viernes, abril 30, 2010

Frederick Seidel / Orar




Del diario de Nijinsky

Y cuando el doctor me dijo que podría haber muerto.
Y cuando trepé desde el subte hacia el día, afuera.
Blancas nubes de verano bullían en los árboles.
Me sentí cayendo de rodillas.
¡Aléjese de la puerta, por favor! ¡Aléjese de la puerta, por favor!
Y cuando el camello se arrodilló para dejar que lo montara.
Siluetas de alados ángeles se arrodillaron
Para adorar el altar azul
Al que estaba pegado el sol.
Todo se redujo a ti. Todo se reduce a ti.

En Nueva York "arrodillantes" buses se arrodillan para los discapacitados.
Mi camello se arrodilla. Y volamos hacia el desierto.
Huyo despavorido a mi tranquilizante, el Sahara.
Paseo lentamente por la dulce Broadway.
Es como usted dice. Estamos aquí para rezar.


Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009

Versión de J. Aulicino con J. Salvetti


From Nijinsky's diary
And when the doctor told me that could have died. / And when I climbed up from the subway to the day outside. / White summer clouds were boiling in the trees. / I felt like falling to my knees. /
Stand clear of the closing doors, please! Stand clear of the closing doors, please! // And when the camel knelt to let me mount it. / Winged angels knelt in silhouette / to worship at the altar made of blue / That the sun was fastened to. / It all came down to you. It all comes down to you. // In New York City "kneeling" buses kneel for the disabled. / My camel kneels. We fly into the desert. / I flee in terror to my tranquilizer the Sahara. / I stroll slowly down sweet Broadway. / It is as you say. We are here to pray.
Ilustración: Monje orante, 1868, Angel María de Barcia y Pavón

jueves, abril 29, 2010

Antonio Machado / Dos poemas




Llanto de las virtudes y coplas
por la muerte de Don Guido


Al fin, una pulmonía
mató a don Guido y están
las campanas todo el día
doblando por él ¡din-dan!
Murió don Guido, un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.
Dicen que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo
y un maestro
en refrescar manzanilla.
Cuando mermó su riqueza,
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.
Y asentóla
de una manera española,
que fue a casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar los blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
a escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus devaríos.
Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
-¡aquel trueno!-,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.
Buen don Guido ya eres ido
y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?
¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?
Buen don Guido y equipaje,
¡buen viaje!...
El acá
y el allá,
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.
¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!
¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
vestido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.

de Campos de Castilla, 1907-1917


Doce poetas que pudieron existir

12. Andrés Santallana.- Nació en Madrid en 1899.

El milagro

En Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que el Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche, con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda
y ahora verás si veo...
Abrí el estuche, pero dentro: nada;
point des lunettes... ¿Huyeron? Juraría
que algo brilló cuando la negra tapa
abrí del diminuto
ataúd de bolsillo, y que volaban,
huyendo de su encierro,
cual mariposa de cristal, mis gafas.
El libro bajo el brazo
la orfandad de mis ojos paseaba
pensando: hasta las cosas que dejamos
muertas de risa en casa
tienen su doble donde estar debieran,
o es un acto de fe toda mirada.

de Cancionero apócrifo

Antonio Machado (Sevilla, 1875- Collioure, Francia, 1939), Poesías completas, edición de Manuel Alvar; guía de lectura de María Pilar Celma, Espasa Calpe, Madrid, 2007


Ilustración: Dios se lo pague, 1867, Francisco de Goya

San Juan de la Cruz / La noche oscura


Canciones de el alma que se goza de haber llegado
al alto estado de la perfección que es la unión
con Dios, por el camino de la negación espiritual.
Del mesmo autor.


En una noche obscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
sali sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

Ascuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
ascuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche, amable más que el alborada!
¡On noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire del almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo y dexéme,
dexando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


Juan de Yepes -San Juan de la Cruz- (Fontiveros, Avila, 1542-Ubeda, Jaen, 1591), Poesías completas, edición de Cristobal Cuevas, Hyspamerica, Buenos Aires, 1982

Ilustración: Espinazo de la noche, Angel Orcajo

Puede verse: "Yepes cocktail", de José Hierro

miércoles, abril 28, 2010

Denise Levertov / Gato





El sabio

El gato se está comiendo las rosas:
es así como es.
No lo detengas, no detengas
el mundo que da vueltas,
es así como son las cosas.
El tres de mayo
hubo niebla; el cuatro de mayo
quién sabe. Barre
la porción de rosas, arroja los restos
en medio de la lluvia.
Él no come jamás
todas las partes, dice
que los corazones son amargos.
Él es así, conoce
el mundo y el estado del tiempo.

Denise Levertov (Ilford, Reino Unido, 1923-Seattle, EE.UU., 1997), Poetas norteamericanos contemporáneos, estudio preliminar, selección y traducción de E. L. Revol, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1976

Te sage
The cat is eating the roses; / that's the way he is. / Don't stop him, don't stop / the world going round, / that's the way things are. / The third of May / was misty; fourth of May / who knows. Sweep / the rose-meat up, throw the bits / out in the rain. / He never eats / every crumb, says / the hearts are bitter. / That's the way he is, he knows / the world and the weather.

Ilustración: Gato y pájaro, 1928, Paul Klee

De Levertov en este blog:
Al lector

martes, abril 27, 2010

José Villa / de "Abreviatura"




Abreviatura

(II)

Por un visor en rojo

Marco a la derecha
Un vector en un ángulo
de 70 grados hacia el vestido
con estampados casi orientales
amarillos

Una percha marrón
Hombros anchos hacia delante
El vestido es fino y largo
Y aunque parece breve se prolonga bastante
después de la cintura...

el rectángulo

dentro del marco rojo hace de fondo
al vestido

La proyección de una sombra en cruz
cae sólo en una parte de él

Absorbe una franja de sol


(III)

El cielo, un buen lugar para empezar

En la puerta

Ella desenreda las puntas
de su pelo marrón

Él tiene un paquete bajo el brazo

Una escalinata
con los pies pálidos de la mujer
El muchacho tiene un pulóver
grande
que se camufla
con el resto líquido

Ella respira
Se le nota en los hombros
E inclinándose un poco
suelta unas palabras

El hombre hace señal de comprender
mientras empieza a girar despacio
para irse

Él tiene algo que hacer
Sin la obligación de regresar
O regresar dentro de un tiempo
-O de inmediato

Tiene un camino (mecanismo) en su mente
Ella también

Las paredes están llagadas
Los frentes parecen gárgolas
Biseles aceitosos en el cielo

Con la mirada helicoidal
del mismo centro
hacia direcciones opuestas


(IV)

Algunos adoran la niebla
En aros. En siluetas humanas

Un tanque de agua parece
un hongo o un tanque de agua
que parece un tanque de agua
gigantesco

Una chica de jean
del brazo de su mamá
Gracia humana y perdón
Van para el supermercado

En esto
un fondo de rieles
Gotas de oliva
Que pasan por la Barrera

Paralela a los techos empinados
la figura humana imita esa agonía
Gentío y construcción lo poco que se
distingue


José Villa (Martín Coronado, 1966), Es un campo, Selecciones de Amadeo Mandarino n° 24, Buenos Aires, 2006


Ilustración: A veces las cosas más grandes parecen pequeñas, Fito Espinosa


De Villa en este blog:
Astillero
Artemis / Pensamiento del ferretero
Abreviatura (I)

domingo, abril 25, 2010

Ernesto Mejía Sánchez / Dos poemas




La vida espiritual

La podredumbre de vivir, el sueño,
la alegría del sol en los ojos abiertos,
la nada esperada y satisfecha:
todo esto dado sin pedirlo
ni merecerlo, menos la desilusión,
la desdicha, porque mientras ponías
la pluma en el papel (¿para qué?)
o la copa en el mantel, sentías
que estabas descifrando el universo,
o lo que tú creías que era el universo.


Las manchas del tigre

¿Qué orden prescribe nuestra
congregación? Sin contorno y
sedosa la escurridiza piel
de nuestro monarca, tensa al menor
movimiento, desde adentro esculpida,
existe por nosotras. Y todo es
lanzado a la rápida ferocidad
del tirano que entigrecemos.
No se puede evitar la presencia
de nuestra escritura que dibuja
el rencor para hacerlo visible.
Decoramos lo inútil destructor,
el descenso de la bondad sin motivo.
Vamos a cuestas del resentimiento
delirante. Somos llevadas sin consulta.
No somos más que manchas. Manchas
puras llevadas y traídas por
el sin gobierno de lo sanguinario.
La belleza cargando con la culpa
de su criatura en rebeldía.


Ernesto Mejía Sánchez (Masaya, 1923-Mérida, México, 1985), Jorge Rodríguez Padrón, Antología de poesía hispanoamericana (1915-1980), Espasa Calpe, Madrid, 1984


Ilustración: Homenaje a La Tour, 1998, Fernando Botero


De Mejía Sánchez en este blog:
La mordedura de las uvas menudas...

Javier Sologuren / Página





Corola parva

La tinta en el papel.
El pensamiento
deja su noche.

*

¡Oh agua quieta,
qué silencioso el mundo
en ti despierta!

*

El alba enciende
yacente realidad
irrealmente.

*

Agua del plenilunio:
sin pensamientos
poseo el mundo.

*

Altos soles pequeños
en el pecho arden:
tu edad, muchacha.

*
frases olas blancas
lineales murmullos horizonte
luz traspuesta secreta
oh las blancas flores

*

Nada dejé en la página
salvo
la sombra
de mi inclinada cabeza


Javier Sologuren (Lima, 1921-2004), Jorge Rodríguez Padrón, Antología de poesía hispanoamericana (1915-1980), Espasa Calpe, Madrid, 1984

Foto: Una mujer frente a un poema del poeta y calígrafo chino Ye Peigui, en una muestra durante los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín. EFE/Michael Reynolds/adn España

De Sologuren en este blog:
El dardo

sábado, abril 24, 2010

Frederick Seidel / La caza





Poema que mata

Huntsman en efecto se fue de Savile Row, *
Y Mr. Hall, que te cortaba la cabeza.
El saco de caza rojo que cortó Hall para mí es enteramente
Melton rojo, grueso como una alfombra, así fue cortado.
Cierta vez lo llevé, montado en mi Ducati roja de carrera -¡qué espectáculo!-
Especies exóticas combinadas como un par de adorables garzas rojas.
Londres supo ser el epítome del sans souci
Y de la antigua excelencia necesaria para reconocer
Al zorro perseguido que sangra su hedor a través de la nieve.

Seguimos ciegamente, vestidos de rosa,
una bestia cuya naturaleza es correr y apesta.
Soy civilizado en mi saco rosa, pero
Civilizado es tener cosas.
Los sacos rojos son llamados "sacos rosa". Demasiado es casi suficiente.
Nadie sabe por qué. Yo voy en el aire
Con mis cosas y veo desaparecer el rabo
De un ciervo. Soy civilizado pero
La vida civilizada es en realidad demasiado.

Desfilo en el aire
Y espero el Año Nuevo
Que llegará, que se irá.
Trato de no preocuparme.
No soy capaz.
La corta cola erecta
Guiña a través del campo invernal.
Todo será revelado.
Estoy en un campo invernal.

Realmente están por todas partes.
Se arrastran por nuestro vello íntimo
Propagan la enfermedad y la desesperación.
Violan y saquean
En el centro de Sag Harbor Village. **
Transmiten la enfermedad de Lyme.
Las armas de caza te ponen de rodillas.
En París yo llamaba a los sirvientes de Sri Lanka "shrees".
No puedo evitarlo.
Invierno, primavera, Bagdad, otoño.
La venérea está toda escrita
Sobre mí como una erupción,
Pelo y herida.
Pero también el NewsHour de Lehrer y un fuego de leña y Bach.
Una corta cola erecta
Guiñando a través del campo de muerte.
Todo será revelado.
Estoy en un campo de muerte.

Recuerdo la chasse à courre en el bosque en el Cher.
Recuerdo los purasangre ingleses montados por las ranas.
Recuerdo el venado lloroso acorralado por los perros.
El venado acorralado en el estanque, literalmente derramó una lágrima.
Un ayudante de caza con tricornio vadeó para cortarle la garganta.
Nelson Aldrich en su caballo vomitó viendo eso.
El cuerno heráldico del cazador tocó el hallali.
La melodía del corte de cabeza. ¡L'hallali!
De regreso al château para beber la sangre. ¡L'hallali!

Estoy en París y me llevan al Billy's,
1960, avenida Paul Valéry.
Una de sus bellas inglesas importadas Lilys o Millys
Camina sobre sus rodillas.
Es como una línea de Paul Valéry.
Ahora ponte en cuatro patas, por favor.
Estamos ministros de Estado y también yo en chez Billy.
El liguero del ciervo atraviesa nuestro campo de visión
Y está allí esperando nuestra decisión.

Nuestra única decisión fue cómo cocinar la carne de venado.
Soy civilizado pero
Veo el silencio
Y escribo las palabras para el globito del pensamiento.
Cuando el bosque es del color de un macarrón,
Ciervo, la muerte se acerca.
Escribo sobre sus miradas en mis libros.
Escribo sobre el rabo que desaparece.
Escribo el celo.
El título es Poesía asesinada,
Y en el libro la poesía mata,
En el poema el venado acorralado llora, literalmente.
Poesía asesinada es el hallali en la avenida Paul Valéry.
Deshacerse de la poesía. Matarla.
Etiqueta en un frasco de pastillas. Advertencia: Matar matar matar: mata.
Su título es Poema que mata,
Del Libro de las Matanzas.
Las cabezas con sus cornamentas están todas llorando en las paredes.

John F. Kennedy está llorando en la pared.
Su lloroso hermano Robert llora allí cerca.
Martin Luther King, acorralado en Memphis, exhausto, comienza a llorar.
Su cabeza con cornamenta está llorando en la pared.
¡Demasiado es casi suficiente, por el amor de Dios!
Bobby Kennedy anuncia a una multitud nocturna
Que el Rey ha muerto, y después cita a Esquilo, y después es asesinado.
Matar matar matar mata, horroriza,
Los trofeos americanos cubiertos de lágrimas que adornan las salas americanas.


Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009
Versión de J. Aulicino con J. Salvetti

* Calle de Londres, sede de las más distinguidas sastrerías
** Localidad histórica, colonia de escritores y antiguo puerto ballenero del estado de Nueva York


Kill Poem
Huntsman indeed is gone from Savile Row, / And Mr. Hall, the head cutter. / The red hunt coat Hall cut for me was utter / Red melton cloth thick as a carpet, cut just so. / One time I wore it riding my red Ducati racer -what a show!- / Matched exotics like a pair of lovely red egrets. / London once seemed the epitome of no regrets / And the old excellence one used to know / Of the chased-down fox bleeding its stink across the snow. // We follow blindly, clad in coats of pink, / A beast whose nature is to run and stink. / I am civilized in my pink but / Civilized is about having stuff. / The red coats are called "pinks". Too much is almost enough. / No one knows why they are. I parade in the air / With my stuff and watch the disappearing scut / Of deer. I am civilized but / Civilized is actually about too much. // I parade in the air / And wait for the New Year / That then will, then will disappear. / I am trying not to care. / I am not able not to. / A short erect tail / Winks across the winter field. / All will be revealed. / I am in a winter field. // They really are everywhere. / They crawl around in one's intimate hair. / They spread disease and despair. / They rape and pillage / In the middle of Sag Harbor Village. / They ferry Lyme disease. / The hunter's guns bring them to their knees. / In Paris I used to call the Sri Lankan servants "Shrees". / I am not able not to. / Winter, spring, Baghdad, fall, / Venery is written all / Over my like a rash, / Hair and the gash, / But also the Lehrer
NewHour and a wood fire and Bach. / A short erect tail / Winks across the killing field. / All will be revealed. / I am in a killing field. // I remember the chasse à courre in the forest in the Cher. / I remember the English thoroughbreds ridden by the frogs. / I remember weeping stag cornered by te dogs. / The stag at bay in the pond literally shed a tear. / A hunt servant in a tricorn hat waded out to cut its throat. / Nelson Aldrich on his horse vomited watching this. / The huntsman's heraldic horn sounded the hallali. / The tune that cuts off the head. L'hallali! / Back to the château to drink the blood. L'hallali! // I am in Paris being introduced at Billy's, // 1960, avenue Paul-Valéry. / One of her beautiful imported English Lillys or Millys / Is walking around on her knees. / It is rather like that line of Paul-Valéry's. / Now get down on all fours, please. / We are ministers of state and then there is me chez Billy. / Deer garter-belt across our field of vision / And stand there waiting for our decision. // Our only decison was how to cook the venison. / I am civilized but / I see the silence / And write the words for the thought balloon. / When the woods are the color of macaroon /Deer, death is near. / I write about looks in my books. / I write disappearing scut. / I write rut. / The title is Kill Poetry. / And in the book poetry kills. / In the poem the stag at bay weeps, literally. / Kill poetry in hallali on avenue Paul-valéry. / Get rid of poetry. Kill poetry. / Label on a vial of pills. Warning: Kill kill kill kills. / Its title is Kill Poem, / From the Book of Kills. / The antlered heads are mounted weeping all around the walls. // John F. Kennedy is mounted weeping on the wall. / His weeping brother Robert weeps nearby. / Martin Luther KIng, at bay in Memphis, exhausted, starts to cry. / His antlered head is mounted weeping on the wall. / Too much is almost enough, for crying out loud! / Bobby Kennedy announces to a nighttime crowd / That King has died, and then quotes Aeschylus, and then is killed. / Kill kill kill kills, appalls, / The American trophies covered in tears that deck the American halls.
Ilustración: Francis Barlow, Several Wayes of Hunting, Hawking and Fish ing According to the English Manner, Londres, 1671 Biblioteca de la Universidad de Toronto

José Emilio Pacheco / Dos poemas




"Ô toi que j'eusse aimée..."
Y ahora una digresión Consideremos
esta variante del amor que nunca
puede llamarse amor

Son aislados instantes sin futuro
En la ciudad donde estaré tres días
nos encontramos
Hablamos sin palabras

Pero un brillo en los ojos un silencio
o el roce de las manos que se despiden
prende la luz de la imaginación

Sin motivo ni causa uno supone
que llegó pronto o tarde
y se duele
("no habernos conocido...")
E involuntariamente ocupas tu fiel nicho
en un célibe harén de sombra y humo

Intocable
incorruptible al yugo del amor
viva en lo que llamó De Rougemont
la posesión por pérdida.



H & C
En las casas antiguas de la ciudad las llaves del agua
tienen un orden diferente
Los fontaneros que instalaron los grifos
hechos en Norteamérica
dieron a C de cold el valor de caliente
La H de hot les sugirió agua helada

¿Qué conclusiones extraer de todo esto?
-Nada es lo que parece
-Entre objeto y palabra
cae la sombra
(ya entrevista por Eliot)

Para no hablar de lo más obvio:
Cómo el imperio nos exporta un mundo
que aún no sabemos manejar ni entender
Un progreso bicéfalo (creador
y destructor al mismo tiempo
-y como el mismo tiempo)
al que no es fácil renunciar

Nadie que ya disfrute el privilegio (aquí
tener agua caliente es un privilegio)
se pondrá a cavar pozos a extraer
aguas contaminadas de un arroyo

Y de otro modo cómo
todo acto es traducción:
Sin este código
se escaldará quien busque
bajo la C el agua fría
Los años pasarán sin que se entibie
la que mana de la H

José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014), Antología de poesía hispanoamericana (1915-1980), selección de José Rodríguez Padrón, Espasa Calpe, Madrid, 1984


Foto: José Emilio Pacheco sufre un percance con su pantalón, ayer, en la ceremonia en la que recibió el Premio Cervantes de literatura, en la Universidad de Alcalá de Henares, España. En el acto dijo: "Casi todos los escritores somos miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiende a agudizarse en la era electrónica." De buen humor, dijo respecto de la caída del pantalón: "Es buen argumento contra la vanidad". Reuters

De Pacheco en este blog:
Encuentro

viernes, abril 23, 2010

Peter Sirr / Planos






Sin construir

En mi pared un grabado
de la iglesia St Werburgh,
la piedra blanca, la aguja maciza -
demasiado maciza, finalmente,

demasiado cerca del castillo
para dar tranquilidad, y por lo tanto proscripta.
Cerca, una calle soñada
sale a jugar,

una catedral gigante
mete los pies en el río.
Monumentos en cada cajón:
los caballos alados, las espadas,

las manos levantadas, infinitamente
persuasivas. Los tranvías brillan entre los árboles,
sus ansiados refugios de encaje
adornan los muelles

y cerca del puerto,
en cafés en las veredas, la mirada encendida,
los arquitectos se pasan la noche
ostentando ciudades sobre una mesa.

En archivos de sótano, pacientemente
el futuro talla su nombre,
las avenidas perfectas esperan su hora
al mismo tiempo que, a la vuelta de cada esquina,

nuestras mejores vidas se prenden fuego.
De vez en cuando
nos tropezamos con los planos
y nos maravillamos... Mientras tanto, sin embargo,

hay esta suciedad,
este desorden, este encanto,
las calles sinuosas que perduran,
las iglesias recortadas

conservando su paz, una arenosidad
en el aire como el aliento
de lo imaginado, nuestros
corazones sin terminar

todavía en construcción...


Peter Sirr (Waterford, 1960), "Nonetheless", 2004, Peter Street y otros poemas, selección y traducción de Jorge Fondebrider y Gerardo Gambolini, Bajo la Luna Ediciones, Buenos Aires, 2008


Unbuilt
On my wall a print / of St Werburgh's Church, / white stone, solid spire - / too solid, as it happened, // too near the castle / for comfort, and so proscribed. / Nearby a dreamed-of street / comes out to play, // a giant cathedral / dips its toes in the river. / Monuments in every drawer: / the winged horses, the swords, // the upraised hands infinitely / persuading. Trams glitter among the trees, / their lacy, longed-for shelters / adorn the quays // and near the harbour, / in pavement cafés, their eyes shining, / the architects stay up all night / marching cities across a table. // In basement archives, patiently / the future carves its name, / the perfect avenues bide their time / just as, round every corner, // our own better lives catch fire. / Every now and then / we stumble on the plans / and marvel... Meanwhile, though, // there's this / dirt, mess, handsomeness, beauty / the crooked streets persisting, / the sawn-off churches // keeping their pace, a grittiness / in the air like the breath / of the imagined, our / unfinished hearts // still building...

N.del T.: El título alude a edificios de Dublin que sólo existieron en los planos o la imaginación de los arquitectos.

Ilustración: Dangling, 2008, Amy Casey

De Sirr en este blog:
Después de un día en la historia de la ciudad

jueves, abril 22, 2010

Fabián Casas / de "Horla City y otros"






El calor

A través de la ventana
una luz blanca, intensa,
se posa sobre la mesa de madera.
Leo a Robert Lowell en inglés
y comparo las versiones de Girri.
De a ratos, levanto la vista
hacia los edificios grises
con ropas colgadas en sus balcones
y ventanas a medio abrir
—como una cigarra en el calor,
el torno de una obra
y la letanía de los martillazos
que se expanden en la inmovilidad
del verano—.
De Lowell, nada quiero decir;
Pero de Girri…¡ah, Caronte,
tardarás en comprender
al pasajero que te llevas!


Música

Mi tía concilia el sueño a los ochenta años
escuchando viejas canciones en su radio portátil.
En su pieza, en lo oscuro,
el éter se ha transformado en algo vital.
Supongo que estas cosas pasan
y me pasarán también a mí.
Sobre el final de la vida
la única música que existe
está fuera de nosotros.

de El salmón, 1990-1996


The Heart of Darkness

Después de cerrar el quiosco
el señor Kurz suele sentarse a comer
en ese rincón que ves allá.
Sí, ahí, bajo el cono de luz,
para degustar una pasta demoledora
acompañado por su litro y cuarto
de vino de la casa.
Anoche, mientras masticaba,
el señor Kurz se quedó hipnotizado
mirando a una vieja pareja de cacatúas,
hembra y macho, que comían en silencio.
Es en esos casos cuando el señor Kurz
—que es uno de los nuestros,
si se me permite la expresión—
se pone melancólico
y vuelve a sentir
en toda su dimensión,
el horror.

de Horla City, 2003-2010

Fabián Casas (Buenos Aires, 1965), Horla City y otros. Toda la poesía 1990-2010, Editorial Emecé, Buenos Aires, 2010

Foto: Ventana cerrada, con imagen de la Virgen de Guadalupe, JSG; Comunidad México-Americana en Tucson

De Casas en este blog:
El Renaciente Bar-Parilla
Desde el aire

miércoles, abril 21, 2010

Alberto Girri / De "Juegos alegóricos", 2




16/I/91

De acuerdo, Musil,
el mundo es Cacania, tu hombre
sin atributos su ciudadano ejemplo,
de suciedad irracional alimentándose,

pero qué dirías
si quisiera descansar de su papel,
apartarse en diáfanos lugares de montaña,
y lo que enfrenta, escépticamente considerado,
es desalentador, ningún alivio de sí,
suma de fealdades por hirsutas,
verrugosas laderas,
y no obstante, de súbito,
un como sosiego original, sus percepciones
abriéndose tras las fatigas de escalar,
irresistible entonces algo
que en torno del viajero flota, inasible,
desde la mudez de rocas manando
lo que el paisaje atesora,

lo vedado a tus páginas, Musil,
lo elemental como salud de la eternidad,
el flujo de la vida desnuda, ajena
a toda identidad, atributos,
indemne a que tú la descompongas
y examines en prescindencia, detrás de tu vidrio.


Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Juegos alegóricos", póstumo, Obra poética VI, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1992

Ilustración: Bruma de montaña, 1808, Caspar David Friedrich

martes, abril 20, 2010

Octavio Paz / de "Salamandra"





Homenaje y profanaciones

Aspiración

1

Sombras del día blanco
Contra mis ojos. Yo no veo
nada sino lo blanco
La hora en blanco. El alma
Desatada del ansia y de la hora.

Blancura de aguas muertas,
Hora blanca, ceguera de los ojos abiertos.
Frota tu pedernal, arde memoria,
Contra la hora y su resaca,
Memoria, llama nadadora.

2

Desatado del cuerpo, desatado
Del ansia, vuelvo al ansia, vuelvo
A la memoria de tu cuerpo. Vuelvo.
Y arde tu cuerpo en mi memoria,
Arde en tu cuerpo mi memoria.

Cuerpo de un Dios que fue cuerpo abrasado,
Dios que fue cuerpo y fue cuerpo endiosado
Y es hoy tan sólo la memoria
De un cuerpo desatado de otro cuerpo:
Tu cuerpo es la memoria de mis huesos.

3

Sombra del sol Solombra segadora
Ciega mis manantiales trasojados
En nudo desanuda Siega el ansia
Apaga el ánima desanimada

Mas la memoria desmembrada nada
Desde los nacederos de su nada
Los manantiales de su nacimiento
Nada contra corriente y mandamiento

Nada contra la nada
Ardor del agua
Lengua de fuego fosforece el agua
Pentecostés palabra sin palabras

Sentido sin sentido No pensado
Pensar que transfigura la memoria
El resto es un manojo de centellas


Espiración

1

Cielos de fin de mundo. Son las cinco
Sombras blancas: ¿son voces o son pájaros?
Contra mi sien, latidos de motores.
Tiempo de luz: memoria, torre hendida,
Pausa vacía entre dos claridades.
Todas tus piedras vueltas pensamiento
La ciudad se desprende de sí misma.
Descarnación. El mundo no es visible.
Se lo comió la luz. ¿En tu memoria
Serán mis huesos tiempo incandescente?

2

Vana conversación del esqueleto
Con el fuego insensato y con el agua
Que no tiene memoria y con el viento
Que todo lo confunde y con la tierra
Que se calla y se come sus palabras:

Mi suma es lo que resta, tu escritura:
La huella de los dientes de la vida,
El sello de los ayes y los años,
El trazo negro de la quemadura
Del amor en lo blanco de los huesos.

3

Sol de sombra Solombra cegadora
Mis ojos han de ver lo nunca visto
Lo que miraron sin mirarlo nunca
El revés de lo visto y de la vista

Los laudes del laúdano de loas
Dilapidadas lápidas y laudos
La piedad de la piedra despiadada
Las velas del velorio y del jolgorio
El entierro es barroco todavía
En México
Morir es todavía
Morirse de repente en cualquier parte

Lo nunca visto nunca dicho nunca
Es lo ya dicho el nunca del retruécano
Vivo me ves y muerto no has de verme


Lauda

1

ojos medulas sombras blanco día
ansias afán lisonjas horas cuerpos
memoria todo Dios ardieron todos
polvo de los sentidos sin sentido
ceniza de lo sentido y el sentido

Este cuarto, esta cama, el sol del broche,
Su caída de fruto, los dos ojos,
La llamada al vacío, la fijeza,
Los dos ojos feroces, los dos ojos
Atónitos, los dos ojos vacíos,
La no vista presencia presentida,
La visión sin visiones entrevista,
Los dos ojos cubriéndose de hormigas,
¿Pasan aquí, suceden hoy? Son hoy,
Pasan allá, su aquí es allá, sin fecha.
Itálica famosa madriguera de ratas
Y lugares comunes, muladar de motores,
Víboras de Uxmal anacoretas,
Emporio de centollas o imperio de los pólipos
Sobre los lomos del acorazado,
Dédalos, catedrales, bicicletas,
Dioses descalabrados, invenciones
Del ayer o del decrépito mañana,
Basureros: no tiene edad la vida,
Volvió a ser árbol la columna de Dafne.

2

Entre la vida inmortal de la vida
Y la muerte inmortal de la historia
Hoy es cualquier día
En un cuarto cualquiera
Festín de dos cuerpos a solas
Fiesta de ignorancia saber de presencia
Hoy (conjunción señalada
Y abrazo precario)
Esculpimos un Dios instantáneo
Tallamos el vértigo

Fuera de mi cuerpo
En tu cuerpo fuera de tu cuerpo
En otro cuerpo
Cuerpo a cuerpo creado
Por tu cuerpo y mi cuerpo
Nos buscamos perdidos
Dentro de ese cuerpo instantáneo
Nos perdemos buscando
Todo un Dios todo cuerpo y sentido
Otro cuerpo perdido

Olfato gusto vista oído tacto
El sentido anegado en lo sentido
Los cuerpos abolidos en el cuerpo
Memorias desmemorias de haber sido
Antes después ahora nunca siempre


(Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo)


Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998), "Salamandra" (1958-1961), La centena (Poemas 1935-1968), Barral Editores, Barcelona, 1969

Foto: Hurricane XXIV, Clifford Ross

lunes, abril 19, 2010

Darío Villalba / Mano


La separación

Por más que me estire
no llego
a mi mano derecha
No por una inconstancia en el movimiento
no siquiera hay
una carencia coordinativa
Simplemente
me he salido de ella
Le soy ajeno
y en esta rotura
salimos a la calle
mientras
el sol alarga la sombra
de esta batalla sin sangre.

Darío Villalba (Salta, 1975), Consideraciones, Gobierno de Salta, Salta, 2009

Ilustración: Bastón del dragón, siglo XVIII, Hakuin Ekaku

domingo, abril 18, 2010

Frederick Seidel / Hormigas




Morir por

Las hormigas en la barra de la cocina emprenden una estampida hacia el éxtasis.
El dedo las persigue mientras el rebaño corre de un lado a otro.
Están vivas mientras están vivas en su pequeño camino.
Estallan a través de sus trajes de hormigas, que se desgarran bastante fácilmente.

Las pequeñas motas negras fueron enviadas a Brasil en barcos.
Los portugueses azotaban a las pequeñas motas negras hasta hacerlas pedazos.
Las plantaciones de azúcar en la horrible costa tropical donde era rico el suelo
Fueron un Auschwitz de hormigas mucho más productivo.

El tazón de azúcar en la barra es una te-taza, que contiene un gran pecho blanco.
El pecho en el bol está cubierto de motas excitadas,
Totalmente sacadas, corriendo alrededor, como desahuciadas.
Les gustan las cosas dulces. Es lo que les gusta comer.

El día afuera es azul y bueno.
Dios está en el vecindario.
El océano cercano pone cebos líquidos en cada trampa en el juego de seis,
Allanando el camino al nuevo mundo con sal y dulce.

Las venden en la ferretería de la Calle Principal.
Dentro de cada jaula hay una bandeja en la que les dan un poco de comida
Y las mandan de vuelta.
Hay luz en Africa, y es negra.

Buscaba algo por lo que esforzarme.
Buscaba alguien por quien llorar.
Buscaba algo por lo que morir.
No hay.

Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009

Versión de J. Aulicino

To die for
The ants on the kitchen counter stapede toward ectasy. / The finger chases them down while the herd runs this way and that way. / They are alive while they are alive in the little way. / They burst through their little ant outfits, which tear apart rather easily. // The little black specks werw shippedto Brazil in ships. / The Portuguese whipped the little black specks to bits. / The sugar plantations on the horrible tropical coast where the soil was rich / Were a most productive ant Auschwitz. // The sugar bowl on the counter is a D-cup, containing one large white breast. / They are so beyond, and running around, they are wrecks. / They like things that are sweet. That's what they like to eat. // The day outside is blue and good. / God is in the neighborhood. / The nearby ocean puts liquid lure in each trap in the set of six, / Paving the way to the new world with salt and sweet. // They sell them at the hardware store on Main Street. / Inside each trap is a tray that gives them a little to eat. And sends them back. / There is light in Africa, and it is black. // I was looking for something to try for. / I was looking for someone to cry for. / I was looking for something to die for. / There isn't
.

Ilustración: Territorios C, Paco Aguilar

sábado, abril 17, 2010

Javier Foguet / de "El humor de la luz"




Si, como lo presiento

Si, como lo presiento,
tendré que reconstruir la casa un día
no debo olvidar la ventana de la cocina
apenas sobre el mármol que da al oeste,
a lo religioso de la luz atardecida del oeste,
filtrada por las ropas tendidas
y la verdura de unas cañas,
de donde adquiere volumen el pan,
el acero, la vasija griega
inútilmente retratada
-la luz sobre el azul femenino-
con la Rollei que rescaté
del olvido de mi padre
para olvidarla después con absoluta justicia
porque el humor de la luz,
el humor de la luz buscó mi padre con su cámara
y en acuarelas y aun en los calculados
y atractivos tonos (para el ojo esmaltado
de un pez secreto) que el plumaje de las moscas tomaría
sobrevolando los reflejos del pastizal
y al contacto con el declive del río
que lleva las aguas y a la luz de retorno
hacia la semi-apertura de la ventana.

Javier Foguet (Tucumán, 1977), El humor de la luz, Editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2009


Foto: Foguet, Huesos de Jibia

viernes, abril 16, 2010

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 3




Transhumanar y organizar

Poco antes de encajarme en las orejas los Boules Quies
en el momento en que ninguna persona seria escribiría poesía.
En el momento en el que la conciencia es más sucia.
Parece imposible que un hombre pueda hacer
experiencias tan simples tan tarde.
Estaba evidentemente cegado por una política no simple.
Estaba en la sala del Instituto Luce
(sin esa seguridad exaltada de escribir poesia).
Extraño que haya visto tan tarde con mis ojos
aquellas cosas, de cualquier tiempo,
que suceden probablemente todos los días.
La multitud se apretaba en torno a una mesa sin micrófonos.
Se hablaba subido a una silla.
Lo repito: era un momento en que no se tiene certeza de la poesía.
Todos estaban inseguros, porque sólo el cansancio produce exaltaciones.
Para un director de cine, aquellas caras eran un vital descubrimiento matutino.
¿A quién hay que dirigirse para afiliarse al PCI?
Y bien, he aquí que me dirijo, sea quién sea.
Parece increíble -le digo- que a las cosas simples
les lleve tanto tiempo revelarse como lo que son.
Los obreros quieren al PCI como en sustancia es.
Ahora, esta voluntad se me presenta en toda su claridad.
Y, como esto es simplemente una carta, aun si la hora
es aquella del rito en el que los poetas no serios escriben poesías,
diré que esa voluntad es la voluntad de las instituciones.
Los obreros a mi lado, y las obreras, quizá por primera vez
en su vida a la par de los hombres, en esta pequeña huelga,
eran presentes encarnaciones de esa voluntad.
Ahora, sucedió esto. Algunos jóvenes asistentes
se delegaron para dar, uno tras otro, su adhesión.
Habla un diputado democratacristiano de provincia.
Recomienda las buenas maneras. En cuanto al resto, sabe
decir todo con otras palabras, esto es, no decir nada.
Habla (y es cierto) de dificultad: modo gentil de decir
que no todo lo que se quiere se podrá obtener.
Modo de decir, incluso, que la buena voluntad ya es mucho.
Por otra parte, ya que se puede provocar aun con provinciana gentileza,
él dice que la presente asamblea no es política.
Y entonces algunos jóvenes, con mostachos de bárbaros,
y frente dura y baja como las de las bestias que pastan.
gritan contra la provocación con el modo de la provocación.
Son, desgraciadamente, lo que parecen. Gritan:
"No democracia sino revolución". Les agarró la histeria.
Nadie podría ya pararlos: el grito extremista
los salva como una medicina que hace callar la realidad.
Pálidos, los pómulos hinchados, las pequeñas frentes duras,
los grandes bigotes retorcidos en ángulo recto, color tabaco.
A ellos se unen otros intelectuales menos jóvenes.
Sólo tienen en común la palidez y la voz alterada.
Como si un espíritu hubiera descendido en aquel salón
y hubiese llenado de sí a pocas personas, dejando vacías a las otras.
Los jóvenes y no tan jóvenes extremistas estaban transfigurados
por aquel grito como por una salvación cotidiana: y no daban
de ningún modo señal de querer razonablemente renunciar a él.
Los obreros tienen paciencia un poco. Luego la pierden.
Y ha sido un milagro que no los echaran a patadas.
El buen sentido prevaleció, resquebrajado antes, digamos, por otro buen sentido.
Bueno, he visto por primera vez, con mis propios ojos,
al obrero arrojarse con sus grandes manos sobre los intelectuales vociferantes.
La escena era observada también por el ojo de un diputado comunista.
Como un chico listo, él lograba controlarse
mientras aquellos energúmenos gritaban: controlarse exactamente como un obrero.
Y cuando, después, algún obrero, por pura y simple impaciencia,
se largó a gritar él también, y a alzar las manos,
él lo contempló con el ojo apenas más opaco,
sobre su cuello rústico.
También yo callaba y contemplaba. Pero por razones distintas:
cuánto me parezco a aquellos imbéciles gritones, yo.
Al menos, tanto como el diputado piamontés se parece a los obreros.
Mis gritos extremistas son más elaborados y menos imbéciles, es cierto.
Pero no, no es un exámen de conciencia lo que ahora quiero hacer,
y todavía menos una enésima confesión de mis culpas.
No quiero decir tampoco que hago simplificaciones rápidas-
y por lo tanto retóricas- que son el espíritu de toda institución:
incluso, de las queridas por la voluntad de los obreros.
Entiendo simplemente esto: que de ahora en adelante
haré callar mis escrúpulos de verdad, haciéndome trampa a mí mismo.
¿Amo o no amo a las instituciones? ¿La verdad más verdadera no es esta?
¿Y entonces por qué luchar por aquella otra verdad,
que estoy obligado a amar, quedando obligado a vivir al margen
de las instituciones como un bandido?
Cometo una enésima bajeza. Entro en el orden.
Si pudiera inscribirme en el PCI, lo haría. Y actuaría en consecuencia,
con una lealtad que puedo alcanzar aun a costa de acallar la conciencia.
No es novedad que un hombre deba elegir
entre dos vidas de compromiso, y se rinda. Además,
yo siempre me opuse al PCI con entrega, esperando
una respuesta a mis objeciones. ¡Para proceder dialécticamente!
Esa respuesta nunca me llegó: una polémica fraternal
fue reemplazada por una polémica blasfema.
¿Pero no es un error tomármela contra una banal injusticia?
Las instituciones son injustas: ¿y entonces?
Sólo por las instituciones hay relación entre estos obreros y yo.
Y no hablo sólo del PCI, sino también de todo aquello que lo precede,
instituido en una historia milenaria que me liga a estos hombres.
Su voluntad es la de tener órdenes de un padre:
han tenido ya un gran coraje al liberarse del viejo padre
y de sustituirlo, alcanzando así su única libertad posible.
Está bien claro: esta pura y simple eventualidad
de inscribirme hoy, a casi mis cuarenta y siete años, en el PCI,
no se realiza sólo porque no soy capaz todavía de hacer voto
de castidad, sino porque el equívoco continúa,
y me sé incorregible en mantener mi manía por la verdad
(no sé si se trata de verdad o de amor por ella: pero que es una manía,
eso es cierto: tal vez autoflagelamiento, tal vez apego a mi suerte
de elegido, destinado a decidir entre vulgaridad e idealismo).
Por pura contradicción, consoladora, debo sin embargo poner bajo examen
aun la hipótesis totalmente contraria: esto es, esta pura y simple
eventualidad de inscribirme, no es explicable sólo por un cálculo hipócrita, *
sino, más bien, por un cálculo debido a mi extraño equilibrio, que me liga
en lo profundo, sin saberlo, con naturalidad a estos obreros.
Traiciono un pacto de lealtad -conmigo mismo, idealista-
porque me parece más justo adaptarme al pacto de lealtad
con los obreros, y con su Partido, que así como es lo quieren.
Leo esa voluntad de ellos (¡oh, sin duda, modestamente humana!)
en el aire ya oscuro, con el día que se apaga en la única ventana.
Los he siempre visto perdidos a cada uno en su celda, en su laboratorio,
en su periódico; cada uno en su suerte salarial, pobre y paciente
sostén de una familia, proveedor alegre del "pedazo de pan".
La misma paz con las cosas humanas, sea en moviolas o almas,
en películas o hechos, que en ellos observaba, absoluta,
en aquellas tardes de trabajo, aquellas sacras mañanas sin historia,
la observo ahora. Mi vista no puede no registrar la enormidad
de estas caras -hormigas o bisontes, dromedarios o mirlos
o todas estas cosas juntas- en líneas maceradas por la cotidaneidad:
por la miseria de una vida tan absorta en su suerte,
que no puede más que ser sin elección, entregada a una única experiencia.
Su saber no corresponde a la realidad, sino a esta realidad.
Es un saber mísero y entero, mezquino y fuerte.
Y no puede sino producir instituciones míseras y mezquinas
que deben buscar entereza y fuerza. Inscribirme en el PCI
significaría colaborar con esta búsqueda, a través de la renuncia
a un saber heroico y privilegiado que busca corresponder a la realidad
y defender sus despiadadas exigencias.
Cosa que podría hacer en otra parte, en otro sitio.
Eh, es natural que debería entonces adaptarme a esta disociación.
Cada cálculo la implica, cada pacto, cada degradación:
estaré dividido: callado y oficial en las acciones, crítico y solo
al escribir poesía. ¿No es esta separación
la que siempre se ha querido -tal vez justamente?
No por casualidad tengo sobre la espalda la mano sacra y untuosa de San Pablo
que me empuja a dar el paso.
¿La contemporaneidad temporal del transhumanar no es el organizar?
Los intelectuales gritones tendrán ciertamente motivos para indignarse
(los asiste la sombra de Zdanov que no saben ni siquiera quién fue)
ante mi método de sacar conclusiones del color del aire que oscurece
sobre estos rostros encendidos en el mundo de la acción
como sobre la otra cara del cielo.
Pero nuestro mundo es esquizoide, queridos amigos, querido funcionario
del PCI, a quien está dirigida esta carta informal.

* Ha habido en Italia, en lugar de una victoria gaullista, una victoria comunista.


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "Transumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003

Versión de Jorge Aulicino



Transumanar e organizzar
Poco prima di infilarmi nell orecchie le Boules Quies / nell'ora in cui nessuna persona seria scriverebbe poesie. / Nell'ora in cui la coscienza è più sporca. / Sembra impossibile che un uomo possa fare / esperienzie così semplici così tardi. / Ero evidentemente acciecato da una politica non semplice. / Era nella sala dell' Istituto Luce / (senza questa sicurezza esaltata di chi scrive poesie). / Strano che abbia visto così tardi coi miei occhi / delle cose che, da qualche tempo, / succedeno probabilmente tutti i giorni. / La folla era stretta intorno a un tavolo senza microfoni. / Si parlava montando sopra una sedia. / Lo ripeto: era un' ora in cui non si ha certezza della poesia. / Tutti erano incerti, perché solo la stanchezza dà esaltazioni. / Per un regista, quelle faccie erano una vitale scoperta mattutina. / A chi ci si rivolge per iscriversi al PCI? / Ebbene, è costui che mi rivolgo, chiunque esso sia. / Sembra incredibile -gli dico- che le cose semplici / ci mettano tanto tempo a rivelarse per quello che sono. / Gli operai vogliono il PCI così com' esso in sostanza è. / Ora, questa volontà me è apparsa finalmente in tutta la sua chiarezza. / E, poichè questa è semplicemente una lettera, anche se l' ora / è quella di rito in cui i poeti non seri scrivono poesie, / dirò che questa volontà è la volontà delle istituzioni. / Gli operai accanto a me, e le operaie, forse per prima volta / nella loro vita pari agli uomini, in questo piccolo sciopero, / eran presenze carnali di quella volontà. / Ora, è successo questo. Alcuni giovani astanti / delegati a dare, uno dopo l' altro, le loro adesioni. / Parla anche un deputato democristiano di provincia. / Raccomanda le buone maniere. Quanto al resto, ha imparato / a dir tutto con altre parole: cioè a non dir niente. / Parla anche (è vero) di difficoltà: modo gentile per dire / che non tutto ciò che si chiede si potrà ottenere. / Modo gentile per dire anche che la buona volontà è già molto. / Inoltre, poichè si può provocare anche con provinciale gentilezza / egli dice che la presente assemblea non è politica. / Ed acco alcuni giovani, con mustacchi di barbari, / e fronti dure e basse come quelle delle bestie da pascolo, / eccoli urlare alla provocazione coi modi della provocazione. / Sono, purtroppo, ciò che sembrano. Urlano: / "Non democrazia ma rivoluzione!" Li ha presi l' isteria. / Nessuno potrebbe mai trattenerli: il grido estremistico / li salva come una medicina che fa tacere la realtà. / Pallidi, con gli zigomi sprogenti, le piccole fronti dure, / i grandi baffi ritorti ad angolo retto, color tabacco. / A loro si uniscono altri intellettuali meno giovani. / Hanno in comune soltanto il pallore e la voce alterata. / Come si uno spirito fosse disceso dentro quello stanzone / e avesse riempito di sé poche persone, lasciando vuoti gli altri. / I giovani e i non più giovani estremisti erano transfigurati / del loro grido como da una salvezza quotidiana: e non davano / in nessun modo segno di voler ragionevolmente rinunciarvi. / Gli operai pazientano un po'. Poi perdono la pazienza. / Ed è stato un caso che non li abbiano cacciati a calci. / Il buon senso è prevalso, incrinato, prima, del resto, da altro buon senso. / Dunque, ho visto per la prima volta con i miei occhi / l' operaio avventarsi con le sue grosse mani sull' intellettuale vociante. / La scena era guardata anche dall' occhio de un deputato comunista. / Come un ragazzo furbo, egli era risciuto a controllarsi / mentre quei perduti urlavano: a controllarsi, proprio como un operaio. / E quando, poi, qualche operaio, per pura e semplice impazienzia, / si è messo a urlare anche lui, e ad alzare le mani, / egli ha contemplato ancora, con l' occhio appena più opaco, / sul suo collo rozzo./ Anch' io tacevo e contemplavo. Ma per ragioni diverse: / quanto assomiglio a quegli imbecelli urlanti, io. / Almeno quanto il deputato piemontese assomiglia agli operai. / I miei urli estremisti son più elaborati e meno inbecilli, è vero. / Tuttavia, no, non è un esame di coscienza che ora voglio fare, / e ancor meno un' enessima confessione delle mie colpe. / Non voglio ammettere neanche che faccio delle semplificazioni a braccio - / e quindi della retorica - che sono lo spirito di ogni istituzione: / anche di quella voluta dalla volontà degli operai. / Intento semplicemente questo: che da ora in avanti / farò tacere i miei scrupoli di verità, facendo torto a me stesso. / Amo o non amo le instituzioni? La verità più vera non è questa? / E allora perché lottare per quell' altra verità, / che sono costretto ad amare, essendo costretto a vivere al margine / delle istituzioni come un bandito? / Compio un enesimo atto di viltà. Rientro nell' ordine. / Se potessi iscrivermi al PCI, lo farei. E agire di conseguenza, / con una lealtà, che può giungere anche a tacitare la coscienza. / Non è una novità che un uomo debba essere costretto a scegliere / tra due vite di compromesso, e si arrenda. Del resto / io mi sono sempre opposto al PCI con dedizione, aspettandomi / una risposta alle mie obiezioni. Così da procedere dialetticamente! / Questa risposta non è mai venuta: una polemica fraterna / è stata scambiata per una polemica blasfema. / Ma non è stato un errore prendermela per una banale ingiustizia? / Le istituzioni sono ingiuste: e dunque? / Me è solo per le istituzioni che c' è rapporto tra me e questi operai. / E non parlo solo del PCI, ma anche di tutto ciò che è precedente ad esso, / istituito nella storia millenaria, che mi lega a questi uomini. / La loro volontà è quella di aver comandamenti da un padre: / hanno già avuto un grande coraggio a liberarsi dal vecchio padre / e di sostitoirlo, raggiungendo così la sola loro libertà possibile. / Sia ben chiaro: questa pura e semplice eventualità / d' iscrivermi, oggi, a quasi quarantesette anni, al PCI, / non si realizza solo perchè non sono ancora capace di far voto / di castità: ma anche perchè l' equivoco continua, / e mi so incorreggibile nel perseguire la mia mania di verità / (non so se si tratta poi di verità, o de amore per essa, ma che sia una mania / questo è certo: forse autolesionismo, forse attacamento alla mia sorte / di eletto, destinato a scegliere tra volgarità e idealismo). / Per pura contraddizione, consolatrice, devo però prendere in esame / anche l' ipotesi totalmente contraria: cioè: questa pura e semplice / eventualità d' iscrivermi, non è spiegabile solo con un ipocrita calcolo*, / ma, se mai, un calcolo dovuto al mio strano equilibrio che mi lega / nel profondo, a mia insaputa, con naturalezza, a questi operai. / Tradisco un patto di lealtà -quella verso me stesso idealista- / perchè mi sembra più giusto adattarmi al patto di lealtà / con gli operai, e col loro Partito, che è così come esse vogliono. / Leggo questa loro volontà (oh, non c' è dubbio, modestamente umana) / nell' aria già scura, col giorno che si spegne dietro l' unica finestra. / Li ho sempre visti perduti ognuno nella sua cella, nel suo laboratorio, / nel suo magazzino; ognuno nella sua sorte salariale, povero e paziente / sostenitore di una famiglia, procacciatore allegro del "pezzo di pane". / La stessa pace con le cose umane, siano moviole o siano anime, / siano pellicole o siano eventi, che in essi osservaro, assoluta, / in quei meriggi di lavoro, in quelle sacre mattine senza storia, / la osservo adesso. Il mio occhio non può non registrare la enormità / de queste faccie - bisonti o formiche, dromedari o merli, / o tutte queste cose insieme - in lineamenti macinati dalla quotidianità: / dalla miseria di una vita così ingolfata nella sorte, / che non può che essere senza scelte, votata a un' unica esperienza. / Il loro sapere non corrisponde alla realtà, ma a questa realtà. / Ed è un sapere misero e intero, meschino e forte. / Esso non può che produrre istituzioni, misere e meschine / che devono cercare interezza e forza. Iscrivermi al PCI / significherebbe collaborare a questa ricerca, attraverso la rinuncia / a un sapere, eroico e privilegiato, che cerca di corrispondere alla realtà / e difenderne le spietate esigenze. / Cosa che potrei fare altrove, in altra sede. / Eh, è naturale che avrei dovuto poi adattarmi a questa dissociazione. / Ogni calcolo la implica; ogni patto, ogni degradazione: / sarò diviso: tacitato e ufficiale, nell' agire, critico e solo / nello scrivere poesie. Non è questa separazione / che si è sempre voluta - forse giustamente? / Non a caso ho sulla schiena la mano sacra e untuosa di San Paolo / che mi spinge a questo passo. / La contemporaneità temporale del trasumanar non è l' organizzar? / Gli intellectuali urlanti avrano certo di che indignarsi / (assistiti dall' ombra di Zdanov che non sanno nemmeno chi fu) / dal mio trarre conclusioni dal colore dell' aria che si oscura / su questi volti accesi nel mondo dell' azione / come sull' altra faccia del cielo. / Ma il nostro mondo è schizoide, cari amici, caro funzionario / del PCI, a cui è rivolta questa lettera non formale.

* Si è avuta in Italia, invece di una vittoria gaullista, una vittoria comunista.

Ilustración: San Pablo (detalle), 1742, Pompeo Batoni

jueves, abril 15, 2010

Francisco Gandolfo / Realidad




Relidad interna

Avanzó hacia la energía que zumbaba enfrente
mientras le gritaban cuidado

atraído por el imán de su pared circular
saltó con fuerza girando
para estamparse de espaldas
como clavado ante la gente

con los brazos abiertos y adheridos
comenzó a levantar sus piernas
por sobre la cabeza
para introducirse en el ciclotrón

en el esfuezzo final su aspiración
era proporcional a su tortura
y sentía un zumbido creciente de huracán

al ceder su agotador esfuerzo
cayó desprendido del imán
y por su gran anhelo frustrado
lloró a secas

los testigos del intento
considerado mortal
sintieron alivio al compartir
la angustia de su esfuerzo.

Francisco Gandolfo (Hernando, 1921), Realidad interna, plaqueta sin mención de editorial ni fecha

Foto: Gandolfo con su hijo, Sergio Kern. Silvina Salinas/La Capital

Pura López Colomé / Tercera




La tercera es la vencida

Soy la tercera
al centro
de tus prismáticos
y a ciegas.

Tres cadáveres
de animal
se han cruzado
en mi camino:
tlacuache, tejón, mapache;
ardilla, alacrán, armadillo:
conejo, culebra, comadreja;
inenterrables,
entrañables.

Vencida,
harta y plena
de aquello que carcome,
hago mucho más de lo que espero.

El bien
mirando a quién,

quien no existe.


Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952), Reliquia, Ediciones sin Nombre y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, San Pedro de los Pinos, 2008


Ilustración: Lluita de cans, 1981, Miquel Barceló

De Pura López Colomé en este blog:
Con todo

miércoles, abril 14, 2010

Juan Gelman / de "Gotán"




Anclao en París
Al que extraño es al viejo león del zoo,
siempre tomábamos café en el Bois de Boulogne,
me contaba de sus aventuras en Rhodesia del Sur
pero mentía, era evidente que nunca se había movido del Sahara.

De todos modos me encantaba su elegancia,
su manera de encogerse de hombros ante las pequeñeces de la vida,
miraba a los franceses por la ventana del café
y decía: "Los idiotas hacen hijos".

Los dos o tres cazadores ingleses que se había comido
le provocaban malos recuerdos y aun melancolía,
"las cosas que uno hace para vivir", reflexionaba
mirándose la melena en el espejo del café.

Sí, lo extraño mucho,
nunca pagaba la consumición,
pero indicaba la propina a dejar
y los mozos lo saludaban con especial deferencia.

Nos despedíamos a la orilla del crepúsculo,
él regresaba a son bureau, como decía,
no sin antes advertirme con una pata en mi hombro:
"ten cuidado, hijo mío, con el París nocturno".

Lo extraño mucho verdaderamente,
sus ojos se llenaban a veces de desierto
pero sabía callar como un hermano
cuando emocionado, emocionado,
yo le hablaba de Carlitos Gardel.

Juan Gelman (Buenos Aires, 1930-México, 2014), "Gotán", 1962, Violín y otras cuestiones. El juego en que andamos. Velorio del solo. Gotán, Ediciones Caldén, Buenos Aires, 1970


Ilustración: Portada de la primera edición de Gotán, La Rosa Blindada, 1962

De Gelman en este blog:
Razones / La pala / Bosques

Raúl González Tuñón / de "Todos bailan", 3




Cosas que ocurrieron el 17 de octubre

El automóvil se lanzó a la carrera con un ronquido impresionante.
El Intendente visitó esta tarde los barrios obreros húmedos y rencorosos.
A los 20 años sólo creíamos en el arte, sin la vida, sin la revolución.
Volveremos a las usinas, al olor de la multitud, a los descarrilamientos.
A las 5.7 estalló una bomba frente al Banco de Boston.
A las 5.17 el tranvía cayó al Riachuelo.
El Restaurant Reis queda en Río de Janeiro.
¿Nise o Nice, se llamaba la mujer de Mario Magalhaes?
El tranvía escapaba por el morro la oruga tierna, luminosa.
Pero al fin se dio vuelta en el recodo y se perdió.
Y así se perdió y así se pierde casi todo en el mundo.
Cuando volví mis viejos compañeros habían desaparecido.
Los niños juegan en la alfombras y ellos no saben nada.
("¡Fuego, fuego! La casa se quema. Vienen los bomberos").
Los enanos juegan en los calveros de los grandes bosques.
He hecho de mi querida una verdadera camarada.
Me bebo un seco de Gordon, bailo un blues, me enamoro de algunas chimeneas
y me río de los millonarios.
El pobre hombre dijo cuatro palabras y cayó muerto acribillado.
El coronel entregó personalmente cinco pesos a cada soldado.
Le habían dicho: "Mañana, al alba, será usted fusilado".
Los otros condenados aullaron agarrados a las rejas.
Tres niñas de la Sociedad van a ser presentadas al Príncipe de Gales.

El Parque amaneció cubierto de preservativos.
Josefina II ha pasado recién como un silbido.
Se acercará al muelle y las lindas muchachas bajarán, de sombrilla.
¡Qué macanudo!
("¡Fuego, fuego! La casa se quema. Vienen los bomberos."
"Sofá. Cama. Sopa. Cada nabo soso. La bola va sola.")
El hombre fusilado debe estar ya medio podrido en la Chacarita.
América Scarfó le llevará flores, y cuando estemos todos muertos, muertos,
América Scarfó nos llevará flores.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Todos bailan", 1934, La luna con gatillo. Selección de poemas líricos, sociales y políticos, tomo I, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1957



Uno de los otros 17 de octubre
Antes de que sucediera el 17 de Octubre, que para los argentinos es el único y significativo 17 de octubre (sea que se lo recuerde con un retorcimiento de intestinos, como jornada épica o, pulcramente, como el comienzo de una era), el poeta Raúl González Tuñón había escrito el poema “Cosas que ocurrieron el 17 de octubre” (publicado en Todos bailan, en 1934). Puede considerarse un poema significativo en la obra de Tuñón, pues en él dice, al comienzo: “A los 20 años sólo creíamos en el arte, sin la vida, sin la revolución. / Volveremos a las usinas, al olor de la multitud y los descarrilamientos.” El poema es digresivo. Parece que va a enumerar hechos que sucedieron en un sólo día (por eso eligió un día cualquiera, y ese “día cualquiera” de Tuñón se opone tenazmente en la historia al día excepcional, el día épico, que se designa del mismo modo, pero con mayúsculas: el 17 de Octubre); parece que va a enumerar cosas sucedidas en el mismo día, noticas del mismo día, sin orden ni concierto, incluso parece que va a enumerarlas hora por hora, pero enseguida se dispersa: “El Restaurant Reis queda en Río de Janeiro: /¿Nise o Nice, se llamaba la mujer de Mario Magalhaes?”. Y esto sólo viene a cuento de la mención del tranvía que cayó al Riachuelo en los años de juventud de Tuñón *, suceso que cubrió como periodista de Crítica; viene a cuento porque el tranvía, la palabra tranvía, probablemente le evocó un tranvía subiendo como una oruga por el morro en Río. La propia cabeza del poeta funcionaba como un caleidoscopio, disgregando y recomponiendo fragmentos en distintas figuras. De esa manera funcionan las noticias. Si Tuñón hubiese enumerado hechos reales o imaginarios ocurridos en sólo un día, habría logrado también el mismo efecto caleidoscópico. El hecho de que además agregue a la mezcla sus propios fragmentos crea una sensación vertiginosa: la memoria, haciendo su juego disperso, hace más ilusoria cualquier enumeración. Este poema de Tuñón es también una odisea al estilo joyceano. El día, con sus picos y forestas, mares y hielos flotantes, se hundirá en la nada, con aquellos “glaciares del olvido” que a su vez Borges mencionó. Casi irónicamente, cierra el poema Tuñón con la referencia al anarquista Severino Di Giovanni (“el hombre fusilado”), a quien su mujer llevará flores; a todos, dice, cuando estemos muertos, América Scarfó nos llevará flores. Y así termina ese otro 17 de octubre cualquiera, pleno de sentidos entrelazados, como el 17 de Octubre.
Jorge Aulicino
Revista Ñ, 24.1.2009

* El tranvía no cayó al Riachuelo un 17 de octubre, sino el 12 de julio de 1930. El accidente se debió a que el puente Bosch, en el límite sur de la ciudad, estaba levantado. Se supone que el conductor quiso frenar pero los frenos, gastados, no respondieron. La niebla acortaba la visión. Murieron 56 personas de un pasaje de 60. Tuñón tenía 25 años y trabajaba en Crítica. Cuatro perodistas de ese diario cubrieron el accidente. La crónica de Tuñón es recordada porque se detuvo en el detalle del sandwich de milanesa que un "obrerito" llevaba en el bolsillo de su abrigo.

Foto del Archivo General de la Nación.

de archivo / Girri



de archivo

Mérito y sacrificio

por Jorge Aulicino

Entre fines de los 70 y comienzos de los 80 del siglo pasado, Manuel Pampín publicó en Corregidor en cuatro tomos la Obra Poética de Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991). Fue esto un punto culminante de la valoración de Girri en círculos lejanos al manípulo de Victoria Ocampo y del antiguo suplemento de La Nación. Sus relaciones habían ubicado a Girri en el campo de lo que, en las turbulentas décadas de los sesenta y setenta, se llamaba “cultura oficial”.* Movimientos tendientes a ubicar con mayor equidad y justicia al autor fueron el reportaje que en 1976, en el último número de la revista de izquierda Crisis, publicó Santiago Kovadloff. En 1983, Pablo Ananías entrevistó a Girri para el diario Tiempo Argentino, cuyo suplemento cultural tuvo prestigio en los primeros ochenta. En 1985, quien escribe estas líneas le hizo un reportaje para Clarín Cultura y Nación. Un año antes de la muerte de Girri, junto con Daniel Freidemberg, lo entrevistó para el Diario de Poesía. Esto significa que en 25 años Girri pudo ser rescatado del limbo reaccionario al que se lo había condenado.

Girri, uno de los más altos exponentes de una línea reflexiva y especulativa en la poesía argentina, y el más alto, si se considera América Latina, siguió publicando después de la aparición de aquellos cuatro tomos de Corregidor. Esos libros contienen un último ajuste sobre su poesía, que fue cambiando, libro a libro, en sus más de treinta, aunque siempre ubicada en la misma perspectiva. Especialmente Monodias y Existenciales, publicados a mediados de los 80, son dos libros que parecen clave en toda su amplia producción.

Corregidor entrega ahora una antología, realizada y prologada por Jorge Monteleone, y esto constituye un acontecimiento. Pero, ¡qué pobre resulta aún la consideración de este autor formidable, por parte de los críticos y de los editores! En casi veinte años no se ha reunido su obra completa.** Tampoco se reeditaron los libros que publicó después de los cuatro tomos de Corregidor. Sudamericana, sello con el que aparecieron algunos de esos textos, no lo hizo. Pampín acaso no tiene presupuesto para hacer más que lo que hace, y que está muy bien. Ignoro cuál es la situación de los derechos de Girri.

Monteleone es garantía de una buena lectura cuando se trata de poesía, y de un buen criterio selectivo. Junto con Daniel Freidemberg y Javier Adúriz, está entre los mejores críticos de poesía actuales (lamentablemente no es mucho decir en un campo en el que los críticos se cuentan con los dedos de una mano). La selección que ha hecho puede dejar más o menos satisfechos a unos, más a otros, pero es representativa y sirve para exponer el peso específico –que es mucho– de Girri en la poesía argentina. El libro abarca hasta su trabajo póstumo, Juegos alegóricos, editado en 1993, cuyo título contrasta con el del último libro que publicó en vida, el escueto 1989-1990.

En el prólogo, Monteleone presenta la figura histórica de Girri, siguiendo aquel derrotero desde el desdén del progresismo hasta la reconsideración entre las generaciones últimas: tanto los neobarrocos, los objetivistas y los neoclásicos, como una parte de la generación de los noventa que sintió su influencia.

Quitarle a Girri el sambenito de sus “relaciones con la embajada (estadounidense)” no era nada, comparado con tratar de que se entendiera su apuesta. Girri tenía fama de severo aristócrata, aunque el bronceado permanente de la piel apergaminada de este hijo de pobres inmigrantes vénetos se debía al sol de la plaza San Martín. Pero además tenía fama de arduo e incomprensible. Era un poeta extremo, para quien toda efusión sentimental constituía un “ornamento”. En los 40, bombardeó la fortaleza formal del tradicionalismo imperante dando rienda suelta al verso blanco y a una poesía que reflexionaba ya sobre el sentimiento elegíaco, común a su generación. Tradujo la poesía norteamericana e inglesa modernas a verso blanco y verso libre. Y usó la percepción reflexiva de la tradición anglosajona para postular otro tipo de vanguardia. Toda su obra, o gran parte, está atravesada, además, por el budismo y el taoísmo. Su objeto, a la par del de demostrar que vivimos en una realidad aparente (el maya brahmánico), era el de provocar un estado de atención inflexible sobre el texto: “Sigue el texto” era su consigna. Pero resulta que texto y objeto querían ser la misma cosa. La ambición tantálica de Girri era que fueran uno lo observado y el observador. Lo que pudo haber sido mera abstracción, nunca se alejó sin embargo del marco concreto de una realidad cotidiana, incluyendo en ella los textos ajenos en los que se inspiraba o a los que comentaba, prologaba, traducía o interrogaba, como a otros tantos objetos. Lo cotidiano era, en Girri, lo común -"lo propio, lo de todos"-, y también lo habitual, de lo cual partía. Su propósito, realizar una obra que pudiera ser leída sin referencias temporales externas, sin notas y aun sin firma.

Tal rigor hace por cierto difícil la lectura, sobre todo cuando sus libros comienzan a estructurarse a partir de emisiones de voz que se apoyan en infinitivos, en pronombres, en la segunda persona del singular. Con todo, esta poesía calificada de intelectual -quiere decir esto fría o abstracta- es asombrosamente vital. Si aspira al satori que absorbe lo contemplado y al contemplador, no olvida el peso corporal de seres y cosas: vejez, hollejos, pelusa, puertas, pisos: la celda del monje recorrida por insectos y crepúsculos. Esa espiritualidad fuertemente material de los libros de Girri, enamorado de sus “variaciones en la rutina” que son otros tantos intentos de abordaje de la misma meta, provocan el saludo del sacerdote trapense, poeta y crítico estadounidense Thomas Merton: “La imagen cotidiana del hombre es su enemiga. Debe ser destruida con palabras directas y paradojas. Tal es tu obra religiosa, mérito y sacrificio. ¡Golpea fuerte, Girri, con gracia metafísica!”.

Estos Poemas selectos abren de nuevo la puerta de ese mundo austero y deslumbrante. Un cosmos, diría Whitman. Claro está: no el de Whitman, sino su revés. La multitud ondulante whitmaniana en la que el uno aspiraba a fundirse y ser océano era, para Girri, el absoluto en el que se pretende no ya ser multitud ni un hombre en su cocina, sino más bien nadie, y con eso, todo.

Revista Ñ, 3.4.2010


* Asesorada por Juan Carlos Martini Real, la editorial, ubicada en una posición "nacional y popular", editó en pocos años las obras completas de poetas renovadores de la década de los cuarenta.

** En 1991, Corregidor publicó el tomo VI de Obra poética, que reúne Trama de conflictos (1988), 1989/1990 (1990) y Juegos alegóricos (póstumo). El editor de este blog acaba de conocer ese sexto tomo por gentileza de Manuel Pampín.

Foto: s/d

martes, abril 13, 2010

Mirta Rosenberg / de "Madam"




LA MEDIDA de los átomos dura en la voluntad,
y es figura de la acción en movimiento
de una lucida estrella fugaz, la pasión que cae.
Lo que trae no es paz ni el cumplimiento
de los tres deseos en el firmamento, sólo un haz
de oscuridad ardida en la constelación perdida
por esa mira del telescopio. El tiempo
expira, y parece que el acopio que resiste
es de oscuración y gira sin ser de sentimiento
precisable: el mal y el bien en el recuento
son de la ficción de lo admirable, de la prez
de lo ejemplar y de lo impar que cada vez demora
el cálculo del hoy en el ahora, y lo agrega
a lo ocurrido. Caído sobre sí, el fruto desprendido
de la rama, amarillento, ha cumplido con la hora
que lo entrega y se ha soltado a tiempo: lento,
lento, aunque un simple sexto de segundo le ha llevado
colmar la decisión. Toda acción es un pretexto: rotundo,
madura para eso. Quien observa especula con el peso y,
cuando puede, se reserva el sentido que bascula
entre el tener y el ayer, enaltecido: ayer tenía.
Es el ayer que ha cedido; yo, no puedo.
En lugar idéntico, el mismo cuenco de porcelana, blanco
con el borde azul, concéntrico, abre en vana concentración
un centro estanco, de luz que no fulgura ni sujeta
ni está triste en su prisión segura. La ruptura
en cada acción es simiente de alguna decepción
de lo deseado que al caer, fugaz, oscuro, lento,
se hace resplandeciente.

Mirta Rosenberg (Rosario, 1951), "Madam", 1988, El árbol de palabras. Poesía reunida 1984-2006, Bajo la Luna Ediciones, Buenos Aires, 2006


Foto: Avenue de l’Observatoire, 1934, Brassai

De Mirta Rosenberg en este blog:
Gato en retrato

Enrique Santos Discépolo / Yo la vi



Fangal

(Tango)

Yo la vi que se venía en falsa escuadra,
se ladeaba, se ladeaba por el borde del fangal.
¡Pobre mina que nació en un conventillo
con los pisos de ladrillos, el aljibe y el parral!
Alguien tiró la banana, que ella pisó sin querer,
y justito, cuando vi que se venía ya decúbito dorsal,
¡me la agarré!...

Fui un gil
porque creí que allí inventé el honor,
un gil
que alzó un tomate y lo creyó una flor.
Y sigo gil
cuando presumo que salvé el amor,
ya que ella fue
quien a trompadas me rompió las penas...
Ya ven,
volví a la mugre de vivir tirao.
¡Caray!
¡Si al menos me engrupiera de que la he salvao!

Esto dijo el cusifai mientras la cosa
retozaba, retozaba ya perdida en el fangal,
y él tomaba una ginebra desastrosa
entre curdas y malandras en la mesa de aquel bar...
Si alguien tiró la banana, él, que era un gil, la empujó
y justito cuando vio que se venía ya decúbito dorsal,
¡se le prendió!...

Enrique Santos Discépolo (Buenos Aires, 1901-1951)

Nota: La letra fue completada por Homero Expósito después de la muerte de Discépolo. Son de Expósito los versos de la última estrofa, en los que recurre a un narrador en tercera persona.

Foto: Discépolo en la película Cuatro corazones, de 1939, que escribió, dirigió y actuó

lunes, abril 12, 2010

de archivo / Poe


de archivo

In this light and on this evening


Por Jorge Aulicino

Sobre Edgard Allan Poe existen numerosos malentendidos, acendradas mistificaciones e insuficientes verdades, que la biografía Una vida truncada, del gran inglés Peter Ackroyd –autor de una extraordinaria Biografía de Londres– y la reedición de los Cuentos completos de Poe traducidos por Julio Cortázar –ambas de Edhasa–, no dejarán de alimentar. En algún punto, la biografía de Ackroyd arroja una luz ambigua sobre la figura del escritor como para desperfilar, como conviene, a un mito, sobre la base de verdades muy probables y contradictorias.

¿En qué consiste la mistificación de Poe?

Básicamente, en que fue un prisionero de su tiempo, un "suicidado por la sociedad", diría Artaud, como dijo de Van Gogh; un molesto e indeseable esperpento, un genio que se sentía incómodo en la "prisión de los Estados Unidos" –debemos a Baudelaire el tropo–, un visionario que murió frustrado, para ser descubierto, como corresponde, muchas décadas después, como uno de los fundadores de la escuela norteamericana del cuento y parte integrante de la Patrística literaria de aquella nación. Ackroyd prefiere llamar, a esa vida, "truncada" (cut) y no frustrada (frustrated).

La lectura de la biografía de Ackroyd corrobora, sí, que Poe no se sentía cómodo en los Estados Unidos. No sabemos por qué. Vagó de una ciudad a otra de la costa Este escribiendo en periódicos y perseguido por la pobreza. Pero: a) no fue en absoluto un desconocido; fue uno de los periodistas más exitosos de su época y también uno de los escritores más reconocidos, por cierto no a la altura de Longfelow –tampoco tuvo tiempo para disputarle la consagración, ni su carácter belicoso le hubiese permitido convertirse en patriarca hierático-; b) pudo escapar de la pobreza: dos periódicos al menos multiplicaron geométricamente sus ventas gracias a la inspiración y el trabajo de Poe; uno de ellos le hubiese proporcionado un porvenir más que holgado, pero lo abandonó porque lo aburría; c) uno de los motivos por los que Poe, en su corta vida, llegó a la fama, fue su crítica muchas veces despiadada, tanto como bien escrita, a sus contemporáneos; era célebre por sus provocadoras reseñas, que fueron laudatorias cuando se trataba de mujeres que lo halagaban; d) su poema "El cuervo" tuvo un éxito enorme, aun para la época, y escuchárselo recitar con su voz magnética parece que era una de las grandes experiencias a las que un norteamericano culto podía aspirar en la primera mitad del XIX en la costa Este de los Estados Unidos. Todo lo cual indica que Poe no tenía razones para sentirse incómodo, aunque seguramente, en verdad, lo estaba. Era un pionero extraordinario, laborioso y creído de sí mismo, violento a veces, indecoroso otras, aunque la mayor parte del tiempo se comportaba con unos modales tan amables, suaves y caballerosos que asombraban. * Era un bebedor sediento, de los que se emborrachan hasta caer, en una rápida y letal sucesión de tragos. Y era un sureño –se había criado en Virginia–, con pretensiones de aristócrata, esclavista y antiburgués.

Segunda cuestión relacionada con el falso mito: era absolutamente consciente de que escribía para los magazines, y por lo tanto sus cuentos debían impresionar. Le gustasen o no, en ellos encapsulaba sin embargo lo sublime. Precursor del sensacionalismo periodístico y literario, aconsejó a los propietarios de periódicos incluir con frecuencia prosas como las suyas que, en el terreno de la ficción, anticipaban las crónicas de crímenes truculentos que alimentaron a los grandes rotativos del siglo XX.

Manejó, aun en la poesía, la noción de efecto. "Siempre existe un punto en que se dan la mano la ironía y la decadencia, y nunca queda claro si Poe está riéndose o llorando ante sus propias imaginaciones", señala Ackroyd. Poco antes, cita al propio Poe: los relatos de mayor éxito contienen "lo absurdo rayano en lo grotesco, lo aprensivo coloreado con lo horrible, lo ingenioso exagerado hasta lo burlesco, lo singular revestido de lo extraño y lo místico. Podría decirse que todo esto es mal gusto"; a lo que agrega Ackroyd: "Este era el credo periodístico de Poe, unos principios que siguió fielmente durante su carrera de escritor".

Poe tenía absoluto control sobre su estilo, dice su biógrafo, y si deploraba sus borracheras intensas, era por la sensación de pérdida de dominio de sí mismo que le acarreaban. Pero el talón de Aquiles de Poe no fue el alcohol, fueron las mujeres. Se enamoró de la madre de un compañero en la adolescencia, luego de su prima adolescente Virginia, con la que se casó, y al morir ella, de sucesivas mujeres, en pocos años, y de dos al mismo tiempo, frente a las que enaltecía su amor en términos parecidos y ante las que se declaraba al borde del suicidio, o de la muerte más atroz, a causa de ellas (de cada una por separado).

Algo conscientemente teatral, de vaudeville dramático, hubo en toda la obra de Poe, incluidas sus cartas, siempre escritas en agonía y desolación mortal que no le impedían seguir viviendo. Su muerte, muchos años después de las primeras líneas exageradamente patéticas dirigidas a su padrastro, fue realmente grotesca. Si de verdad fue arrastrado en Baltimore a servir de votante disfrazado en unas elecciones fraudulentas, en plena borrachera –de hecho vestía unas ropas y un sombrero extraños cuando lo encontraron exánime–, entonces sí fue un suicidado por la sociedad, en sentido completamente aleatorio: durante el vértigo de sus viajes por el Este, más sentimentales que literarios, poseído además de su compulsión alcohólica.

Discutida no ha sido lo suficiente la traducción que hizo Cortázar de esta literatura, no menos complicada que su creador. Anotación: Poe no escribía bien; contra anotación: lo hacía maravillosamente dentro del estilo semi paródico efectista con el que sacaba partido periodístico y literario de una generación que amaba el rebuscamiento, como sinónimo de alta literatura (todo para leer narraciones de disparatada imaginación en las revistas). Cortázar le corta el pelo y lo emprolija. Sus traducciones son de una fluidez que Poe no tenía. Se leen sin la dificultad de los estucos y el taraceado originales. Y a veces sin ese relumbrón sangriento oscuro, esa luz de teatro, de la que Poe dotaba sus cuentos, esa belleza extraña que montaba con diversos recursos, entre ellos la abundancia de adjetivos ("dull, dark, soundless" son los que acumula en la primera línea de "La caída de la casa Usher"). Cortázar pues escribe bien; Poe escribía mal y sólo la imaginación lo salva. No es tal tampoco esto. El mito verdadero dará aún que conversar, mistificar y desmitificar.

Revista Ñ, 7.11.2009

* El editor N.B. Willis lo recordaba así: Con su cara pálida, bella e inteligente (...) era imposible tratarlo de otra manera que con los más finos modales. Cuando le decíamos que no debía ser tan duro en la crítica o le pedíamos que tachara algún pasaje (...) aceptaba con mucha más generosidad que otros, que en tales circustancias se muestran extraordinariamente susceptibles. En E. A. Poe, de Walter Lennig, Salvat, 1986

Foto Poe, daguerreotipo de W. S. Hartshorn, 1848. Copyright: C. T. Tatman, 1904. Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos