martes, abril 29, 2008

El viejo árbol


Un poema chino de Edwards, quien, a su vez, parece chino.


el viejo árbol
está dando sombra sobre
un rincón de la cancha de tenis

habrá que cortarlo nomás

Rodolfo Edwards (Buenos Aires, 1962)

Vía El Rey de la Boca

lunes, abril 28, 2008

Tempo fugit

Una pena en el harem

El patio está cubierto de flores marchitas.
El musgo se cuela hasta el gran salón.
Todo está ya dicho desde hace mucho por ambas
Partes. El olor a perfume no se ha disipado.

Wang Chan Ling



Bebiendo con amigos entre las peonías en flor

Hemos celebrado una fiesta para
Admirar las peonías. Yo
He bebido copa tras copa hasta
Que me he emborrachado.
Entonces, he oído, avergonzado
A las flores susurrar:
"¿Qué hacemos aquí, floreciendo
para estos viejos ebrios?".

Liu Yu Hsi

Kenneth Rexroth, El amor y el tiempo y su mudanza. Cien nuevas versiones de poesía china. Trad. Carlos Manzano. Gadir, Madrid, 2006.


N. de R.: K.R. informa que Wang Chan Lin murió hacia 756 en una revuelta contra el emperador. No dice a qué edad ni de que lado estaba en la revuelta. Li Yu Hsi vivió entre 772 y 842. No se agrega más.

Parto, de partir

"Leo con estupor que Palas Atenea fue producto de un intento de asesinato doble por canibalismo", dijo Garbeld una noche de tormenta. "Creí que lo sabía", dije. "Digamos que sí, pero que nunca lo había puesto en estos términos", respondió Garbeld. (Recordará el lector que Atenea resultó de los amores de Zeus con la diosa primordial Metis; que sabiendo Zeus que con esta diosa tendría un hijo varón que lo derrocaría, se comió a Metis; que esto le produjo tales dolores de cabeza que pidió a Efesto que le partiera la crisma con su martillo y que de tal acción violenta nació Atenea; lo que metafóricamente podría decirse fue un parto de padre, o que Atenea es un dolor de cabeza de su padre). "Pues deberá observar", dije, "que el concepto de asesinato no debió existir en la tierra intemporal de los dioses, y quizá incluso no existió entre los primeros griegos". "Tampoco el concepto de amor como hoy lo aceptamos", dijo Garbeld. "¿Por qué infiere esto?", dije. "Porque en un sistema general en el que el amor de hombre y mujer era episódico, y el crimen cuestión de sobrevivencia, no puede pensarse que hubiera lazos como hoy los concebimos". "Es cierto, tal vez", farfullé, "pero ¿adónde va usted?" "A ninguna parte", respondió Garbeld. "A la organización necesaria y a la criatura humana como un exceso, quizá", agregó. Y calló. (Cuando callaba, Garbeld parecía hacerlo para siempre).

Gustav Who, Decúbito dorsal, Valencia, 1987.

sábado, abril 26, 2008

"Leo con inquietud que todo discurso, modo, imagen o palabra debe hallar una justificación o servir de justificación", dijo Garbeld. "Lo que usted dice es muy general, no sabría decirle si tiene usted razón", respondió el bibliotecario. "Tal vez quiera darme ejemplos", añadió. "Pareciera que una razón nos excede", dijo Garbeld. "Si hablamos, nunca lo hacemos porque nos deleita o somos en ello, sino porque algo debe encontrar a su vez legitimidad en lo que decimos". "Prefiero ignorar que sea de ese modo", respondió el bibliotecario. "Yo cargo libros todo el día, de las mesas a los estantes, y al revés. No pienso que nadie haya consultado un libro para justificarse, pues eso me aniquilaría en esta abstracta función de servicio", agregó el bibliotecario. "Pues arrastra usted palabras de otros para otros, y es agente de motivos que desconoce, cómplice voluntario de iniquidades ajenas", le espetó Garbeld. "Y digo que lo hace voluntariamente porque en la propia omisión de la pregunta sobre el objeto de su trabajo -continuó- está su justificación. Nadie, estimado señor, nadie en absoluto hace las cosas sólo -y fíjese bien lo que le digo, esto es un adverbio de modo-, sólo porque cumple órdenes". "¡No me agravie!", exclamó el bibliotecario. "¿Ve que la ley existe para usted también?", dijo Garbeld.

Gustav Who, Anfibologías en el polvo, La Tunita, 1967.

viernes, abril 25, 2008



C

El ciervo en el pinar de montaña
Donde no hay hojas caídas,
Conoce la llegada del otoño
Sólo por el sonido de su propia voz.


(Momiji senu
Tokiwa no yama ni
Sumu shika wa
Onore nakite ya
Aki wo shiruramu
.)

Yoshinobu

(Onakatomi No Yoshinobu, finales del siglo X. Funcionario de la corte imperial y poeta. Uno de los primeros antologistas de la Antología Imperial, Gosen Shu).

Kenneth Rexroth, Cien poemas japoneses.


LXXXIX

Al ver la primera luna
Nueva, tenue en el crepúsculo,
Recuerdo las cejas en forma
De polilla de una muchacha
A la que sólo vi una vez.

(Furi sakete
Mika zuki mireba
Hito me mishi
Hito no mayo biki
Omoyuru kamo.
)

Yakamochi

(Otomo No Yakamochi, 718-785. Cortesano y poeta. Consejero de Estado y gobernador provincial).

Kenneth Rexroth (South Bend, 1905-Montecito, 1982), Cien poemas japoneses. Trad. Carlos Manzano. Editorial Gadir, Madrid, 2007.

miércoles, abril 23, 2008


Ataque de la escuadra Brasileña a las baterias de Curupaytí,
el 22 de Septiembre de 1866 (detalle).



Desembarco del Ejército Argentino frente a las trincheras de Curuzú, el día 12 de Septiembre de 1866 (detalle).

Cándido López (1840—December 31, 1902) was an Argentine painter and soldier. Born in Buenos Aires, he is considered one of Argentina's most important artists. He is most famous for his detailed paintings and drawings of battles of the War of the Triple Alliance, in which he also fought, losing his right arm. As a result, he learned to paint with his left hand.*
Wikipedia, the free encyclopedia

*Pintor y soldado argentino. Nacido en Buenos Aires, se considera uno de los artistas más importantes de la Argentina. Es famoso por sus pinturas y gráficos detallados de las batallas de la Guerra de la Triple Alianza en la que luchó, perdiendo su brazo derecho. En consecuencia, aprendió pintar con su mano izquierda.

N. de R.: Cándido López realizó numerosos bocetos de la Guerra de la Triple Alianza de los cuales convirtió en lienzos, casi siempre panorámicos, más de cincuenta cuando logró educar su mano izquierda. Fue herido en Curupaytí el 22 de setiembre de 1866. Sufrió dos amputaciones de su brazo, en 1866 y 1868. Se radicó en Areco. Expuso por primera vez sus cuadros -29 de ellos- en el Club Gimnasia y Esgrima en 1885.

"Vista del interior de Curuzú mirado de aguas arriba (norte a sur) el 20 de setiembre de 1866". (Detalle). Donación al Museo de Bellas Artes: Juan Alberto López y Adolfo Cándido López en nombre de los descendientes del pintor el 18.V.1963.

"El patriota almirante don José Muratore que me honraba con su amistad y cariño, fue el que me proporcionó los útiles para hacer estos bocetos, y este fue el último que trazó mi mano derecha dos días antes de ser destrozada por la metralla enemiga y dio la casualidad que a este paraje llegué cuando me retiré herido del combate, donde me encontré con el Dr. Lucilo del Castillo quien con toda solicitud puso hilas y vendas a mi herida."

Cándido López (Buenos Aires, 1840-Baradero, 1902).

Sobre los pintores y las guerras argentinas:
Las armas de la pintura. La Nación en construcción.
18 de Marzo al 01 de Junio. Museo Nacional de Bellas Artes.

martes, abril 22, 2008


Miguel Angel Buonarroti, Caprese, 1475-Roma, 1564.

Miguel Angel [Buonarroti] se había atrincherado en el campanario de San Miniato. Dos cañones, apuntando hacia los sitiadores y tronando sin interrupción, detenían al enemigo. Miguel Angel sonrió orgullosamente de ese ataque insensato y, desde lo alto del andamiaje de la torre, hizo suspender hacia abajo colchones de lana que amortiguaban los golpes y preservaban al monumento del furor de los vándalos. La verdad es que si Florencia hubiera podido ser salvada, esa gloría habría correspondido a Miguel Angel. Su firmeza, su coraje, los recursos de su vasto genio, ya comenzaban a hacer renacer la esperanza de los sitiados, llenando de temor y de duda el campamento enemigo, cuando de pronto se oyó en las calles el grito de alarma, el llanto de las mujeres, las imprecaciones de los soldados: Malatesta se había vendido a los Médicis y el infame Valori había entregado a su patria.

Alejandro Dumas (Villers-Cotterêts, 1802-Puys, 1870), Pintores del Renacimiento. Trad. Edmundo E. Barthelemy, Editorial Claridad, Buenos Aires 2008.

lunes, abril 21, 2008

...las penalidades pasadas hicieron de Juan un hombre de escasa corpulencia, bastante bajo de estatura (Santa Teresa [de Avila] lo llamaba "mi medio fraile")...

Vida y milagros de San Juan de la Cruz

Santopedia

viernes, abril 18, 2008

Diccionario surrealista



barco. Mirando el mar surcado de barcos, el bonzo Kanguen preguntó a su discípulo Daitchi: "¿Podría detener desde su dormitorio la travesía de esos barcos?" El joven discípulo cerró el shoji. Entonces dijo el maestro: "Al fin y al cabo, usted no hubiera podido detener esos barcos de no haber tenido manos [para cerrar el shoji]." El joven discípulo cerró los ojos.

André Breton, Diccionario del surrrealismo. Trad. Miguel de Torre, Losada, Buenos Aires, 2007

N. de R.: El bonzo es un monje budista. No todos se queman. Más bien, muy pocos se han quemado.
Shoji: Puerta corrediza de papel y madera.

domingo, abril 13, 2008

But when his waters billow thus...


El buen Salvetti ha proseguido su análisis del poema de Vaughan cuya traducción fue motivo de debate más abajo. Su exégesis se desvió, por incitación del Administrador, hacia Troya legendaria, hacia la antigua mención del mar, que suponemos el Euxino, como "Ponto rojo" en las obras homéricas. Es largo, pero apasionante el texto.

Va el gran trabajo de Salvetti, que merece destino mejor que este blog:


But when his waters billow thus: pero cuando sus aguas (las del mar) se hinchen así, de ese modo, como acaba de decir, con esa fuerza ondulante que forma olas altas como montañas… billow es precisamente eso, elevarse, hincharse, henchirse, formar oleaje, la misma idea que belly panza, y porque no ball pelota, y boil, bullir, y que bullir mismo, etc.

Dark storms, and wind incite them to that fierce discuss: entonces, retomando: Pero cuando sus aguas se hinchen así, oscuras tormentas, y viento las incitan a ese feroz desborde…
Acá linda e interesante es la palabra discuss que rima con el thus (así) de dos líneas arriba. Discuss como sustantivo se usa en los siglos XVI y XVII con el mismo valor que el sustantivo discussion. ¿Y qué valor tiene acá la palabra discussion? Se podría pensar que el poeta habla de una feroz discusión, que el mar embravecido es como una feroz discusión de las aguas. Pero, en realidad, en inglés la palabra discussion, a pesar de ser la misma que en castellano y de provenir del verbo latino quatio (transformado en cutio) que significa “sacudir, agitar”, más el prefijo de disrupción o separación dis-, es decir básicamente “sacudir algo para separarlo o disiparlo o aclarar su densa oscuridad”, no tiene la connotación de violencia que preserva en castellano. Es la discusión del debate dirigido a examinar y aclarar un tema. Es verdad que la violencia está implícita en la palabra, y que la furia de Henry Vaugham tal vez proceda de un debate, de un altercado. Sin embargo, creo que el valor que el poeta y médico quiso dar al término en este verso es el de la siguiente acepción que da el Oxford dictionary:
3 Med. The dissipation or dispersal of swellings, a tumour, etc. E17-M18. (3, medicina: La disipación o dispersión de hinchazones, un tumor, etc. Finales siglo 17- mediados siglo 18.)

Esta acepción retomaría e insistiría sobre el valor de la palabra billow¸ esa particular hinchazón de las aguas, esa inflamación del mar. De hecho, eso es lo que quiere decir tumor, una hinchazón o inflamación. Cicerón habla del tumor animi¸ de la hinchazón del ánimo, es decir de la agitación del alma, de su perturbación; erat in tumore animus; el ánimo, el alma, estaba en tumor, en hinchazón, en inflación, en fermentación, como cuando hierve el agua. O hablando del verbo tumeo: estar hinchado, inflado: Tácito dice, por ejemplo, Galliae tument¸ las Galias están en efervescencia. Y el verbo tumeo usado sólo, también significa estar hinchado por una pasión o la cólera, o el orgullo. Bueno, la palabra orgullo también viene por este lado de la inflación efervescente del crecimiento. Pero volviendo al mar, Ovidio dice expresamente a vento unda tumet: “por el viento la ola se hincha”, es decir ya estamos de vuelta en las palabras de Henry. De paso, en griego la palabra ola kûma, viene del verbo kueoo, que quiere decir “estar embarazada”, y la idea radical tiene que ver con la hinchazón o inflamación.
Por eso más que “desborde”, como puse en la traducción ahora podría algo más cercano a la hinchazón, pero habría que encontrar una palabra menos fisiológica.

Seguiría con el poema, pero quería charlar de lo que decís del mar rojo Homérico que en ningún momento se me pasó por la cabeza (lástima que no estamos con un vino de por medio), así que me dio una súbita alegría tu pagana ocurrencia.
Sobre esto te cuento con filológico entusiasmo que ese adjetivo de la Ilíada y la Odisea (como tantos otros), que es oinops, siempre se me mantenía en suspenso cuando lo leía, jamás supe o me atreví a significarlo más allá de su ambigua literalidad, era una más de las tantas palabras, por lo general epítetos (no es casualidad), que me quedaban en un remolino de significados, uno más hermoso que el otro, a la manera de los mitos, pero que no lograba o no quería hacer aterrizar en ninguna palabra de mi lengua, salvo te repito en su supuesta literalidad. Hay que admitir que los diccionarios y las traducciones, que en el fondo son lo mismo, no ayudaban mucho, porque no se ponían de acuerdo. O tal vez sí ayudaban porque precisamente no se ponían de acuerdo. Porque eso era lo que yo también sentía, que no había que ponerse de acuerdo –si ponerse de acuerdo significaba perder un ojo, la parte izquierda de las fosas nasales o hacer oídos sordos al murmullo constante del mar—, encontrando un único término, sino precisamente abarcar todas las posibilidades, manteniéndolo en una rica imprecisión, casi en un impresionismo. Aunque no me estoy expresando bien, el término en realidad es claro y de fácil traducción, lo difícil, tal vez, sea definir qué rasgo diferencial, si lo hay, hacía al griego equiparar el “aspecto del mar” al “aspecto del vino”. Es probable que su tonalidad, ¿pero cuál? ¿Cuál la del vino y cuál la del mar?

Porque otra cuestión importante, cuando se trata de naufragar a gusto en las lenguas es algo que también sucede en la zozobra de las relaciones íntimas: imposible llegar a un acuerdo sobre la denominación de los colores y sus tonalidades. Terreno más que fértil para la metáfora (o la tautología, tan peligrosamente cercana a ésta); unos los nombran por una determinada tonalidad otros por otra, las uvas son blancas aunque difícilmente lo sean, el vino tinto, o sea teñido, es decir oscuro, las castañas marrones, cuando marrón quiere decir castaña, y las naranjas naturalmente son naranjas, brown, braun, quiere decir bruno, bruñido, o sea tostado, el cielo es de un azul celeste, es decir del azul del cielo. Por supuesto, hay colores sobre los que es fácil ponerse de acuerdo en un primer momento, pero hay muchos otros que se escapan a la gama primaria de los nombres. La relación entre el objeto, la palabra y el color es una de las relaciones más poïéticas que existen, tanto que la palabra parece diluirse en la oscura transparencia de los nombres propios, cuyo sentido se retrae hermético hasta ocultarse en la oquedad del signo. El color naranja de la naranja es un poco como el huevo y la gallina, o sea que las cosas tienen los colores de sí mismas o en su defecto de otras cosas por aproximación, sin que pueda saberse ya si la naranja es naranja por el naranja o el naranja naranja por la naranja, y esto en infinitas tonalidades; es proverbial la enorme cantidad de blancos que tienen los esquimales o lapones, o mejor dicho la gran cantidad de grises que vemos nosotros en el Ártico. ¿Cuántos verdes hay en la naturaleza? ¿Por qué se cree que son un único y mismo color, el verde? ¿Es decir cuantos colores diversos son reducidos daltónicamente a uno solo? Bien podría hablarse del color laurel, del color fresno, del color roble, del color helecho, del color musgo, etc. ¿De qué color es el cielo? Y los distintos cielos de los distintos días del año en las distintas horas del días y la noche en las distintas latitudes, y en las distintas edades astrológicas? Nuestra garganta está ceñida por un anillo de lógica transparencia que reseca la camaleónica lengua del chamán.

O sea que nombrar los colores puede no ser muy distinto a nombrar las tonalidades del alma, y entonces, como el revés de lo que sucede con los colores, la realidad se convierte, por reminiscencia, en la alquimia vocálica de Rimbaud, y los lunes son amarillos, los martes violetas, el violeta es un lila azulado o un azul carmín, el sol es amarillo y blanco, y rojo y naranja, o brilla pero no tiene ningún color, etc. Creo que en nuestra próxima reunión espiritista deberíamos invocar en torno a la copa invertida las adversas sombras de Newton y Goethe para que nos charlen un poco más in extenso de la cromatología de las cepas griegas.
Pero volviendo a la palabra oinops, lo curioso es que no hace en su literalidad ninguna referencia expresa al color, aunque ésta podría inferirse. Supuestamente la palabra dice tanto como: “de o con aspecto de vino”. “oino-“: Vino, ops = oops: vista, rostro, semblante, aspecto, etc. pero jamás color.

Ahora paso a traducirte lo que tres diccionarios dicen de este adjetivo (uno inglés, otro francés y otro alemán muy pequeño; dicho sea de paso, en este solo detalle de las definiciones se puede ver que en el siglo pasado hubo otras “contiendas mundiales” en Europa, mucho más sutiles y silenciosas que las dos grandes guerras, de las que nunca se habla, y qué nación venció).

Liddell-Scott: oinops: wine coloured, (in Hom. never in nom.) epith. of the sea, wine-dark, of oxen, wine-red, or deep-red.
Oinoopós: ruddy-complexion, dark-complexion, black mixed with bright light, dark.
O sea: oinops: del color del vino, (en Homero, nunca en nominativo) epíteto del mar, oscuro como el vino, de bueyes, rojo como el vino, o rojo profundo.
Y para la variante oinoopós: de tez rojiza, (hablando de las mejillas o la boca de Dionisio), de tez oscura, negro mezclado con luz brillante (hablando de ojos), oscuro (hablando de la hiedra).

El Bailly: oinops: de la couleur du vin, c. à d. d’un rouge foncé, en parlant de la mer; de taureux; de Bacchos. (Del color del vino, es decir, de un rojo oscuro, hablando del mar; de toros, de Baco.

Schul-wörterbuch, dicionario escolar (Benseler)
Oinops, ep., oinoops, oinoopos, wie Wein aussehend, als Beiw. Des Bakchos: mit Wein bekränz; dann überh. Weinfarbig, d. i. dunkel- oder schwarzroth, überh. dunkel, dah. Beiw. Von Thieren oder dem Epheu, den Augen u. inbes. dem Meere, welches bei hastigeren Wogenschlage einen dunkelrothen Schein annimmt:
De aspecto como el vino, como epíteto de Baco: coronado de vides; luego sobre todo, del color del vino, es decir, rojo oscuro o rojo negro, sobre todo, oscuro, de allí, epíteto de animales y de la hiedra, de los ojos, y en especial, del mar, el cual, con el impetuoso batir de la olas, adquiere un aspecto rojo oscuro.

Bueno, ahí queda más o menos planteada la cuestión. Como agregado te cuento que una traducción alemana de la Odisea vierte el oinopa ponton como Dunkle Gewässer (oscuras aguas), y una italiana, livido mare, y el Garzanti dice de livido, detto della colorazione bluastra della pelle umana per contusioni o percose; o sea algo así como morado, que el DRAE define como “de color entre el carmín y el azul”.

Como ves, la definición que da el diccionario griego alemán se acerca, como tu sospecha, a la situación del poema de Vaugham, suponiendo que Homero, al hablar del mar en aquellas situaciones en que lo adjetiva de esta manera, esté hablando de un mar “con un impetuoso batir de las olas”, y no de un mar calmo. Además el rojo estaría dado por inferencia, salvo que Vaugham hubiese leído una traducción inglesa de Homero donde dijera red sea. Por otro lado, los árabes llaman al Mediterráneo, “el mar blanco del medio”.

Me parece que en esta larga cuestión de la oscuridad de los colores, la del vino, la del mar, la hiedra, los ojos, los bueyes, queda algo en claro; la misma oscuridad, una cierta oscuridad rojiza, azulada, morada o violácea, una oscuridad encendida, pero más allá de este laberinto cromático, me llegó la feliz imagen de una sensación que me regala tu pregunta:

El griego que observa el vino en su copa se ve a sí mismo en una nave sobre el mar; así como al observar la superficie del mar ve en esa inmensa masa de agua la copa de vino de en su mano; estas dos superficies son el exacto reverso, el mar tiene el aspecto, el rostro del vino, al igual que el vino tiene el rostro del mar, en ambas superficies el griego se ve espejado, se ve mirar, siente sumergirse con vértigo en su verdad, una verdad de oceánico naufragio que lo libera de las fuerzas ctónicas de su limitado terruño; el mar y el vino comparten en su liquida faz un mismo poder embriagante, la copa y la nave son sus dos medidas de una idéntica náusea, la de perderse en lo infinito del mundo, porque el vino y el mar apagan en él una misma sed. El objeto nos mira, dicen que dijo por ahí Lacan; el oinopa ponton, me parece hoy, no un determinado color o tonalidad, sino ese particular espejo que hay en las cosas más amadas que nos miran.

Jorge Salvetti

Nota del Administrador: Si hemos de creerle a la arqueología, Troya, que ya era mitológica en épocas de los griegos antiguos, estaba situada cerca de los Dardanelos, a orillas del que aquéllos llamaban Preponte, el mar, laguna salada o remanso anterior al Ponto Euxino, hoy Mar Negro. De manera que debemos pensar que Homero hablaba del Mar Negro y no del Egeo cuando mencionaba el Ponto rojo, aunque de modo genérico algunas traducciones juegan "ponto" (en minúsculas) por mar. Es probable que Negro derive de rojo, por las asociaciones tan pertinentes que Salvetti descrubre en este trabajo.

viernes, abril 11, 2008


La juventud no es lo mismo que la niñez. Las naciones, al igual que los hombres, tienen un tiempo de juventud, o si se quiere, de madurez, que es necesario aguardar antes de sujetarlos a las leyes. Sin embargo, no siempre es fácil conocer la madurez de un pueblo; y si uno se anticipa a ella, se frustra la obra. Un pueblo es disciplinable desde su nacimiento, y otro pueblo no lo es aun al cabo de diez siglos. Nunca los rusos serán verdaderamente civilizados porque lo han sido demasiado pronto. Pedro el Grande tenia un talento imitador, pero no el verdadero talento, aquel que crea y lo hace todo de la nada. Algunas de las cosas que hizo fueron bien hechas, la mayor parte no venían al caso. Vio que su pueblo era bárbaro y no reconoció que no estaba en estado de ser civilizado. Quiso civilizarlo cuando sólo debía haberlo hecho aguerrido. Quiso hacer un pueblo de alemanes e ingleses cuando debía haber empezado por formar rusos. Impidió que sus súbditos lleguen a ser jamás lo que podrían ser, persuadiéndolos de que eran lo que no son. Procedió como el preceptor francés que educa a su discípulo para que brille un momento en la infancia, eclipsándose luego para siempre. El imperio ruso querrá subyugar a Europa y será él el subyugado. Los tártaros, súbditos y vecinos suyos, llegarán a dominarlos y a dominarnos: esta revolución me parece inevitable. Todos los reyes de Europa trabajan de acuerdo para apresurarla.

Jean-Jacques Rousseau (Ginebra, 1712-París, 1778), El contrato social.
Edición electrónica de La Editorial Virtual (sin mención de traductor).
El blog Nostalgias Imperiales, que solía recrearnos con poemas y otras evocaciones de la Madre Rusia, desapareció cual Muro de Berlín, de la mañana a la noche, o viceversa. Lástima.

jueves, abril 10, 2008


Palacio Salvo, Montevideo (Foto: Elisabeth Roig).


Aquella civilización puede abundar, o abunda indudablemente, en sugestiones y en ejemplos fecundos; ella puede inspirar admiración, asombro, respeto; pero es difícil que cuando el extranjero divisa de alta mar su gigantesco símbolo: la Libertad de Bartholdi, que yergue triunfalmente su antorcha sobre el puerto de Nueva York, se despierte en su ánimo la emoción profunda y religiosa con que el viajero antiguo debía ver surgir, en las noches diáfanas del Atica, el toque luminoso que la lanza de oro de la Atenea del Acrópolis dejaba notar a la distancia en la pureza del ambiente sereno.
(...)
Existen ya, en nuestra América latina, ciudades cuya grandeza material y cuya suma de civilización aparente, las acercan con acelerado paso a participar del primer rango del mundo. Es necesario temer que el pensamiento sereno que se aproxime a golpear sobre las exterioridades fastuosas, como sobre un cerrado vaso de bronce, sienta el ruido desconsolador del vacío. Necesario es temer, por ejemplo, que ciudades cuyo nombre fue un glorioso símbolo de América; que tuvieron a Moreno, a Rivadavia, a Sarmiento; que llevaron la iniciativa de una inmortal Revolución; ciudades que hicieron dilatarse por toda la extensión de un continente, como en el armonioso desenvolvimiento de las ondas concéntricas que levanta el golpe de la piedra sobre el agua dormida, la gloria de sus héroes y las palabras de sus tribunos, puedan terminar en Sidón, en Tiro, en Cartago.

José Enrique Rodó (Montevideo, 1871-Palermo, Sicilia, 1926), Ariel, Ediciones El Andariego, Buenos Aires, 2005.

El delicado amor a la materia


"Si, puede ser que todo perezca, pero no es posible ni seguro" de El libro de Juan

Han clavado las puertas de su casa - le han dicho a los vientos
/que se ha ido.
Han vendido su anillo de diamantes y el periódico viejo con su
/nombre esmaltado en una esquina.
Han juntado sus óleos, sus vestidos y en una caja de cartón,
/doblada, también se olvida la tristeza.
Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.

Han dicho que en ceniza y oscura greda se convierte.
Que han visto las raíces que lo cubren. Que ya nadie lo escucha.
Nadie, dicen.

Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.

Han cubierto con paños los espejos. Arrancado el jazmín.
Con una vara dibujan en la arena el círculo de fuego.
Soplan sobre la hoguera.

Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.

Han vendido su rastro. El delicado amor a la materia. Los objetos
feroces.

La tarde en que lloró de bruces, desolado por la falta de Dios.
Y dicen en las plazas que descansa de sueños y fatigas. Esa piedra
lavada.
Ese volcán de ágata fundida.

Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.
Mejor dicho, creemos que está vivo y cercano.

Edna Pozzi, Pergamino.

Vía Edna Pozzi

Los brazos del amate


Amate viejo

No sabe ya el amate
dónde poner el peso de sus ramas.
Las alza trabajosamente al aire, a sus costados,
como si en la resignación que así figura
el cielo fuera a devolverle
la antigua enjundia con que un día
eligió plantarse en otro amate
y suplantarlo.

Hoy está viejo y alza a las alturas como ofrenda
la febril lozanía de sus hiedras, sus orquídeas
y la roja llamarada de su bugambilia.

Es un Abraham, triste y colérico,
que apenas logra levantar en brazos
al hijo que su Dios ―su vida entera―
lo obliga a ofrendar sobre una piedra.

Quiere morirse de querer la vida…

Lo miro allá a lo lejos
contra la barda derruida de la iglesia
como se mira una verdad palmaria y neutra:
ya no hay nadie que reciba esas ofrendas,
pero el destino sigue allí
como una piedra…

Francisco Segovia (México DF, 1958), Elegía, Ediciones Sin Nombre-Conaculta, México, 2007.

Vía Periódico de poesía

Mensajes y fuego


La educación sentimental

En el colegio nos enviábamos
mensajes secretos
escritos con un líquido invisible
en una hoja de cuaderno

Había que rozar con una llama
el reverso del papel
y las palabras aparecían
como por arte de magia

Aún recuerdo esa tarde
en que me dejaste un mensaje
en el cajón de mi pupitre

Con mano temblorosa
encendí un fósforo
pero lo puse tan cerca del papel
que la hoja ardió en llamas

Y esa fue la enseñanza básica:

En los albores del amor
o el incipiente fuego
revela el mensaje de la amada
o lo convierte el cenizas

Y no hay segunda oportunidad

Oscar Hahn, Iquique, 1938.

Publicado en revista Proa, Tercera Epoca, N° 71, Buenos Aires.

martes, abril 08, 2008

¿Comienzos de una literatura nacional? II

"... todas las clases, todas las edades, todas las condiciones participarán del gran beneficio que traxo á la tierra este libro inmortal, que há debido producir á su autor el justo título de legislador de las naciones... Como el autor tubo la desgracia de delirar en materias religiosas, suprimo el capitulo y principales pasages donde há tratado de ellas..."

Mariano Moreno, El editor a los habitantes de esta America (Prólogo a Del contrato social, de Juan Jacobo Rosseau), Buenos Aires, 1810.

lunes, abril 07, 2008

¿Comienzos de una literatura nacional?

"Exmo. Señor

"...aunque la materia se presenta baxo el aspecto de un punto de puro Gobierno, en que no toca á los particulares otra intervencion que la de executar puntualmente las resoluciones adoptadas por la Superioridad, el inmediato interés que tienen mis instituyentes en que no se frustre la realización de un plan capaz de sacarlos de la antigua miseria á que viven reducidos, les confiere representacion legitima para instruir a V.E. sobre los medios de conciliar la prosperidad del pais con la del Erario..."

Mariano Moreno, Representación de los hacendados, 1810.

domingo, abril 06, 2008

Escuchar Alejandría


[Flores más exactas las del fuego:
el ahogado beso de la paradoja.]


Escuchar Alejandría y esperar a solas.
Escuchar Alejandría e ignorarlo todo, sin cerrar los ojos.
Escuchar Alejandría y caminar sin que nada
/tiemble a nuestro paso.
Escuchar Alejandría —ese juguete absurdo—
y despertar sus labios derrumbados.
Un niño se imagina corriendo por sus calles,
pero la gente sólo escupe miseria y no centavos.
Ese niño que sueña con sus negros pantalones,
rabiosa tela que se ciñe que se incrusta como una
/oscura bofetada
sueña a borbotones y patadas,
sin cruzar los brazos,
y no cede tiempo a los segundos
y no alcanza
el remolino inmortal y sus murmullos.
Ese niño escucha la lejana Alejandría envuelta
/en prematuros testamentos,
la mañana lo aborda y el cangrejo ensaya los acordes
/de una música sorda y afilada
se yergue como el cáliz que alberga la cicuta,
ese beso como arpón que nos desolla.

Fabián Rivera, Tuxla Gutiérrez, 1984.

jueves, abril 03, 2008


Sobre Barbey d'Aurevilly dijo Mme. Alphonse Daudet: “Sus extravagancias de vestimenta y de gestos, su capa forrada de terciopelo negro, su corbatas de falso encaje, sus levitas entalladas me engañaron en un primer momento respecto a su verdadero carácter digno y caballeroso (…) sólo más tarde comprendí que, en su animosa pobreza, su dandismo no era sino un mérito más, con el que disimulaba auténticas privaciones, sobrellevadas con valentía en la pequeña vivienda de la calle Rousselet, en la que murió. Cerebro curioso, absolutamente objetivo y balzaquiano, vivió siempre en un reino imaginario; soñó su vida; pero fue un sueño hermoso de talento, casi de genio, en el que la Cruz dominó siempre, realzando y ennobleciendo su pensamiento.”

En suma, la ejercía con esa incontestable superioridad que la impertinencia exige entre la gente bien para ser tolerada; porque roza la grosería como lo sublime roza lo ridículo y, si se sale de tono, se echa a perder.

Jules Amédée Barbey d'Aurevilly (Saint-Sauveur-le-Vicomte, 1808-París,1889), Del Dandismo y de George Brummell. Publica este mes Selecciones de Amadeo Mandarino.