domingo, noviembre 25, 2007

N. de R.: "Dos pasos atrás, uno adelante", alude a "Un paso adelante, dos pasos atrás (Una crisis en nuestro Partido)" publicado por Vladimir Ilich Lenin en 1904 en Ginebra. Se advertirá que, a la inversa, la operación es equivalente, o así lo parece.

Dos pasos atrás, uno adelante

(continuación de Akido Gauna)
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Es común que una lectura que podríamos denominar valiosa, fructífera, esté constituida precisamente por su detención. Aclaremos: a veces, cuando la lectura se enriquece se pierde, se pierde su continuidad física, sea porque hubo un leve cambio en la sintaxis de nuestro cerebro y necesitamos una pequeña pausa para volver a continuar, sea porque estamos leyendo y sentimos que tenemos que dar cuenta de algo en papel, y lo hacemos, o incluso no lo hacemos y dejamos de leer porque creemos que hay que dejar ese momento para otro momento. O porque la lectura llega a cierto éxtasis, encontramos algo maravilloso y nos saciamos, dejamos de leer o leemos algo de una intensidad menor, y ahí comienza una lectura más mecánica, que espera pacientemente hasta que aparezca un éxtasis similar, o menor.
Pero en este caso, al suprimir este intervalo constitutivo, la paradoja es casi grosera: seguir leyendo aunque leer sea detenerse. En todo leer nada, y en esa nada subrayar, olvidar, aburrirse, sorprenderse.
No tanto porque se haga literatura, sino porque permite experimentar la literatura como lectura: simple o compleja, absurda o precisa. Como la idea de cierto músico, en la que se habla de una doble escucha, una de fondo, simplemente agradable en donde la atención no se exige y una mas precisa y pertinente donde la atención es extrema, y que ambas se vayan sucediendo sin limites precisos al punto de parecer casi simultáneas
Un texto que, a pesar de todos sus filos y aristas, al entregarse no se establece como un sacrificio, en el que incluso es posible llegar a percibir cierto grado de demencia en nosotros, al punto de llegar ver naturales todos los versos en idiomas que podemos desconocer, y percibir intensidad donde el sentido nos está vedado por el elemento más grosero.
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miércoles, noviembre 21, 2007

Pachinko

por Akido Gauna *


Gracias a la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Buenos Aires y al Institute for Cultural Studies de la Kokushikan University pude permanecer durante seis meses en Tokio para terminar de escribir mi tesis sobre el packinko. En este juego el jugador lanza una bola de metal, y, dependiendo de la fuerza del impulso, se determina el primer destino; es entonces cuando se ejerce la única, aunque mínima, decisión en este juego; luego la bola transita un derrotero en el que no hay posibilidad de intervención alguna; el triunfo o fracaso dependerán del destino final de la bola librada a su arbitrio. Estos movimientos de alguna manera hechizan al jugador, produciendo a través de ese acto contemplativo una verdadera adicción. La idea era simple, y consistía en reconocer algunas de las directrices que producían tal fenómeno adictivo. Algo así como percibir los efectos de la lectura como un proceso intermedio entre la formación del juicio y las sensaciones de las que proviene. Por lo que en forma paralela a la realización del trabajo leía ciertos libros, en su mayoría de poesía, y parte de mi investigación me llevó a tomar nota de algunos mecanismos que tenían que ver con el proceso de la lectura y con el modo en que esos textos producían ciertos efectos y características de lectura, sin intención de abordar el objeto de lectura en sí mismo. Mi viaje terminó y luego también mi investigación, pero la modalidad de trabajo continuó y cada tanto realizo anotaciones similares. Estas son algunas de esas notas.

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La traducción de los cantos de Pound, y al priorizar una sensación táctil obtener cierto placer no desestimable. Como tocar un globo terráqueo con la punta de los dedos, y como si lo microscópico mantuviera su estrategia fuera de la mediación de la lente, apaciguándose frente a la imposibilidad de mantener en un 100 % el correlato histórico que se presenta, atenuando las intencionalidades en lo que respecta a palabras como deuda, usura, intereses, moneda, economía, devaluación, capital o préstamo.
La desidia también puede primar, y en tal caso se escucharía una opinión bastante cómoda y generalizada: “y... no están buenos”; también se puede sucumbir en el hábito letrado de minucioso desmembramiento histórico, o incluso levantar las banderas de un pretendido prestigio y encuadrar el texto en un posible futuro del mundo que organice las palabras en pos de un valor invisible actualmente.
Pero podría ocurrir que uno crea no saber con exactitud que es lo que se está leyendo, que no se maraville frente a estridentes fuegos artificiales, o simplemente no se encuentre el efecto que tradicionalmente se suele buscar en lo poético, conduciéndose con una lectura mas rápida y de corrido, cercano a la de novela, más que a una relectura inmediata del poema. Con todo esto, bien podríamos esperar que el ángel y el demonio del juicio voten por la detención inmediata del libro. Pero hay un elemento que los pone en jaque, y frente a la duda sobre el valor de lo que se lee, más bien prefieren, en un hecho inusitado, desaparecer y abstenerse de su tarea; es que lo que prima es el impulso de seguir leyendo, uno no quiere dejar de leer, no quiere que el libro se termine, ni que se termine el tiempo asignado ese día. Sentir el mecanismo del suspenso que hace anhelar el próximo verso y disfrutar esa espera con comodidad.
Algo de esto quizás ocurre porque el libro en cuestión, de alguna manera, se manifiesta como la lectura, o se desplaza hacia ella en su forma más básica, vaga y general. El lograr que al contacto con esas palabras éstas intenten permutarse, hace tan concreta la instrumentación que vuelve nuestra percepción sobre lo leído en algo absolutamente abstracto, o demasiado abstracto.
***
(seguirá)

* N. de R.: Los apuntes de Gauna, sin data, fueron encontrados en el baúl de un inmigrante irlandés en Concord, Massachussetts, a mediados de los 50 del siglo pasado. En una hoja suelta, Gauna había borroneado su ficha de becario en Tokio, pero todos los datos se presumen falsos, pues la fecha de nacimiento es de comienzos del siglo XIX, por ejemplo.
POESÍA EN EL LIVING –de Recoleta -
Leerán los poetas:
(en orden alfabético)

Sara Cohen
Inés Manzano
Edgardo Pígoli
Alberto Szpumberg

Centro Cultural Recoleta

-Espacio Living Planta Baja -
Junín 1930 - Ciudad de Buenos Aires
El martes 27 de noviembre de 2007 –
19 a 20:30 – PUNTUAL

Anfitriones: Susana Szwarc – Lidia Rocha –

El mar no es edad con el tiempo


MENOR QUE EL TIEMPO
ES EL MAR,
POR SU DESIGUALDAD


Los fantasmas del mar
me rodean y persiguen.
Ellos están aquí
por estos cartones y paredes
observándome desde climas y espejos
viendo mis manos
en suaves lomadas del mar.
Pasan por ellas.
Los acaricio y los vuelvo a pared y cartón
con sus nombres
de seres que anduvieron mundos
acosados también por recuerdos
y acuerdos
de sus mares.

En paz se contengan y me cuiden.

EL MAR NO ES EDAD
CON EL TIEMPO


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DE LOS QUE SE FUERON
A MUCHAS LEGUAS CÚBICAS
DEL MAR.


Escribí otro poema
"cuyos últimos versos
fueron verificados por los ángeles
de mis padres.
Luego
hubo asentimiento
con una inclinación de rostros
y aprobación de Dios.

Al despertarme, olvidé el poema.

Hoy, tampoco lo recuerdo.

Alguna noche
se presentarán todos
a dictarme"

PERO EL POEMA SÓLO TRATA
DE LOS QUE SE FUERON A MUCHAS
LEGUAS CÚBICAS DEL MAR.


Néstor Groppa (Laborde, Córdoba, 1928), VOLVERÁ EL MAR y se irá... como entonces- Libro de ondas. Segunda parte. Ediciones Buenamontaña, Jujuy, 2007

lunes, noviembre 19, 2007

Hesíodo: Yo te creo, Meletea, porque todo lo llevas en tus ojos. Y el nombre de Euterpe que muchos te dan no puede asombrarme. Pero los instantes inmortales no son una vida. Si yo quisiese repetirlos perdería la flor. Siempre vuelve el fastidio.
Mnemosine: Sin embargo, has dicho que aquel instante es un recuerdo. ¿Y qué otra cosa es el recuerdo sino pasión repetida? Compréndeme bien.
Hesíodo: ¿Qué quieres decir?
Mnemosine: Quiero decir que tú sabes qué es vida inmortal.
Hesíodo: Cuando hablo contigo me es difícil resistirte. Tú has visto las cosas al principio. Tú eres el olivo, la mirada y la nube. Dices un nombre y la cosa es para siempre.
Mnemosine: Hesíodo, todos los días te encuentro aquí arriba. Otros, antes que tú, he encontrado sobre aquellos montes, sobre los ríos pobres de Tracia y de Pieria. Tú me gustas más que ellos. Tú sabes que las cosas inmortales las tenéis a dos pasos.
Hesíodo: No es difícil saberlo. Tocarlas, es difícil.
Mnemosine: Hay que vivir para ello, Hesíodo. Esto quiere decir, el corazón puro.

Cesare Pavese, Diálogos con Leucó, trad. Rodolfo Alonso. Revista Fijando vértigos, poesía 16. Buenos Aires, octubre 2007

viernes, noviembre 16, 2007

Dunia es...


Dunia

Dunias son las sonrisas que intercambian,
bobalicones, los enamorados,
dunia es la flor que no se mira nunca,
y es dunia también la sonrisa
de un recién nacido.

Dunia es el color de todo lo inmaterial,
es el color de la ausencia,
el color de los adioses
y el color con que la música y la poesía
se presentan cuando echan la casa por la ventana.
La piel de un potrillo o de un becerro
de tres días es dunia intenso,
lo mismo que las perlas en embrión,
las estrellas que no se ven desde la Tierra,
los pétalos no abiertos de las flores
y los ojos de los niños que duermen
en el claustro materno.

Lo no tocado todavía es dunia,
como la atmósfera de los espejismos
y las plumas de los pájaros
que oímos cantar pero no vemos.

Los lagos y los ríos que nadie ha descubierto
en estas selvas vírgenes de América
agitan aguas dunias
que dejarán de serlo en cuanto sean vistas.

Dunia... Dunia... Dunia...

Otto-Raúl González (Guatemala, 1921-México, 2007).
alforja, Revista de Poesía, México DF. Verano 2007
(Gentileza de Cecilia Romana)

Biografía, poemas

miércoles, noviembre 14, 2007

La fuente de las lágrimas. Un viajero la descubre, así como a otros lugares parecidos.


Nathaniel Hawthorne, Cuadernos norteamericanos. Trad. Eduardo Berti. Editorial Norma, Bogotá, 2007

martes, noviembre 13, 2007

Mucho más importante que todo esto es que los bonobos no responden a las ideas establecidas sobre la naturaleza humana. Si las observaciones hubiesen demostrado que se masacran unos a otros, todo el mundo los conocería. El verdadero problema es su temperamento pacífico. A veces intento imaginar qué habría pasado si hubiéramos conocido primero a los bonobos y sólo más tarde o nunca hubiéramos tenido noticia de los chimpancés. Las discusiones sobre la evolución humana no girarían en torno a la violencia, la guerra y la dominación masculina, sino a la sexualidad, la empatía, la solidaridad y la cooperación. ¡Cuán diferente sería nuestro paisaje intelectual!
El poder de la teoría del mono asesino sólo empezó a debilitarse con la aparición de nuestro otro primo. Los bonobos actúan como si nunca hubieran oído hablar del asunto. Entre los bonobos no se producen guerras a muerte, apenas cazan, los machos no dominan a las hembras, y hay mucho, mucho sexo. Si el chimpancé representa nuestra cara diabólica, el bonobo es nuestra cara angélica. Los bonobos hacen el amor, no la guerra. Son los hippies del mundo primate. Los científicos se sentían más incómodos con ellos que una familia de los años sesenta del pasado siglo con la vuelta a casa de su oveja negra de largas greñas, equipado con su maceta de marihuana: apagaron las luces y se escondieron bajo la mesa con la esperanza de que el huésped no invitado se fuera.

(...)

La visión que nos retrata como egoístas y mezquinos, con una moralidad ilusoria, debe revisarse. Si somos esencialmente antropoides, como yo argumentaría, entonces nacemos con una gama de tendencias, desde las más básicas hasta las más nobles. Lejos de ser un producto de la imaginación, nuestra moralidad es el resultado del mismo proceso de selección que conformó nuestro lado competitivo y agresivo.

Frans de Waal, El mono que llevamos dentro. Tusquets, Barcelona, 2007


N. de R.: Frans de Waal nació en 1948 y se doctoró en biología en la U. de Utrecht. Es director del Yerkes Primate Center de los Estados Unidos.


Entrevista con de Waal y otros enlaces

jueves, noviembre 08, 2007

Una piedra

En medio del camino

En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.

Nunca olvidaré ese acontecimiento
en la vida de mis retinas tan fatigadas.
Nunca me olvidaré que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
en medio del camino había una piedra.

Carlos Drummond de Andrade (ib.)

Fui brasileño



También ya fui brasileño

También ya fui brasileño
tan moreno como ustedes.
Punteé guitarra, guié ford
y aprendí en la mesa de los bares
que el nacionalismo es una virtud.
Pero hay una hora en que los bares cierran
y se niegan a todas las virtudes.

Yo también ya fui poeta.
Bastaba mirar a una mujer,
pensaba enseguida en las estrellas
y otros sustantivos celestes.
Pero eran tantas y tan grande el cielo,
mi poesía se perturbó.

Yo también tuve mi ritmo.
Hacía esto, decía aquello.
Y mis amigos me querían,
mis enemigos me odiaban.
Yo me deslizaba irónico
satisfecho por tener mi ritmo.
Pero acabé confundiendo todo.
Hoy ya no me deslizo, no,
ya no soy irónico, no,
ya no tengo ritmo, no.

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902-Río de Janeiro, 1987), Mundo, vasto mundo. Trad. Manuel Graña Etcheverry, Losada, Buenos Aires, 1967

Música vana


El grillo

Música porque sí, música vana,
como la vana música del grillo;
mi corazón, eglógico y sencillo,
se despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de gillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Qué bien suena la flauta de la rana!
Pero no es son de flauta: es un platillo
de vibrante cristal, de a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

Conrado Nalé Roxlo (Buenos Aires, 1898-1971), Los mejores poemas de la poesía argentina. Selección de Martini Real. Corregidor, Buenos Aires, 1974
Tratos espurios

martes, noviembre 06, 2007

Era aquel un escritor de la contracultura de California, paraje que ustedes tienen derecho a ignorar, en la costa Oeste de los Estados Unidos. Garbeld lo conoció en una fiesta de snob a la que se había empeñado en asistir, durante su estadía en San Francisco, en los tiempos del estudio de las grandes regresiones. "Es un tipo que no tiene en absoluto empacho en hacer creer que es áspero y refractario al contacto social, un ser dispuesto a envenenar el agua de un jardín de infantes, aunque tranquilo y correcto en el trato personal -pontificó Garbeld--. Por esta razón lo llaman a las fiestas y saraos, presentaciones de libros y vernissages, a lo que acude con actitud acre; luego, ante quienes lo tratan, se muestra afable y tímido. Y este ritual, me imagino, de llamarlo con miedo, de aliviarse más tarde ante sus modales delicados, se repite ad aeternum, sin que se agote su eficacia, como un rito. Hay sin embargo un pacto tácito entre él y los animadores culturales. También ellos fingen, aunque lo ignoren. Fingen creer en su aspereza pues así pueden lucir más tarde como un triunfo que el escritor contracultural haya aceptado el convite. Ahí tiene usted al animador de esta velada. ¿Por qué cree que está orondo y luce esa sonrisa de oreja a oreja? Pues porque el Gran Outsider resplandece en medio de su fiestita, él y sólo él logró esta noche sacarlo de su madriguera, una cabaña llena de residuos en un acantilado. Esta cultura del Oeste ha de propagarse, responde a un latido de la época. Cuando el Gran Contestador, el desdeñoso escritor muera, se harán de él numerosas biografías. Todas tendrán fotos de reuniones como esta. Y nadie estará dispuesto a romper, con sólo una risa sarcástica, un gesto fastidiado, un mínimo encorvamiento de ceja, el engaño en el que todos creen creer. Pues basta ese tipo de gesto para destruir el acuerdo, tan frágil es. Si el escritor contracultural, el arúspice de barrio latino, respondiera en verdad con gruñidos a cada invitación, si en verdad fuera desagradable su trato, aun así insistirían, aun así tendría asegurada su biografía póstuma, llena de terribles testimonios de su decadencia. Acepta los convites porque es débil su carne y se complace en la veneración que le dispensan en vida. Y es éste el punto que se pone en juego, que permite el acuerdo tácito. Engalano vuestra velada, a condición de que no desnuden mi talón de Aquiles, propone el escritor áspero sin decirlo; no lo haremos mientras mantenga usted la ambigüedad de su natural desdeñoso y los modales de quien está más allá incluso de aceptar un compromiso social, le responden sin decirlo. De este modo se perpetúa la mutua devoción de productores y consumidores", resopló Garbeld.

Gustav Who, Arrebatos, La Joya, 1978

viernes, noviembre 02, 2007

N. de R.: Es inútil que traten de convencernos con estas analogías, ¿verdad? Fueron seres humanos los que escribieron Fenomenología del Espíritu, la Divina Comedia etc.
Garbeld mandó armar un libro en blanco para tomar en él sus notas, durante la observación de las grandes migraciones. El asistente del imprentero le indicó que podría "personalizar" su carnet, con, por ejemplo, guardas, dibujos geométricos, monogramas o palmas doradas. A lo que Garbeld replicó: "Si no 'personalizara' mi anotador, ¿significaría que no tengo preferencias o que mis preferencias se inclinan por un cuaderno escueto?". El hombre lo miró perplejo. Garbeld dijo: "Al parecer, tener personalidad significa colgar guirnaldas".

Gustav Who, Garbeld destemplado, Rocallosas, 1943

jueves, noviembre 01, 2007

Los magos tienen por axioma que en cualquier obra hay que conservar en el espíritu el hecho de que Dios influye sobre los dioses; los dioses, sobre los cuerpos celestes o astros, que son divinidades corporales; los astros sobre los demonios, que son guardianes y habitantes de los astros, entre los cuales está la Tierra; los demonios sobre los elementos; los elementos sobre los cuerpos compuestos; los cuerpos compuestos sobre los sentidos; los sentidos sobre el animus, y el animus sobre el ser viviente entero: así se desciende la escalera. Luego, el ser viviente asciende por el animus hacia los sentidos, por los sentidos hacia los cuerpos compuestos, por los cuerpos compuestos hacia los elementos, por éstos hacia los demonios, por los demonios, a través de los elementos, hacia los astros, por los astros a los dioses incorpóreos, de sustancia o corporeidad etérea, por éstos al alma del mundo o espíritu del universo, y por esto último a la contemplación de lo Uno (...) Entre el peldaño inferior y el superior existen especies intermediarias de las cuales las más elevadas participan de la luz y las más bajas, más bien de las tinieblas...
Giordano Bruno, De la magia. De los vínculos en general. Cactus, Buenos Aires, 2007

N. de R.: Quizá haya que entender en Bruno "demonio" como "daemon" ("un espíritu, un genio", Diccionario Latín-Español Sopena) del que deriva "daemonius" que mantiene el significado de "genio", pero que en el latín eclesiástico se utiliza desde Tertuliano específicamente en el sentido de "genio del mal" (ob. citada).