martes, noviembre 30, 2010

Fabián Iriarte / Dos poemas




carta de carlos schröder
con fecha 13 de setiembre de 1993



o como decía una profesora mía en lomas
de zamora / la pregunta que siempre hay que hacerse
es "¿a quién le beneficia? ¿esto a quién perjudica?"

semanas después otro amigo me llama por teléfono
y me dice que no tiene "nada importante" que contarme
me preparo para lo peor / corto con crueldad tallos de rosas
la fecha no puede sino ser muy falsa / como ese
dolce color d'oriental zaffiro del verso de dante

una voz me susurra / encontrar la densidad de cada objeto
en la historia que esconde en sus repliegues
lo más inquietante está por llegar



vecina lavando la ropa blanca

outside the open window
the morning air is all awash with angels

richard wilbur

masculla algunas notas / es furia o es canción
es en todo caso el tono / exacto de la melancolía
("una clase de amor convoca el alma a las cosas
de este mundo") / su vida un poco rozada en los bordes
como las mangas de esa camisa / se va colando
drenando con la espuma por la pileta del patio
el marido que se fue / el estampado descolorido
una toalla se ha desgarrado y se deshilacha un poco
faltan algunos broches / tuerce y se retuerce
esas medias necesitan remiendos y zurcidos
pero hoy han venido los ángeles


Fabián O. Iriarte (Laprida, 1963), Devoción por el azar, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010


Ilustración: Jesús tentado tres veces, Códice Aureo, Biblioteca del Escorial, siglo XI

lunes, noviembre 29, 2010

Moya Cannon / Muerte




Muerte,

la respiración pesada y corta -
un trabajo, asqueroso como el nacimiento.

Mi madre, a los casi noventa años
tiene que correr una maratón.

Tres semanas atrás, replicó sucintamente por última vez,
tres días atrás, comió una frutilla en rodajas;
hoy no pudo dar un sorbo -
para humedecerle los labios pusimos esponjas rosadas en palillos.

Nosotros, su prole canosa, hemos llegado
en autos, en tren, en avión.
Su cuarto está repleto de celulares sofocados.

El de la muerte es un país privado,
como el del amor.


Moya Cannon (Dunfanaghy, Donegal, 1956)
Versión de Jorge Fondebrider


Death,

the breath heavy and short -
a labour, mucky as birth.

My mother, at almost ninety,
must run a marathon.

Three weeks ago, she made her last pithy retort;
three days ago, she ate a sliced strawberry;
today she cannot drink a sip -
we have pink sponges on sticks to wet her lips.

We, her greying brood, have arrived
in cars, by train, by plane.
Her room is full of stifled mobile phones.

Death's is a private country,
like love's.

Ilustración: La madre del artista, 1871, James Abbott McNeill Whistler

domingo, noviembre 28, 2010

Ignacio Uranga / Oración




Oración

viene del norte, padre nuestro, pero hay mucho
del sur aún: que estás en el cielo: y una carencia:
santificado: en los vínculos primarios, empobrecido
por tanto, a la intemperie: sea tu nombre, venga a
nosotros la paz: de tanta plusvalía: y hágase -aunque
me cueste- tu voluntad, así en la tierra como en el
cielo: fueron demasiado las palabras para ella; no
entendí: perdona nuestras ofensas: que su infancia
fue abusada: así como nosotros perdonamos: y mi
entrega como pan: a los que nos ofenden: para siem-
pre fue también demasiado: junto entonces ahora las
manos: no nos dejes: porque es mucha la carga: caer
en la tentación: se me ha hecho un silencio: y líbranos
del mal: por tanto filo hundido: amén: alégrate, María:
y un viento pareciera: llena eres de gracia: que ni un
pájaro: el señor es: en el aire y: contigo: ha hecho, en
fin, su trabajo sin embargo el corazón: bendita
eres entre todas las mujeres: para fundar vida: y
bendito es el fruto de tu vientre: y ahora que entiendo:
santa María: que fue temprano: madre de dios: vi-
olentada su entrega: ruega por nosotros pecadores:
no encuentro el camino: ahora: no puedo: y en la hora:
interrumpir el pensamiento: de nuestra muerte: amén

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), de a A-letheia. Publicará Alción, Córdoba, Argentina

Ilustración: Cristo en el desierto, 1872, Iván Kramskoi

viernes, noviembre 26, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 11




La colina

¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el débil de voluntad, el fuerte de brazos, el bromista, el borrachín, el peleador?

Todos, todos están durmiendo en la colina.

Uno falleció en una epidemia,
uno quemado en una mina,
uno murió en una pelea,
uno en la cárcel,
uno cayó de un puente, bregando por sus hijos y su esposa —
todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.

¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
la de buen corazón, la de alma simple, la gritona, la orgullosa, la feliz?

Todas, todas están durmiendo en la colina.

Una murió de un parto deshonroso,
una de amor contrariado,
una a manos de un bruto en un burdel,
una de orgullo deshecho, buscando lo que ansiaba el corazón,
una, al cabo de una vida en Londres y París,
fue llevada a su pequeño lugar por Ella, Kate y Mag —
todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.

¿Dónde están el tío Isaac y la tía Emily,
y el viejo Towny Kincaid y Sevigne Houghton,
y el Mayor Walker que había hablado
con venerables hombres de la revolución?—
todos, todos están durmiendo en la colina.

Les trajeron hijos muertos de la guerra,
e hijas a quienes la vida había destrozado
y a sus hijos huérfanos, llorando —
todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina

¿Dónde está el Viejo Jones, el violinista,
que jugó con la vida sus noventa años,
desafiando la nevisca con el pecho desnudo,
bebiendo, juergueando, sin pensar en familia ni mujer,
ni en el oro, ni el amor, ni el paraíso?
¡Helo ahí! hablando del pescado frito de otros tiempos,
las carreras de caballos de otros tiempos en el bosque de Clary,
de lo que dijo Abe Lincoln
una vez en Springfield.



Petit, el poeta

Semillas en una vaina seca, tic, tic, tic,
tic, tic, tic, como una pelea de gorgojos —
yambos endebles que despierta la brisa fresca —
pero el pino hace de eso una sinfonía.
Triolets, villanelas, rondeles, rondós,
baladas por docena con la misma vieja idea:
las nieves y las rosas de ayer se han desvanecido,
¿y qué es el amor sino una rosa que se marchita?
La vida a mi alrededor, aquí en el pueblo:
tragedia, comedia, valor y verdad,
bravura, constancia, heroísmo, fracaso —
todo en el telar, ¡y qué dibujos!
bosques, praderas, arroyos y ríos —
y yo ciego a todo eso, toda mi vida.
Triolets, villanelas, rondeles, rondós,
Semillas en una vaina seca, tic, tic, tic,
tic, tic, tic, ¡qué yambos irrelevantes,
mientras Homero y Whitman rugían en los pinos!


Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini


The Hill

Where are Elmer, Herman, Bert, Tom and Charley,
The weak of will, the strong of arm, the clown, the boozer, the fighter?

All, all are sleeping on the hill.

One passed in a fever,
One was burned in a mine,
One was killed in a brawl,
One died in a jail,
One fell from a bridge toiling for children and wife —
All, all are sleeping, sleeping, sleeping on the hill.

Where are Ella, Kate, Mag, Lizzie and Edith,
The tender heart, the simple soul, the loud, the proud, the happy one? —

All, all are sleeping on the hill.

One died in shameful child-birth,
One of a thwarted love,
One at the hands of a brute in a brothel,
One of a broken pride, in the search for heart’s desire;
One after life in far-away London and Paris
Was brought to her little space by Ella and Kate and Mag —
All, all are sleeping, sleeping, sleeping on the hill.

Where are Uncle Isaac and Aunt Emily,
And old Towny Kincaid and Sevigne Houghton,
And Major Walker who had talked
With venerable men of the revolution? —
All, all are sleeping on the hill.

They brought them dead sons from the war,
And daughters whom life had crushed,
And their children fatherless, crying —
All, all are sleeping, sleeping, sleeping on the hill.

Where is Old Fiddler Jones
Who played with life all his ninety years,
Braving the sleet with bared breast,
Drinking, rioting, thinking neither of wife nor kin,
Nor gold, nor love, nor heaven?
Lo! he babbles of the fish-frys of long ago,
Of the horse-races of long ago at Clary’s Grove,
Of what Abe Lincoln said
One time at Springfield.


Petit, the Poet

Seeds in a dry pod, tick, tick, tick,
Tick, tick, tick, like mites in a quarrel —
Faint iambics that the full breeze wakens —
But the pine tree makes a symphony thereof.
Triolets, villanelles, rondels, rondeaus,
Ballades by the score with the same old thought:
The snows and the roses of yesterday are vanished;
And what is love but a rose that fades?
Life all around me here in the village:
Tragedy, comedy, valor and truth,
Courage, constancy, heroism, failure —
All in the loom, and oh what patterns!
Woodlands, meadows, streams and rivers —
Blind to all of it all my life long.
Triolets, villanelles, rondels, rondeaus,
Seeds in a dry pod, tick, tick, tick,
Tick, tick, tick, what little iambics,
While Homer and Whitman roared in the pines!


Foto: Door Flag, Kewaunee County, Wisconsin USA, 2006, Hank Erdmann Photography, Inc.

jueves, noviembre 25, 2010

Germán Arens / Buscábamos...



Buscábamos la salina…

-Por la 22 como quien va para Algarrobo-
nos dijo Almaraz cinco días antes.

-Llegan a Gas del Estado…
ahí nomás a la izquierda agarran la 1 que es de tierra,
le pegan hasta el km. 52,
la ruta es arenosa
y cruza todo el “Bajo Negro” que le dicen.
A 20 kms. del cruce
hay un bolichito de adobe en medio de un caldenal…
cualquier cosa pregunten.-
nos dijo Almaraz cinco días antes.

En el A.C.A. llenamos el tanque...
por si las moscas.

Al Sprint 79 le hice el motor en el 98…
cambié los conjuntos
(camisas, pernos, bujes, aros,pistones),
rectifiqué el cigueñal,
cambié cojinetes de viela y bancada,
le hice reemplazo de válvulas en la tapa...
después le instalé un equipo de gas.
Lo ando a nafta en las primeras vueltas de motor,
ya tiene 90.000 kms.
y nunca tuve que abrirlo.

No fuma ni pistonea.

Es el auto que religiosamente
me lleva a trabajar todos los días…
el auto con el que agarro la ruta
cada vez que puedo.

Buscábamos la salina.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967)


Foto: Puelches, La Pampa Arens/Facebook

miércoles, noviembre 24, 2010

Guido Cavalcanti / Dama me ruega.../ Castellano, inglés




XXVII

Dama me ruega / quiera yo discurrir
sobre un un accidente / frecuentemente / fiero
y altanero, / que es llamado amor:
tal que quien lo niega / pueda sentirlo.
Para tal fin, conocedor / quiero
porque no espero / que un bajo corazón
a tal razón / dirija inteligencia:
porque sin una natural / intelección
no tengo talante / de demostrar
dónde se posa, y quién lo hizo crear,
y cuál es su virtud y su potencia,
la esencia / luego, y cada movimiento
y el placer / que hace amor llamar,
y si acaso podría ser mostrado.

En aquel sitio / donde está memoria *
toma su estado, / así formado, / como
diafanidad / de luz en una oscuridad
que de Marte / viene, / y se establece; **
allí es creado / y con sensato / nombre,
del alma, atuendo, / y del corazón, voluntad.
Llega en visible forma / que se conforma,
pues prende / en el intelecto posible,
como en la materia, lugar y morada.
Ya allí no hay más pesadumbre
porque de cualidad no desciende:
resplandece / en su perpetuo / efecto;
no tiene deleite, / sí contemplación;
tal que no puede / prodigar semejanza.
No es virtud, / pero de ella viene
porque es perfección / y se muestra tal,
no racional / pero digo que siente;
sin salud, / juicio mantiene,
que la intención / por razón / es suficiente:
discierne mal / en quien es del vicio amigo.
De su poder viene con frecuencia muerte,
si fuerte / la vitud fuese impedida,
la que lleva / por la contraria vía:
no porque opuesto a naturaleza sea;
pero cuando lo perfecto tuerce
la suerte, / no puedo decir que mueve a vida,
que el equilibrio / no tiene señorío.
Igual sucede a quien de él se abstiene.

Su ser se ve cuando / el querer es tanto
que más allá de mesura / de natura / va,
pues no se adorna / de reposo jamás.
Mueve, cambiando color, / risa en llanto,
y de la figura amada / con pavor / desvía;
poco se hospeda; / siempre de él verán
que en gente de valor se encuentra más.
La nueva cualidad / mueve a suspiros
y quiere que el hombre mire / en no formado lugar,
despertando la ira que envía fuego
(imaginar no lo puede quien no lo prueba), ***
ni se mueva / ya, pero que a él se arroje,
y no se vuelva / para buscar alivio:
no firme tiene la mente gran saber ni poco.
Del su modo viene / un mirar seguro
que hace parecer / el placer / cierto:
no puede cubierto / estar, cuando así ha llegado.
Aunque no salvaje, / la belleza es dardo,
que tal amar / para amedrentar / es sabio:
consigue mérito / el espíritu golpeado.
Y no se puede conocer por el rostro:
incluso / el blanco en tal objeto cae; ****
para quien bien escucha: / forma no se ve:
por lo tanto, menos a él, / que de ella viene.
Sin color, de esencia indivisa,
puesto / en lo oscuro, luz rechaza.
Sin fraude digo, / digno de fe,
que sólo de ése nace la merced.

Tú puedes segura ir, canción,
allá donde te place, así adornada;
por demás loada / será tu razón
por las personas de entendimiento:
de estar con otras, / no tienes ganas.


Guido Cavalcanti (Florencia,1250-1300), Rime, Biblioteca Universale Rizzoli, Milán, 1978
Versión de Jorge Aulicino

* Los comentaristas señalan que Cavalcanti sostiene aquí la doctrina de Averroes, según la cual la memoria es parte del alma sensible, no del intelecto, como afirmó el tomismo. Sobre esta línea se desarrolla el poema: los versos siguientes dirán que el intelecto puede contemplar el amor sin dolor ni deleite; no así la irracional alma sensible.

** Rodeado de un halo oscuro proveniente de Marte, planeta cuya influencia se consideraba tormentosa, y por lo tanto, susceptible de oscurecer la razón.

*** Se considera alusión del famoso ch'intender non la può chi non la prova, de Dante Alighieri.

**** Una de las más discutidas construcciones retóricas del poema: se interpreta que no puede percibirse el amor como el color blanco, el más puro, o el más inmediatamente perceptible. Esto es, que la criatura humana no podría verlo aun cuando su forma se presentara blanca; mucho menos al amor en sí, que con tal forma viene. Concuerda con lo dicho más arriba: se lo puede distinguir solo en sus efectos sobre el amante, cuyos colores cambian y su vista no puede fijarse en la figura amada.


XXVII

A lady asks me – I speak for such reason
Of an effect – that so often – is daring
And so haughty – he’s called Amore:
He who denies him – now realise the truth!
I speak – to those present – with knowledge,
Owning no expectation – that the base-hearted
Can gain understanding through explanation:
Nor that – without practical demonstration
I have the talent – to prove at will
Where he lives, or who gave him creation,
Or what his power is, or what his virtue,
His essence too – and his every movement,
Nor the delight – so that we say ‘to love’,
Nor whether a man can show him to gazing.

In the place – that memory inhabits
He has his station – and takes on form
Like a veil of light – born of that shadow
Which is of Mars – that arrives and remains;
He is created – has sensation – name,
From the soul, manner – from the heart, will.
And comes from visible form that takes on,
And embraces – in possible intellect,
As in the subject – location and dwelling.
And yet he has no weight in that state
Since he is not as a quality descending:
Shines out – of himself perpetual impression;
Takes no delight – except in awareness;
Nor can scatter his likenesses around.
He is not virtue – but out of that comes
Which is perfection – (so self-established),
And through feeling – not rationally, I say;
Beyond balance – yet proclaiming judgement,
That will itself – ’stead of reason – is valid:
Poor in discernment – so vice is his friend.
Oft from his power then death will follow,
He’s strong – and, virtue opposing him,
Thus runs counter to what brings succour:
Not that he is by nature in conflict;
But twisted awry from true perfection
By fate – no man possessor of life can say
That once established – he has no lordship.
Likewise he has power though men forget.

He comes into being – when will is such
That a further measure – of nature’s – at play;
Then he will never adorn himself – with rest.
Moving – changing colour, laughing through tears,
Contorting – the features – with signatures of fear;
Scarce pausing; – yet you will note of him
He’s most often found with people of worth.
His strange quality gives rise to sighing,
And makes a man gaze – into formless places
Arousing the passion that stirs a flame,
(No man can imagine him who’s not known him)
Unmoving – yet he draws all towards him,
Not turning about – to discover joy:
Nor minded to know whether great or small.
From his like he elicits – the complex glance
That makes – the pleasure – appear more certain:
Nor can stay hidden – when he is met with.
Not savage indeed – yet beauty his arrow,
So that desire – for fear is – made skilful:
Following all merit – in the piercing spirit.
Nor can be comprehended from the face:
Seen – as blankness fallen among objects;
Listening deep – yet seeing not form itself:
But led by what emanates from it.
Far from colour, of separate being,
Seated – in midst of darkness, skirting the light,
Yet far from all deceit – I say, worthy of trust,
So that compassion is born from him alone.

Canzone, confidently, now you may go
Wherever you please, I’ve adorned you so
Your reasoning – will be praised by everyone
Who makes the effort to comprehend you: though
You will reveal no art to other than them.

(Translated by A. S. Kline © 2007 All Rights Reserved. Open Yale Courses. This work may be freely reproduced, stored and transmitted, electronically or otherwise, for any non-commercial purpose.)

XXVII

Donna me prega, - per ch'eo voglio dire
d'un accidente - che sovente - è fero
ed è si altero - ch'è chiamato amore:
sì chi lo nega - possa 'l ver sentire!
Ed a presente - conoscente - chero,
perch'io no sper - ch'om di basso core
a tal ragione porti canoscenza:
ché senza - natural dimostramemto
non ho talento - di voler provare
là dove posa, e chi lo fa creare,
e qual sia sua vertute e sua potenza,
l'essenza - poi e ciascun suo movimento,
e 'l piacimento - che 'l fa dire amare,
e s'omo per veder lo pò mostrare.

In quella parte - dove sta memora
prende suo stato, - sì formato, - come
diaffan da lume, - d'una scuritate
la qual da Marte - vène, e fa demora;
elli è creato - ed ha sensato - nome,
d'alma costume - e di cor volontate.
Vèn da veduta forma che s'intende,
che prende - nel possibile intelletto,
come in subietto, - loco e dimoranza.
In quella parte mai non ha pesanza
perché da qualitate non descende:
resplende - in sé perpetual effetto;
non ha diletto - ma consideranza;
sì che non pote largir simiglianza.
Non è vertute, - ma da quella vène
ch'è perfezione - (ché si pone - tale),
non razionale, - ma che sente, dico;
for di salute - giudicar mantene,
ch la 'ntenzione - per ragione - vale:
discerne male - in cui è vizio amico.
Di sua potenza segue spesso morte,
se forte - la vertù fosse impedita,
la quale aita - la contraria via:
non perché oppost' a naturale sia;
ma quanto che da buon perfetto tort'è
per sorte, - non pò dire om ch'aggia vita,
ché stabilita - non ha segnoria.
A simil pò valer quand'om l'oblia.

L'essere è quando - lo voler è tanto
ch'oltra misura - di natura - torna,
poi non s'adorna - di riposo mai.
Move, cangiando - color, riso in pianto,
e la figura - co paura - storna;
poco soggiorna; - ancor di lui vedrai
che 'n gente di valor lo più si trova.
La nova- qualità move sospiri,
e vol ch'om miri - 'n non formato loco,
destandos' ira la qual manda foco
(Imaginar nol pote om che nol prova),
né mova - già però ch'a lui si tiri,
e non si giri - per trovarvi gioco:
né cert'ha mente gran saver né poco.
De simil tragge - complessione sguardo
che fa parere - lo piacere - certo:
non pò coverto - star, quand'è sì giunto.
Non già selvagge - le bieltà son dardo,
ché tal volere - per temere - è sperto:
consiegue merto - spirito ch'è punto.
E non si pò conoscer per lo viso:
compriso - bianco in tale obietto cade;
e, chi ben aude, - forma non si vede:
dungu' elli meno, che da lei procede.
For di colore, d'essere diviso,
assiso - 'n mezzo scuro, luce rade,
For d'ogne fraude - dico, degno in fede,
che solo di costui nasce mercede.

Tu puoi sicuramente gir, canzone,
là 've ti piace, ch'io t'ho sì adornata
ch'assai laudata - sarà tua ragione
da le persone - c'hanno intendimento:
di star con l'altre tu non hai talento.

Ilustración: Hipatia de Alejandría, detalle del fresco La escuela de Atenas, 1508-11, Rafael Sanzio

martes, noviembre 23, 2010

Vittorio Sereni / Terraza




Terraza

Repentina nos toma la noche.
Ya no sabes
dónde el lago termina;
solamente un murmullo
roza nuestra vida
bajo una terraza colgante.
Estamos todos suspendidos
de un tácito evento esta noche
dentro de aquel rayo de torpedera
que nos escruta luego gira se va.


Vittorio Sereni (Luino, 1913-Milán, 1983), Frontiera, 1941
Versión de J. Aulicino


Terrazza

Improvvisa ci coglie la sera.
Più non sai
dove il lago finisca;
un murmure soltanto
sfiora la nostra vita
sotto una pensile terrazza.
Siamo tutti sospesi
a un tacito evento questa sera
entro quel raggio de torpediniera
che ci scruta poi gira se ne va.

Linutile.com

Ilustración: Eco, 1972, Adolph Gottlieb

lunes, noviembre 22, 2010

Pier Paolo Pasolini / De "Poesie incivili", 2




La rabia

Camino sobre el portal del jardín, una pequeña
galería de piedra hundida a ras
de tierra, hacia el suburbano
huerto, abandonado aquí desde los días de Mameli,
con sus pinos, sus rosas, sus achicorias.
Aldededor, detrás de este paraíso de paisana
tranquilidad, aparecen
las fachadas amarillas de los rascacielos
fascistas, de las últimas obras,
y, debajo, más allá de un camino de gruesas lajas,
hay una caballeriza, sepulcral. Dormita
bajo el buen sol, un poco frío, el gran huerto
con la casita en medio, ochocentesca,
blanca, donde murió Mameli,
y un mirlo cantando, trama su intriga.

Este pobre jardín mío, todo
de piedra... Pero he comprado una adelfa
-nuevo orgullo de mi madre-
y tiestos de toda especie de flores
e incluso un muñequito de madera, un querubín
obediente y rosado, un poco malandra,
encontrado en Porta Portese, caminando
en busca de muebles para la nueva casa. Colores,
pocos, la estación es amarga: horas
de luz ligera, y verdes, todo los verdes...
Sólo un poco de rojo, torvo y espléndido,
semiescondido, amargo, sin alegría:
una rosa. Pende humilde
de su rama adolescente, como de una tronera,
tímido resto de un paraíso hecho añicos.

De cerca, es todavía más humilde, parece
una pobre cosa indefensa y desnuda,
una pura actitud
de la naturaleza, que se encuentra al aire, al sol,
viva, pero de una vida que la ilusiona
y la humilla, que la hace casi avergonzarse
de ser tan rústica
en su extrema ternura de flor.
Me acerco todavía más, siento su olor...
¡Ah, gritar es poco, y es poco callar:
nada puede expresar una existencia entera!
Renuncio a todo acto... Sé solamente
que en esta rosa sigo respirando,
un solo, mísero instante,
el olor de mi vida: el olor de mi madre...

¿Por qué no reacciono, por qué no tiemblo
de alegría, o gozo de una pura angustia?
¿Por qué no sé reconocer
este antiguo lazo de mi existencia?
Lo sé: porque en mí está ya contenido el demonio
de la rabia. Un pequeño, sordo, lóbrego
sentimiento que me intoxica:
agotamiento, digo, febril impaciencia
de los nervios: pero no es libre ya la conciencia.
El dolor que poco a poco de mí me aliena,
si yo me abandono apenas,
se despega de mí, se arremolina por su cuenta,
me late desacordado en las sienes,
me llena el corazón de pus,
no soy más el dueño de mi tiempo...

Nada habría podido, una vez, vencerme.
Estaba encerrado en mi vida como en el vientre
materno, en este ardiente
olor de humilde rosa mojada.
Pero luchaba por escaparme, allá, en la bella provincia
campestre, poeta veintiañero, siempre, siempre,
para sufrir desesperadamente,
desperadamente alegrarse... La lucha terminó
con la victoria. Mi existencia privada
no está encerrada entre los pétalos de una rosa
-una casa, una madre, una pasión afanosa.
Es pública. Hasta el mundo que me era desconocido,
me es cercano, familiar,
si es dado conocer, y poco a poco,
se me impuso, necesario, brutal.

No puedo ahora fingir que no lo sé:
o no saber cómo él me quiere.
Qué especie de amor
cuenta en esta relación, qué acuerdo infame,
No arde una llama en este infierno
de aridez, y este árido furor
que impide a mi corazón
reaccionar ante un perfume, es un escombro
de la pasión... Con casi cuarenta años,
me encuentro en la rabia, como un joven
que de sí sólo sabe que es nuevo,
y se encarniza contra el viejo mundo.
Y como un joven, sin piedad
o pudor, no escondo
este estado mío: no tendré paz, jamás.


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "La religione del mio tempo. Poesie incivili" (abril, 1960), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

La rabbia
Vado sulla porta del giardino, un piccolo / infossato cunicolo di pietra al piano / terra, contro il suburbano / orto, rimasto lì dai giorni di Mameli, / coi suoi pini, le sue rose, i suoi radicchi. / Intorno, dietro questo paradiso di paesana / tranqulità, compaiano / le facciate gialle dei grattacieli / fascisti, degli ultimi cantieri: / e sotto, oltre spessi lastroni di vetro, / c'è una rimessa, sepolcrale. Sonnechia / al bel sole, un po' freddo, il grande orto / con la casetta, in mezzo, ottocentesca, / candida, dove Mameli è morto, / e un merlo cantando, trama la sua tresca. // Questo mio povero giardino, tutto / di pietra... Ma ho comprato un oleandro / -nuovo orgoglio di mia madre - / e vasi di ogni specie di fiori, / e anche un fraticello di legno, un putto / obbediente e roseo, un po'malandro, / trovato a Porta Portese, andando / a cercare mobili per la nuova casa. Colori, / pochi, la stagione è così acerba: ori / leggeri di luce, e verdi, tutti i verdi... / Solo un po' di rosso, torvo e splendido, / seminascosto, amaro, senza gioia: / una rosa. Pende umile / sul ramo adolescente, como a una feritoia, / timido avanzo de'un paradiso in frantumi... // Da vicino, è ancora più dimessa, pare / una povera cosa indifesa e nuda, / una pura attitudine / della natura, che si trova all'aria, al sole, / viva, ma di una vita che la illude, / e la umila, che la fa quasi vergognare / d'essere così rude / nella sua estrema tenerezza di fiore. / Me avvicino più ancora, ne sento l'odore... / Ah, gridare è poco, ed è poco tacere: / niente può esprimere una esistenza intera! / Rinuncio a ogni ato... So soltanto / che in questa rosa resto a respirare, / in un solo misero istante, / l'odore della mia vita: l'odore di mia madre... // Perché non reagisco, perché non tremo / di gioia, o godo di qualche pura angoscia? / Perché non so riconoescere / questo antico nodo della mia esistenza? / Lo so: perché in me è ormai chiuso il demone / della rabbia. Un piccolo, sordo, fosco / sentimento che m'intossica: / esaurimento, dicono, febbrile impazienza / dei nervi: man non ne è libera più la coscienza. / Il dolore che da me a poco a poco mi aliena, / se io me abbandono appena, / si stacca da me, vortica per conto suo, / mi pulsa disordinato alle tempie, / mi rempie il cuore di pus, / non sono più padrone del mio tempo... // Niente avrebbe potuto, una volta, vincermi. / Ero chiuso nella mia vita come nel ventre / materno, in quest'ardente / odore di umile rosa bagnata. / Ma lottavo per uscirne, là nella provincia / campestre, ventenne poeta, sempre, sempre / a soffrire disperatamente, / disperatamente a gioire... La lotta è terminata / con la vittoria. La mia esistenza privata / non è più racchiusa tra i petali d'una rosa, / -una casa, una madre, una passione affannosa. / È pubblica. Ma anche il mondo che m'era ignoto / mi si è accostato, familiare, / si è fatto conoscere, e, a poco a poco / mi si è imposto, necessario, brutale. // Non posso ora fingere di non saperlo: / o di non sapere come esso mi vuole. / Che specie di amore / conti in questo rapporto, che intese infami. / Non brucia una fiamma in questo inferno / di aridità, e questo arido furore / che impedisce al mio cuore / di reagire a un profumo, è un rottame / della passione... A quasi quarant'anni, / io mi trovo alla rabbia, come un giovane / che di sè non sa altro che è nuovo, / e si accanisce contro il vecchio mondo. / E come un giovane, senza pietà / o pudore, io non nascondo / questo mio stato: non avrò pace, mai.


Ilustración: Artista conmovido por la grandeza de antiguos fragmentos, 1780, Johann Heinrich Füssli

domingo, noviembre 21, 2010

Louis MacNeice / "Diario de otoño", 2



Diario de otoño

II

Araña, araña que la tela tejes–
pero bajo la almohada está alerta la vigilia –
tengo miedo en la trama de la noche
cuando las sombras de las ramas tocan la ventana,
cuando colina abajo rugen los leones
y el medidor de la luz hace clic y corre el agua de la cisterna
y los dioses están ausentes y los hombres, quietos–
Noli me tangere, flaquea mi alma .
Algunos ahora son felices en la colmena del hogar,
muslo sobre muslo y una luz en la pieza de los niños,
y algunos tienen hambre bajo la bóveda estelar
y algunos se sientan girando manijas.
Gloria a Dios en lo Lo Más Bajo, paz bajo la tierra,
estúpido y sordo en el nadir;
me pregunto ahora si cualquier cosa vale
abierto el párpado y la mente recordando,
y pienso en Perséfone descendida a lo oscuro,
ya no más una virgen, perdido el vistoso prado,
pero, ¿por qué debe volver, por qué la campanilla debe señalar
que la vida dura para siempre?
Hay noches en que estoy solo y anhelo el amor
pero esta noche profundamente oscura prohibe
a cualquiera a mi lado o debajo de mí; sólo arriba
se apila alto el túmulo, adiós a la luz de las estrellas.
Adiós al cedazo platónico del Hombre Carnal
pero también adiós al filosofar de Platón;
tengo un plan mejor
dar directamente en el blanco sin ambages.
Si puedes equiparar Ser en su forma más pura
con negación de toda apariencia,
entonces déjame desaparecer – el perfume se hace cálido
de puro No-Ser, Nirvana.
Sólo la araña que teje sus babas
de hilo incoloro dice Sólo ahí hay siempre
intrusos, sueños,
que no dejan que se eche perro muerto alguno ni a la muerte ser definitiva;
sugiriendo, mientras teje, que mañana pesará más
esta noche, que Llegar a Ser es un digno rival de Ser,
que mañana también es un día
en que deberé abandonar mi cama y enfrentar la música.
Como todos los demás hacen con una sonrisa
sacúdete el sueño como un perro y precipítate al escritorio o a la máquina
y el temor a la vida desaparece mientras ellos marcan la entrada
y la historia se reafirma.
Arana, araña, es cierta tu ironía;
¿quién soy yo –o yo– para reclamar olvido?
Debo salir mañana, como los otros
y construir un castillo que se cae;
que nunca se ha caído,
no gracias a una fórmula, burocracia, institución,
no por ningún credo o bancos,
sino por el interminable valor del animal humano.
Araña, arena, teje
tu registro y déjame dormir un rato,
no ahora para terminar sino empezar
la tarea a menudo comenzada.

Louis MacNeice (Belfast, 1907-Londres, 1963)
Traducción de Jorge Fondebrider

II
Spider, spider, twisting tight–/ But the watch is wary beneath the pillow–/ I am afraid in the web of night/ When the window is fingered by the shadows of branches,/ When the lions roar beneath the hill/ And the meter clicks and the cistern bubbles/ And the gods are absent and the men are still–/ Noli me tangere, my soul is forfeit./ Some now are happy in the hive of home,/ Thigh over thigh and a light in the night nursery,/ And some are hungry under the starry dome/ And some sit turning handles./Glory to God in the Lowest, peace beneath the earth,/ Dumb and deaf at the nadir;/ I wonder now whether anything is worth/ The eyelid opening and the mind recalling./ And I think of Persephone gone down to dark,/ No more a virgin, gone the garish meadow,/ But why must she come back, why must the snowdrop mark/ That life goes on for ever?/ There are nights when I am lonely and long for love/ But to-night is quintessential dark forbidding/ Anyone beside or below me; only above/ Pile high the tumulus, good-bye to starlight./ Good-bye the Platonic sieve of the Carnal Man/ But good-bye also Plato's philosophising;/ I have a better plan/ To hit the target straight without circumlocution./ If you can equate Being in its purest form/ With denial of all appearance,/ Then let me disappear--the scent grows warm/ For pure Not-Being, Nirvana./ Only the spider spinning out his reams/ Of colourless thread says Only there are always/ Interlopers, dreams,/ Who let no dead dog lie nor death be final;/ Suggesting, while he spins, that to-morrow will out-weigh/ To-night, that Becoming is a match for Being,/ That to-morrow is also a day,/ That I must leave my bed and face the music./ As all the others do who with a grin/ Shake off sleep like a dog and hurry to desk or engine/ And the fear of life goes out as they clock in/ And history is reasserted./ Spider, spider, your irony is true;/ Who am I--or I--to demand oblivion?/ I must go out to-morrow as the others do/ And build the falling castle;/ Which has never fallen, thanks/ Not to any formula, red tape or institution,/ Not to any creeds or banks,/ But to the human animal's endless courage./ Spider, spider, spin/ Your register and let me sleep a little,/ Not now in order to end but to begin/ The task begun so often.


Ilustración: Noche, 1858, Charles Daubigny

sábado, noviembre 20, 2010

Wallace Stevens / "El alma, dijo..."




Anécdota de hombres por millares

El alma, dijo, está compuesta
del mundo exterior.

Hay hombres del Este, dijo,
que son el Este.
Hay hombres de una provincia
que son esa provincia.
Hay hombres de un valle
que son ese valle.

Hay hombres cuyas palabras
son como los sonidos naturales
de sus lugares,
como la cháchara de los tucanes
en el lugar de los tucanes.

La mandolina es el instrumento
de un lugar.

¿Hay mandolinas en las montañas occidentales?
¿Hay mandolinas en el claro de luna septetrional?

El vestido de una mujer de Lhassa,
en su lugar,
es un invisible elemento del lugar
hecho visible.


Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), Wallace Stevens, William Carlos Williams, Robert Lowell, Poemas, versión y notas por Alberto Girri, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1980


Anecdote of Men by the Thousands

The soul, he said, is composed
Of the external world.

There are men of the East, he said,
Who are the East.
There are men of a province
Who are that province.
There are men of a valley
Who are that valley.

There are men whose words
Are as natural sounds
Of their places
As the cackle of toucans
In the place of toucans.

The mandoline is the instrument
Of a place.

Are there mandolines of western mountains?
Are there mandolines of northern moonlight?

The dress of a woman of Lhassa,
In its place,
Is an invisible element of that place
Made visible.


Ilustración: Buveur de conyo, 1999, Miquel Barceló

viernes, noviembre 19, 2010

Juan Rodolfo Wilcock / De "La parola morte", 2



16.

Tiene un altar sarcófago, ataúd de lujo
o caja simple provista por la Comuna
hoyo en la tierra en casos extremos
o panza de animales para estilitas,
ahogados, alpinistas, domadores.
Es la más bella diosa, tal vez, de las palabras.
Por ella toda la vida trabajamos,
para alcanzarla en lo alto si es posible
y derramar los tesoros acumulados
no sobre el altar, sino dentro, nosotros incluidos.

Cada uno le ofrece un distinto inventario,
quien un acueducto, quien un tapiz persa,
quien una vida ejemplar de portero
que cada mañana ha limpiado las escaleras,
quien el descubrimiento de una supernova,
quien una cadena de hurtos con escalamiento,
quien un genocidio, quien la virginidad,
quien siete mil paragolpes cromados,
quien un sabio sobre la fuente Aretusa,
quien cuatro transatlánticos, quien una visión,
no sobre su altar, sino dentro, cuerpo incluido.


28.

Los ojos nublados, los miembros contraídos,
entras en el seno de la enfermedad,
en el fluido amniótico de la no voluntad,
te corre la sangre verde del dolor,
pero mientras puedes hablar, no puedes nacer.

Vuelves a la oscuridad de la no espera,
dependes solamente de la luna,
devienes solitario y sin nombre,
eres casi restituido a la materia,
pero mientras hay palabra no hay vida.

Ciego, no oyes los rumores amortiguados,
eres una masa de sufrimiento desnudo,
un latido te envuelve sin tiempo
entre cortinas negras como para un parto,
pero mientras puedes pensar, no puedes nacer.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "La parola morte", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino


16.
Ha un altare sarcofago, bara di lusso
o cassa semplice fornita del Comune
o buca nella terra in casi estremi
o pancia di animali per stiliti,
annegati, alpinisti, domatori.
È la più bella dea forse delle parole.
Per lei tutta la vita lavoriamo,
per raggiungerla dall'alto se possibile
e versare i tesori accumulati
non sull'altare, ma dentro, noi inclusi.

Ognuno le offre un diverso inventario,
chi un acquedotto, chi un tappeto persiano,
chi una vita esemplare di portiere
che ogni mattina ha pulito le scale,
chi la scoperta di una supernova,
chi una catena di furti con scasso,
chi un genocidio, chi la verginità,
chi settemila paraurti cromati,
chi un saggio sulla Fonte di Aretusa,
chi quattro transatlantici, chi una visione,
non sul suo altare, ma dentro, corpo incluso.


28.
Gli occhi annebbiati, gli arti contratti,
entri nel grembo della malattia,
nel fluido amniotico della non volontà,
ti scorre il sangue verde per dolore,
ma finché puoi parlare non puoi nascere.

Torni nel buio della non-attesa,
dipendi solamente dalla luna,
diventi solitario e senza nome,
sei quasi restituito alla materia,
ma finché c'è parola non c'è vita.

Cieco, non senti i rumori attuiti,
sei una massa di sofferenza nuda,
un battito ti avvolge senza tempo
tra tende nere come per un parto,
ma finché puoi pensare non puoi nascere.

Ilustración: Pintura en un sarcófago etrusco (detalle), siglo IV a.C., Museo Arqueológico de Florencia

jueves, noviembre 18, 2010

Pier Paolo Pasolini / De "Umiliato e offeso. Epigrammi", 1




VII
A un hijo no nacido


En el final de aquel blanco puente nuevo sobre el Tíber,
terminado por los católicos para no desmentir a los fascistas,
entre los frisos, las pilastras, los falsos fragmentos, las postizas ruinas,
un grupo de mujeres esperaba a los clientes al sol.
Entre ellas, estaba Franca, una venida de Viterbo,
niña, y ya madre, que fue la más resuelta:
corrió junto a la ventanilla de mi auto, gritando,
muy segura de que no podía defraudarla:
subió, se acomodó, alegre como un chico,
y me condujo hacia Cassia: tomamos un desvío,
recorrimos una calle abandonada al sol,
entre canteras de yeso y cuchitriles tripolitanos,
y llegamos a su sitio: era un campito
bajo una altura sembrada de musgo y cuevas.
Un viejo caballo marrón, al fondo, sobre la hierba húmeda,
un automóvil vaciado, en medio de los arbustos,
y no lejos, aquí y allá, festivos ecos de disparos:
todo alrededor estaba lleno de parejas, chicos y pobres.
En aquellos días, mi vida, mi trabajo, eran plenos,
ningún desequilibrio, ningún temor me amenazaba:
había ido adelante durante años, primero por física gracia
-mansedumbre, salud y entusiasmo que tuve de nacimiento-,
luego por una luz de pensamiento, aunque todavía incierto
-amor, fuerza y conciencia que he adquirido viviendo-.
Sin embargo, primero y único hijo no nacido, no siento dolor
de que tú no puedas estar jamás aquí, en este mundo.


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "La religione del mio tempo. Umiliato e offeso. Epigrammi" (1958), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

VII
A un figlio non nato

In fondo a quel candido ponte nuovo sul Tevere
finito dai cattolici per non smentire i fascisti,
tra i fregi, i cippi, i falsi frammenti, i finti ruderi,
un gruppo di donne aspettava i clienti al sole.
Tra queste c'era Franca, una venuta da Viterbo,
bambina, e già madre, che fu la più svelta:
corse allo sportello della mia macchina, gridando,
così sicura che non potei disingannarla:
salì, si accomodò, allegra come un ragazzo,
e me condusse verso la Cassia: passamo un bivio,
corremmo per una strada abbandonata al sole
tra cantieri di gesso e casupole tripoline,
e arrivammo al suo posto: era un praticello
sotto un'altura cosparsa di borraccine e grotte.
Un vecchio cavallo marrone, in fondo, sull'erba umida,
un'automobile vuota, in mezzo ai cespugli,
e non lontano, qua e là, festosi echi di spari:
tutt'intorno era pieno di coppie, ragazzi e poveri.
In quei giorni la mia vita, il mio lavoro erano pieni,
nessuno squilibrio, nessuna paura mi minacciava:
ero andato avanti per anni, prima per fisica grazia,
-mitezza, salute e entusiasmo che ho avuto nascendo,
poi per una luce di pensiero, benché incerto ancora,
-amore, forza e coscienza che ho acquistato vivendo.
Eppure, primo e unico figlio non nato, non ho dolore
che tu non possa mai essere qui, in questo mondo.


Ilustración: Fresco en el Lupanar de Pompeya, siglo I

miércoles, noviembre 17, 2010

Pier Paolo Pasolini / De "L'italiano è ladro", 2




IV

(Fragmentos)

En las Venecias apenas frescas de Italia,
fresca como una rosa mi madre niña
escucha voces del otro siglo...
Allá los antepasados hablan entre cunas y tumbas
allá Campoformido y Villafranca no sueñan,
allá Napoleón alcanza el Puente de la Delicia
con ejércitos blancos bajo el sol de Invierno...
Oh otoño con mi Dino en el vientre,
cuando los otoños eran primaveras
y los inviernos eran veranos,
ahora que Dino está muerto, vuelve a morir
la bisabuela polaca que murió de hambre,
vuelve a morir en América Dino, el Moro,
que murió de dolor lejos de casa.


...............................................
...............................................
Desciende, madre, desciende
a los reinos de la muerte a los que ha descendido Dino,
ah madre, vuelve atrás, remonta el río
de los siglos, al otro lado
de Roma, llama a las vecinas de casa,
mujeres pagadas, Marie,
las perras endemoniadas que tengan la voz
de tu vientre: ite, thoai Lyssas kunes, *
it'eies oros
, al fondo
del río, detrás de los montes, en el vientre de los siglos.


Ite, thoai Lyssas kunes, it'eies oros,
tú, madre de Dino difunto, fànethi tàuros, **
e polycranos idèin dràcon, e puriflàgon
oràsthai lèon
, mata a los matadores,
los culpables de las guerras de independencia,
de la masacre de los Hugonotes, de los estragos
de Julia, mamá-león
mata a los matadores de Dino,
él no ve y no siente.
...............................................


* Nota en el original: Vete, como los perros de Lissa, vete hacia los montes (del griego de Eurípides).

** Ib.: Como un toro, o un dragón, lleno de cabezas, como un león que vomita fuego.


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "L'italiano è ladro. Appendice II" (1949-50), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino


IV

Nelle Venezie appena fresche d'Italia
fresca come una rosa la mia mamma bambina
ascolta le voci dell'altro secolo...
Lì gli antenati parlano fra cune e tombe
lì Campoformido e Villafranca non sognano,
lì Napoleone giunge el Ponte della Delizia
con eserciti bianchi al sole d'Inverno...
Oh autunno col mio Dino al ventre,
quando gli autunni erano primavere
e gli inverni erano estati,
ora che Dino è morto, torna a morire
la bisnonna polacca che morì di fame,
torna a morire in America Dino il Moro
che morì di dolore lontano da casa.


...........................................
...........................................
Scendi giù mamma, scendi giù
nei regni della morte dov'è sceso Dino,
ah mamma, voltati indietro, risali il fiume
dei secoli, al di là
di Roma, chiama le vicine di casa,
donne pagate, Marie,
le cagne indemoniate che abbian la voce
del tuo ventre: ite, thoai Lyssas kunes,
it'eies oros, in fondo
al fiume, dietro ai monti, nel ventre dei secoli.


Ite, thoai Lyssas kunes, it'eies oros,
tu mamma di Dino ucciso, fànethi tàuros,
e polycranos idèin dràcon, e puriflàgon
oràsthai lèon, uccidi gli uccisori,
i colpevoli delle guerre d'indipendenza,
del massacro degli Ugonotti, delle stragi
della Julia, mamma-leone
uccidi gli uccisori di Dino,
lui, non vede e non sente.
............................................


Ilustración: Matanza de los inocentes, siglo XII, iglesia de los santos Julián y Basilisa, Aragón

lunes, noviembre 15, 2010

Carlos Battilana / Parrilla




Parrilla

Sobre el fin de la calle
rumbo al cuartel
hay un asador:

es verano
pero corre una pequeña
brisa.

Mi padre
mi madre
nuestros hermanos
disfrutan de la cena
familiar
al aire libre.

No hay nada que temer
estamos abrazados por el campo
el mundo acontence en este punto
minúsculo del universo. Tengo
seis años. Conozco
todo
lo que me circunda.
Somos libres
en el lugar.
Mi padre es feliz;
se rodea de sus hijos
de su mujer
tiene información suficiente
para proveernos
durante algunos años:
axiomas, libros, narraciones
de adolescencia.
Ahora que
su muerte es fresca
y reciente, recreo el instante
en que mi padre
distribuye la carne,
las achuras, las ensaladas
en derredor.
Mi madre lo roza con los ojos
y deliberadamente
lo deja hacer
deja que su fuerza crezca
allí, en ese punto
minúsculo del universo.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964), Materia, Editorial Vox, Bahía Blanca, 2010

Ilustración: La comida, 1891, Paul Gaugin

domingo, noviembre 14, 2010

Osvaldo Aguirre / "Ahora recuerdo..."




AHORA recuerdo,
dice, y al revés
lo llama derecho.

Agosto es lo mismo
que enero,
y los diálogos
en la mesa, la ronda
y las cuentas en el patio
suenan como el viento,
su silbido en la copa
de las casuarinas,
el silencio.

Veo,
ahora veo,
dice, y confunde
sombras con cuerpos.

Osvaldo Aguirre (Colón, Buenos Aires, 1964), La tierra en el aire, Gog y Magog, Buenos Aires, 2010

Ilustración: La sombra sobre la mujer, 1953, Pablo Picasso

sábado, noviembre 13, 2010

Federica Rosenfeld / Cuatro poemas breves




El loco crisantemo

El dolor de los pobres peina mi pelo de aluminio.
La perfecta luz encendió al enemigo.
Así se ve mejor el loco crisantemo.


Pueblo

El frío toca la cabeza de la vieja.
El motor relumbra en el vidrio.
La gallina mira como un pez el cielo sin tapa.


El pino

El de la silla plegadiza
y el reloj al cuello,
apuntando con el brazo
me dijo:
lo de su casa está hecho
el pino
resistió un minuto.


La mariposa

La mariposa es
separar el silencio
del movimiento.


Federica Rosenfeld (Buenos Aires, 1914-1998), Desde el cerco, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Estudio de la luz, 1910, Giacomo Balla

viernes, noviembre 12, 2010

Guillermo Boido / Poemas




Oficio

el hilo de mi vida
se vuelve transparente de palabras
finalmente
tenso
en un patio de la infancia
oigo el eco de mis pasos
resignado
a no callar conmigo
muerte rosa lenta
me quitas de mí me devuelves al mundo

a Heber Cardoso


Disyunciones

lo real es una cuerda que aguarda ser tendida
de vacío en vacío como un hilo de araña

o acaso es la luz que alimenta toda cosa
si nada es sombra si todo es ciego


Metalenguajes

himnos de libertad no son la libertad
sólo la libertad es himno de libertad


Poetisos

o la persistencia del silencio
entre los pliegues de la palabra nada


Cartografía

A veces el mapa de la vida
orienta de otro modo sus caminos. Sus nombres
no designan, solamente
cantan. El mapa
modifica aquí o allá su escala, adquiere
los contornos de un rostro, se transforma
en un hombre. Y espera.
Pero nadie sabe
quién habrá de consultarlo ahora,
en símbolo o signo de qué se ha convertido.


Johannes Kepler

Ya no hay presagios, certidumbres
en la nube y la estrella.
Cayó el vuelo. Con su cielo a cuestas
se marchó la tierra.

Guillermo Boido (Buenos Aires, 1941), La oscuridad del alba. Poemas 1970-2005, Ediciones Virgilio, Buenos Aires
Edición digital, aquí

Foto: Boido, c. 1972, por Jorge Asís/Archivo del editor

jueves, noviembre 11, 2010

Pier Paolo Pasolini / De "L'italiano è ladro", 1




Los pobres de Malafiesta

¿Quién era mi madre?
Me dejaba solo.
Ah madre... tu corazón,
noche y día, espectros, en tu corazón.

Estar solo en una casa
y arreglárselas con el hambre del corazón,
no saber estar solo
con los ojos... la barca, la playa, el cielo.

Malafiesta, la barca es llamada
por un vislumbre de voces,
el viejo acaricia con el remo
los vislumbres verdes en el Tagliamento.

Yo, muchacho, solo, para arreglarme,
Malafiesta.¡Mi camisa!
He nacido en un lecho de piedra.
De piedra es el mundo.

Una cosa sola he tenido en el mundo..
¿Qué? La oreja, la pupila,
los cabellos de sol y seda.
Una cosa sola, ¿pero qué? La oreja...

Sentía cantar las gaviotas.
Una voz desde el otro margen
llamaba a la barca blanca,
y sentía el remo amargo en el río.

¡Quince años! ¡Veinte años!
Bello como la luz de Malafiesta,
el corazón como la playa
pobre, sedienta, nubes, gaviotas en el corazón.

¡Mi camisa de piedra!
¡Mi madre de piedra! ¡El mundo
de piedra! YO SIEMPRE SOLO.
Gozaba, reía, bailaba...

Gozaba, reía, bailaba...
Solo con aquellas cosas no de piedra.
El ojo negro que reía,
los cabellos rubios como el sol.

Uno de los pobres de Malafiesta,
con pie de pobre que se desliza sobre el mundo,
mi padre y mi madre servían,
apenas nacido he tenido un patrón.

Pero aquello no se marchitaba al sol,
no se bañaba bajo la lluvia,
los muchachas y los muchachos le sonreían,
atravesándome el corazón.

Patrón, tú no sabías
que yo estaba solo en el misterio
con el mismo traje de fiesta cada domingo
y una madre y un padre, gente del mundo.

Patrón, tú no sabías
que yo he sido pobre toda la vida
en todos los ángulos de la vida
en todos los instantes de la vida.

Patrón, tú no sabías
que he vivido veinte años
y veinte he sido pobre
con el hambre, el hambre, el hambre en el corazón.

Patrón todo era tuyo,
yo no tenía nada:
solo aquella cosa, aquella sombra viva en el corazón.
Y me la has robado.


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "L'italiano è ladro. Appendice I" (1949-50), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

I poveri di Malafiesta

Chi era mia madre?
Mi lasciava solo.
Ah madre... il tuo cuore,
notte e giorno, spettri, nel tuo cuore.

Essere solo in una casa
ad arrangiarsi con la fame del cuore.
non sappere d'essere solo
con glio occhi... la barca, la spiagggia, il cielo.

Malafiesta, la barca è chiamata
de un barlume di voci.
il vecchio accarezza col remo
barlumi verdi nel Tagliamento.

Io, ragazzo, solo, ad arrangiarmi,
Malafiesta. La mia camicia!
Sono nato in un letto di pietra.
Di pietra è il mondo.

Una cosa sola ho avuto nel mondo...
Ma cosa? L'orecchio, la pupilla,
i capelli di sole e seta.
Una cosa, ma cosa? L'orecchio...

Sentivo cantare i gabbiani.
Una voce dall'altro argine
chiamava la barca bianca,
e sentivo il remo amaro nel fiume.

Quindici anni! Vent'anni!
Bello come la luce di Malafiesta,
il cuore come la spiaggia
povera, assetata, nubi, gabbiani nel cuore.

La mia camicia di pietra!
Mia madre di pietra! Il mondo
di pietra! IO SEMPRE SOLO.
Godevo, ridevo, ballavo...

Godevo, ridevo, ballavo...
Solo con quella cosa non di pietra.
L'occhio nero che rideva,
i capelli biondi come il sole.

Uno dei poveri di Malafiesta,
col piede del povero che slitta sul mondo,
mio padre e mia madre servivano,
appena nato ho avuto un padrone.

Ma quella cosa non sfioriva al sole
non si bagnava sotto la pioggia.
le ragazze e i fanciulli le sorrivano
traspassandomi il cuore.

Padrone tu non sapevi
che io ero solo nel mistero
con lo stesso vestito di festa ogni domenica
e una madre e un padre, gente del mondo.

Padrone tu non sapevi
che io sono stato povero tutta la vita
in tutti gli angoli della vita
in tutti gli istanti della vita.

Padrone tu non sapevi
che io sono vissuto per vent'anni
a pero vent'anni sono stato povero
con la fame, la fame, la fame nel cuore.

Padrone tutto era tuo,
io non avevo nulla:
solo quella cosa, quell'ombra viva nel cuore.
E me l'hai rubata.


Ilustración: La Sagrada Familia y Juan el Bautista, 1610, Caravaggio

miércoles, noviembre 10, 2010

María Meleck Vivanco / Las apariciones




Las apariciones

Las estrellas guardan secretos de un deseo agujereado por la lluvia

Desde qué valle te contemplo, desde qué estación y otras voces calientes de intensa fuga, justo a la altura de mi alma

Hay ventanas y sitios luminosos que envidia el atardecer Sus delicados arpegios

horadando la totalidad de lo incorpóreo Envolviendo en seda las mariposas verdes des-

prevenidas del verano

Hay un marcapasos de pulso de fiesta ausente en los graznidos de la noche El

último tren arracimado que se miró cara a cara con la desolación

Y existen también los albergues celestiales a partir de un rencor oculto, sabiamente marginado, sabiamente indeciso

El ombligo partido de la serenidad es como una hilera de gansos cegados por la luz de los ríos

Se me olvidó la vida Se me olvidó la muerte

Me he quedado con las apariciones de mi corazón


María Meleck Vivanco (San Javier, Traslasierra, 1921-Buenos Aires, 2010), Antología, triplov

Foto: María Meleck Vivanco, Facebook

martes, noviembre 09, 2010

Federica Rosenfeld / El mismo paso sordo...





Constantes de comunicación

El mismo paso sordo que pauta la mañana,
la piel que el dedo hunde obrando como una aspirina,
eso que trae el aire de sólido e hiriente,
servir de poco la mayor parte del tiempo.
¡El regusto de los bellos fragmentos
y de los fragmentos de lo bello!
No compartir el palio de la tienda translúcida
(la que separaría de los aerolitos inminentes)
gozarlo sólo a solas con las películas japonesas,
y, solapadamente, ser gastados
hasta aparecer todos con la misma tara de peso.

Federica Rosenfeld (Buenos Aires, 1914-1998), Desde el cerco, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Tigre en el bambú, siglo XVII, Kano Eitoku

lunes, noviembre 08, 2010

Osvaldo Lamborghini / Dos poemas




Envuelto en una paz apocalíptica

Envuelto en una paz apocalíptica
el tipo miraba la cocina,
las hornallas, el fuego encendido:
la cocina, empapelada ciertamente
con hojas o páginas
de diarios y revistas.
El no había merecido la estrella de la mañana,
eso es claro, y no era (ni siquiera)
el primogénito de la muerte.
La vida pasaba como un lago.
Las orillas tensas, el centro mudo.
Agua ciega, pobre y cerrada.

Aquel que ayer no más decía
tomaba mate ahora eternamente
y leía novelas de vampiros.
Televisión y fármacos: la perfección
quedó en anhelo.
Renacerá el amor con la próxima guerra.
Y en un entonces sin entonces,
como un Dios pifio que siempre tarda,
entonces se apoyará en sus muletas
y abrirá el pico como una gaviota
y derribará las puertas del paraíso,
antesala del infierno.


Mi tema es la matanza

Mi tema es la matanza
es claro: la matanza,
y no importa
nada y para nada
a qué muerte me refiero
ni de qué
muertos hablo, menos aún
si la guerra como efecto de la matanza
o a la inversa (estas minucias,
no tengo tiempo).
Pienso en mi mirada.
En qué campo de batalla nacieron mis ojos
y allí se estrenaron
para ver así,
y mirar de otro modo.
Como si hubiera modos.
Mentira es la palabra.

La palabra mentira,
¿por qué no enredarnos?


De Poemas 1969-1985


Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940-Barcelona, 1985), Mario Campaña, Antología de poesía argentina de hoy, Editorial Bruguera, Barcelona, 2010

Foto: Osvaldo Lamborghini s/d

domingo, noviembre 07, 2010

Miguel Hernández / Tres poemas


Imagen de tu huella

V

Pirotécnicos pórticos de azahares,
que glorificarán los ruy-señores
pronto con sus noctámbulos amores,
conciertan los amargos limonares.

Entusiasman los aires de cantares
fervorosos y alados contramores,
y el giratorio mundo va a mayores
por arboledas, campos y lugares.

La sangre está llegando a su apogeo
en torno a las criaturas, como palma
de ansia y de garganta inacabable.

¡Oh primavera verde de deseo,
qué martirio tu vista dulce y alma
para quien anda a solas miserable!


El rayo que no cesa

2

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.


6

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!


Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942), Imagen de tu huella. El silbo vulnerado. El rayo que no cesa. Otros poemas. Viento del pueblo, Editorial Losada, Buenos Aires, 1975

Ilustración: Miguel Hernández, por Benjamín Palencia El País, Madrid

sábado, noviembre 06, 2010

Louis MacNeice / "Diario de otoño", 1




Diario de otoño

I

Pesado y lento, el verano termina en Hampshire,
desaparece en las laderas de pasto raso donde el tejo podado
separa las vidas de generales y almirantes retirados
y a los binoculares que cuelgan en el vestíbulo y los misales dispuestos en el banco de la iglesia
y a agosto que se va yendo al son de las trompetas de lata de las capuchinas
y al estruendo de los bronces del Ejército de Salvación de los girasoles
y a la solterona que teje sentada en una mecedora
sin levantar la vista ante el ruido de los aviones que pasan
hacia el norte desde Lee-on-Solent. Macrocarpa y ciprés
rosas en rústico emparrado y árboles de moras
y huevos con tocino para el desayuno en bandeja de plata
y todas las ventajas heredadas del desahogo material
y todas las preocupaciones heredadas, reumatismo e impuestos,
y si Stella se casará y qué hacer con Dick
y con la rama de la familia que perdió su dinero en acciones de Hatry
y el cierre del Morning Post y el paso del climaterio
y el auge de la vulgaridad, autos que pasan el portón del guardia
y las multitudes que se desvisten en la playa
y los amantes cockney que hacen dedo con pensamientos
que no dirigen ni a Dios ni a la Nación sino el uno al otro.
Pero la casa sigue siendo un santuario debajo de visillos,
sin novedad en el Frente Familiar,
ruidos de corral por los campos al atardecer
mientras los vagones del Ferrocarril del Sur se demoran…desviados
a vías muertas de amapolas para pasar la noche – noche que no conoce pasión
ni asalto de manos o lengua,
porque todo es antiguo como pedernal o tiza o agujas de pino
y los rebeldes y los jóvenes
han tomado el tren a la ciudad o el auto de dos plazas
desentrañando vías o ruta,
perdiendo tras de sí deliberadamente el hilo–
palinodia otoñal.
Y ahora también voy en el tren y el verano se va yendo
al sur mientras me dirijo al norte
rumbo a los hojas secas que caen, la fogata que arde,
el moribundo que da a luz
la vida más ardua, revelando lo que soporta los árboles,
la escarcha que mata los gérmenes del laissez-faire;
West Meon, Tisted, Farnham, Woking, Weybridge,
luego, el aire apiñado y rancio y preñado de Londres.
Mi perra, un símbolo del orden abandonado,
yace en el suelo del coche,
sus ojos ineptos y seductores como una estrella de cine,
que quiere vivir, o sea que quiere más
regalos, joyas, pieles, chucherías, invitaciones,
como si vivir no fuera
seguir la curva de un planeta o del agua contenida
sino un salto a la oscuro, una tangente, un disparo desviado.
Eso es lo que aprendemos después de tantos fracasos,
la construcción de castillos de arena, de reinas de nieve,
que no podemos avanzar en la vida o en la belleza de la vida,
que ningún río es río si no fluye.
Surbiton, y sube una mujer, pintada,
con el pelo teñido, pero una media corrida y los ojos
pacientes debajo de las pestañas calculadas,
endurecidos para siempre a la sorpresa,
y el ritmo del tren se vuelve repetición ad nauseam
de toda cansadora alborada o madrigal sensiblero,
los aires deslavados de la atracción sexual
que como hojas secas vagan por la pared del corralón:
“Quise a mi amor con un billete de andén,
una canción de jazz,
un bolso de mano, un par de medias de Paris Sand;
mucho la quise
la quise entre líneas, contra reloj,
no hasta la muerte
sino hasta que la vida nos separó, la quise con papel moneda
y con aliento a whisky.
La quise con ojos de pavo real y loza de Cartago,
con cristal y guantes, oro y polvera
con blasfemia, camaradería y bravata
y montones de otras cosas.
Quise a mi amada con alas de ángeles,
sumergidas en henna, extraordinariamente rojas,
con mis horas de oficina, con flores y sirenas,
con mi presupuesto, mi llave y pan diario.”
De modo que a Londres y bajando las escaleras
siempre en movimiento
donde un viento cálido reúne los cuerpos de los hombres
y dispersa sus complejos y desvelos.


Louis MacNeice (Belfast, 1907-Londres, 1963)
Traducción de Jorge Fondebrider


Autumn Journal
I
Close and slow, summer is ending in Hampshire, / Ebbing away down ramps of shaven lawn where dose-clipped yew/ Insulates the lives of retired generals and admirals/ And the spyglasses hung in the hall and the prayer-books ready in the pew/ And August going out to the tin trumpets of nasturtiums/ And the sunflowers' Salvation Army blare of brass/ And the spinster sitting in a deck-chair picking up stitches/ Not raising her eyes to the noise of the 'planes that pass/ Northward from Lee-on-Solent. Macrocarpa and cypress/ And roses on a rustic trellis and mulberry trees/ And bacon and eggs in a silver dish for breakfast/ And all the inherited assets of bodily ease/ And all the inherited worries, rheumatism and taxes,/And whether Stella will marry and what to do with Dick/ And the branch of the family that lost their money in Hatry/ And the passing of the Morning Post and of life's climacteric/ And the growth of vulgarity, cars that pass the gate-lodge/ And crowds undressing on the beach/ And the hiking cockney lovers with thoughts directed/ Neither to God nor Nation but each to each./ But the home is still a sanctum under the pelmets,/ All quiet on the Family Front,/ Farmyard noises across the fields at evening/ While the trucks of the Southern Railway dawdle… shunt/ Into poppy sidings for the night –night which knows no passion/ No assault of hands or tongue/ For all is old as flint or chalk or pine-needles/ And the rebels and the young/ Have taken the train to town or the two-seater/ Unravelling rails or road,/ Losing the thread deliberately behind them–/ Autumnal palinode./ And I am in the train too now and summer is going/ South as I go north/ Bound for the dead leaves falling, the burning bonfire,/ The dying that brings forth/ The harder life, revealing the trees' girders,/ The frost that kills the germs of laissez-faire; West Meon, Tisted, Farnham, Woking, Weybridge,/ Then London's packed and stale and pregnant air./ My dog, a symbol of the abandoned order,/ Lies on the carriage floor,/ Her eyes inept and glamorous as a film star's,/ Who wants to live, i.e. wants more/ Presents, jewellery, furs, gadgets, solicitations/ As if to live were not/ Following the curve of a planet or controlled water/ But a leap in the dark, a tangent, a stray shot./ It is this we learn after so many failures,/ The building of castles in sand, of queens in snow,/ That we cannot make any corner in life or in life's beauty,/ That no river is a river which does not flow./ Surbiton, and a woman gets in, painted/ With dyed hair but a ladder in her stocking and eyes/ Patient beneath the calculated lashes,/ Inured for ever to surprise;/ And the train's rhythm becomes the ad nauseam repetition/ Of every tired aubade and maudlin madrigal,/ The'he faded airs of sexual attraction/ Wandering like dead leaves along a warehouse wall:/ 'I loved my love with a platform ticket,/ A jazz song,/ A handbag, a pair of stockings of Paris Sand–/ I loved her long./ I loved her between the lines and against the clock,/ Not until death/ But till life did us part I loved her with paper money/ And with whisky on the breath./ I loved her with peacock's eyes and the wares of Carthage,/ With glass and gloves and gold and a powder puff/ With blasphemy, camaraderie, and bravado/ And lots of other stuff./ I loved my love with the wings of angels/ Dipped in henna, unearthly red,/ With my office hours, with flowers and sirens,/ With my budget, my latchkey, and my daily bread.'/ And so to London and down the ever-moving Stairs/ Where a warm wind blows the bodies of men together/ And blows apart their complexes and cares.

Foto: MacNeice The Guardian

viernes, noviembre 05, 2010

Concha García / La memoria




La memoria

Dirección a casa se han puesto grises
los lomos de los libros y el reflejo
de un vaso vacío brilla ocupando
todo el mueble. Siento el primer
escalofrío de la pérdida. Una rara coherencia
apabulla mis sentidos. He roto un saquito
de arena y me abuela se ha desparramado.
Abriendo el álbum, algo familiar
que no me mira, fija su vista
hacia mi chaqueta. Me veo hermosa
porque soy dos estilos de persona,
estilos que se acortan o son estilos
de provincia diversos, no sé
si ya quedan provincias. También he visto
dos estilos de muchacha. Una no sé
si regresaba de algún sitio, o si iba,
vestía como hubiera vestido la madre
de cualquiera. Otra llevaba ornamentos
que me recuerdan el brillo del vaso
ocupando todo el mueble.

Concha García (La Rambla, Córdoba, España, 1956), Un brillo del no y otros poemas, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Foto: Concha García balconcillos

jueves, noviembre 04, 2010

Roberto Juarroz / De "Cuarta poesía vertical"




27

¿Sobre qué lado se apoya más la ternura del hombre?
¿Sobre su pecho, siempre relativamente abierto?
¿Sobre su espalda, siempre relativamente abandonada?
¿Sobre su perfil, siempre relativamente ajeno?

¿Sobre qué lado lo sentirá más la tierra,
cuando cae para volver a levantarse
y cuando cae para que otros se levanten?
¿Será distinto ese lado para el tacto del polvo,
/de la piedra o del barro.
para el desierto, el campo de batalla o el jardín?

¿Sobre qué lado se lo olvida más fácil,
se lo mata más fácil,
se lo ama más fácil?

¿Sobre qué lado se abre el vuelo que llevamos,
el fruto que llevamos,
el cero que llevamos?

¿Sobre qué lado es el hombre posible para el hombre?


Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, 1925-Temperley, 1995), Cuarta poesía vertical, Aditor, Buenos Aires, 1969

Ilustración: Torso de Belvedere, Cuaderno italiano, Francisco de Goya, 1770

miércoles, noviembre 03, 2010

María Auxiliadora Alvarez / El cielo de más arriba







El cielo de más arriba

lo más puntual de los árboles es su propósito de desordenar el cielo de abajo
   para hacerlo parecer
/ huidizo y descuidado

el llanto de la cabra camino al matadero es un alto relieve sin nicho
   en el vacío:
como la piedra puntiaguda de una enfermedad en la familia o de un hijo
   que desgarra a una mujer joven (o no tan joven) Para nacer
/sin poder Para volver de África

el cielo de más arriba sin embargo brilla como ninguno:
   vuelan las ovejas del hambre en el azul de cadmio
de la estera Como viejos relámpagos arrastrando en peso
   La bóveda del firmamento

María Auxiliadora Alvarez (Caracas, 1956), Periódico de Poesía de la UNAM. Anuario 2009-2010, Ciudad de México

Foto: María Auxiliadora Alvarez II Festival de Poesía de Santo Domingo

martes, noviembre 02, 2010

Pedro Serrano / De "Nueces"




Baño nupcial

Las dos navajas de afeitar
penden de un hilo del horizonte.
Con su penacho, a contraluz,
se alza una brocha vertical.
Brillan jabones y champús.
En ese nicho religioso
hecho de luz y mercancías
(pasta de dientes, un cepillo,
ungidos klinex, cortauñas)
un mundo crece en el detalle.
Todo se puede así sumar
en este suelo y en el sueño
y es un castillo este lugar.


Chiquero

Ruedan las copas en cristales rotos,
abre la náusea su frugal huida,
flotan los ojos en agua perdida,
bordan las brumas sobre los escrotos.
La piel un torno de la piel eriza,
las piernas doblan como dos badajos,
del vientre salen machacados gajos,
masa de carne rolliza y hechiza.
Se han vuelto hilachos los nervios, las voces;
crispado el cuerpo como bricolage
va dando tumbos de puro coraje.
Manta mareada el agua que toses,
hoces y coces y voces sin dueño:
un cerdo negro irracional el sueño.

Pedro Serrano (Montreal, 1957), Nueces, Trilce Ediciones, México, 2009

Ilustración: Splendor in the glass, Steve Smulka

lunes, noviembre 01, 2010

Cecil Day-Lewis / De "La montaña magnética"




3

En algún lugar más allá de las terminales
de la razón, al sur o al norte,
hay una montaña magnética
que funde el cielo con la tierra.

No hay línea tendida hasta ahora.
Conexiones se oxidan en un montón
y durmientes -huesos de muertos-
marcan una vía derrotada.

Un halcón que anualmente
cambia su sitio en el espacio,
en el último vuelo
puede significar el lugar.

Hierro en el alma,
espíritu acerado en fuego,
aguja temblando en la verdad -
tal lo que allí me revelará.

Cecil Day-Lewis (Ballintubbert, Irlanda, 1904-Hadley Wood, Inglaterra, 1972) La montaña magnética, 1933
Versión de J. Aulicino

The Magnetic Mountain

3

Somewhere beyond the railheads
Of reason, south or north,
Lies a magnetic mountain
Riveting sky to earth.

No line is laid so far.
Ties rusting in a stack
And sleepers – dead men’s bones –
Mark a defeated track.

Kestrel who yearly changes
His tenement of space
At the last hovering
May signify that place.

Iron in the soul,
Spirit steeled in fire,
Needle trembling on truth –
These shall draw me there.

C Day Lewis Site

Foto: W.H. Auden, Cecil Day-Lewis, Stephen Spender, Venecia, 1949 Hulton Getty/The Guardian