viernes, febrero 29, 2008

Montale, "Satura"

Dos prosas venecianas

II

Farfarella garrulo portero fiel a las órdenes
dijo que estaba prohibido molestar
al hombre de las corridas y los safaris.
Le ruego lo intente, soy amigo de Pound
(exageraba un poco) y merezco un trato
particular. Quizá... El tipo levanta el auricular,
saluda escucha parlotea y he aquí que
el oso Hemingway mordió el anzuelo.
Y todavía en la cama, entre la pelambre
asoman solo los ojos y los eczemas.
Dos o tres botellas vacías de Merlot,
avanzada del total que vendrá.
Abajo en el restaurante todos están a la mesa.
Hablamos no de él sino de nuestra
Adrianne Monnier carissima, de la rue de l'Odeón,
de Sylvia Beach, de Larbaud, de los rugientes años treinta
y de los rebuznantes cincuenta. París y Londres un chiquero,
New York stinking, apesta. Nada de caza en los pantanos,
nada de patos salvajes, nada de muchachas
y menos aun la idea de un libro semejante. (1)
Compilamos un elenco de amigos comunes de quienes
ignoro el nombre. Todo está rotten, podrido.
Casi llorando me ordena no mandarle gente
de mi clase, peor si son inteligentes.
Después se levanta, se cubre con una bata de baño
y me lleva a la puerta con un abrazo.
Vivió todavía algunos años y muriendo dos veces
tuvo tiempo de leer su necrológica.

Eugenio Montale, Satura, 1970.

(1) Es probable que Montale aluda a la novela "Al otro lado del río y entre los árboles", publicada por Ernest Hemingway en 1950, que cuenta el amor otoñal de un oficial estadounidense en Venecia, terminada la guerra. El encuentro narrado en el poema podría fecharse promediados los "rebuznantes" cincuenta, puesto que el novelista "vivió todavía unos años más" y aún planeaba escribir otra novela sobre la Segunda Guerra Mundial. Hemingway se suicidó en 1961. (N. de R.)

jueves, febrero 28, 2008

Dos Prosas Venecianas 1

Dos prosas venecianas

I

Desde las ventanas se veían dactilógrafas.
Abajo, el callejón, tufo de scampi fritos,
alguna vaharada de náusea del canal.
Lindo lío en Venecia
asomarse a aquel paisaje y usted
venida de lejos. Usted que amaba sólo
a Gesualdo Bach y Mozart y yo el horrible
repertorio operístico con alguna preferencia
por el peor. En fin, para complicar las cosas
el reloj que marca las cinco y son las cuatro,
la salida intempestiva, San Marco, el Florian desierto,
la orilla de los Schiavoni, la trattoria Paganelli
recomendada por cierto avaro pintor toscano,
dos cuartos ni siquiera comunicados y el día
después verte caminar derecho sin
dignarte dar ni una ojeada a mi Ranzoni.
Me preguntaba quién estaba en la abstracción,
yo usted o los dos, pero siguiendo rieles
no paralelos, incluso inversos. Debo decir que habíamos
inventando admirables fantasmas sobre las rampas
que llevan del Oltrarno a la gran explanada.
Y ahora ahí entre palomas,
fotógrafos ambulantes bajo un calor bestial,
con el peso del catálogo de la bienal
nunca consultado y del que no es fácil deshacerse.
Volvimos con el barquito pelando maíz,
comprando keepsakes postales y anteojos oscuros en los
/puestos callejeros.
Era, me parece, el '34, muy jóvenes o muy extraños
para una ciudad que demanda turistas y amantes ancianos.

Eugenio Montale
(Versión: J. Aulicino)

Pavese, Vendrá la muerte...


Voz: Vittorio Gassman

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito callado, un silencio.
Así la ves cada mañana
cuando, sobre ti, sola te doblas
en el espejo. Oh querida esperanza,
ese día sabremos también nosotros
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como cortar un vicio,
como ver en el espejo
resurgir un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos en el abismo, mudos.

Cesare Pavese
(Versión J. Aulicino)

Aquellos fueron los días



Red Soviet Army Chore- Dark Eyes (Ojos negros)


El espíritu de la Madre Rusia

1984



2007

Face to face con T. S.

sábado, febrero 23, 2008

En los años 80 Ultimo Reino, a través de la revista y la editorial del mismo nombre, dio un sello a la época. Se trataba de un sello así llamado neo-romántico, puesto que los participantes de aquella empresa (Jorge Zunino, citado más abajo, fue uno de ellos) solían no solo invocar el fantasma de Novalis y, consiguientemente, la Noche, sino que reivindicaban a algunos poetas de los años 40 que a su vez fueron llamados, también, neo-románticos. Al caer la dictadura, el neo-romanticismo fue objeto de un crítica despiadada, y uno de los elementos citados para demostrar la relación estética del grupo con los años de plomo fue, precisamente, su invocación de la Noche.
Cierto es que incluso desde el romanticismo alemán hasta el método de desaparición de personas no tan cínicamente llamado "Noche y Niebla", durante el nazismo, puede trazarse, pueril y perversamente, un arco metafórico; lo mismo con nuestro criollo neo-neo-romanticismo y el tenebroso período en que le tocó nacer. Me pareció siempre que esa crítica era brutal, salvaje, injusta e insultante, todo esto por inexacta.
Existe bibliografía, prolijamente recapitulada por Jorge Fondebrider en "Una hipótesis de trabajo sobre terreno inestable", extenso prólogo a Una antología argentina, volumen que próximamente publicará la editorial LOM, de Chile, acerca de la polémica que desató Ultimo Reino a partir de la segunda mitad de los años 80. Básicamente, habría que acudir a Nueva Poesía Argentina durante la dictadura (1976-1983), de Santiago Perednik (Ediciones Calle Abajo, Buenos Aires, 1989), y a La hora epigonal. Ensayos sobre poesía argentina contemporánea, de Ricardo Herrera (Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1991).
De la respuesta de Herrera a Perednik, cito:
"¿Por qué no ver en éste [el neo-romanticismo] una reacción al inmediatismo sesentista y sí un reflejo del proyecto dictatorial? ¿Por qué olvidar –ya que de no olvidar se habla en el 'Prólogo'– que el orfismo está vinculado al origen mismo de la poesía? ¿Por qué simular que la noche concebida como espacio de revelaciones es la misma que la del oscurantismo? En otras palabras, ¿por qué Perednik quiere ver responsabilidad donde solamente hay extrañamiento hacia una dicotomía (dictadura-racionalismo progresista) que pretende convertirse en el exclusivo fundamento de nuestra cultura?”.

En 2006, el Administrador trató de hacer, de la manera que se verá en parte, un resumen de las líneas que se cruzaron desde fines de los 70 a fines de los 80 en la poesía de Buenos Aires:

"La historia fue sórdida, atroz pero, en algún sentido, justa: voy a rezar aquí por el perdón a quien interpretó la exaltación neorromántica de la noche como el canto de la dictadura; Ultimo Reino fue literatura de resistencia. Postulaba el regreso de la palabra sagrada, el reino del espíritu y el misterio, el acantonamiento en el último bastión humano. Tal el propósito. La ejecución, diversa, requiere otros análisis. Casi todos los comentarios que de estos poetas se hicieron parecen deplorar el anacronismo de la forma y del contenido. Quien escribe estas líneas se apresuró a calificar el movimiento como síntoma de época. Pasados ya más de veinte años, no sabría decir cuál fue la expresión de esa etapa. Sí estoy seguro de que Ultimo Reino fue algo más que un síntoma. Constituyó un sistema de pensamiento estético, quizá el mejor estructurado después de la vanguardia."
(...)
"Comienzos de los 80. Junto con Ultimo Reino, las revistas La Danza del Ratón y Xul agrupaban a los poetas. También El Ornitorrinco y Punto de Vista permitían respirar. Pero en éstas se agrupaban los resistentes de la década de los 60. En las otras, los poetas que acababan de llegar o habían llegado tarde al festín vanguardista. Entre los que habían llegado tarde, el nuevo golpe de Estado y la consiguiente represión, inédita por lo demás, acentuó la necesidad que venían experimentando de dar una vuelta de tuerca sobre la poesía que había dominado la primera parte del siglo, de manera casi universal. Estaban discutiendo la posvanguardia cuando el golpe los alejó de los 'lugares que solían frecuentar'. A comienzos de los 80, algunos de ellos editaron una autoantología, 'Lugar común' y es mi impresión que el título aludía a los lugares perdidos. Los poetas allí agrupados, cuya relación con el coloquialismo y otras vanguardias era compleja, ensayaba por primera vez desmarcarse. El tono iba desde el habla fluida y la fragmentación a la severidad conceptual, incluso dentro del arco de la obra de un mismo autor. Xul recuperaba un beligerante tono vanguardista. En esas páginas, se dio cabida a una vanguardia poco frecuentada aquí, el concretismo. La Danza de Ratón tenía su lugar definido; el barrio.
"Este fue el punto de restauración. El sistema poético por primera vez se vio impelido a cambiar en medio del desarrollo de una generación biológica. Los que llegaban, en rigor de verdad no venían dispuestos a romper con sus antecesores, sino a prolongar, acaso a profundizar, las herramientas conceptuales que les habían dado a sus hermanos mayores las vanguardias."
(...)
"El neo-neorromanticismo no era necesariamente reaccionario, y, considerado en términos de cambio, era lo nuevo. Todos reconocían no solo padres en la literatura local, sino también abuelos y tíos abuelo. La tradición estaba estructurada y, hasta cierto punto, asegurada. Esta extrema complejidad se hizo más compleja con el arribo del neobarroco, cuyo predicador visible en el ámbito latinoamericano era Severo Sarduy. La lectura barroca de la literatura de los ochenta no era sin embargo privativa de los poetas que comenzaron a ser reconocidos como neobarrocos. Yo mismo escribí en la revista Xul, a comienzos de aquella década, sobre una percepción general del arte a la que llamé barroca.
"Es difícil para mí discernir si esta 'revolución en la revolución', que en lo personal significó un replanteo tanto estético como ético, se debió a las condiciones de la época, y concretamente a la violencia y al golpe de Estado de la década de los 70, o a una crisis de la vanguardia que encarnó en sujetos concretos, de un tiempo concreto, para quienes las certezas que predicaban los movimientos renovadores no tenían la magnética resonancia renacentista que tuvieron para sus adalides y seguidores. En ese sentido, lo sigo sosteniendo, la época comenzó a hacerse barroca, o porque las ideas lo fueron o porque la estabilidad política naufragaba en todo el continente. Lo incierto mueve a lo barroco y a lo estoico y reticente. La certeza de otro mundo, superior, mejor, cautiva y mueve al deleite formal-espiritual, al goce panteísta, aun en lo trágico. Quiero decir con esto que la impronta barroca, si la hubo, fue estructural. En cambio, el neobarroco nominal se vistió de sinsentido. Se erigió sobre el vacío como unas carnestolendas, renovó la renovación; significó la vacuidad de la vanguardia."

30 Años de Poesía Argentina, Ediciones del Centro Cultural Rojas, Buenos Aires, 2006.

jueves, febrero 21, 2008

... la sacra inefable noche

Himnos a la Noche

I
(Fragmento)

Pero me vuelvo hacia el valle,

a la sacra, inefable, Noche misteriosa.

Lejos quedó el mundo hundido en una profunda caverna,

áspera y solitaria su heredad.

Entre las cuerdas del pecho sopla profunda la tristeza.

En gotas de rocío quiero ahogarme para mezclarme en la ceniza.

–La lejanía del recuerdo, los anhelos de la juventud, sueños de la niñez,

breves alegrías de una vida demasiado prolongada:

esperanzas inútiles se aproximan envueltas en mantos grises,

como la niebla del atardecer después de que cae el Sol–.

En otros lugares abrió la Luz sus tiendas rumorosas.

¿Debía regresar con sus hijos

que la esperaban con la fe de la inocencia?


¿Qué es esto que brota de repente lleno de presagio

en el fondo del corazón y disipa la brisa de la melancolía?

¿Eres dichosa en nosotros, Noche oscura?

¿Qué ocultas bajo tu manto,

qué toca mi alma con fuerza invisible?

Un bálsamo precioso como de un ramo de adormideras

esparce tu mano.

Se agitan las pesadas alas del espíritu.

Oscuramente, indescriptiblemente, nos sentimos elevados


–feliz y temeroso, veo un rostro grave,

un rostro dulce y pío se inclina hacia mí,

y, entre la tupida cabellera

reconozco a la dulce y joven Madre–.

¡Qué parva y pequeña me parece ahora la Luz!

¡Qué dichoso y bendito el adiós al día!

Friedrich Leopold von Handerberg (Novalis), Oberwiederstädt, Alta Sajonia, 1772- Weissenfels, Sajonia, 1801. Antología alemana, Trad. Otto Renán. Eureka, Madrid, 1947.


... Para cuya inteligencia es de saber que, para que una alma llegue al estado de perfección, ordinariamente ha de pasar primero por dos maneras principales de noches, que los espirituales llaman purgaciones o purificaciones del alma. Y aquí las llamamos noches, porque el alma, así en la una como en la otra, camina como de noche, a escuras.
La primera noche o purgación es de la parte sensitiva del alma (...) y la segunda es de la parte espiritual (...)
Y esta primera noche pertenece a los principiantes al tiempo que Dios los comienza a poner en el estado de contemplación, de la cual también participa el espíritu (...). Y la segunda noche o purificación pertenece a los ya aprovechados al tiempo que Dios los quiere ya poner en el estado de la unión con Dios; y esta es la más escura y tenebrosa y terrible purgación...


San Juan de la Cruz, Subida del monte Carmelo. Poesías completas, Hyspamérica, Buenos Aires, 1982.

Cuál noche tus himnos...


Segunda noche
Meteora, Monasterio de la Metamorfosis

El día es un prodigio que te cautiva.
La noche es una hembra que te seduce.
El temblor es este tiempo que oscila.

¡Cuál será tu lugar!
En qué llaga sombría te hundirás
para exhalar plegarias a la vida.
Qué pregunta será la que disimule
las trampas del corazón
saciado por las palabras.

¿Es el frío grabado en tus retinas?

Porque tú eres el despojado,
la mano que arquea el anillo de tu muerte,
la vibración incoherente del hombre al volcarse
sobre la luz
sedienta
que nocturna
que blanca
glorifica en un canto de eternidades.
¿Y nos has llegado muy lejos esta vez?

Pero cuál será tu lugar,
dónde te detendrán,
cuál pánico,
cuál noche tus himnos:

pulsos que te incitan desde la otra oscuridad
a besar esta tierra que hoy arroja
larvas desnudas
hacia cuerpos que la amaron.

Mas qué máscara habla por ti,
qué polvo confunde furia con cenizas,
qué anuncio señala ritmos a la distancia
y llamaradas como soplos
que no te olvidan.

¿Es que hay un miserable?

Sí, has perdido tu corazón,
has sepultado su palpitar
con la incertidumbre
en el espejismo que funde enfermedad con hábito,
entre contemplaciones desarraigadas
y vacíos que huelen
a tensiones ávidas como heridas,
a santos que danzan
por angustias y alegría
¡Impenetrable inventario de catástrofes!

Y dónde tu lugar
fuego de la armonía
cuándo el equilibrio
talismán venerado.

Oh aléjate del hombre solo.

Y al invocarte,
el sopor se abre punzante hacia tus ojos
y un vértigo te abisma
entre las voluptuosidades de este sitio riente
que permanece bestial y corruptible.

Jorge Zunino (Mercedes, Prov. de Buenos Aires, 1947-Buenos Aires, 2001). Islas, Ediciones Ultimo Reino, Buenos Aires, 1981.

Vía Revista El Jabalí

lunes, febrero 18, 2008

Irene Gruss
Obra reunida 1982/ 2004


En abril de 2008 Bajo la Luna lanzará en la colección Poesía la Obra reunida 1982/ 2004, de Irene Gruss. El volumen incluirá todos los libros publicados por la poeta hasta la fecha: La luz en la ventana, El mundo incompleto, La calma, Sobre el asma, Solo de contralto, En el brillo de uno en el vidrio de uno y La dicha.


Fuente: Editorial Bajo la Luna

Un volantazo pavloviano


La conductora

El auto coleó descontrolado
en la vía rápida;
en la curva conocida
a más de 100
el volantazo pavloviano
esquivó las rejas,
la ligustrina
y se clavó, entre una y otra
como en boxes;
daños mínimos
y dos gomas desinflándose

La conductora abrió la puerta
y bajó al lento
mundo del césped
Siguió la serpiente
de los neumáticos
en el asfalto,
sus obsesiones calcadas
en la huella de caucho,
y la muerte se le incrustó
en el estómago
como un volante

Vio lo cerca que está
lo que está a distancia
y el breve espacio
de maniobra
Recogió las tasas,
un trozo de retrovisor,
disuelta la golosina
de la velocidad;
deformadas las llantas
por la ley de Newton,
la inercia, la tristeza
que no puede saltearse
Recibió a los ángeles
en medio del tránsito urbano

Una nube blanca le atravesó
de lado a lado las sienes
y una respiración asmática
la curaba
cuando el paseador de perros
se acercó corriendo, preguntó
y la miró con ojos grandes:
caminaba
con movimientos normales
alrededor de sí.


Alicia Genovese (Lomas de Zamora, 1953). La hybris, Editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2007.

sábado, febrero 16, 2008

El cigüeñal de las tormentas


De lucidez

Para Rosa Maciel

El cigüeñal de las tormentas
pesa más
en algún lugar que yo creo conocer,
y por sus oleajes.
Que venga otro,
no tengo palabras,
y la lucidez,
ya saben, no gira como la tierra.
La lucidez gira
como la pesadilla hace girar al huérfano.


Metropolitana mundicia

Qué luz la nuestra,
que en los planes de Dios somos ceceosos.
No quedan acciones como en la antigüedad
de siete descansos.
No saben ahora los árboles
programar el silencio de los sabios.
En los brazos de muchísimas hojas
es que Pericles hizo todo antes de la peste.
La música podrida de la ciudad
hace flamear los menhires en mi paladar;
hace mar de saliva de madres de marfil
en un día nublado,
flacos espíritus,
árboles enfurecidos,
silencios serviles,
burla y peste y carne viva.

Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972), Cheetah. El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2007.

lunes, febrero 11, 2008


El Administrador incorporó su libro Máquina de faro (Ediciones del Dock, 2006), hasta ahora sólo editado en papel, a Poemas del Administrador.

viernes, febrero 08, 2008

En el principio la suspicacia



El primer peinado Leyendecker

En el principio la suspicacia dio nombre a los seres.

Después, en la perfecta conjetura del presente
perdimos el don del impedimento y alzamos este muro
contra el que hoy se agolpan las más feroces banalidades. Desde entonces
una consumada incapacidad comenzó a destinar nuestros mejores trajes
a minuciosos baños de inmersión, los mismos con los que presenciábamos
colosales partidas de bochas
con el único objetivo de ocultar nuestra verdadera tarea en las ciudades:
la de acumular imágenes de asnos que empujan objetos de un lugar a otro.

Fue ahí donde escuché decir: “El compás previsto por Von Schwedler
se cerró”; entonces supe de inmediato
que el único privilegio que arrastraría hacia la costa era el de la imposibilidad;
pero no precisamente la suprema,
más bien la de perfil torpe y operativa en el desdén.

Por eso, aunque me entretenga observando
desde un periscopio de juguete el resplandor de un horizonte artificial,
debo disculparme y decirte en lengua muerta:
vete; no tengo más hielo para ti.

Darío Rojo (Castex, 1964), de Emblemata

Vía Atmósfera 

jueves, febrero 07, 2008

Mauli en el Malba

SMS a mi hijo: “Estoy sentada en el piso, rodeada de cacatúas, finas todas, como yo”. El mensaje fue una forma de llenar el pequeño hiato angustioso que me produjo llegar a la presentación de Julian Barnes, organizada por el British Council (BC) que había respondido a mi solicitud de ubicación en el salón del MALBA con la sugerencia de seguirla en “pantalla gigante”, fuera del auditorio. Eso sí, quedaba invitada, igualmente, para el vino de honor y la firma de libros.

Así pues, estaba sentada el hall del MALBA, en los amplios escalones que van de la planta baja a un nivel inferior, compartiendo el momento con gran cantidad de mujeres y menos hombres, con mucha gente de mediana edad y menos jóvenes, con muchos vecinos de Barrio Norte y menos de Palermo Viejo, muchos de todos ellos al parecer ligados al BC. “Éste es el lugar más divino de Buenos Aires”--dijo una. “Pobre Constantini, con los problemas que tuvo, sobre todo por los neighbours”-le respondió la otra. “Tenían miedo de que en los week ends se les llenara de negros”, “Por favor, qué negros van a venir acá.”

Una de las pocas jóvenes llegó pisando entre los blancos que dejaba la gente sentada y le preguntó a mis vecinas: ¿Hay alguien acá? “Sí, nosotras dos?” “Ah, me siento en este huequito”. “Por favor, ésta no es la 12. Fijate si más abajo encontrás otro lugar.” La chica se hizo la sorda y yo le ofrecí una laminilla de menta para mostrarle algo de cortesía pero, sobre todo, para que no me confundiera con las cacatúas. Es sabido que todo gesto de generosidad esconde un motivo poco altruista.

La presentación empezó con algo de retraso, lo cual fue motivo de agitación a mi alrededor porque “Djúlian (sepamos pronunciar) pidió que se respetaran los horarios”. “Sí, él sabe que nosotros somos así, impuntuales, y pidió puntualidad. And no interviews and no photos”.

Djúlian se mostró encantandoramente irónico y, al mismo tiempo, respetuoso con la audiencia. Uno de los presentadores, cuyo nombre no recuerdo pero que no fue Quiroga, sacó a relucir que Borges había escrito “en un micro relato, como se dice ahora, de 16 líneas”, lo que el invitado había escrito en más de 300 páginas en “Inglaterra, Inglaterra”. “Esa referencia a Borges no es una manera de sentirse muy bien recibido en Buenos Aires”, dijo palabra más palabra menos JB. Y, en adelante, ya no lo dejó en paz al hombre. Quizá deberíamos abandonar la costumbre de sacar a Borges del aparador como sacamos la loza buena cuando vienen invitados a casa.

No puedo resumir el contenido verdaderamente importante de lo que dijo Barnes. Agrego solamente que, ante nueva infeliz intervención del presentador torpe, que preguntó si había notado la similitud de un relato no ya con Borges sino con Sartre, Djúlian dijo que agregar datos verdaderos a un relato puede quitarle verosimilutd. Todos lo sabemos, me dirán a coro. No lo sabemos a veces en el momento de escribir. Me lo hizo notar en carne propia, cierto día, un escritor local menos glamoroso pero igualmente profesional, Juan Martini.

Y lo último: ante la pregunta de quiénes eran los escritores contemporáneos que más le gustaban hizo una diferencia entre los muertos, que pueden sentirse como contemporáneos más allá de la época a la que pertenezcan, y los vivos. Retuve lo que podía en medio de la incomodidad y del idioma ajeno: entre los primeros nombró a Chejov y entre los segundos, a John Updike y a ¡Lorrie Moore!, una escritora nortemericana poco conocida aquí. Menciono esto último porque a mí también me gusta mucho y me hace sentir más tranquila con mis elecciones. Soy una chica insegura.

Hice la cola con la gente de la 12 y las cacatúas, que se portaron peor porque se sentían con derecho a adelantarse. Mientras esperaba, practiqué una frase en inglés y traté de decidir cuál era la mejor página para que firmara mi ejemplar de una malísima traducción de “Talking it over” (Hablando del asunto). Hablé demasiado bajo cuando estuve frente a la mesa: “I’m very pleased to see you”. Al principio me miró interrogante, pero creo que entendió el “to see you” y dedujo el sentido: “Thank you…tank you too much”. En cuanto a la firma, él eligió el lugar y la página: debajo de su propio nombre impreso en la hoja con el título de la novela, volvió a escribirlo a mano, con su propia mano.

Cuando salí, la cola para la firma seguía con unas cincuenta personas más y el vino de honor, afuera, ya casi terminaba.
Mauli

Cuando se reste el jeroglífico


Kircher insomne (4)


¿Esperaré todavía en el lenguaje?

Significados llegan a veces al mundo
como desde un estanque:
el fulgor de los trazos en la piedra
que parezco estar a punto de entender.

Amo estas imágenes oscuras.
El vértigo de sus tiempos verticales
se adentra en la materia:
esta piedra pertenece a humanos siglos.

"Nada es Adán", me susurran unas voces.
Y yo digo: un sentido es un destino.
Lo escrito, escrito está.
No puede haberse ido.

¿"Quién quiere un nuevo idioma?" me preguntan.
No busco un nuevo idioma, ni uno antiguo.
Yo quiero lo que quede de estos signos
cuando haya sido restado también el jeroglífico.


(4) Athanasius Kircher (1602-1680), científico, músico, inventor y filólogo jesuita de origen alemán. Estudioso del idioma copto, escribió una obra sobre la creación de una lengua artificial y desarrolló una teoría ocultista religiosa sobre los jeroglíficos egipcios.

Beatriz Vignoli (Rosario, 1965), Soliloquios. Editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2007.

N. de R.: El escolio (4) forma parte del libro.

miércoles, febrero 06, 2008

Hello my name


Ey, tícher

Hello, my name is
Fernando, silence, please,
I am the teacher,

no,
nací acá, en Avellaneda,
I'm Argentine,
no sé, no conozco, no fui,
studied, particular, porqueeeh
sí,
me gusta.

"el imperio necesita voluntarios,
paga el estado, yo
tiendo puentes"

¿Qué palabras conocen in English?
Shopin. Yes, ¿cómo? La pley. Yes,
es una marca. Supermán. Good,
Cíber. Polís. ¿Qué más? Cartún. Ok.
Bueno, please, busquen five, así, five
para la próxima: cuando coman
miren los paquetes,
cuando miren los diarios, la TV...
Attention. ¿Qué? The end?
Bien, seguimos,
no tomorrow no,
pasado, bye bye,
no se olviden las palabras.

Fernando Aíta (Avellaneda, 1975), Épica chusma, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007.

sábado, febrero 02, 2008

Enviado por Natalia Zacarías para la antología de poesía argentina (se incluye, además, en la página correspondiente, entre Estanislao del Campo y Leopoldo Lugones. La antología fue ordenada según el año de nacimiento de los autores).

Al Pampero

Hijo audáz de la llanura
Y guardián de nuestro cielo,
Que arrebatas en tu vuelo
Cuanto empaña su hermosura:
¡Ven, y vierte tu frescura
De mi patria en el ambiente!
¡Ven, y enérgico y valiente,
Bate el polvo en el camino,
Que hasta soy más argentino
Cuando azotas en mi frente!

Rafael Obligado (Buenos Aires, 1851-Mendoza, 1919), Poesías completas, Segunda Edición 1957.