la crisis del ser humano en tanto humano.  Suena acaso parecida a siempre. Y dentro de las mismas corrientes y bajo las influencias y confluencias mundiales. Las mismas que legitimaron versiones, por ejemplo, criollas de Paul Éluard, Czeslaw Milosz, en su momento. Y aparece en un mundo que a cada instante socava sus creencias. Y se legitima sin más. Por eso mismo. Y suena muy bien cuando me detengo en autores como Osías Stutman, Bruno Di Benedetto, Jorge Aulicino, Irene Gruss, Eduardo Espósito, Angel Faretta, Víctor Redondo, Jorge Ariel Madrazo, Rubén Reches. Acaso porque logran poner bien en alto y sin dogmas la tarea dignificante del poema, que es restituir al individuo los retazos del ser.

Adolfo Mauro Andrés Viñuela (Resistencia, Chaco, 1971). Publicó en diversos medios. Tiene un único libro, publicado por la Fundación Antorchas: Murales sumergidos. Es comerciante.




La lira argentina, ¿cómo suena?, 34


Javier A. Saleh

Sin dudas es una época de la ansiedad. Se tomaron en serio a Osvaldo L. y la publicación compulsiva apremia todo. Fagocita todo. En pos de la foto con, del afiche leyendo en, de la construcción del personaje detrás de la escritura, la mayoría de las veces se deja de lado la escritura, y la mayoría de las veces en la misma escritura suele dejarse de lado la escritura. En este sentido, o fuera de este sentido, o a pesar de este sentido, creo, y como contrapartida, que lo que predomina es la pluralidad poética. Pluralidad, no infinidad. Pluralidad que sólo es posible en la multiplicidad y no en la multiplicación.

Viajando por gran parte del país con La Hernia de Sísifo, y en solitario por América Latina, y por supuesto que de manera fragmentaria porque nunca llegamos (ni de cerca) a todo lo que existe, me parece leer que la pluralidad poética se extranjerizó de sí (se hizo singular), se autonomizó de la mera circunscripción barrial, provincial  e incluso nacional, transgrediendo lobbies lógicos (llámese afinidad, amistad poética, códigos en común).

A tal punto que hasta en un mismo autor puede verse esa pluralidad, son pocos sí, pero los hay. Porque si bien en la multiplicación de circuitos cerrados tanto de escritura como de lecturas, es común lo común y lo condescendiente con la época, parece que esa pluralidad de la que hablo tiene una maquinaria interna e inmanejable: la búsqueda desde la autenticidad. Entonces el “no se puede leer todo lo que existe”, se transforma en “con la inquietud de la búsqueda, se puede llegar por lo menos a esas poéticas singulares”. Es una búsqueda subjetiva (y a la vez colectiva) y se llega como se llega al jazz. Rizomáticamente. De boca en boca. Así (también) suena.

Javier A. Saleh. "Nació en Boedo (una idea que insiste), en 1976. Poeta y periodista. Estudió Ingeniería Mecánica y Filosofía. Pero sigue siendo Nada. Da clases de Física, Análisis Matemático y Dibujo Técnico en Escuelas Secundarias. Fue uno de los fundadores de La Hernia de Sísifo (colectivo multiartístico). Su afición principal es el motociclismo (el verano pasado viajó a Quito en su Ltd 454, ida y vuelta) y perder finales con San Lorenzo. En el 2014 dirigió y guionó el documental La Nuestredad, historia de una montaña.  Fue guionista para la Productora Uramielo en los cortos La tela es violencia y Herodes No. Por ahora ha expuesto un sólo libro: Sujeto sobre uno avos (2016). Tiene otros tres inéditos que no tienen el más mínimo apuro."




martes, noviembre 29, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 33


Javier Cófreces

Tengo que estar atento. Conocer la obra de los nuevos poetas argentinos. Me interesa estar en contacto con esas voces. Saber cómo hablan y qué dicen. Con Eduardo Mileo y Gabriela Franco antologamos a poetas nacidos a partir de 1977 en Última poesía argentina (Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008). Luego leí 53/70 (Editorial Municipal de Rosario, 2015). Tengo a mis “jóvenes” preferidos y podría apostar por unos cuantos... Leo a los nuevos poetas. Quiero saber de ellos. Hace pocos días, los escuché recitar en el Circo de Poesía de la Universidad de La Plata. Leyeron textos jugados, provocadores. Muchachos con uñas pintadas y medias de mujer. Chicas desafiantes, pistoleras del far-west, que se animan a todo...ver en vivo a los nuevos/as poetas fue una experiencia inolvidable. Tienen de qué hablar en estos tiempos y disponen de maestros mayúsculos para inspirarse. No dudo de que en sus cabezas zumban las voces de Madariaga, Orozco y Pizarnik. Habrán leído a Escudero y a Bustriazo. También a Juanele y Beatriz Vallejos. Tengo fe en los nuevos poetas. ¡Necesito leerlos todo el tiempo...! Estar atento.

Javier Cófreces (Ciudad de Buenos Aires, 1957). Poeta. Editor. Técnico químico. En los 70 integró con Miguel Gaya el grupo Onofrio Poesía Descarnada. Fundó en los 80 la revista La Danza del Ratón, con Jonio González. Dirige hoy la editorial En Danza, que dio a conocer en Buenos Aires las obras de Jorge Leónidas Escudero y Juan Carlos Brustriazo Ortiz. Publicó entre otros los libros de poesía Pasaje Renacimiento (1988); Amianto (1991); Mar de fondo (1994) y Ropa íntima (1997) en Libros de Tierra Firme, de José Luis Mangieri. Es autor de compilaciones de poesía y de libros en colaboración con Alberto Muñoz y Eduardo Mileo.




La lira argentina, ¿cómo suena?, 32


José María Pallaoro

Cada día me encuentra más sordo. Quizás por eso, vuelvo a una música conocida, aquella que me asombró en mi juventud. Speroni, Bayley, Aguirre, Giannuzzi, Lamborghini, Gelman, Vilariño, Urondo, Porro... Por difundir, creo que es por eso, recibo, aunque cada vez menos, libros de nuevos y viejos poetas (los “viejos poetas”, salvo honrosas excepciones, tienen mi edad). Lo que nutre mis blogs son mis lecturas, y mis lecturas provienen de mi biblioteca. Armada desordenadamente a lo largo de más de 40 años. Hay miles de libros. Y recurro a algunos de ellos en todo momento. En mis blogs se refleja una pequeña parte de lo leído, no todo (muchos de los poemas y autores amados, vaya uno a saber el motivo, no se encuentran en Aromito, en Poesía La Plata). En esos blogs está lo poco que sé de la actual producción de poesía argentina. Podría afirmar, sin demasiada convicción, que la poesía nunca termina, suena, siempre, y a su ritmo, al del tiempo actual, aunque, posiblemente, yo ya no tenga oídos. Por una cuestión de sobrevivencia, fui y soy de salir poco, no es frecuente que participe de lecturas, presentaciones, festivales. Nada personal. Prefiero, una y otra vez, volver a mis libros, revistas y discos. Para no olvidar la música. Esa que una vez escuché y que aún me permite vivir.

José María Pallaoro (City Bell / La Plata, provincia de Buenos Aires, 1959). Dirigió la revista de poesía El Espiniyo. Editor de Libros de la Talita Dorada. Coordina talleres de lectura y escritura creativa. Administra los blogs de poesía Aromito y Poesía La Plata. Algunos de sus libros: Antología breve (2016); El flautista de City Bell (2015); Son dos los que danzan (2005 y 2012; traducido al italiano y esloveno: Sono due quelli che danzano / Ples v d voje, 2013).




La lira argentina, ¿cómo suena?, 31


Rafael Gabino

Es imposible soslayar el contexto a escala global en que se inscribe la producción poética de esta parte del mundo: ciudades arrasadas por contaminaciones de todo tipo, material y simbólica, levantadas sobre los escombros del contrato social roussoniano, con territorios circundantes que son campo de exterminio de los recursos naturales.  Dado este marco, la poesía es, entre otras imposibles definiciones, una estrategia de búsqueda de fulgores y la desesperación de un instante en el que pareciera entrever las fuentes del desasosiego humano. En nuestro país, por lo menos durante los últimos treinta y tres años, quienes escriben poesía exploran y se mueven, con estilos y resultados diversos, en la tensión entre dos polos. A partir de la palabra heredada, hay voces que operan de algún modo sobre cierto sustrato de expresiones de una sensibilidad que el tiempo y la complejidad de las circunstancias desdibujaron. Por otra parte, está el efecto de ruptura de cánones impulsado por la experiencia cada vez más individual y menos colectiva de esta época, aunque se observan indicios de reagrupamientos todavía difusos; amén, en algunas de estas producciones, de cierto extrañamiento (no diremos nostalgia) a modo de reverbero, de una edad de oro perdida de manera impiadosa.


Rafael Gabino Britez (Almirante Brown, provincia de Buenos Aires). Periodista, profesor en Letras, licenciado en Educación, docente en escuelas secundarias e institutos terciarios. Obra publicada: Britez, Rafael. Denza, Néstor. Carlotto, Estela de, pról. ”Los pibes del Santa”: represión estudiantil en Florencio Varela 1976-1983. Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, 2012. En prensa: A espaldas de la noche (poesía), Ediciones del Dock.



La lira argentina, ¿cómo suena?, 30


Diego E. Suárez

Muestras preciadas, no de obras completas, sino de poemas sueltos, como frutos perennes, se pueden recolectar en Malatesta, en Caso Rosendi, en Lukin, en Gruss, en Figueroa, en Serrano, en García, en Venturini, en Litvinova. Rasgos comunes: precisión verbal y entonación alejada de toda vanidad retórica; en lo cotidiano o lo íntimo destella lo poético y la complejidad del mundo se representa en juegos de sentido que involucran al lector no sólo desde una semántica, sino también desde una pragmática: risa, goce, conmiseración… percepción transformada.

Diego E. Suárez (Posadas, Misones, 1979). Licenciado en letras, docente, investigador, radicado en Santa Fe. Colaboró con el suplemento literario del diario El Litoral  y con las revistas locales El Arca del Sur y Hoja del viento, dirigidas por Alejandro Álvarez. Publicó los libros de poesía Infinitaedro / El arte de la fuga y el silencio (Santa Fe, La Gota, 2013; reimpresión 2016) y Sufrimiento de otro en su cuerpo (Rosario, Serapis, 2013). En investigación literaria: Un hombre escribe la caída de las palabras al pozo de la luz (Santa Fe, UNL, 2014) sobre la poesía de Roberto D. Malatesta.



lunes, noviembre 28, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 29


Valeria Pariso

Si por poesía actual se considera lo reciente, lo que pertenece al tiempo que estamos viviendo, en la poesía argentina encuentro por un lado, una tendencia al texto anecdótico, donde el sonido y el sentido de lo escrito no se despegan entre sí. Es un texto plano, sin vuelo. Como lectora, ese texto me es indiferente, no me provoca asombro ni me muestra una mirada diferente del mundo. No advierto, además, en ninguno de estos casos, un trabajo con el lenguaje diferente al de la prosa, ni con el ritmo ni con la estructura ni con la sonoridad global del texto, ni siquiera a nivel experimental. Es la anécdota por la anécdota misma, como si se tratara de un posteo de un "estado" en Facebook. Circula mucho este tipo de material y para mí eso no es poesía. Ni siquiera puedo decir que no me parece buena poesía, porque va más allá: no encuentro poesía en ese tipo de texto.
Esto no significa que no se esté escribiendo buena poesía en la cual se cuentan hechos como recurso para desarrollar un tema dentro del poema. Existe y bien escrita es bellísima, pienso ahora en Claudia Masin, Dolores Etchecopar, Laura García del Castaño.
Por otro lado, me encuentro con poesía que me conmueve, ya sea por el uso que hace del lenguaje o  por el tratamiento de ciertos temas, como en Estela Figueroa, Irene Gruss, Graciela Cros, Jorge Aulicino, Jorge Spíndola, Diego Roel, Jotaele Andrade, por citar algunos.

Valeria Pariso (Ciudad de Buenos Aires, 1970). Abogada. Poeta. Publicó Cero sobre el nivel del mar (Ediciones AqL, 2012), Paula levanta la persiana (Ediciones AqL, 2013), Donde termina esta casa (Ediciones de la Eterna, 2015) y Del otro lado de la noche (Editorial El Mono Armado, 2015). En 2014 crea, en Bella Vista, povincia de Buenos Aires, un ciclo destinado a la lectura de poesía contemporánea entre vecinos, que continúa coordinando en la actualidad e incluye fotografía a cargo de Karina Giglio y música a cargo de César Jorge.
Coordina talleres de poesía.
Administra dos blogs:
www.tantotequeria.blogspot.com.ar
www.laficciondelolvido.blogspot.com.ar



La lira argentina, ¿cómo suena?, 28


Javier Galarza

Creo que una de las preguntas que plantea la poesía es hasta donde nombrar o narrar y hasta donde sugerir, aludir. Tomo dos libros disimiles que me gustan mucho: De la misma llama ,de Darío Canton, y El cielo una sola vez, de Dolores Etchecopar. En medio de textos tan diferentes se despliega todo un abanico de voces y de nombres. Por ejemplo, Alberto Cisnero logra una lírica que dice. Poetas como Escudero y Bustriazo insuflaron la lengua. Veo que ya no hay lugar para hegemonías o faros. Me interesan los cruces, el diálogo, las influencias impensadas, ir más allá de la propia calle. La lira argentina suena convulsa, como los tiempos, pero suena.

Javier Galarza nació en Buenos Aires en 1968. Da clases en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino  Se dedica a la poesía y es autor de El silencio continente, Refracción y Lo atenuado.




La lira argentina, ¿cómo suena?, 27


Silvana Franzetti

La poesía es minoritaria. No solo en Argentina, en el mundo. En parte, entonces, podría pensarse que es más fácil saber escuchar a esta minoría con sus diferencias intrínsecas. Y sin embargo es una tarea difícil. Entre 2000 y 2016 la producción poética en Argentina creció notablemente, más que entre 1984 y 1999. Se sabe: no solo en cantidad de poetas, editoriales, espacios de lectura, festivales, revistas, blogs o tumblrs, también en diferencias. A modo de hipótesis, otro acontecimiento destacable en los últimos años es la posibilidad de lectura de obras reunidas, práctica diferente a la de la lectura de libros sueltos en papel y de poemas sueltos en línea. Solo un ejemplo de modos y condiciones de lectura contrastantes, que en algunos casos conviven.

Silvana Franzetti (Ciudad de Buenos Aires, 1965). Poeta y traductora. Su último libro, Notas al pie, apareció por Periódica Ediciones en 2016. Una traducción de la obra de Volker Braun, La bahía de los muertos, se encuentra en curso en El Jardín de las Delicias para su publicación.





La lira argentina, ¿cómo suena?, 26


Eduardo Mileo

Creo que desde los manifiestos del surrealismo a esta parte, muy poco se ha inventado en cuanto a grandes filiaciones. En la Argentina, el conflicto Florida-Boedo, una disputa sobre cuál era la verdadera vanguardia artística, fue luego refritado en distintas versiones. La disputa entre objetivistas y neobarrocos en los ochenta no dejó de ser una reescritura de aquella polémica. El movimientismo, ligado a los grandes acontecimientos políticos, perdió vigor desde la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Actualmente, la constante es la dispersión: la multiplicidad de poéticas personales es una expresión de la diáspora estética. Se viven, no obstante, tiempos violentos, sacudidas que prometen jaleo político profundo. Las voces de guerra de Trump son un eco de la descomposición de un sistema que ya lleva ocho años de agonía. Y la Argentina no está al margen de ese proceso (perdón por la palabra). Es esperable que de la polarización que comienza a gestarse surjan movimientos estéticos nuevos y, con ellos, nuevas filiaciones.

Eduardo Mileo (Ciudad de Buenos Aires, 1953). Poeta. Corrector. Editó entre otros los libros de poesía Quítame estas cruces (Ediciones del Escuerzo, 1982), Tiendas de campaña (Trocadero, 1985), Mujeres (Ultimo Reino, 1989), Misa negra (con Alberto Muñoz, Ultimo Reino, 1992) y Poemas del sin trabajo (Ediciones en Danza, 2007).
Gano el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes en 2002 por Poemas sin libro (Ediciones en Danza). Realizó, con Alberto Muñoz, el trabajo de teatro musical Misa negra (1991). Junto al compositor Raúl Mileo, ha actuado en la capital y el interior del país presentando los espectáculos A boca de jarro e Irala, sueño de amor y de conquista. Fue miembro del consejo editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón y dirigente de la Sociedad Argentina de Escritores (SEA).



domingo, noviembre 27, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 25


Jonio González

Hay críticos temidos, hay críticos temerosos, los hay temerarios (que tarde o temprano acaban convertidos en excéntricos). Los temidos trazan rayas (en la forma de listas, antologías, la mera mención de nombres) que suponen la diferencia entre la existencia y la inexistencia. Las liras también trazan rayas. Trazamos rayas los neorrománticos, los coloquialistas, los neosurrealistas, los formalistas, los objetivistas, los neobarrocos (presuntos inventores en exclusiva de la modernidad), rayas que dejan fuera a casi todos los que no son de nuestro club salvo excepciones (a las cuales solemos enviar a una suerte de nada extática, remedo parnasiano). La lira argentina, como casi toda lira, es la historia de esas rayas, pero en su caso se trata a menudo de rayas marcadas con recelo, tras un análisis cardinalmente pasional y una buena dosis de frustración. Seamos, sin embargo, comprensivos: la torta es chica y somos muchos los que nos consideramos invitados a la fiesta.

Jonio González (Ciudad de Buenos Aires, 1954). Poeta, traductor, crítico de jazz. Fundó y dirigió con Javier Cófreces en 1981 la revista de poesía La Danza del Ratón. Ha sido incluido en diversas antologías y traducido a varias lenguas. Su obra poética incluye El oro de la república, Muro de máscaras, Cecil, Últimos Poemas de Eunice Cohen, El puente, Ganar el desierto y La invención de los venenos, este último publicado por Ediciones en Danza en 2016. Reside en Barcelona desde 1983.



La lira argentina, ¿cómo suena?, 24


Silvia Camerotto

¿Cómo suena la lírica hoy? Diferente. La poesía no se entiende  como se entendía. Pese a la distribución en versos, el terreno es frágil, casi prosaico.  Y suena,  sí. Suena a corrimiento de la tradición, a marcado individualismo, a inmediatez. Se lee la fijación de un momento, dicho en un lenguaje carente  de precisión y con un ritmo cortado con los dientes. No por coloquial. Tampoco por realista. Falta el eje ficcional. El poema es hoy una anécdota. Todo esto sostenido a su vez por los likes de un Facebook que opera como nuevo aparato crítico. La lírica se oye como gesto performático, más que nada irreflexivo, nada afín a lo universal, a lo perdurable.  Un tilín tilín. Con excepciones, claro. Contadas con los dedos de una mano.

Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, 1959). Poeta, docente y traductora. LEP Tutor en British Council. Su último libro de poesía publicado es La Grosse Fuge (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012). Administra el blog de poesía en castellano y traducida De Sibilas y Pitias.




La lira argentina, ¿cómo suena?, 23


Pablo Seguí

Suena como estados de Facebook. Prácticamente todos apuestan por: 1.- la crónica/anécdota; 2.- el orden sujeto-verbo-predicado; 3.- la confesión. Mucha prosa cortada. Es pasajera (resbala en forma de bytes) y muchas veces pasatista. Hablo de la peor. De la mejor, la cosa pide palabras específicas para cada poeta que haya logrado cierta singularidad.

Pablo Seguí (Ciudad de Córdoba, 1973). Lector y escritor a tiempo completo. Melómano. Libros: Los nombres de la amada (1999), Claves y armaduras (2005), Naturaleza muerta (2011).
Un blog de poemas propios: Crocante de Seco.
Un blog de poemas propios, en intentos de francés: Similifranchute.
Una especie de crónica diarística: Otro Diario Éxtimo.


La lira argentina, ¿cómo suena?, 22


Jotaele Andrade
(La lira Argentina suena muy monocorde y cursi)

“… lo literario es distinto y quizás lo contrario de literal: es necesario introducir una oblicuidad para dar significación y rango poético a los datos de la historia y la realidad
        José Donoso, del prólogo a la edición de La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, Biblioteca Básica Salvat, 1971.

En gran parte de la poesía actual, sobre todo en aquella cuyas edades oscilan desde los 45 hacia abajo, aunque también hay las excepciones que exceden este rango etario, sucede una tendencia de escritura que bien podría denominarse del realismo emocional o como de una lírica de cabotaje, que se construye al abrevar en aquello que le sucede al poeta en la vida cotidiana y exponerlo de modo cursi, sin pudor, apelando a diversos lenguajes populares: tal el de la canción melódica de los años, 70´s, 80´s, (también el uso naïf de la palabra en la canción pop de los últimos años) y la textura emocional del lenguaje de las telenovelas, entre otros. Esto denota en la carga simbólica del uso de palabras como corazón, muchacha/o, novia/o, alma. Un uso pegado al modo cotidiano, como si las palabras no contuvieran o estuvieran reñidas con los recursos poéticos, y que da una poesía chata, cursi y monocorde.

Sucede entonces una vertiente de escritura que establece la anécdota apenas corrida de los matices de la realidad; en ella el yo lírico no se ha despegado del yo al que le ha acontecido eso que cuenta. Quiero significar un tono de quien se encuentra en un consultorio psicológico donde todo deviene confesional y con fines terapéuticos, o fines afectivos- reflexivos: buscar conmover al lector desde la narración como si éste se mirara en un espejo emocional y viera que lo que se cuenta es lo que le pasa a él también, ya que lo dicho se ha realizado con el rango de la palabra que nomina la cotidianidad; lo que lleva a que se inscriba en una misma carga semántica lo que se cuenta, de tal modo que los temas tratados -la muerte del abuelo, de la madre, del perro, de un amigo, del amor o el regalo de una cintita- lleven el mismo espesor que cuando se cuenta que uno ha ingerido un sanguche de morcilla.

Toda poesía tiene un componente confesional, es la dicción subjetiva de un espíritu que mira al mundo y es mirado a su vez. Ejercer la crítica fuera del tallerismo, gru(o)pi(e)smo, de las relaciones de poder que se construye en los ciclos de lectura, los blogs, las revistas virtuales quizás contribuya a reconfigurar la lírica hacia otros modos de decir, diversos, plurales, como es el caso de la poesía de Laura García del Castaño, Rita González Hesaynes, Gabriel Pantoja, María Belén Aguirre, Damián Lamanna Guiñazú, Luciana Jazmín Coronado, Daniel Chao, entre otrxs, todos poetas inscriptos en la franja etaria mencionada.

Jotaele Andrade (La Plata, provincia de Buenos Aires, 1974). Poeta. Publicó: El salto de los antílopes (El Mono armado, Caba, 2012), El oleaje del mundo (Editorial Azul, ciudad de Azul, 2013), La mano del verdugo (Ediciones de la Eterna, Tucumán, 2014), Los metales terrestres (Añosluz, CABA, 2014), El psicólogo de dios (Qué Diría Víctor Hugo, CABA, 2016) y La Rosa orgiástica (Editorial Añosluz, CABA, 2016).




La lira argentina, ¿cómo suena?, 21


Valeria Melchiorre

Puestos a oír las liras, los tonos enfrentados han confabulado una trama afín al romanticismo, a las mieles con que el modernismo lo ha endulzado; y haciéndole el contrapunto –que siempre es un amiguismo- a un coloquialismo real-histórico-pensante, sin sacacorchos ni dientes, ni salidas a otros pagos suculentos. Y allí pastamos –muy tiesos- en el feliz maridaje, alto en el cielo el poema, de tanto en tanto una mosca con zumbidos de otros charcos. Habrá fárragos afuera de lenguajes que se cruzan; o poemas incrustándose en las verjas de las redes. Y nosotros: quietecitos, sosegados.

Valeria Melchiorre (Ciudad de Buenos Aires, 1970). Doctora en Letras por la Universidad de París 8. Docente e investigadora. Tuvo a su cargo la edición y el prólogo de Poesía completa de Amelia Biaigoni (Adriana Hidalgo, 2009) y es autora del libro Amelia Biagioni: la “excentricidad” como trayecto (Corregidor, 2014). Colaboró con la revista Plebella y con Hablar de Poesía. Escribió, en poesía, Los dictados de la moda (2012) y participó en Cuatro poetas en la voz del mito, junto con Enrique Solinas, Marimé Arancet y Romina Freschi (2012). Su libro más reciente es El hombre que soy yo en un cuadro de Francis Bacon (2013). Prologó una antología del poeta francés Pierre-Jean Jouve, de reciente aparición, cuya selección y traducción realizó en colaboración con Ricardo Herrera.




sábado, noviembre 26, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 20


Mirta Rosenberg

Lo más notable que ocurre, a mi entender, es la aparición de escuelas o universidades de poesía. También la gran cantidad de pequeñas y pequeñísimas editoriales en papel. Y hay gran variedad de tendencias de escritura, ninguna hegemónica.

Mirta Rosenberg (Rosario, Argentina, 1951). Poeta, traductora. El árbol de palabras. Obra reunida (Bajo la Luna, 2006), El paisaje interior (Bajo la Luna, 2012), El arte de perder y otros poemas (Pre-Textos, Valencia, España, 2015). En 2016 fundó la revista Extra. Lecturas para Poetas. Entre muchos otros autores tradujo a Marianne Moore, William Shakespeare, Katherine Mansfield, Anne Talvaz, Louise Glück, Elizabeth Bishop, Anne Carson, Anne Sexton, Ted Hughes. En 21013 recibió el Premio Provincial de Poesía José Pedroni que otorga el gobierno de Santa Fe, Argentina.



La lira argentina, ¿cómo suena?, 19


Silvina López Medin

De lo que he leído que se escribe actualmente, creo que en la poesía argentina que más me atrae hay algo que no termina de encajar, algo que se me escapa como lectora, y que incluso da la sensación de que hasta al autor mismo, aún al más laborioso, se le escapa. Algo que no se agota en una lectura rápida, lectura-facebook, que hace que me detenga, volver y volver y tratar de definir y no lograrlo del todo. Quietud, movimiento. Preguntas que me genera: cómo sostiene el autor un poema, un libro, cómo pasa de un libro a otro, qué me conmueve. Que abra, que arriesgue, que haya capas, que suceda, que no espere el aplauso inmediato, que se aguante el silencio.

Silvina López Medin (Buenos Aires, 1976). Publicó los libros de poemas La noche de los bueyes (Visor, Madrid, 1999), Esa sal en la lengua para decir manglar (Del Dock, Bueos Aires, 2014) y 62 brazadas (Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015). Su obra de teatro Exactamente bajo el sol se estrenó en el Teatro del Pueblo de Buenos Aires en 2008. Tradujo al español, junto con Mirta Rosenberg, el libro Eros the Bittersweet de Anne Carson (Fiordo Editorial, Buenos Aires, 2015). Preparó la antología de poemas Home Movies, de Robert Hass (Zindo & Gafuri, 2016), que tradujo junto con Alejandro Crotto, Liliana García Carril y Mirta Rosenberg. Colabora con la revista Extra. Lecturas para Poetas y con la editorial Ugly Duckling Presse.



La lira argentina, ¿cómo suena?, 18


Carles Tàvec

La creación poética argentina muestra brotes verdes en cualquier estación. Ninguna germinación es igual a otra, pero todas se nutren de la misma tierra, fértil en acercamientos y desencuentros, certezas e incertidumbres, sombras e iluminaciones, como huellas que se descubren en los senderos elegidos en busca del ser. Me parece que la creación poética argentina se mueve entre dos regiones: la resiliencia y la resistencia.

“Nací en el sur de Santa María de los Buenos Aires. Mi nombre es la traducción de Carlos Tábano al catalán. Ya sé que los nombres no se traducen, pero aquí hay una historia detrás que en esta ocasión carece de sentido revelar. De día me disfrazo de contador público, de noche de lector, y siempre estoy escribiendo algo, con lo cual se deduce que no sé qué soy. Edad: entre 64 y 30, según se mire el documento o el comportamiento. Hobby anterior: fumar en pipa. Hobby actual: envidiar a los que fuman en pipa.”  




La lira argentina, ¿cómo suena?, 17


Miguel Angel Morelli

Hace mucho, muchísimo, que ni un solo poeta me obliga a revisar mi mirada del mundo, que es para lo que yo entiendo que tiene servir la poesía. Hay voces muy interesantes, lo sé,  especialmente entre los que ya tienen un buen recorrido, pero ninguna ha logrado quitarme el aliento como lo hicieron Juanele, Juarroz o Giannuzzi en su momento. Desde luego, no puedo culpar a nadie. Sin duda he perdido capacidad de asombro. O se me habrán secado los ojos, vaya a saber.

Miguel Angel Morelli (Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, 1955). Periodista. "Llevo publicados algunos libros".