miércoles, enero 18, 2017

Ron Padgett / Dos poemas















Oferta

Supón que encuentras una oferta tan increíble
que por un instante te quedas inmóvil, aturdido
incapaz de creer que esa cosa pueda
venderse a un precio tan bajo: eso es lo que ocurre
cuando naces, y mientras los años pasan
el precio sube y sube hasta que, cerca del final
de tu vida, es tan alto que te quedas tumbado ahí
aturdido para siempre.


Cafetería

Las grandes tazones de café del desayuno en Francia,
las pesadas tazas de porcelana en los viejos “diners” americanos,
las desechables tazas marrones de plástico en los vestíbulos de los moteles,

la sensación de que deberías beberte la taza entera,
el leve resentimiento que te invade por sentir lo que sientes,
la perplejidad con que te preguntas por qué lo haces entonces,

la gratitud hacia el que hace el café,
la decisión de no tomar una tercera taza gratis,
la sorpresa ante una taza de café verdaderamente malo,

el modo en que solía costar un centavo, después siete centavos, después diez,
y ahora, en cualquier lugar, de sesenta a tres dólares con setenta y cinco,
a veces un poco más si es descafeinado,

su huella marrón secándose en el borde de la taza,
la pequeña cantidad que ha quedado en el fondo,
el resto chapoteando dentro de ti,

enviando su estímulo a través de tubos
en tu cuerpo, hola, vámonos, se nos ha hecho tarde,
¿tienes las llaves?, oh, dios, no encuentro mi billetera.

Ron Padgett (Tulsa, Estados Unidos, 1942), Collected Poems, Coffee House Press, Minneapolis, 2013.
Versiones de Jonio González


BARGAIN HUNT

Suppose you found a bargain so incredible
you stood there stunned for a moment
unable to believe that this thing could be
for sale at such a low price: that is what happens
when you are born, and as the years go by
the price goes up and up until, near the end
of your life, it is so high that you lie there
stunned forever.


COFFEE CORNER

The large bowls of coffee at breakfast in France,
the heavy porcelain cups in old American diners,
the disposable brown plastic cups in motel lobbies,

the feeling that you ought to drink the entire cup,
the slight resentment you feel at feeling this way,
the wondering why you do it then,

the gratitude for someone’s making the coffee,
the decision not to have a third free refill,
the surprise of a really bad cup of coffee,

the way it used to cost a nickel, then seven cents, then ten,
and now anywhere from sixty cents to three seventy-five,
sometimes a little more for decaffeinated,

the brown print of it drying on the cup’s lip,
the small amount left in the bottom,
the rest of it sloshing inside you,

sending its stimulation through tubes
in your body, hello, let’s go, we’re late, do
you have the keys, oh god I can’t find my wallet.



martes, enero 17, 2017

Clemente Rebora / De la imagen tensa















De la imagen tensa
vigilo el instante
con inminencia de espera –
y no espero a nadie:
en la sombra encendida
espío la campanilla
que imperceptible expande
un polen de sonido –
y no espero a nadie:
entre cuatro muros
estupefactos de espacio
más que un desierto
no espero a nadie.
Mas debe venir,
vendrá, si resisto
a florecer sin ser visto,
vendrá de improviso,
cuando menos lo advierto.
Vendrá casi perdón
de cuanto hace morir,
vendrá a cerciorarme
de su tesoro y el mío,
vendrá a resarcir
mis penas y las suyas,
vendrá, quizá ya viene
su susurro.

Clemente Rebora (Milán, Italia, 1885-Stresa, Italia, 1957), Le poesie, edición de G. Mussini y V. Scheiwiller , Garzanti, Milán, 1988
Versión de Diego Tapia, Periódico de Poesía, 92, setiembre de 2016, México


Dall’immagine tesa

Dall’immagine tesa
vigilo l’istante
con imminenza di attesa –
e non aspetto nessuno:
nell’ombra accesa
spio il campanello
che impercettibile spande
un polline di suono –
e non aspetto nessuno:
fra quattro mura
stupefatte di spazio
più che un deserto
non aspetto nessuno.
Ma deve venire,
verrà, se resisto
a sbocciare non visto,
verrà d’improvviso,
quando meno l’avverto.
Verrà quasi perdono
di quanto fa morire,
verrà a farmi certo
del suo e mio tesoro,
verrà come ristoro
delle mie e sue pene,
verrà, forse già viene
il suo bisbligio.





lunes, enero 16, 2017

Alda Merini / Dos poemas













Acaríciame...

Acaríciame, amor,
pero como el sol
que toca la dulce frente de la luna.
No vengas a molestarme también tú
con esas necias búsquedas de lo divino.
Dios llegará al alba
si estoy entre tus brazos.

(Alla tua salute amore mio, Acqua Viva, 2003)


Beso que soportas...

Beso que soportas el peso
de mi alma breve
en ti el mundo de mi discurso
se vuelve sonido y miedo.

(Clinica dell'abbandono, Einaudi, 2015)

Alda Merini (Milán, Italia, 1931-2009)
Versiones de Carlos Vitale


ACCAREZZAMI...

Accarezzami, amore,
ma come il sole
che tocca la dolce fronte della luna.
Non venirmi a molestare anche tu
con quelle sciocche ricerche
sulle tracce del divino.
Dio arriverà all’alba
se io sarò tra le tue braccia.

BACIO CHE SOPPORTI...

Bacio che sopporti il peso
della mia anima breve
in te il mondo del mio discorso
diventa suono e paura.



Luis Bacigalupo / Dos poemas





















de "Vida"

IX

Luego ocurren cosas y pagamos un costo
y los platos se estrellan contra el piso
y sentimos que ya no hay vuelta atrás
que no podemos seguir entendiendo la política
en los mismos términos de quienes tienen,
por política, pulverizarla.
Voy a hablar hoy con claridad meridiana.
Es la claridad del mediodía.
La tarde es turbia, la noche, lúcida.
La mañana fue hecha para el amor.
Digo:
Voy a hablar sin pretensión de claridad.
Yo no soy poeta
solo de a ratos
voy a hablar…

X

La palabra está en boca de todos.
Esto no es bueno para la palabra.
La palabra tiene que cuidarse un poco
de estar en ciertas bocas.
No pido la palabra
no sabría bien qué hacer con ella.
Hoy no
soy poeta
hablo de mí cuando no hablo de mí
y cuando no hablo de mí hablo
por boca de todos.

La palabra está de moda
he sido maldecido en mi sonrisa
ya no lo soy
los poetas hoy son aquellos que nunca
han escrito un verso
cuyas bocas están en la palabra de pocos
como el mar
en la cresta de una ola.
                                        Buenos Aires, 1 de diciembre de 2016

[inédito]

Luis Bacigalupo (Buenos Aires, 1958)



domingo, enero 15, 2017

György Somlyó / Paráfrasis de Joyce

 
         
               











                            Anna was Livia is, Plurabelle´s to be.
                                                            Finnegans Wake

¿Quién es esta Anna, que era/ en un tiempo
en que aún no estábamos con ella/, y quién es esa
Multiplegada-Belleza, esta Toda-Hacerse
Plurabelle, quién está por ser, en un tiempo
en que no estaremos con ella/ o no seremos en absoluto?
¿Y quién es ella, la que está todavía aquí con nosotros
/ mientras esté ella con nosotros/ y nosotros con ella/,
quién podría decir, quién es ella e incluso ya,
esta Ya-no-Anna-Todavía-no-Plurabelle,
quién esta Livia quien Livia es?

György Somlyó (Balatonboglár, Hungría, 1920-Budapest, 2006), Contrafábulas y otros poemas, traducción de Francisco Segovia, El Oro de los Tigres V, Universidad de Nuevo León, México, 2015






sábado, enero 14, 2017

Baldomero Fernández Moreno / Carlos de Soussens

















No habíamos hablado dos veces en la vida.
La noche que supimos la muerte de Darío
te encontré en el café de Perú y Avenida,
y esa noche rodó tu llanto con el mío.

Y caminamos juntos por la ciudad dormida,
bajo el cielo de estrellas calientes del estío.
Ya venía la luz por el lado del Río
cuando te dejé solo en la hora perdida.

Despertaba en carritos el alba bulliciosa
y el fondo de la calle era un telón de rosa.
Me volví para verte, deja que lo recuerde:

los pantalones flojos, las piernas vacilantes,
y en las manos nerviosas el bastón y los guantes.
El sol manchaba de oro tu viejo chaqué verde.

Baldomero Fernández Moreno (Buenos Aires, 1886-1950), Las cien mejores poesías de Fernández Moreno *, selección y prólogo de César Fernández Moreno, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1961

Foto: Baldomero Fernández Moreno en 1941 (Editorial Universitaria de Buenos Aires)

* El poeta y crítico César Fernández Moreno dividió esta antología de los poemas de su padre en tres secciones, siguiendo el orden cronológico. El poema al poeta Charles de Soussens (Friburgo, Suiza, 1865-Buenos Aires, 1927) es de la segunda etapa, que César ubica entre 1924 y 1937 y cuyas características enumera: "Utilización con sentido actual de las formas poéticas clásicas, incorporación de temas de la experiencia urbana superior y de la cultura general, enriquecimiento del idioma, cierto barroquismo en el pensamiento y la expresión". La figura de Soussens, entrañable temulento a quien José Ingenieros llamaba en doble sentido "el ginebrino", podría representar la elegía a una época terminada, la de la bohemia modernista-sencillista que prolongarían las vanguardias. De Soussens participó de la revolución del Parque (1890), promovida por la Unión Cívica Radical, y revistó como periodista en La Nación y Caras y Caretas. No publicó obra en vida. Prometía reunir todos sus poemas en un libro que se titularía Castillo lírico. (Nota del Administrador)




viernes, enero 13, 2017

Silvina Ocampo / Soledad















En algunas personas
amamos a personas
que no existen ya;
en otras, amamos a nadie,
ni a esa misma persona.

Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1903-1993), Poesía inédita y dispersa, Buenos Aires, Emecé, 2001




jueves, enero 12, 2017

György Somlyó / Segunda fábula de la relatividad
















No hay caleta, por escondida que esté, que no tenga ella misma otras caletas escondidas.
     No hay estrella, por lejana que sea, que no esconda otras estrellas más lejanas.
     No hay un lado derecho que no tenga su lado izquierdo. No hay una miseria humana que no sea rebasada por una miseria humana más grande.
     No hay caleta, por escondida que esté, que no tenga otras caletas escondidas.
     En la caleta de la caleta de cada caleta se esconden otras innumerables caletas.
     Todo depende de la escala que se elija.
     Si no cartografiáramos el globo 1:500 000 y, en cambio, cartografiáramos todas las piedras de la caleta 500 000:1 ¿no sería cada una de ellas todo un universo por explorar?
     Si no voláramos a una velocidad supersónica por debajo de los paisajes siempre cambiantes del pensamiento y en cambio condenáramos un solo pensamiento a cadena perpetua en la prisión del cerebro.
     Si no navegáramos de caleta en caleta sino que buscáramos la pequeña caleta, las más escondida en la caleta de la caleta de la caleta.
     Si no buscáramos el lado izquierdo del lado derecho, detrás de la estrella la otra estrella, la justificación de la miseria humana en una miseria humana más grande, nuevas preguntas en las preguntas de las preguntas,
     sino que nos fijáramos con todo nuestro ser en una sola, en la más importante, en la más pequeña, como la anémona de mar se fija siempre a una piedra aquí en la orilla de la caleta más escondida en la caleta de la caleta de la caleta.
     Pero como no hay caleta, por escondida que esté, que no tenga otras caletas escondidas...

György Somlyó (Balatonboglár, Hungría, 1920-Budapest, 2006), Contrafábulas y otros poemas, traducción de Francisco Segovia, El Oro de los Tigres V, Universidad de Nuevo León, México, 2015




miércoles, enero 11, 2017

Salvatore Quasimodo / La plegaria















Sé bueno, si quieres escuchar mi voz
y besa el umbral de tu casa.

Lleva dos lámparas, cálidas como el pecho de las golondrinas,
y, hacia la noche, cuando tu rostro tenga la penumbra del cielo,

abre la cancela de cristal de mi refugio azul
y, en silencio, arrímate a mí.

Te hablaré de mis sueños, que he dejado sobre los escalones,
detrás de las puertas cerradas y desconocidas,
de los sueños brotados de los jardines pobres,
sin cantos, en medio de las cicutas.

Luego, calla y regresa: la música que duerme bajo las mimosas
se despertará para ti, que has besado el umbral de tu casa.

Salvatore Quasimodo (Módica, Italia, 1901-Amalfi, Italia, 1968), Plegaria, traducción de Antonio Colinas, selección de Minerva Margarita Villarreal, El Oro de los Tigres V, Universidad de Nuevo León, México, 2015


La preghiera

Diventa buono, se vuoi ascoltare la mia voce,
e bacia la soglia della tua casa.

Porta due lampade, calde come il petto delle rondini,
e, verso sera, quando il tuo viso avrà la penombra del cielo

apri il cancello di vetro del mio rifugio azzurro,
e, in silenzio, accostati a me.

Ti dirò dei miei sogni lasciati sopra gli scalini,
dietro le porte chiuse e sconosciute,
dei sogni sbocciati in poveri giardini,
senza canti, in mezzo a le cicute.

Poi, taci e ritorna: la musica che dorme sotto le mimose
si sveglierà per te, che hai baciato la soglia della tua casa.




martes, enero 10, 2017

Mario Campaña / De "Pájaro de nunca volver"












mala y vieja la fama del alma
        una locura itinerante
                     una pobre habitación de aseo
un pájaro que canta
en casa de la víbora
          solo para cambiar de cielo

es su extrañeza
lo que aterra
su mansa ajenidad.

con infinita complacencia
mira
al forajido que de un lado a otro
entre dos orillas la esquiva
intentando seducirla                        
 pero no la escucha

para que todo sea imposible.


                 el vagabundo que conocí hace poco
                 ahora que todo empieza a oscurecer
        por fin pregunta:

¿la llama de hoy abrigará el ayer?
aquel reloj de otros veranos, 
¿no dará más la hora? 

viejo: las flores de mañana acaso
nos rediman; no serán las de hoy
ni las de ayer que viajan marchitas
al vacío en eterna caída libre.

luchador: cambiaste tus deseos
por el fragor de las batallas
deja al menos de tararear
aquella música benigna
el soliloquio de la felicidad.

oscura es la habitación donde dormimos.


Mario Campaña (Guayaquil, Ecuador, 1959), Pájaro de nunca volver, Editorial Candaya, Barcelona, 2017






lunes, enero 09, 2017

Marina Ivánovna Tsvetáyeva / Indicios

















Como un monte cargado en el bies de la falda
¡El dolor en el cuerpo!
Reconozco el amor por el dolor
A lo largo del cuerpo.

Como un campo en mí desmenuzado
Para cualquier borrasca.
Reconozco el amor por la distancia
De todo lo cercano.

Como en mí excavados corredores
Hasta el cimiento, donde está lo negro.
Reconozco el amor por los filones
A lo largo del cuerpo.

Que gime. Agitada por el viento
Como la crin del huno.
Reconozco el amor por la ruptura
De las cuerdas más duras
Que pueblan mi garganta y sus desfiladeros
Pura herrumbre, sal viva.
Reconozco el amor por la rendija,
¡No! ¡No! - por el gorjeo
A lo largo del cuerpo.

                29 de noviembre de 1924

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892-Yelábuga, Rusia, 1941), Poemas sueltos, versiones de Selma Ancira y Francisco Segovia, El Oro de los Tigres III, Universidad de Nuevo León, México, 2011




domingo, enero 08, 2017

Rubén H. Ríos / semiosis















I.
es el momento de la pura literalidad: todo llega

el exacto momento de la promiscuidad del mundo atiborrado de
-----           ruinas

trivialidad de ese momento exacto y promiscuo de cosas
indiferentes

             cuando el fuego

el momento del fantasma del tiempo, del sentido del sentido
en                                            laxitud

la misma literalidad de la letra escrita en ese momento en que
el fuego
                   no quema, no enfría

suspensión del sentido en ruinas.

II.

               los ruidos apagados de la noche. la lentitud
los últimos destellos de la noche.

click
      click
click

gotean los mundos pequeños de la distancia en la extrema,
exacta, proximidad.

el tránsito de la
     avenida:
                    esos signos exactos, sólidos.

Rubén H. Ríos (Buenos Aires, 1955)



Canto de las Hespérides,
Del Dock,
Buenos Aires, 2016









Foto: Rubén H. Ríos en FB





sábado, enero 07, 2017

Diego Colomba / Papá trajo a casa un Cuatro Ele que le dieron como forma de pago
















Y qué si enchispara esta ruina de motor que enchastra el porlan
y explotara ilusionada en la íntima demolición de la tarde
se pregunta con menos lirismo un hombre vacío
que ensaya en la palanca de cambios
disparos sin consecuencias:
seguramente sentiría en la punta de los dedos
el ritmo alternante de una realidad que falla
desaparece y se reanima
en otra parte.

[inédito]

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

foto: Diego Colomba en FB

otros poemas inéditos en Scribd.




viernes, enero 06, 2017

Jonio González / Dos poemas















Proverbio

una mancha de sangre en el hielo
y el recuerdo del mar invadiendo la orilla
como una víbora que se desliza
entre dos cuerdas y emite una nota
que la historia no recoge

luego se enturbia se disuelve
la brizna se deshace en el ojo del hermano
la música se apaga y el mar
retrocede desnudando la arena

no hay signos en ella
ni huella de la sangre


Epigrama

un tranvía cae al río
en las leyendas de mi infancia

no hay camino estable
aunque el mar se abra

fumarás allí
donde te dejen


[inéditos]

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

Foto: Jonio González en FB



jueves, enero 05, 2017

James Wright / El miedo es lo que me mantiene alerta












1

Muchos de los animales que nuestros padres mataron en América
tenían ojos que permanecían alerta.
Miraban alrededor frenéticamente
cuando la luna se oscurecía.
La luna nueva cae en las terminales de carga
de las ciudades del sur,
pero la pérdida de la luna en las oscuras manos de Chicago
no preocupa al ciervo
en estas tierras del norte.

2

¿Qué está haciendo esa mujer alta
allí, en los árboles?
Oigo conejos y torcazas susurrar juntos
en la hierba oscura, allí
bajo los árboles.

3

Miro alrededor frenéticamente.


James Wright (Martins Ferry, Estados Unidos, 1927-Nueva York, Estados Unidos, 1980), The Branch Will Not Break, Wesleyan University Press, Middletown, Connecticut, 1963
Versión de Jonio González


FEAR IS WHAT QUICKENS ME
       
 1
  
 Many animals that our fathers killed in America
Had quick eyes. 
They stared about wildly, 
When the moon went dark. 
The new moon falls into the freight yards 
Of cities in the south, 
But the loss of the moon to the dark hands of Chicago 
Does not matter to the deer 
In this northern field.  
        
 2
  
 What is that tall woman doing
There, in the trees? 
I can hear rabbits and mourning dovees whispering together 
In the dark grass, there 
Under the trees.  
     
 3  

 I look about wildly.




miércoles, enero 04, 2017

Lorna Shaughnessy / Dos poemas











Cristal 

El soplador agrega aliento al calor,
hace girar y sopla dentro del molde
hasta que encuentra la forma precisa.
El vidrio fundido vibra.

Toma diez años
aprender qué tan profundo se puede cortar
antes de que el vidrio se rompa,
qué tan profundo se tiene que ir
para apresar la luz.

Los errores se amontonan
esperando el horno,
una segunda oportunidad,
inestabilidad anclada
por el peso de plomo.


Las manzanas se endulzan en la oscuridad

El crecimiento es silencioso,
visible únicamente después del hecho;
la cabeza del niño
más grande sobre la almohada
en la mañana.

Lorna Shaughnessy (Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido, 1961), Anchored, Salmon Poetry, County Clare, Irlanda, 2015
Traducción de Jorge Fondebrider

Crystal
The blower adds breath to heat,/ turns and blows within the mould/ until he finds precise form./ Molten glass vibrates. // It takes ten years / to learn how deep you can cut/ before the glass shatters,/ how deep you have to go/ to catch the light.// Mistakes pile up/ waiting for the furnace,/ a second chance,/ instability anchored/ by the weight of lead.

Apples Sweeten in the Dark
Growh is silent,/ visible only after the event;/ the infant’s head/ larger on the pillow/ in the morning.

Una entevista a Lorna Shaughnessy en Bibliófilos




martes, enero 03, 2017

Jorge de Lima / Hay eclipses, los hay, y hay otros casos...














Hay eclipses, los hay, y hay otros casos
de semillas de cosas que son otras,
de rocas palpitadas por acasos
y acasos que son todo, todas cosas.

Vellos del rostro, maderas invisibles,
visión de coitos entre los imposibles,
hojas brotando del alma de los bronces,
llantos entre bifrontes, demonios tristes.

Todo es velero sobre las olas iris,
cóndores pueden ser las bajas ramas,
cerros flotando, aceros en fusión.

Vemos lejanas sombras, y son flámulas,
labios sedientos, lirios con ventosas,
odios que engendran flores amorosas.

Jorge de Lima (União dos Palmares, Brasil, 1893-Río de Janeiro, Brasil, 1953), La invención de Orfeo, traducción de Antonio Cisneros, Colección El Oro de los Tigres V, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2015



Há uns eclipses, há; e há outros casos:
de sementes de coisas serem outras,
rochedos esvoaçados por acasos
e acasos serem tudo, coisas todas.

Lãs de faces, madeiras invisíveis,
visão de coitos entre os impossíveis,
folhas brotando de âmagos de bronze,
demônios tristes, choros nas bifrontes.

Tudo é veleiro sobre as ondas íris,
condores podem ser os baixos ramos,
montes boiarem, aços se delirem.

Vemos ao longe sombras, e são flâmulas,
lábios sedentos, lírios com ventosas,
ódios gerando flores amorosas.


Foto: Jorge de Lima s/d Graciliano On Line



lunes, enero 02, 2017

T.S. Eliot / La canción de amor de J. Alfred Prufrock

   

  











          S’io credesse che mia risposta fosse
          A persona che mai tornasse al mondo,
          Questa fiamma staria senza piu scosse.
          Ma perciocchè giammai di questo fondo
          Non tornò vivo alcun, s’i’odo il vero,
          Senza tema d’infamia ti rispondo. (*)


Hora de irnos, tú y yo,
pues la tarde se tiende contra el cielo
como un anestesiado en una plancha.
Hora de irnos por las calles más o menos desiertas,
murmurantes refugios
de noches ajetreadas en hoteles de paso
y fondas de aserrín y conchas de ostras;
calles que se prolongan como un árido
debate con perversas intenciones
para llevarte a algún dilema abrumador...
Por favor, no preguntes: "¿Qué sucede?"
Hora de ir a nuestro compromiso.

Las mujeres deambulan por el cuarto
mientras conversan sobre Miguel Ángel.

La neblina amarilla que se rasca la espalda en las ventanas,
la humareda amarilla que restriega el hocico en las ventanas,
metió su lengua húmeda en las esquinas del atardecer,
se entretuvo en los charcos de las alcantarillas,
dejó que le cayese en la espalda el hollín de chimeneas,
cruzó por la terraza, dio un salto inesperado
y al ver que era una noche apacible de octubre.
rondó la casa y se quedó dormida.

Y claro que habrá tiempo
para aquella humareda que se va deslizando por la calle,
rascándose la espalda en las ventanas.
Habrá tiempo, habrá tiempo
de preparar un rostro para afrontar los rostros que uno afronta.
Tiempo de asesinar y de crear,
y tiempo para todos los días y tareas de las manos
que levantan y dejan caer sobre su plato una pregunta.
Un tiempo para ti y un tiempo para mí.
y tiempo para cien indecisiones,
visiones, revisiones,
antes del pan tostado y de tomar el té.

Las mujeres deambulan por el cuarto
mientras conversan sobre Miguel Ángel.

Y claro que habrá tiempo
para pensar "¿Seré capaz?", "¿Seré capaz?"
Tiempo de arrepentirse y bajar la escalera
con una calva en plena coronilla.
(Y dirán: "¡Cómo está perdiendo pelo!")
Mi levita, mi cuello que sube con firmeza hasta el mentón;
mi corbata, vistosa aunque modesta, afirmada con sólo un alfiler.
(Y dirán: "Esos brazos y piernas, ¡qué delgados!")
¿Seré capaz
de perturbar al universo entero?
En un minuto hay tiempo
de tomar decisiones y de hacer revisiones que un minuto
     habrá de revertir.


Pues las conozco, las conozco;
ya conozco las noches, las mañanas, las tardes;
he medido mi vida a cucharadas.
Ya conozco las voces que fallecen de una mortal caída,
debajo de la música del cuarto más distante.
     ¿Cómo podría dar nada por sentado?
Y conozco los ojos, los conozco,
los ojos que te clavan en una frase hecha,
y ya hecho, prendido de alfileres,
clavado y retorcido en la pared,
¿cómo podría comenzar, entonces,
a arrojar las colillas de mis horas y normas?
     ¿Cómo, entonces, dar nada por sentado?


Y conozco los brazos, los conozco,
brazos con brazaletes, blancos y descubiertos
(pero bajo la lámpara, con vello café claro).
¿Podría ser el perfume de un vestido
lo que me hace divagar así?
Brazos en una mesa o envueltos en un chal.
     ¿Debo, entonces, dar nada por sentado?
     ¿Cómo hacerlo, de entrada?

***

¿Debo decir que he andado por entre callejuelas
     cuando la noche cae,
y contemplando el humo que sube de las pipas
de hombres solitarios en mangas de camisa que se asoman
     a través de las ventanas?

Yo debí ser dos garras que, con filo mellado,
barrenan el fondo de mares silenciosos.

***

Y la tarde, el crepúsculo, ¡duerme tan apacible!
Acariciada por esbeltos dedos,
dormida... fatigada... fingiendo estar enferma,
estirada en el piso, junto a ti y junto a mí.
¿Podría -tras el té, los pasteles y helados-
tener la fortaleza de orillar el momento hasta su crisis?
Aunque lloré en ayunas, aunque lloré y recé.
aunque vi mi cabeza (un poco calva) puesta en una charola,
no soy ningún profeta, y no tiene importancia;
he visto mi momento de gloria disiparse,
el eterno Lacayo que sostenía mi abrigo entre risitas
y, en resumidas cuentas, tuve miedo.

Después de todo, ¿habría valido así la pena,
ya después de las tazas, del té y la mermelada,
entre la loza fina, entre una charla sobre tú y yo;
habría valido, pues, así la pensa
zanjar de tajo la cuestión, sonriendo,
meter el universo en una bola
y arrojársela a algún dilema abrumador,
y decir: "Yo soy Lázaro, vengo de entre los muertos,
vango a contarles todo, les voy a contar todo...",
si alguna, acomodándose
     la almohada en la cabeza, dijera: "No, no es eso
     lo que quise decir; no es eso en absoluto"?

Después de todo, ¿habría valido así la pena?
¿Acaso habría valido así la pena,
después de los crepúsculos, los patios delanteros y las
     calles mojadas,
después de las novelas, de las tazas de té, de las faldas
     que arrastran por el suelo...
¡Imposible decir exactamente lo que quiero decir!
Como si una linterna mágica proyectase los nervios
     en dibujos sobre una pantalla,
¿acaso habría valido asi la pena
si alguna, acomodándose una almohada o tirando su chal,
mirando a la ventana, hubiese dicho:
     "No es eso, en absoluto; no, no es eso
     lo que quise decir"?

***

¡No! Yo no soy ni estaba destinado a ser Hamlet;
soy de la comitiva, uno que basta y sobra
para engordar la trama, arrancar una escena o tal vez dos,
aconsejar al príncipe; un títere a la mano,
sin duda, comedido, dichoso de ser útil,
diplomático, cauto, escrupuloso;
lleno de grandes frases, aunque algo testarudo;
a veces, en verdad, casi ridículo
y casi, por momentos, el Bufón.

Envejezco... Envejezco...
Llevaré el pantalón arremangado.

¿Debo prestarme pelo? ¿Seré capaz, realmente, de morder
     un durazno?
Llevaré pantalones de franela y andaré por la playa.
He oído a las sirenas cantándose entre sí.

Yo no creo que vayan a cantarme.

Mar adentro las vi cabalgando las olas,
peinar el pelo blanco de olas encrespadas
cuando el viento que sopla sobre el agua la torna
     blanca y negra.

En los cuartos del mar permaneceremos
con muchachas del mar mar ceñidas de algas rojas y café,
hasta que nos despierten unas voces humanas y, entonces,
     nos ahogamos.

T. S. Eliot (St. Louis, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), La canción de amor de J. Alfred Prufrock, versión de Hernán Bravo Varela, Colección El Oro de los Tigres V, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2015

(*) Dante Alighieri, Divina Commedia, Canto XXVII de "Inferno", parlamento de Guido da Montefeltro, uno de los jefes de la facción gibelina, opuesta al papado, quien habla convulso desde dentro de una llama en el Octavo Círculo, el de los fraudulentos. La traducción más o menos literal es: Si creyese que mi respuesta fuese/ a una persona que volviera al mundo,/ esta llama ya no se agitaría. /Pero como jamás desde este fondo/ regresó vivo alguno -si es cierto lo que oigo- /sin temor a la infamia te respondo. (Nota del Administrador)


The Love Song of J. Alfred Prufrock

          S’io credesse che mia risposta fosse
          A persona che mai tornasse al mondo,
          Questa fiamma staria senza piu scosse.
          Ma perciocchè giammai di questo fondo
          Non tornò vivo alcun, s’i’odo il vero,
          Senza tema d’infamia ti rispondo.

Let us go then, you and I,
When the evening is spread out against the sky
Like a patient etherized upon a table;
Let us go, through certain half-deserted streets,
The muttering retreats
Of restless nights in one-night cheap hotels
And sawdust restaurants with oyster-shells:
Streets that follow like a tedious argument
Of insidious intent
To lead you to an overwhelming question. . .
Oh, do not ask, "What is it?"
Let us go and make our visit.

In the room the women come and go
Talking of Michelangelo.

The yellow fog that rubs its back upon the window-panes
The yellow smoke that rubs its muzzle on the window-panes
Licked its tongue into the corners of the evening
Lingered upon the pools that stand in drains,
Let fall upon its back the soot that falls from chimneys,
Slipped by the terrace, made a sudden leap,
And seeing that it was a soft October night
Curled once about the house, and fell asleep.

And indeed there will be time
For the yellow smoke that slides along the street,
Rubbing its back upon the window-panes;
There will be time, there will be time
To prepare a face to meet the faces that you meet;
There will be time to murder and create,
And time for all the works and days of hands
That lift and drop a question on your plate;
Time for you and time for me,
And time yet for a hundred indecisions
And for a hundred visions and revisions
Before the taking of a toast and tea.

In the room the women come and go
Talking of Michelangelo.

And indeed there will be time
To wonder, "Do I dare?" and, "Do I dare?"
Time to turn back and descend the stair,
With a bald spot in the middle of my hair—
[They will say: "How his hair is growing thin!"]
My morning coat, my collar mounting firmly to the chin,
My necktie rich and modest, but asserted by a simple pin—
[They will say: "But how his arms and legs are thin!"]
Do I dare
Disturb the universe?
In a minute there is time
For decisions and revisions which a minute will reverse.

For I have known them all already, known them all;
Have known the evenings, mornings, afternoons, 
I have measured out my life with coffee spoons;
I know the voices dying with a dying fall
Beneath the music from a farther room.
So how should I presume?

And I have known the eyes already, known them all—
The eyes that fix you in a formulated phrase,
And when I am formulated, sprawling on a pin,
When I am pinned and wriggling on the wall,
Then how should I begin
To spit out all the butt-ends of my days and ways?
And how should I presume?

And I have known the arms already, known them all—
Arms that are braceleted and white and bare
[But in the lamplight, downed with light brown hair!]
Is it perfume from a dress
That makes me so digress?
Arms that lie along a table, or wrap about a shawl.
And should I then presume?
And how should I begin?
. . . . .

Shall I say, I have gone at dusk through narrow streets
And watched the smoke that rises from the pipes
Of lonely men in shirt-sleeves, leaning out of windows? . . .

I should have been a pair of ragged claws
Scuttling across the floors of silent seas.
. . . . .

And the afternoon, the evening, sleeps so peacefully!
Smoothed by long fingers,
Asleep . . . tired . . . or it malingers,
Stretched on the floor, here beside you and me.
Should I, after tea and cakes and ices,
Have the strength to force the moment to its crisis?
But though I have wept and fasted, wept and prayed,
Though I have seen my head (grown slightly bald) brought in upon a platter,
I am no prophet–and here's no great matter;
I have seen the moment of my greatness flicker,
And I have seen the eternal Footman hold my coat, and snicker,
And in short, I was afraid.

And would it have been worth it, after all,
After the cups, the marmalade, the tea,
Among the porcelain, among some talk of you and me,
Would it have been worth while,
To have bitten off the matter with a smile,
To have squeezed the universe into a ball
To roll it toward some overwhelming question,
To say: "I am Lazarus, come from the dead,
Come back to tell you all, I shall tell you all"
If one, settling a pillow by her head,
Should say, "That is not what I meant at all.
That is not it, at all."

And would it have been worth it, after all,
Would it have been worth while,
After the sunsets and the dooryards and the sprinkled streets,
After the novels, after the teacups, after the skirts that trail along the floor—
And this, and so much more?—
It is impossible to say just what I mean!
But as if a magic lantern threw the nerves in patterns on a screen:
Would it have been worth while
If one, settling a pillow or throwing off a shawl,
And turning toward the window, should say:
"That is not it at all,
That is not what I meant, at all."
. . . . .

No! I am not Prince Hamlet, nor was meant to be;
Am an attendant lord, one that will do
To swell a progress, start a scene or two
Advise the prince; no doubt, an easy tool,
Deferential, glad to be of use,
Politic, cautious, and meticulous;
Full of high sentence, but a bit obtuse;
At times, indeed, almost ridiculous—
Almost, at times, the Fool.

I grow old . . . I grow old . . .
I shall wear the bottoms of my trousers rolled.

Shall I part my hair behind? Do I dare to eat a peach?
I shall wear white flannel trousers, and walk upon the beach.
I have heard the mermaids singing, each to each.

I do not think they will sing to me.

I have seen them riding seaward on the waves
Combing the white hair of the waves blown back
When the wind blows the water white and black.

We have lingered in the chambers of the sea
By sea-girls wreathed with seaweed red and brown
Till human voices wake us, and we drown.


domingo, enero 01, 2017

Umberto Saba / Las mujeres...
















Las mujeres
de mi casa o que pasan por casa
están loquísimas contigo. Todas.
Dicen que eres bello (y se extasían en eso);
tal vez el canario más bello; pero... eres un monstruo.
(Una desfallece casi, llorando,
en vista de tus grandes hechos). En los hechos,
muy mal con tu propia mujer te comportas.

No la ayudas a empollar; te llevas
del nido cuanto puedes con el pico, y lo robado
o lo dejas caer o lo transportas
-como para hacerte otro nido- a algún
rincón de la jaula. Es otra la imagen
que te has hecho de ella; otra elección
hizo tu corazón, y no la mía... Pero yo,

¿cómo hacía a saberla?

Umberto Saba (Trieste, Italia, 1883-Gorizia, Italia, 1957), "Quasi un racconto" (1951), Il canzoniere (1900-1954), Einaudi, Turín, 2004
Versión de Jorge Aulicino


Le donne...

Le donne
miei di casa, o che vengono per casa,
sono con te arrabbiatissime. Tutte.
Dicono che sei bello (e in ciò si estasiano);
forse il più bel canarino; ma... un mostro.
(Una pianse, sveniva quasi, in vista
degli alti tuoi fatti). Perché ai fatti
male assai con tua moglie ti comporti.

Non l'aiuti a covare; fuori porti
dal nido quanto puoi col becco, e il furto
o lasci a caso cadere o deponi
-come per farti un nuovo nido- in qualche
angolo della gabbia. È un'altra immagine
che di lei ti sei fatta; un'altra scelta
avevi in cuore, e non la mia... Ma io

come facevo a saperla?

sábado, diciembre 31, 2016

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 5











Aflojar las tensiones

Labor
que se centra en la boca,
                        de ordinario
en el labio superior latiendo descontrolado,
y al que habrá que aquietar, con intensidad
pensar en dormirlo, tornarle
casi imperceptible la transpiración,
                                   anular
su autonomía para absorciones, balbuceos,
desoyendo protestas, mandatos,
                             díscolo.


Dado este paso, lo demás
se avendrá con mansedumbre,
                        a los párpados
no les urge apelar a la mano para distenderse,
cerrados o abiertos,
                   y la lengua se suelta, puede
reconocer la base de la nariz
sin perturbarla,
               y la nariz, meditativa,
logrado el alivio de que el peso
de la frente ahora sea de aire.


Y bastará,
          supuesto que la operación
tenga el carácter de una gimnasia
en donde cada rasgo consigue recobrar
su tono virgen, en armonía con el resto
y sin dejar de verse fielmente a sí mismo,
                  o que deba ser acreditada
como particular recurso, deleite,
que los ociosos se inventan
para jugar con sus rostros, recreándose
en modelar sus partes como naturalezas muertas.
                  ¿A qué indagarlo?, nunca
averiguaríamos por qué vínculo, airado, carente de razón,
las fatigas de la boca, ojo,
nariz, comisuras, superciliares,
son ecos del modo como la realidad
satura la mente, la va provocando
para que la persiga, trate de expulsarla.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980

Foto: Alberto Girri por Tito La Penna (detalle), 1985



viernes, diciembre 30, 2016

Jotaele Andrade / El gato trae los restos de una liebre











cada vez que llueve
el gato se refugia bajo un toldo en el patio

allí duerme
mientras la lluvia golpea todas las cosas que en el mundo son
su propia desnudez

qué soñará
-pregunto
ese flaco
y aguerrido macho
que se sume a lo largo de sí mismo y gusta
de dormir bajo la lluvia

¿que con su rugido
tiemblan
las cosas que en el mundo
son su propia desnudez?

¿soñará que se aparea
con leonas
panteras
leopardos?

¿que les hace hijos
sobre los que
orgulloso
reina
y que a su paso
le ofrendan gamos
venados
ronroneos súbitos?

o
de un modo
más doméstico
soñará con los restos de liebre
que ha robado de la casa vecina
y abandonado en el patio

y que
bajo este clima otoñal
se pudren lentamente

Jotaele Andrade (La Plata, Argentina, 1974)


La rosa orgiástica,
Añosluz,
Buenos Aires, 2016









Foto: Jotaele Andrade en FB





jueves, diciembre 29, 2016

Diego L. García / De "Esa trampa de ver"











el capítulo 13 se titula “reclutamiento
de idiotas útiles” / cooperadores que
extienden la mano con su debida
carga de voltaje / el idioma que se exhibe
no tiene mayor existencia que el canto de la
esfinge descripto en un bestiario “podemos
convertir el agua en agua” proclama
que no resiste refutación como tampoco el
ensayo de un argumento sedante / un
idioma cuyas habitaciones están ocupadas
por los reclutadores que anhelamos derrocar con
la fidelidad de un dios a su siervo
(y nunca viceversa)

Diego L. García (Berazategui, Argentina, 1983)


Esa trampa de ver,
Añosluz Editora,
Buenos Aires, 2016










Foto: Martin Alejandro Biaggini/Mestiza FB



miércoles, diciembre 28, 2016

Daniel Freidemberg / Abril














Acá la noche. La
     hilera de luces
de la avenida, atrás,
y acá, ahora, alta, en la
noche, una estrella.
     ¿La misma?

No sé: una es-
trella, al-
go ahí, en
     lo alto
del mundo, en
el mundo,
que brilla,

como si
fuera a irse,
o no alcanzara
del todo a llegar.

Ni la palabra
ni el recuerdo:
una estrella,
tic de luz
puesto, vaya a
saber por
quién o qué, a brillar
sobre lo negro del presente,
y acá el presente, con
estrella y todo.

Estrella y
      todo:
      un gran
telón de escombros
se arrumba al fondo:
ni un comienzo ni un fin.

Miro esa luz que
la palabra “estrella” no toca.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945), Abril, Barnacle, Buenos Aires, 2016



martes, diciembre 27, 2016

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 4
















Quien habla no está muerto

Un curioso se interesa por la frase,
                              literalmente
vertida del alemán, un verso.
                             La aparta, la despliega
sobre la mesa, bien manifiesta, intuyendo
al margen de su obviedad el ánimo
de sustentar lo que se quiera
en cualquier circunstancia, aseverar
monólogos o diálogos,
desmentirlos;
            fácil de ser memorizada
como tersa y metálica variante
del bíblico "Tienen boca pero no hablan".

No le dura casi. De improviso
es como golpeado, despertado,
la vecindad de otra lectura
previniéndole que no existen
verdades objetivas,
                    y que si así no fuera
¿cómo legitimarlas, a través de qué?;

        y su inicial devoción, sumisión
a la frase, se tambalea,
vacila hasta desleírse,
escudriñándola de nuevo, extrañado,
como un inquisidor, ensombrecido,
recriminándole no haberle hecho entender
que su certeza, irrefutable en lo exterior,
tiene descorazonadores límites
          (no,
"Quien habla no está muerto",
           sino
"Quien habla probablemente no está muerto");

          y desazonado, indispuesto
consigo mismo, a sí mismo
puesto bajo la acusación
de quimérico, crédulo,
                     de culpable ligereza
en entregarse a deducir
que lo evidente es verdadero.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980

Foto: Alberto Girri por Tito La Penna




lunes, diciembre 26, 2016

Horacio Fiebelkorn / Cuca's blues











1

Mientras tanto
una por una -y son
centenares.
Una por una
-y los desfiladeros
de entrecasa
superpoblados.

No arman fila india.
No trabajan,
no amarrocan
-como sus primas
las hormigas.

Sólo comen y joden.
Sólo comen y cogen
y en lapsos brevísimos
ya son centenares.

Mi vida está
por completo
devastada.

2

Donde hubo ocho
habrá doscientas.
Donde hubo veinte
habrá tres mil.

Con el aerosol
de un saque pude
liquidar algunas.

Pero ya vienen
los relevos.
El quinto de caballería
se manda a la cocina.

Otra vez la ruina,
la invasión.

3

Perdí la fecha
en que comenzó la
desidia. Platos quedan
sin lavar, y es toda

una invitación
al festín.

Heterometábolos
Paurometábolos

Mucho ojo con las
hembras porque
pueden vivir
de 14 a 20 meses

-dice la pedia de la web
de lo poco que funca
en esta casa.

No hace falta
una cuca de 500 patas
a quien suplantar
en la forma -como Gregorio.

No hace falta
una cuca símil concha
como esa que perturbó
a la bella Clarice

No es preciso
un montón de basura.
Con sólo un resto
de papa
o la miga de un pan

es suficiente para
el teatro griego
de las cucas.

4

Qué haré yo con
todo esto. Qué haré
sin culpa alguna
frente a las bestias.

No seré
San Dunstan
que amaba tanto
a los animales
que se impuso
penitencia
por matar
una hormiga

y también libró
feroz batalla
contra el diablo
a quien le clavó
tremendo herraje
en las pezuñas
y le hizo prometer
que no entraría
jamás
a casa alguna
donde hubiere una
herradura colgada.

5

Aunque el caso -mientras
tanto- es que las cucas
me rodean y cercan.

A esta altura
debería pensar
que me protegen.

Hace 350
millones de años
que son las reinas
del planeta.

Sobrevivieron
a la era del hielo
el crujir de
continentes

bólidos que se
estamparon contra
la corteza

y se llevaron puestos
a los dinosaurios
y algunos más

y ahora se expanden
por las urbes
cosa que sólo
se explica por la
buena calidad
de los deshechos
humanos

rodeado estoy
por las cucas
que arruinan mi vida

rodeado estoy
protegido
por la eternidad.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, Argentina, 1958)


La patada del chancho,
zindo & gafuri,
Buenos Aires, 2016










Foto: Horacio Fiebelkorn FB



domingo, diciembre 25, 2016

Yvor Winters / Dos poemas













Octubre

Las casas
están más desnudas
y nada
oscurece las colinas.

Octubre
llega y se va
y a la luz de la luna
espero el invierno.

El silencio
es como la luz de la luna
en una cosa:
que no esconde nada.


La habitación fría

El sueño
se para
en la noche sobre
el suelo y la silla sin pintar.

El perro está
profundamente dormido
y
no lo moverán                      

Y desde el
techo
la oscuridad inclina
una intensa llama.

Yvor Winters (Chicago, Estados unidos, 1900-Palo Alto, Estados Unidos, 1968), Selected Poems, Thom Gunn ed., The Library of America, Nueva York, 1984
Versiones de Jonio González


OCTOBER

The houses
Are more bare
And nothing
Dims the hills.

October
Comes and goes
And in the moonlight
I wait for winter.

The Silence
Is like moonligt
In one thing:
That it hides nothing.


THE COLD ROOM

The dream
stands
in the night
above unpainted
floor and chair

The dog is
dead asleep
and
will not move
for god or fire.

And from the
ceiling
darkness bends
a heavy flame.




sábado, diciembre 24, 2016

Drago Štambuk / Jesucito










Junto a un viejo establo
en Mirula sobre el mar
de pajas duras
tienes el pesebre.

¿Te irias acaso
Hijo amado
a algún albergue mejor?

                   24 de diciembre de 2004

Drago Štambuk (Selca, Croacia, 1950)
Versión de Carmen Verlichak


Isusek

Mirule nad morem,
pokraj stare štale,
od slame oštre
gnijezdo svijaju.
Bi li se premjestio,
sine dragi,
u kakav bolji log?

           24. prosinca 2004



viernes, diciembre 23, 2016

Mirella Muià / Discurso del mortero















El mortero de mármol ha hecho un largo viaje:
alguien lo ha extraído del cuerpo de la loma—
alguien lo ha separado de la piedra materna—
alguien lo ha recogido de un cúmulo de trozos dispersos—
alguien lo ha transportado de la cantera al taller del tornero,
y éste le ha dado forma,
y para hacerlo lo ha excavado adentro y lo ha pulido afuera,
y con otro fragmento hizo la mano del mortero—
alguien lo ha puesto en venta a los maestros de íconos
para transformar en polvo fino a los colores más refractarios—
alguien lo ha comprado y lo ha traído a mí,
y ahora está conmigo, aquí, y me interroga: “¿Quién eres?
No creas ser como este mazo
tan sólo porque tengas el vigor
y ves lo que a tus ojos no es correcto
y te anima ese celo de justicia…
Pero si quieres, si puedes decir que has hecho un viaje como el mío,
si de verdad caíste de la montaña al golpe de los picos,
si has sido recogido, excavado por dentro y pulido por fuera,
y luego te han vendido y te han comprado—
si reconoces que este viaje hiciste,
tú, piedra de mármol más dura que yo,
sabe entonces que podrás ser como yo:
lugar donde se muele,
lugar donde moler y lugar que es molido
con la materia a transformar en polvo fino.
El color es molido, pero a los golpes debes recibirlos tú,
acogerlos tú, llevarlos tú.
Si aceptas esto,
puedes ser como yo bajo la mano de Quien tiene la mano del mortero.”
Esto me dijo el mortero.

[Enero 2014. Inédito]

Mirella Muià (Siderno, Calabria, Italia, 1947), Versión de Pablo Anadón, Córdoba, noviembre 2016


DISCORSO DEL MORTAIO

Il mortaio di marmo ha fatto un lungo viaggio:
qualcuno l’ha staccato dal corpo del monte—
qualcuno lo ha separato dalla pietra madre-
qualcuno lo ha raccolto da un cumulo di pezzi dispersi—
qualcuno lo ha portato dalla cava alla bottega del tornitore,
e questi gli ha dato una forma,
e per farlo lo ha scavato dentro e levigato fuori,
e da un altro resto ha formato il pestello—
qualcuno lo ha messo in vendita ai maestri di icone
per ridurre in polvere fine i colori più refrattari—
qualcuno lo ha comprato e lo ha portato da me,
e ora è qui con me, e mi interroga: “Chi sei tu?
Non credere di essere come questo pestello
solo perché hai forza e vigore 
e vedi quel che è scorretto ai tuoi occhi
e sei animato da zelo per la  giustizia…
Ma se vuoi, se puoi dire di aver fatto un viaggio come il mio,
se sei davvero caduto sotto le picconate dalla montagna,
se sei stato raccolto, scavato dentro e levigato fuori,
e poi messo in vendita e comprato—
se riconosci d’aver fatto questo viaggio,
tu pietra di marmo più dura di me,
allora sappi che puoi diventare come me:
luogo in cui si pesta,
luogo in cui pestare e luogo che è pestato
 insieme con la materia da ridurre in polvere fine.
Il colore viene pestato, ma i colpi li devi prendere tu,
accoglierli tu,  portarli tu.
Se accetti questo,
puoi essere come me sotto la mano di Chi tiene il pestello”
Così mi ha detto il mortaio.

[Gennaio 2014. Inedito]

Foto Conchiglie/Maria Franco/Giuseppe Laganà



jueves, diciembre 22, 2016

Evgeni Evtushenko / La abuela


















Meditando en los años
recuerdo
cómo los hogares vivieron esperando,
cómo las tormentas del cuarenta y uno
se abatieron sobre la pequeña estación Zimá.
No me cayó, por cierto,
el maná del cielo.
Por aquel tiempo
me congelaba
aguardando en las colas.
Mamá estaba en el frente
y yo vivía solo con mi abuela
que era una autoridad del soviet local.
Cubierta la cabeza con su viejo pañuelo,
botas de hombre,
capote militar
y un viejo portafolios bajo el brazo.
Abarcando toda la maldad del mundo
me hablaba con odio
de un desertor capturado
y de los que robaban
el cereal.
Su palabra asustaba
cuando la saludaban,
y por algo le huía
el borracho contable.
Pero a veces,
a la hora de la breve pausa,
comenzaba de pronto a cantar
mientras avivaba el fuego.
Junto con mi banda de la estación Zimá
me sentaba con mis compañeros.
Ella contaba con voz alegre y doliente,
con una ansiosa lejanía en los ojos,
de huelgas,
de victorias,
de luchas clandestinas,
de cárceles
y amigos fusilados.
Furiosa la tormenta golpeaba la ventana,
pero,
quitándose los lentes
montados en carey,
nos cantaba suavemente
sobre la gran batalla final.
Le hacían eco
y brillaban asombrados
los ojos de la impaciente compañía.
En Siberia los chicos cantaban la “Varsoviana”
y los alemanes
se retiraban de Moscú.

Evgeni Evtushenko (Zima, Rusia, 1932), No he nacido tarde, Ediciones La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1967
Traducción de José Luis Mangieri
Envío de Jonio González



miércoles, diciembre 21, 2016

Claudia Prado / lejos















De pronto en ese lugar de la siesta
allá por el tendal o el lavadero
donde a esta hora se mueve solo ella
canta. No habrán sido tantas veces.                          
Las palabras antiguas e infantiles                    
y la voz de mujer grande                                
un hilito casi hablado                                    
que con la música apenas se sostiene.
Siempre nos dijo: Sordos
como una tapia.
En esta casa no sabemos cantar.
Trabaja
cuando la casa está en silencio
sacude una sábana                    
dobla, marca el pliegue                                
los gestos que repite son más viejos
que ese pedacito de canción.                        
No se podría decir que está contenta.
Es otra cosa.

Yo en medio de la noche en la que leo
pienso en ella –la voz pobre de tan tímida-.
Nunca oyó cantar a su madre, dice el libro.
Pero tiene una boca dulce.
Y siento un golpe, un hueco
el tiempo yéndose.
Estoy lejos.
Mi mamá a veces canta

[inédito]

Claudia Prado (Puerto Madryn, Argentina, 1972)