miércoles, noviembre 30, 2011

Hwang Ji-woo / Dos poemas






Yendo a pie hasta el río Chesok

    Es febrero. Me acordé de repente del poeta Ko Eun, monje budista secularizado, cuando entré en la zona del templo budista Yung-so. ¿No habría entrado él tal vez ya en el nirvana? Ando a pie hasta el río Chesok y sigo pensando en él, tal vez muerto ya. Es febrero. Entra en mi patio interior el templo Yung-so y una pieza de la torre Baek-che se va quedando acepillada por el agua fría del río. El frío me hiela los tobillos, me hiere la orejas. Me duele la carne en todo el cuerpo mientras el mundo está más tranquilo que nunca.

Una cabra negra llora en el herbazal

Las golondrinas han hecho ejercicios de vuelo en formación
aun con el tiempo nublado, para estar en forma para volver
El banco del pantano está todo cubierto de arbustos revueltos
y todos éstos muestran el color plateado de las hojas al revés
Correrá aire también allá en la isla de Okinawa
Está revuelta la piel acuática del pantano verde
mientras se retuerce de fatiga el herbazal bajo el cielo alargado
Una cabra negra llora y grita sobre las hierbas
tirando con más esfuerzo la cuerda que la tiene atada
como si se olvidara de la vida recien inaugurada

Hwang Ji-woo (Haenam, Corea del Sur, 1952), No brilla la luz verdadera, traducción de Yong-Tae Min, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Floating Ice, 1910, Geroge Bellows

martes, noviembre 29, 2011

Mu-san Baek / Las flores de ume



Las flores de ume

¿Dónde ir a ver flores en pleno frío de diciembre lunar?
Como no llegaba un solo rayo de sol a mi pecho
     encogido de invierno,
torcí el rumbo y fui al valle de los árboles de ume *
     a la sombra del monte Gaji.

Habían arrasado la senda del pinar
     y estaban abriendo un camino más ancho.
Derribadas las casas a la vera de la senda,
     yacían en la calle los vestustos ume de los patios.
El filo de la pala de la excavadora estaba
     por engancharse en los troncos.
Estaban por unir el nuevo camino pisando los árboles caídos.

Pero los árboles ume, como si lo supieran,
a pesar de lo temprano de la estación.
habían abierto todos sus brotes, sus pimpollos,
     sus rojas flores.
Al soplo del viento helado dejaban caer los rojos pétalos,
dejaban caer las gotas de sangre sobre el seco matorral,
     sobre el río helado.
Todos los años traían la primavera a la aldea
     antes que nadie
y ahora adelantaban el último instante
     de los días que les quedaban de vida
para traer la primavera desangrándose ellos mismos.

Oh, personas que ahora no estáis en este mundo.
Oh, personas que no vivisteis ni una sola gota de sangre en vano.


Mu-san Baek (Ulsan, Corea del Sur, 1954), El tiempo humano, traducción de Sun-me Yoon, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2011

* El ume, cuyo nombre científico es Prunus nume, es llamado también albaricoque japonés o ciruela china. Sus flores florecen antes que las hojas en invierno, esto es a fines de enero o en febrero. [Nota de la traductora]

Ilustración: Paisaje coreano, siglo XVIII

lunes, noviembre 28, 2011

Franco Fortini / En una calle de Florencia





En una calle de Florencia

En una calle de Florencia
hay una puerta que da a un patio de piedra.
Hay grabados antiguos sobre las paredes:
Hércules y la Hidra, Amor, coronas de hojas,
laureles tallados y rosales.
No sé quién habrá en la casa. Es como una tranquila iglesia.
En lo alto reposa el cielo. Cada cosa está en su lugar.
Cuando vuelvo a Florencia, si voy por esa calle,
entro al patio y miro:
pasan en lo alto las nubes naturales,
como montes se ensombrecen las paredes.
En mí mismo pasan esas nubes,
también en mí están esas paredes.
Por eso miro tanto ese silencio,
las coronas de hiedra antiquísimas,
y creo que una rosa hesita dentro de la piedra.

1954

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Poesia e errore-In una strada di Firenze (1947-54)", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino

In una strada di Firenze


In una strada di Firenze
c'è una porta che dà in un cortile di pietra.
Graffiti antichi sono sulle pareti:
Ercole e l'Idra, Amore, corone di foglie,
allori incisi e roseti.
Non so chi sia nella casa. È come una chiesa tranquilla.
In alto il cielo riposa. Ogni cosa è al suo luogo.
Quando torno a Firenze, se vo por quella strada,
nel cortile entro e guardo:
passano in alto le nuvole naturali,
come monti si ombrano le pareti.
Anche in me stesso quelle nuvole passano,
anche in me stesso stanno quelle pareti.
Por questo guardo e guardo quel silenzio,
le corone di edera antichissime
e credo che una rosa esiti dentro il sasso.


1954


Ilustración: Fresco de la villa Fannius en Boscoreale, Campania, Italia, siglo I a.C.

domingo, noviembre 27, 2011

Cesare Pavese / Atlantic Oil



Atlantic Oil

El mecánico borracho está feliz tirado en una zanja.
Desde la piola, de noche, en cincos minutos por el prado, *
uno está en casa; pero primero está el fresco de la hierba
para gozarlo, y el mecánico duerme y ya llega el alba.
A dos pasos, en el prado, se alza el cartel
rojo y negro: quien se acerca mucho no llega a leerlo,
tan grande es. A esta hora, está todavía húmedo
de rocío. El camino, de día, lo cubre de polvo,
como cubre los arbustos. El mecánico, abajo, se estira en el sueño.

El silencio es extremo. Dentro de poco, bajo la tibieza del sol,
pasarán los autos sin descanso, despertando el polvo.
De golpe, en la cima de la colina, ralentan un poco;
luego se tiran hacia la curva. Alguno se para
en el polvo, frente al garaje, que lo llena de litros.
Los mecánicos, un poco atontados, estarán a la mañana
sobre los bidones, sentados, esperando un trabajo.
Es un gusto pasarse la mañana sentado en la sombra.
Aquí el hedor de los aceites se mezcla al olor de verde,
de tabaco y de vino, y el trabajo los viene a buscar
a la puerta de casa. Cada tanto, hay para divertirse:
campesinas que pasan y le echan la culpa, de animales y esposas
asustadas, al garaje que mantiene ese tráfico;
campesinos que miran torvos. Cada uno, de vez en cuando,
hace una bajada rápida a Turín, y regresa más despejado.

Después, entre reír y vender nafta, alguno se para:
estos campos, si uno los mira, están llenos de polvo
del camino y, si uno se sienta en la hierba, se viene encima.
Entre las cuestas, siempre hay una viña que gusta más:
terminará en que el mecánico se casa con la viña
que le gusta y con su chica, y saldrá con el sol,
pero a zapar, y llegará con todo el cuello negro,
y beberá de su vino, prensado las tardes de otoño en la bodega.

También de noche pasan autos, aunque silenciosos,
tanto que al borracho, en la zanja, no lo han despertado.
En la noche no levantan polvo, y el haz de los faros
revela todo el cartel, sobre el prado, en la curva.
Bajo el alba, los autos van cautos y no se oyen ruidos,
salvo el de la brisa que pasa, y, alcanzada la cima,
se pierden en la llanura, hundiéndose en la sombra.


* Piola: modo dialectal piamontés por fonda

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Atlantic Oil


Il meccanico sbronzo è felice buttato in un fosso.
Dalla piola, di notte, con cinque minuti di prato,
uno è in casa; ma prima c'è il fresc dell'erba
da godere, e il meccanico dorme che viene già l'alba.
A due passi, nel prato, è rizzato il cartello
rosso e nero: chi troppo s'accosti, non riesce più a leggerlo,
tanto è largo. A quest'ora è ancor umido
di rugiada. La strada, di giorno, lo copre di polvere,
come copre i cespugli. Il meccanico, sotto, si stira nel sonno.


È l'estremo silenzio. Tra poco, al tepore del sole
passeranno le macchine senza riposo, svegliando la polvere.
Improvvise alla cima del colle, rallentano un poco,
poi si buttano giù dalla curva. Qualcuna si ferma
nella polvere, avanti al garage, che la imbeve di litri.
I meccanici, un poco intontiti, saranno al mattino
sui bidoni, seduti, aspettando un lavoro.
Fa piacere passare il mattino seduto nell'ombra.
Qui la puzza degli olii si mesce all'odore di verde,
di tabacco e di vino. e il lavoro li viene a trovare
sulla porta di casa. Ogni tanto, c'è fino da ridere:
contadine che passano e dànno la colpa, di bestie e di spose
spaventate, al garage che mantiene il passaggio;
contadini che guardano bieco. Ciascuno, ogni tanto,
fa una sevelta discesa a Torino e ritorna più sgombro.
Poi, tra il ridere e il vendere litri, qualcuno si ferma:
questi campi, a guardarli, sono pieni di polvere
della strada e, a sedersi sull'erba, si viene scacciati.
Tra le coste, c'è sempre una vigna che piace sulle altre:
finirà che il meccanico sposa la vigna che piace
con la cara ragazza, e uscirà dentro il sole,
ma a zappare, e verrà tutto nero sul collo
e berrà del suo vino, tochiato le sere d'autunno in cantina.


Anche a notte ci passano macchine, ma silenziose,
tantoché l'ubriaco, nel fosso, non l'hanno svegliato.
Nella notte non levano polvere e il fascio dei fari
svela in pieno il cartello sull prato, alla curva.
Sotto l'alba trascorrono caute e non s'ode rumore,
se non brezza che passa, e toccata la cima,
si dileguano nella pianura, affondando nell'ombra.

Ilustración: Paesaggio, 1942, Giorgio Morandi

sábado, noviembre 26, 2011

Kathleen Raine / Dos poemas



Una mujer a su amante

Soy fuego
destilado en agua

una ola
alzándose del abismo.

En mis venas se alza
la luna que atrae las mareas
hacia un árbol con flores
caídas en la espuma del mar.

Soy aire
atrapada en una red,

el pájaro agorero
que canta en un cielo reflejo.

Soy un sueño antes de la nada;
soy corona de estrellas,
soy camino a la muerte.

(de The Pithoness and other poems, 1949)


Eros alado

Un pensamiento se alza desde mi deleite
con unos ojos como de pájaro y con alas
que va tornándose ángel y rosa en el aire.

Ave que cruzas distancias de cielos interiores,
vuela adonde mi amor yace junto al mar azul,
despierto en sueños y dormido para el mundo.

Ángel, sé el mensajero dorado de mi alma,
colma de plegarias a su corazón inefable
y como viento atraviesa su casa cual flama.

Rosa, tiñe sus venas del carmesí de tu sangre,
rosa, ábrele a su corazón tu misterio intonso
y con tus agudas flechas hiérele en su deseo.

(de Living in Time, 1946)

Kathleen Raine (Ilford, Essex, 1908-Londres, 2003)
Versiones de Angel Faretta


Woman to Lover


I am fire
Stilled to water,


A wave
Lifting from the abyss.


In my veins
The moon-drawn tide rises
Into a tree of flowers
Scattered in sea-foam.


I am air
Caught in a net,


The prophetic bird
That sings in a reflected sky,


I am a dream before nothingness
I am a crown of stars,
I am the way to die.




Winged Eros


A thought new-born rises from my delight
With bird-like eyes and wings
Turning in air to angel and to rose.


Bird that can cross the distance of interior skies,
Fly to where my love beside the blue sea lies
Wake in his dream while to the world he sleeps.


Angel, be of my soul the golden messenger
To fill his heart unspeakably with prayer,
And in the wind pass through his house like fire.


Rose, dye his veins in crimson of your blood,
Rose at his heart your mystery unfold
And with your sharp thorns wound his desire.

Foto: Cubierta de The Collected Poems of Kathleen Raine, Brian Keeble Editor amazon.co.uk

viernes, noviembre 25, 2011

Huang Canran / 3 mujeres




3 mujeres

Una mujer que me ama, una mujer que amo,
una que nunca me amó y a la que no amo.
Pienso en la primera con frecuencia
y recuerdo ocasionalmente a la segunda;
en la tercera no pienso nunca ni la recuerdo.
Con la primera perdí hace años todo vínculo,
al igual que con la segunda y la tercera.
Ellas habrán continuado su vida,
habrán perdido tal vez un montón de cosas,
y las cosas perdidas en su vida, como el agua,
habrán dejado o no una marca.
Hoy las tres me han llamado por teléfono;
ahora sus tres voces, sus tres caras
a la vez aparecen en mi cabeza y las veo hablar
como si estuvieran conversando entre sí,
como si se conocieran mutuamente.

Huang Canran (Fujian, 1963), Miguel Angel Petrecca, Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos, Gog y Magog Ediciones, Buenos Aires, 2011

Ilustración: El banquete nocturno de Han Xizai (detalle), siglo X, atribuido a Gu HongZhong

jueves, noviembre 24, 2011

Luis Enrique Belmonte / Dos poemas


        


        Los corredores del miedo      

        Iba yo tuerto y resoplando,
        chapoteando entre charcas en donde se reflejaban
        dientes de oro y hebillas de plata
                        manchadas por el cieno.

        Buscaba una ramita que reviviera con un soplo
        para que nacieran flores violetas
        o un monte más tierno.

        Pasaban los mancos con su perorata
        junto a malévolos generales que escondían su tufo
        detrás de cortinas de pólvora.

                        Iba tan asustado
       como el que viene de la guerra
       con una jauría detrás de la nuca,
       pensando que a lo mejor
       ya no existían las últimas trincheras,
                        espantando tábanos,
       soplando cualquier ramita en ascua,
       volando del susto
       porque tan sólo llevaba un ojo.

       Y con la cuchilla hacía surcos
       que me permitiesen atravesar
       densas regiones de caballos agónicos,
                        buitres en disputa,
       perros azotados por espectros vengativos.

       Eran los corredores del miedo.

       Iba yo tuerto y resoplando.



       Antes que lleguen las lechuzas
                           
       Los meses se nos atragantaban
       en un estacionamiento subterráneo
       vigilado por un viejo tuerto.
                 
       En los bolsillos no faltaban fósforos cercenados
       o servilletas en donde se graficaban teoremas
       de cómo los espíritus salían de sus trajes
       en los escaparates de la última temporada.

       No tardaron en llegar saltimbanquis,
       sanadores, profetas, vendedores de seguro,
       cobradores, videntes, traficantes:
       seres fantasmagóricos reverberando
       como espejos arrastrados por el río.

       Mi amiga había vuelto a posar desnuda
       ante un grupo de bisoños debidamente matriculados,
       y los malévolos iban de un lado a otro
       como si fuesen yesqueros
       o pastillas para dormir.    
     
       De repente aparecía un ángel remendado
                        y te susurraba al oído
       en medio de una balacera con tres muertos incluidos
       y gran jolgorio de vecinos
       restregando sus lagañas.

       No es fácil retener a un pájaro asustado,
       pues la vida se escurre
       como el vino en la garganta de los goliardos,
       como se escurren los ciclistas, los escarabajos,
       los escapistas bajo el puente.
     
       Ahora resulta que sólo nos queda seguir la ruta larga                    
       y sacudirse después de cada embestida
       para olvidarnos de este chicle pegado
       a la suela del zapato.

       Ahora resulta que, sin estrellas
                        ni embarcadero a la vista,
       sólo nos queda respirar con paciencia
       y esperar que sanen las costillas
       antes que lleguen las lechuzas.
 
Luis Enrique Belmonte (Caracas, 1971), Compañero paciente, inédito
Enviado por Gustavo Valle

Foto: Belmonte R.E. Lectura   

miércoles, noviembre 23, 2011

Joan Margarit / No estaba lejos ni era difícil






No estaba lejos ni era difícil

Ha llegado este tiempo
en que la vida perdida no hace daño,
en que la lujuria es una lámpara inútil
y la envidia se olvida. Es un tiempo
de pérdidas prudentes y necesarias,
no es un tiempo de llegar, sino de irse.
Es ahora cuando el amor
coincide por fin con la inteligencia.
No estaba lejos ni era difícil. Es un tiempo
que no me deja más que el horizonte
como medida de la soledad.
El tiempo de la tristeza protectora.

(Versión de Jonio González)


No estaba lejos, no era difícil 

Ha llegado este tiempo
cuando ya no hace daño la vida que se pierde,
cuando ya la lujuria es tan sólo
una lámpara inútil,
y la envidia se pierde en el olvido.
Es un tiempo de pérdidas prudentes, necesarias,
y no es un tiempo de llegar
sino de irse. El amor, ahora,
por fin coincide con la inteligencia.
No estaba lejos,
no era difícil. Es un tiempo
que no me deja más que el horizonte
como medida de la  soledad.
Un tiempo de tristeza protectora.

(Versión de Joan Margarit)



No era lluny ni difícil 

Ha arribat aquest temps 
quan la vida perduda no fa mal, 
quan la luxúria és un llum inútil 
i l’enveja s’oblida. És un temps 
de pèrdues prudents i necessàries, 
no és un temps d’arribar, sinó d’anar-se’n. 
És ara quan l’amor 
coincideix a la fi amb la intel·ligència. 
No era lluny ni difícil. És un temps 
que no em deixa res més que l’horitzó 
com a mesura de la soledat. 
El temps de la tristesa protectora. 

Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938), No era lluny ni difícil, Proa, Barcelona, 2010; No estaba lejos, no era difícil, traducción de Joan Margarit, Visor, Madrid, 2011
Foto: Margarit Web del autor

martes, noviembre 22, 2011

Juana Bignozzi / Barcelona-Lyon / Primeros viajes / Early travels




Barcelona-Lyon

a mi edad la gente encuentra finalmente
una casa fija y un lugar claro en su generación
habla de amigos y bares muertos y de ex maridos
y no de visitas a amigas dispersas por el mundo
de la misma explicación con el mismo hombre
a esta edad se debe llegar a un país a un partido
y no a estos viajes
en trenes nocturnos con cambios en la frontera


Barcelona-Lyon

at my age people finally find
a fixed dwelling and a firm place in their generation
they speak of friends and dead bars and former husbands
not of visiting friends scattered all over the world
from the same explanations with the same man
at this age we must reach a country a district
and not these journeys
in night trains with changes at the border



Primeros viajes

Estos objetos sanos y sólidos
tan ajenos a la acción de su dueña
han rescatado los valores a través de
matanzas odios arribismos
y finalmente para siempre soledad

vuelvo rítmicamente a los lugares de donde salieron
y compro otros semejantes a ellos
que se quiebran se accidentan
como si contra mi estólida ceguera
señalaran dónde estuvo la vida
y la recordaran para mí



Early travels

These sound and solid objects
so foreign to the deeds of their owner
have rescued values through
the slaugthers hatred social climbing
and finally for all time solitude

rhythmically I return to the places whence they came
and buy others similar
that crack are damaged
as if against my stolid blindness
signal where life was
and remember it for me

Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937), Andrew Graham-Yooll, Poesía argentina para el siglo XXI / Argentine Poetry for the XXIst Century, con/with Daniel Samoilovich, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011

Ilustración: The Night Train, siglo XIX, Friedrich Stahl

lunes, noviembre 21, 2011

Irene Gruss / El té / Tea


El té

Está sentada frente a mí
y hace ruidos con la taza, la golpea sin querer.
Está loca pero la que desea
matarla soy yo.
Si le comento cualquier asunto, ella pregunta
con tono de loca más que dubitativa: ¿ah, sí?
Ahora está
diciéndome que hay vidrios rotos
en su barriga, la cortan, duele.
Miro la taza que golpeaba, intacta,
y el té que viene hacia mí, de a poco,
rogando algo que no entiendo. El líquido
toma una forma que me asusta, y al mismo tiempo
sé que lo que pide
es piedad, ayuda; es té tibio
sobre la mesa
y es mi hermana.

Tea


She sits in front me
and makes noises with her cup, knocks it by accident.
She's mad but the one who wants
to kill her is me.
Any remark I make about something, she asks
with a lunatic note more than in doubt: Oh, yes?
Now she is
telling me that there is broken glass
in the stomach, it cuts her, hurts.
I glance at the cup she knocks, unharmed,
and the tea that comes towards me, slowly,
asking something I cannot understand. The liquid
takes a shape that frightens me, and at the same time
I know that she pleads
for pity, help; the tea is lukewarm
on the table and 
she is my sister.

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950),  Andrew Graham-Yooll, Poesía argentina para el siglo XXI / Argentine Poetry for the XXIst Century, con/with Daniel Samoilovich, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Girl with Tea Cup, c.1914, Harold Gilman

viernes, noviembre 18, 2011

Charles Simic / Zapatos



Mis zapatos

Zapatos, rostro secreto de mi vida interior,
dos desdentadas bocas abiertas,
dos pieles de animal medio podridas
que huelen a nido de ratón.

Mi hermano y mi hermana, que murieron al nacer,
siguen existiendo en vosotros,
guiando mi vida
hacia su incomprensible inocencia.

¿Para qué quiero los libros
cuando en vosotros es posible leer
el Evangelio de mi vida en la tierra
y más allá, de las cosas que están por venir?

Quiero proclamar la religión
que he inventado para vuestra perfecta humildad,
y la extraña iglesia que estoy construyendo
de la que sois el altar.

Ascéticos y maternales, duráis:
parientes de los bueyes, de los santos, de los hombres condenados,
con vuestra muda paciencia dais forma
a la única verdad parecida a mí mismo.

Charles Simic (Belgrado, 1938, radicado en los Estados Unidos), The Vintage Book of Contemporary American Poetry, J. D. McClatchy (comp.), Knopf, Nueva York, 1990
Versión de Jonio González

My Shoes  


Shoes, secret face of my inner life:
Two gaping toothless mouths,
Two partly decomposed animal skins
Smelling of mice-nests.


My brother and sister who died at birth
Continuing their existence in you,
Guiding my life
Toward their incomprehensible innocence.


What use are books to me
When in you it is possible to read
The Gospel of my life on earth
And still beyond, of things to come?


I want to proclaim the religion
I have devised for your perfect humility
And the strange church I am building
With you as the altar.


Ascetic and maternal, you endure:
Kin to oxen, to Saints, to condemned men,
With your mute patience, forming
The only true likeness of myself.

Ilustración: Zapatos, 1888, Vincent Van Gogh

jueves, noviembre 17, 2011

Juan Rodolfo Wilcock / De "Luoghi comuni", 2



Europa

5. En la ventana

De grises varios se compone el viento.
Schubert creía en la amistad:
un hombre se asoma al balcón entre dos sábanas
y otro le sonríe desde el patio
sentado en la ventana
con un destonillador en la mano.
"¿Llueve?", pregunta el hombre del balcón;
el otro no oye pero señala las nubes:
como velas grises pasan sobre los techos
en la penumbra de un atardecer de octubre,
mes de lluvias, de luces sucias, de uva.
    Allá, bajo aquel monte, está Tívoli,
    la Villa d'Este con sus fuentes,
    la villa construida por Adriano
    en las tierras de su mujer,
    y las diferentes tipografías romanas.

6. Encuentro

Una vez corría con un caballo dócil
por un alto desierto al sur de Mendoza,
cuando el alba tendía, desalentada,
espejismos sobre el Nihuil.
Como vive un microbio sobre papel secante,
miraba los cielos verdes, pensaba en Buenos Aires;
a veinte kilómetros al norte
había dos sauces y una especie de arroyo.
Oh tacho de basura de la memoria, descubro
que fui también un torturador de perros.
   Imaginemos un encuentro con aquel joven
como un fósforo encendido a la orilla del mar,
el "chango" que era yo siguendo un zorro,
contento de ver un avestruz para cambiar.
"Buen día, me parece que nos conocemos;
recién he llegado del futuro, ahora
soy lector de la casa Einaudi".

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Luoghi comuni", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino


5. Alla finestra


Di grigi vari si compone il vento.
Schubert credeva all'amicizia:
un uomo si affaccia al balcone tra due lenzuoli
e un altro gli sorride dal cortile
seduto alla finestra della cucina
con un cacciavite in mano.
"Piove?" domanda l'uomo del balcone;
l'altro non sente ma indica le nuvole:
come vele grigie passano sui tetti
nella penombra di un tramonto di ottobre,
mese di piogge, di luci sporche, d'uva.
   Là sotto quel monte è Tivoli,
   la Villa d'Este con le sue fontane,
   la villa costruita da Adriano
   nelle terre di sua moglie,
   e le varie tipografie romane.


6. Incontro


Una volta correva con un cavallo docile
per un alto deserto a sud di Mendoza,
quando l'alba stendeva, scoraggiata,
miraggi sul Nihuil.
Come un microbio vive sulla carta assorbente,
guardava i cieli verdi, pensava a Buenos Aires;
a venti chilometri a nord
c'erano due salici e una specie di ruscello.
Oh pattumiera della memoria, scopro
di essere anche stato torturatore di cani.
  Immaginiamo un incontro con quel giovane
come un fiammifero acceso in riva al mare,
il "ciango" ch'ero inseguendo una volpe,
contento di vedere un struzzo per cambiare.
"Buongiorno, mi sembra che ci conosciamo;
sono appena arrivato dal futuro, adesso
faccio il lettore per la casa Einaudi".

Ilustración: El jinete polaco, 1655, Rembrandt van Rijn

miércoles, noviembre 16, 2011

Franco Fortini / Tú miras y ves



Tú miras y ves

Tú miras y ves el cielo
absorto sobre los techos
de escarcha y niebla mover una noche.
Es invierno, dices, el hielo
habrá pronto estrechado
los hilos de hierba y los arroyos.
Y tú tienes aún tibieza en los dedos,
tú lentamente escribes
a la luz de las nieves
oscurecidos pensamientos, inciertas voces.

Este es tiempo de sueño.
¿Pero cómo dejar al sueño la victoria,
cómo perder también
el hilo de la historia
que cada día retoma
la razón paciente?
Tal vez piensas que es tarde,
tal vez que miras inútilmente
cómo se endurece
este tiempo en el corazón, este invierno,
Pero otros ojos están fijos en los cristales, otras uñas
rayan los carámbanos,
otros hombres cuentan las gotas
de los aleros y resisten la noche.

1949

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Poesia e errore-Al poco lume (1949-50)", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino

Tu guardi e vedi


Tu guardi e vedi il cielo
tutto intento sui tetti
di nebbia e ghiaccio muovere una notte.
È inverno, dici, e il gelo
avrà presto ristretti
i fili d'erba e i rivi.
E tu che ancora hai tepore alle ditta
tu lentamente scrivi
al lume delle nevi
oscurati pensieri, incerte voci.


Questo è tempo di sonno.
Ma come al sonno lasciare vittoria,
come perdere ancora
il filo della storia
che ogni giorno riprende
la ragione paziente?
Forse pensi che è tardi,
forse che invano guardi
come tutto s'impietri
questo tempo nel cuore, questo inverno.
Ma altri occhi sono fissi ai vetri, altre unghie
incidono i ghiaccioli,
altri uomini contano le stille
delle gronde e resistono alla notte.


1949

Ilustración: Efecto de la nevada en el pequeño Montrouge, 1870, Edouard Manet

martes, noviembre 15, 2011

Gabriel Ferrater / Tiempo atrás






Tiempo atrás

Déjame huir de aquí y regresar a tu tiempo.
Encontrémonos otra vez en el lugar de siempre.
Veo el cielo blanco, la negra pasarela
de hierros delgados y la hierba humilde en tierra
de carbón, y oigo el pitido del expreso.
El enorme temblor pasa por nuestro lado
y debemos hablarnos a gritos. Desistimos
y me hace reír el que rías y no te oiga.
Veo tu blusa gris de cielo, el azul
marino de la falda corta y amplia
y el gran foulard rojo que llevas al cuello.
La bandera de tu país. Ya te lo he dicho.
Todo es como aquel día. Van regresando
las palabras que nos decíamos. Y ahora, ¿lo ves?,
vuelve aquel momento. Sin razón,
callamos, tu mano sufre y hace
como entonces: un vuelo vacilante
y el abandono, y el juego con el sonido triste
del timbre de la bicicleta. Suerte
que ahora, como aquel día, unos pasos férreos
se nos echan encima, y la excesiva
canción de los hombres verdes, con cascos de acero,
nos rodea, y un grito imperioso,
como el oro maligno de una serpiente, se dirige a nosotros
inesperado y nos fuerza a esconder la cabeza
en el regazo profundo del miedo
hasta que se alejen. Ya nos hemos olvidado
de nosotros. Volvemos a ser felices
porque se alejan. Este movimiento
sin recuerdo hace que nos reencontremos,
y somos felices de estar aquí, los dos,
y da igual que callemos. Podemos besarnos.
Somos jóvenes. No sentimos ninguna piedad
por los silencios pasados, y tenemos miedos
de los otros que nos distraen de los nuestros.
Bajamos por la avenida, y en cada árbol
que nos cubre de sombra espesa tenemos frío,
y vamos de frío en frío, sin pensarlo.

Gabriel Ferrater (Reus, 1922-Sant Cugat del Vallès, 1972), Les dones i les dies (poesía completa), Edicions 62, Barcelona, 2010
Versión de Jonio González

Temps enrera


Deixa’m fugir d’aquí, i tornar al teu temps.
Trobem-nos altre cop al lloc de sempre.
Veig el cel blanc, la negra passarel.la
de ferros prims, i l’herba humil en terra
de carbó,  i sento el xiscle de l’exprés.
L’enorme tremolor ens passa a la vora
i ens hem de parlar a crits. Ho deixem córrer
i em fa riure que rius i que no et sento.
Et veig la brusa gris de cel, el blau
marí de la faldilla curta i ampla
i el gran foulard vermell que dus al coll. 
La bandera del teu país. Ja t’ho vaig dir.
Tot és como aquell dia. Van tornant
les paraules que en dèiem. I ara, veus, 
torna aquell moment. Sense raó,
callem. La teva mà s’ofreix, i fa
com aleshores: un vol vacil.lant
i l’abandó, i el joc amb el so trist
del timbre de la bicicleta. Sort
que ara, com aquell dia, uns passos ferris
se’ns tiren al damunt, i l’excessiva
cançó dels homes verds, cascats d’hacer,
ens encercla, i un crit imperiós
com l’or maligne d’una serp se’ns dreça
inesperat, i ens força a amagar el cap
a la falda profunda de la por
fins que s’allunyen. Ja ens hem oblidat
de nosaltres. Tornem a ser feliços
perquè s’allunyen. Aquest moviment
sense record, ens porta a retrobar-nos,
i som feliços de ser aquí, tots dos,
i és igual que callem. Podem besar-nos.
Som joves. No sentim cap piedat
pels silencis passats, i tenim pors
dels altres que ens distreuen de les nostres.
Baixem per l’avinguda, i a cada arbre
que en cobreix d’ombra espessa, tenim fred,
i anem de fred en fred, sense pensar-hi.

Ilustración: Railroad Train, 1908, Edward Hopper

lunes, noviembre 14, 2011

Hugo Padeletti / Oda



Oda

No cubre el año todo inmóvil hielo
las llanuras armenias, dice Horacio,
ni siempre llora el fresno su follaje.
Ni siempre, sé, procura el mismo celo
la misma forma, siempre el mismo espacio
la misma dicha. Hay miedo y hay coraje.
Hay cadente virtud de la verbena
y el agua y, como hay feria y hay faena,
suben la llama y la azucena, baja
la ilusión con la edad.
                 
                                 Cuna y mortaja
-a todos igual y diferentes-
y entre las dos, menguantes y crecientes
diversas, son las fases del destino.
'La partida fue oscura y el camino
será de glorias; a veces, en la historia,
hay cumbres que degradan la memoria
y sombras que esclarecen el olvido;
en la victoria el ánimo advertido
cosecha espina, rosa en la derrota',
decían, tantas veces la esperanza
con lo esperado, el filo con la herida
se cruzan. ¿Como roble la bellota,
oculta permanencia la mudanza
y apertura la muerte de otra vida?

Si todo es de otro modo,
entonces todo es nada y todo es todo:
en el grano el granado, la granada,
rubí, colmena, sangre y estocada.
La piedra que buscaba el alquimista
está, con cualquier nombre, ante la vista;
no el secreto, la forma solamente:
quieres asirlo, es otra diferente
y es la misma; es todos los metales
y es, bipolar e incorruptible, el oro:
impotencia y poder, gloria y desdoro.

Es cierto, cuando busco en lo que veo
lo que todos buscamos, ni el deseo
ni la intención aciertan en la cosa;
sí, a menudo, en la espina. Milagrosa,
gratuita, fiel, oscura, medianera
de luz, siempre vecina y extranjera,
de pronto, en el extremo está la rosa.
Así también, a veces, el Edén
está todo en fregar una sartén
-fray Lorenzo, por cierto, lo sabía-
y a veces en comer una sandía
como si fuera todo.

                             Como es,
entonces, que la espera es pera,
que esfumar es fumar, que espuma es puma
son misterios, no juegos de la pluma,
si todo es todo en todo lo que es:
la escala es cala, hay cal en la escalera,
vela es novela, este verano es Jano
y el destino la palma de la mano.
Si Dios es trascendente, sólo Dios,
el que teje la urdimbre con la trama,
conoce cómo es uno siendo dos
-y cero- cuanto arde con Su llama.

Este árbol, con todo, que sería
pino y espino, pampa y cordillera,
es solo mi palmera; esta bandera,
que es argentina, sabe su frontera;
esta moneda que te presto es mía.
No hay nada más seguro que la fría
sentencia que gobierna esta impostura.
¿Sólo rendido el colmo de la impura
conciencia acaba en mí y empieza el Buda
o fray Lorenzo? Antes ¿sólo hay duda
y afirmación, destino persistente,
secuencia de raíz y de simiente,
dicha y desdicha?
                  
                              Es cierto, su follaje
no siempre llora el fresno. ¿Habrá coraje
frente al cambio? Se va sin duda el cano
señor del frío, pero está el verano.
¿Habrá siempre verano y siempre invierno?
¿Siempre habrá de algún modo cielo e infierno?
Todo está dicho, todo ya es amargo
o dulce, pero vuelve y me abastece
de lugares comunes, repetibles
aunque sin fondo, acaso reversibles,
sin embargo.

Hugo Padeletti (Alcorta, 1928), Apuntamientos en el ashram y otros poemas 1944-1959, Ediciones Bajo la Luna, Rosario, 1991

Ilustración: Pintura, Hugo Padeletti, Revista de Artes, 2010

domingo, noviembre 13, 2011

Ezra Pound / Canto LXXII



Canto LXXII
Presencia

No bien se comience a recordar la guerra de mierda
ciertos hechos resurgirán. En el principio, Dios
El gran esteta, luego de haber creado cielo y mundo,
Luego del ocaso volcánico, luego de haber pintado
La roca con líquenes al modo japonés,
Cagó al gran usurero Satán-Gerión, prototipo *
De los padres de Churchill. Y me viene ahora cantar
En jerga tosca (no a cantar toscano) porque
Luego de su muerte se me apareció Filippo Tomaso diciendo: **
            "Bueno estoy muerto,
Pero no quiero ir al Paraíso, todavía quiero combatir.
Quiero tu cuerpo, con el que podré todavía combatir."

Y yo repuse: "Está viejo mi cuerpo, Tomaso
¿Y luego dónde andaría? Necesito del cuerpo.
Pero te daré un lugar en el Canto, te daré la palabra a ti;
Pero si aún quieres combatir, sea; toma a cualquier jovencito;
Agárrate gualque ziovanozz imbécil por completo ***
Para darle un poco de coraje, para darle un poco de cerebro,
Para darle aún a Italia un héroe entre tantos;
              Así puedes renacer, así volverte pantera,
Así puedes conocer el bi-nacimiento, y morir una segunda vez,
No morir viejo en el lecho, ****
              sino al son de la batalla
Para tener el Paraíso.
              Purgatorio has hecho
Después de la traición, en días del Septiembre Vigesimoprimero,
En los días del derrumbamiento.
               ¡Fuera! A hacerte de nuevo héroe.
Déjame la palabra a mí.
Déjame a mí que me explique,
               que haga el canto de la guerra eterna
Entre luz y fango.
¡Adiós, Marinetti!
Vuelve a hablar cuando te parezca."
"PRESENTE"
Y, luego de ese fuerte grito, triste agregó:
"Mucho seguí hueca vanidad,
Espectáculo antes que sabiduría,
No supe de los sabios antiguos y nunca leí
Palabra de Confucio ni de Mencio.
Yo canté la guerra, tú has querido la paz,
¡Los dos, ciegos!
             yo fallé en lo interno, tú en lo actual."
             Y me hablaba a mí
Sólo en parte, ni al vecino,
Una parte de sí con él dialogaba
Y no su centro; y su sombra
Gris se marchó más gris
Mientras otro tono de la gama
Salió de lo diáfano del hueco vacío:
             "Vomitan las narices espíritus de fuego."
Y yo:
             "¿Viniste tú, Torcuato Dazzi a *****
                                          arrullarme en versos
Que tradujiste hace veinte años para despertar a Mussato?
Tú con Marinetti eres parejo,
              ambos amaron con exceso, él, el porvenir,
Y tú el pasado.
Sobre-querer produce sobre-efecto
Por desgracia mucho, él destruir quería
Y hoy vemos las ruinas más que en su querer."
Pero el primer espíritu impaciente
Como quien trae noticia urgente
Y no soporta asunto de menor urgencia
Recomenzó, y reconocí la voz de Marinetti
Como sentida en el Lungotevere, en Plaza Adriana:
               "¡Fuera, fuera!
De Macallè sobre borde extremo
Del gobi, blanca en la arena, una calavera ******
               CANTA
Y no parece cansada, y canta y canta:
               -¡Alamein, Alamein! *******
                   ¡Volveremos!
               ¡V o l v e r e m o s!"
"Lo creo", dije yo,
Y me parece que quedó en paz con la respuesta.

Pero el otro espíritu retornó a su estribillo
Con:
                 "poco menos que un toro"...
                  (un verso del Eccerinus
Del latín traducido).
No ponía final
Al verso.
Por lo que todo el aire tembló, y la sombra toda
En confusión
Y como el trueno que embaraza la lluvia
Saeteaba frases sin sentido. Hasta que con un crujido
Como de casco sumergido al que alcanza un rayo
Y que preanuncia tal vez la muerte
                  y en cualquier caso una gran pena,
Oí en un grito crepitar:
                  "Calumnia güelfa, y siempre fue tu arma
La calumnia, y lo es, y no de ayer.
Enfurece en la Romaña la antigua guerra
El estiércol sube hasta Boloña
Con estupro y fuego, y donde el caballo se moja
Hay marroquíes y otra basura
Que mencionar da vergüenza,
                  Tal que el sepulto polvo se aprieta
En lo profundo, y se mueve y exhala
Y por echar al extranjero desea con ansia
Volverse vivo.
Basura vi parecida en mis tiempos,
La historia da ejemplos en serie sucia
De traidores a una ciudad o una provincia
                   Pero este medio feto
¡Vendió toda la Italia y el Imperio!
Rímini quemada y Forli destruida,
¿Quién verá ya el sepulcro de Gemistos ********
Que tan sabio fue, si bien fue griego?
Derribados arcos, quemados muros
Del lecho arcano de la divina Ixotta..." *********

                   "¿Pero quién eres?", clamé
Contra la furia de su tormenta,
"¿Eres Segismundo?" **********
                   Pero no me escuchó,
Furioso:
                   "Muy pronto estará monda la Sede
De un Borgia, que no de un Pacelli. **********
Hijo de un usurero fue Sixto
Y toda su pandilla
De Pedro negador dignos secuaces
¡De usura gordos y de óptimos contratos!
Y ahora vienen a mugir que Farinacci ***********
Tiene manos rústicas porque es come-hojas.
Tiene una mano rústica, pero dio la otra,
Haciendo los honores con los héroes,
Tales ellos son: Tellera, Maletti,
Miele, de Carolis y Lorenzini,
Guido Piacenza, Orsi y Pedrieri,
y Baldassare, Borsarelli y Volpini,
Por nombrar sólo a los generales.
Hijo de un banquero fue Clemente, y nacido
De un usurero el Décimo León..."
                 "¿Quién eres?", clamé.
"Soy aquel Ezzelino que no creyó
Que el mundo fue creado por un hebreo.
Si de otro arrebato yo fuese reo
                  poco te importa hoy.
Me traicionó el que tu amigo ha traducido.
Esto es, Mussato, que escribió
Que soy hijo del Orco,
Y si tú crees semejante macana
Cualquier zanahoria puede hacerte burro.
El bello Adonis murió por un puerco
Cuando hizo llorar a la bella Cipriana.
Si hice juguete de la razón,
Diría que un toro de matadero
O del zoológico vale un pichón;
Quien de fábulas toma placer y alegría
Dirá que el animal no hace la religión.
Un solo falso hace más daño al mundo
Que mis arrebatos: ¡todos! ¡Araña, arañacha!
Saca esa fiera de su agujero,
Si no es esta:
             ¿Bestia humana ama la manija?
Si acaso el emperador hizo aquella donación,
Bizancio fue madre del trastorno,
Lo hizo sin forma y contra la ley,
Escindiéndose de sí y de lo justo;
Ni César se puso en tal quebranto,
Ni Pedro fue piedra antes que Augusto
Toda la virtud tuviera y la función,
             Quien puede dar por ley es sólo el poseedor,
Y el caso gibelino bien supo el florentino."

Y como ondas que vienen de más de un trasmisor
Oí entonces
Las voces mezcladas y con frases rotas,
Y muchos pájaros haciendo el contrapunto
En la mañana estival,
              entre el cual gorgojear
En tono suave:
              "Placidia fui, dormía bajo el oro."
Sonaba como notas de una cuerda afinada.
              "Melancolía de mujer y la dulzura..."
               comencé.
Pero tenía yo la piel convulsa
Entre mis hombros,
              y mi pulso preso
En tal férreo lazo
              que mover no pude
Ni mano ni hombro y para aferrar el pulso
Vi un puño
              y no vi el antebrazo
Que me mantuvo como clavo en muro;
Me creerá insulso quien no hizo la prueba.
Y luego la voz que antes despotricaba,
Me dijo feroz, digo feroz, pero no hostil
Más bien paternal, casi, como quien explica
En medio del combate qué debe hacer un inexperto:
"La voluntad es antigua, pero la mano es nueva.
¡Atiende! Atiéndeme, antes de que regrese
A la noche.

              Donde la calavera canta,
volverán los infantes, volverán las banderas."



Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972), The Cantos, A New Directions, Nueva York, 1993
Versión de Jorge Aulicino


* Satanás-Gerión: Fusión del diablo con el monstruo Gerión, que como encarnación del fraude conduce sobre su lomo a Dante y Virgilio a las Malebolge, las distintas rondas del Octavo Círculo del Infierno

** Filippo Tomaso: Filippo Tomaso Marinetti (1876-1944), fundador del futurismo italiano y poeta oficial del gobierno de Benito Mussolini

*** gualque ziovanozz: remedo de pronunciación, probablemente: cualquier jovencito

**** Viejo: en castellano en el original

***** Torcuato Dazzi: traductor, en el siglo pasado, de Albertino Mussato (1261-1329), político, historiador y poeta humanista, autor de la Ecerninis, en la que narra la tragedia de Ezzelino II (1194-1259), condotiero lombardo

****** Gobi, en cursiva en el original: no encuentro traducción posible, excepto como alusión al desierto de Gobi, figuradamente por el de Etiopía, ocupada por los italianos entre 1935 y 1941, año en que fueron expulsados por los británicos

******* El Alemein: ciudad al Norte de Egipto junto a la cual se libraron dos batallas en 1942 entre el ejército británico de Bernard Montgomery y el alemán de Erwin Rommel, este último secundado por los italianos. Los británicos doblegaron a los alemanes e italianos en ambos combates

******** Gemistos: Georgios Gemistos (c.1355-1452), llamado Pletón, filósofo bizantino cuyos restos fueron robados por Segismundo Malatesta en Mistra y llevados a Rímini. Había enseñado la obra de Platón en Florencia. Fue precursor de la actualización de la filosofía platónica en Italia, y quizá inspirador del orfismo en la corte de los Médici

********* Alude a Segismundo Malatesta (1417-1468), caudillo furioso de la Romaña, cultor de las artes y las ciencias. Mandó construir el templo de San Francisco en Rímini, donde fueron sepultados sus restos y los de su amante y última esposa, Isotta degli Tai, a quien Pound prefiere llamar Ixotta

********** Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, Pio XII, papa entre 1939 y 1958

*********** Roberto Farinacci (1892-1945), político fascista, uno de los hombres más prominentes del partido, del que fue secretario general. Alcanzó el rango de teniente general en la guerra ítalo-abisinia. Se le atribuye haber inventado la purga con aceite de ricino como castigo a los opositores.


Canto LXXII
Presenza

Purché si cominci a ricordare la guerra di merda
Certi fatti risorgeranno. Nel principio, Dio
Il grande esteta, dopo aver creato cielo e mondo,
dopo il tramonto volcanico, dopo aver dipinto
la roccia con licheni a modo nipponico,
Cacò il gran' usuraio Satana-Gerione, prototipo
Dei padroni di Churchill. E mi viene ora a cantar'
In gergo rozzo (non a (h) antar 'oscano) ché
Dopo la sua morte mi venne Filippo Tomaso dicendo:
       “Be', sono morto, 
Ma non voglio andar in Paradiso, voglio combatter' ancora.
Voglio il tuo corpo, con che potrei ancora combattere.”

Ed io risposi: “Già vecchio il mio corpo, Tomaso
E poi, dove andrei? Ne ho bisogno io del corpo.
Ma ti darò posto nel Canto, ti darò la parola, a te;
Ma se vuoi ancora combattere, va; piglia qualche giovinotto;
Pigiate hualche ziovinozz' imbelle ed imbecille
Per fargli un po' di coraggio, per dargli un po' di cervello,
Per dare all'Italia ancor' un eroe fra tanti;
       Così puoi rinascere, così diventare pantera,
Così puoi conoscere la bi-nascita, e morir una seconda volta,
Non morir viejo a letto,
        anzi morir a suon di battaglia
Per aver Paradiso. 
      Purgatorio hai già fatto
Dopo il tradimento, nei giorni del Settembre Ventunesimo,
Nei giorni del crollo.
       Vai! Vai a farti di nuovo eroe.
Lascia a me la parola.
Lascia a me ch'io mi spieghi,
         ch'io faccia il canto della guerra eterna
Fra luce e fango.
      Addio, Marinetti!
Tornaci a parlar quando ti sembra.”
          “PRESENTE”
E, dopo quel grido forte, mesto aggiunse:
“In molto seguii vuota vanitade,
Spettacolo amai più che saggezza
Né conobbi i savi antichi e mai non lessi
Parola di Confucio né di Mencio.
Io cantai la guerra, tu hai voluta pace,
Orbi ambidue! 
            all'interno io mancai, tu all'odierno”
         E parlava a me
In parte solamente, né al vicino,
Una parte di sé con sé dialogava
E non di sé il centro; e da grigia
La sua ombra si fé più grigia
Finché un altro tono della gamma
Uscì dalla diafana del cavo vuoto:
            “Vomon le nari spiriti di fiamma.”
Ed io:
      “Venisti tu Torquato Dazzi a
                     Ninna-nannarmi i versi
Che traducesti vent'anni or sono per svegliar Mussato?
Tu con Marinetti fai il paio
        Ambi in eccessso amaste, lui l'avvenire
E tu il passato.
Sovra-voler produce sovra effetto 
Purtroppo troppo, egli distrugger volle
Ed ora vediamo le rovine più che nel suo voler.”
Ma il primo spirito impaziente
Come chi porta notizia urgente
E non sopporta affare di minore urgenza
Riprese, ed io riconobbi la voce di Marinetti
Come sentita Lungotevere, in piazza Adriana:
        “Vai! Vai!
Da Macallè sul lembo estremo
Del gobi, bianco nella sabbia, un teschio
         CANTA
E non par stanco, ma canta, e canta:
          -Alamein! Alamein!
         Noi torneremo!
    Noi  t o r n e r e m o! –“
“Lo credo” diss'io,
E mi pare che di codesta risposta ebbe pace.

Ma l'altro spirito tornò al suo ritornello
Con:
       “poco minor d'un toro”...
       (che è verso dell' Eccerinus
Tradotto dal latino)
        Egli non pose fine
Al verso.
        Perché tutta l'aria tremò, e tutta l'ombra
Con sconquasso
E come un tuono che la pioggia ingombra
Saettava frasi senza senso. Finché con scrocchio
Come nello scafo sommerso quando il raggio lo trova
Che precorre forse la morte
        ed in ogni caso gran pena,
Udii in strido crepitar':
        “Calunnia Güelfa, e sempre la loro arma
Fu la calunnia, ed è, e non da ieri.
Furia la guerra antica in Romagna,
Lo sterco sale sino a Bologna
Con stupro e fuoco, e dove il cavallo bagna
Son marocchini ed altra immondizia
Che nominar è vergogna,
         Sì che il sepolto polvere s'affasca
Nel profondo, e muove, e spira,
E, per cacciar lo straniero, agogna
A tornar vivo.
Di sporco vidi parecchio ai miei tempi,
La storia dà esempi a serie sporca
Di chi tradì città o una provincia
         Ma quel mezzo-feto
Tutta l'Italia vendé e l'Impero!
Rimini arsa e Forlì distrutta,
Chi vedrà più il sepolcro di Gemisto
Che tanto savio fu, se pur fu greco?
Giù son gli archi e combusti i muri
Del letto arcano della divina Ixotta..."

          “Ma chi sei?” clamai 
Contra la furia della sua tempesta,
“Sei tu Sigismundo?”
        Ma egli non m'ascoltò,
Furiando:
“Più presto sarà monda la Sede
Da un Borgia che non da un Pacelli.
Figlio di usuraio fu Sisto
E tutta la lor combutta
Di Pietro negator' degli seguaci,
D'usura grassi e di ottimi contratti!
Ch'or' vengon' a muggirvi che Farinacci
Ha mani rozze, perché è mangia foglia.
Ha una mano rozza, ma l'altra ha dato,
Così avendo onore con gli eroi,
Tanti ne sono: Tellera, Maletti,
Miele, De Carolis e Lorenzini,
E Baldassarre, Borsarelli e Volpini,
Per nominare solo i generali.
Fiol' di banchiere fu Clemente, e nato
D'usuraio il Decimo Leone…”
        “Chi sei?” clamai.
“Io son quell'Ezzelino che non credé
Che il mondo fu creato da un ebreo.
Se d'altro scatto io fossi reo
Poco ti importa ora.
Mi tradì chi il tuo amico ha tradotto.
Cioè Mussato, che ha scritto
Ch'io son fiol d'Orco,
E se tu credi a simile pastocchia
Ogni carota può ben farti ciuco.
Il bello Adonide morì d'un porco
A far pianger' la Ciprigna bella.
Se feci giocattolo della ragione
Direi che un toro da macello,
O dal zoologo vale un piccione;
Dirà che l'animale non fa religione.
Un solo falso fa più al mondo boia
Che i miei scatti: tutti! Ragna ragnaccia!
Cavami quella belva dal suo buco,
Se non è questa:
        Bestia umana ama la pastoia?
Se mai l'imperatore quel dono fece,
Bisanzio fu madre del trambusto,
Scindendo sé da sé e dallo giusto;
Né Cesare se stesso mise in schegge,
Né Pietro pietra fu prima che Augusto
Tutta la virtù ebbe e funzione.
Chi dà in legge è solo il possidente,
E'l caso ghibellin ben seppe il fiorentino.”

E come onde che vengon da più d'un trasmittente
Sentii allora
Le voci fuse, e con frasi rotte,
E molti uccelli fecer' contrappunto
Nel mattino estivo,
       fra il cui cigolar 
In tono soave:
       “Placidia fui, sotto l'oro dormivo.”
Suonava come note di ben tesa corda.
        “Malinconia di donna e la dolcezza”...
         cominciai
Ma io ebbi la pelle convulsa
Fra le mie spalle,
         e il mio polso preso
In sì ferreo laccio
         che muover non potei
Né mano né spalla, e ad afferrare il polso
Io vidi un pugno
         e non vidi avambraccio
Che mi tenne come chiodo in muro;
Mi crede insulso chi non ha fatto la prova.
E poila voce che prima furiava,
mi disse feroce, dico feroce, ma non ostile
Anzi era paterna quasi, come chi spiega 
In mezzo alla battaglia che deve fare un giovin'poco esperto:
        “La voglia è antica, ma la mano è nuova.
Bada! Bada a me, prima ch'io torni
Nella notte.

         Dove il teschio canta
Torneranno i fanti, torneranno le bandiere.”

Ilustración: Ritratto di Sigismondo Pandolfo Malatesta, c.1450, Piero della Francesca



Joaquín Valenzuela / Viejas que lavan






viejas que lavan con jabón blanco en pan
entre las ramas en los patios
debajo de las parras
en tanques de cemento o piedra
en las bombas de agua o en
lavaderos de chapa
de los bañitos del fondo

con palanganas de aluminio
con un balde al lado
verde

en todos lados remojando camisones
enaguas de cintura algún conjunto claro
las cortinas de los comedores

de a poco y sin fuerza
prendas finas

con las manos en el agua
recién levantadas

viejas muertas con aretes de colgar
como cúpulas de iglesia o
como pasas de uvas

remojando una sábana en
leche de jabón donde por ahí
se cae un palito de una planta
o una mosca chica que se mantiene
haciendo pie en la nata de los bordes

Joaquín Valenzuela (Dolores, 1971), Varamientos pampa, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Corriente de agua sucia, 1997, Marcelo Pombo

Marqués de Santillana / Serranillas



Serranilla III

Illana, la serrana de Lozoyuela

   Después que nascí,
non vi tal serrana
como esta mañana.
    Allá en la vegüela
a Mata el Espino,  
en ese camino
que va a Lozoyuela,
de guisa la vi
que me fizo gana
la fruta temprana.  
    Garnacha traía
de oro, presada
con broncha dorada,
que bien relucía.
A ella volví  
e dije: «Serrana,
¿si sois vos Illana?»
    «Sí soy, caballero;
si por mí lo habedes,
decid, ¿qué queredes?,  
fablad verdadero».
Respondile así:
«Yo juro a sant'Ana
que non sois villana».


Serranilla VII

La vaquera de la Finojosa

   Moza tan fermosa
non vi en la frontera,
com'una vaquera
de la Finojosa.
    Faciendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vencido del sueño,
por tierra fraguosa
perdí la carrera,  
do vi la vaquera
de la Finojosa.
    En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado  
con otros pastores,
la vi tan graciosa,
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa.  
    Non creo las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
nin de tal manera;
fablando sin glosa,
si antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa;
    non tanto mirara
su mucha beldad,  
porque me dejara
en mi libertad.
Mas dije: «Donosa
-por saber quién era-,
¿dónde es la vaquera  
de la Finojosa?»
    Bien como riendo,
dijo: «Bien vengades,
que ya bien entiendo
lo que demandades;
non es deseosa
de amar, nin lo espera,
aquesa vaquera
de la Finojosa».

Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, (Carrión de los Condes, 1398 - Guadalajara, España, 1458), Obras completas, Fundación José Antonio de Castro, Madrid, 2002
Biblioteca Juan Lluis Vives

Ilustración: Retrato del marqués de Santillana, siglo XV, Jorge Inglés

sábado, noviembre 12, 2011

Ezra Pound / Canto LXXIII



Canto LXXIII *
Cavalcanti
Correspondencia republicana

Y después dormí
Y despertando en el aire oscuro
Vi y sentí
Y lo que vi me pareció que iba a caballo
Y sentí:
"No me da alegría
Que mi estirpe muera
          enfangada en la vergüenza
Gobernada por carroña
          y perjura.
Roosevelt, Churchill y Eden
          bastardos judiuchos
Morfones y mentirosos todos
          ¡y el pueblo siempre exprimido en todo
                                e idiota!
Muerto en Sarzana **
          espero la diana
                   de la venganza.
Soy el Guido que amaste
           por mi espíritu altanero
Y la claridad de mi entendimiento.
De la esfera Cipriana
Conocí el fulgor
          ya cavalcante ***
               (nunca postillón)
Por los caminos del Burgo,
               dicho de otro modo,
La ciudad doliente
           (Florencia)
                     siempre dividida,
Gente rabiosa y negligente
                         ¡qué raza de esclavos!
Pasé por Arimino
                y encontré un espíritu gallardo
¡Que cantaba como hechizado
                          de alegría! ****
Era una paisanita
Un poco regordeta pero bella
                        que iba del brazo con dos alemanes
Y cantaba
         cantaba amor
                    sin necesidad
                                de llegar al cielo.
Había llevado a los canadienses
                               a un campo minado
Donde estaba el Templo
                     de la bella Ixotta.
Caminaban de a cuatro o de a cinco
                      y estaba ávido
              de amor todavía
                       a pesar de mis años.
Así son las muchachas
                     en la Romaña.
Iban los canadienses
                  a 'pugnar' con los alemanes, *****
A arruinar lo que quedaba
                       de la ciudad de Rímini;
Preguntaron por el camino
                       hacia Via Emilia
                                  a la muchacha,
                               una muchacha violada
Un rato antes por su canalla
         -¡Bueno, bueno, soldados!
                               Este es el camino.
                          ¡Vamos, vamos
                                     a Via Emilia!
Con ellos continuaba.
                     Su hermano había cavado
Los agujeros para las minas,
                           allá, hacia el mar.
Hacia el mar la muchacha,
                       un poco regordeta pero bella,
Condujo a la tropa.
                 ¡Que valiente muñeca! ¡Qué valiente muñequita!
Les hacía un mimo
                de puro amor,
                           ¡qué heroína!
Desafiaba a la muerte,
Conquistó la suerte
                   peregrina.
Regordeta pero no tanto
                      alcanzó la meta.
                                   ¡Qué esplendor!
Al infierno el enemigo,
                      fueron veinte muertos,
Muerta la muchacha
                  entre aquella canalla.
Salvados los prisioneros.
                      Gallardo espíritu
                                     el de la muñeca
Cantaba, cantaba
               hechizada de alegría,
Iba iba por el camino
                    que va hacia el mar.
               ¡Gloria de la patria!
                                 ¡Gloria, gloria
Morir por la patria
                   en la Romaña!
Los muertos muertos no están,
Yo, regresado
                 del tercer cielo
                                 para ver la Romaña,
Para ver las montañas
                    en la venganza.
¡Qué bello invierno!
                   En el septentrión renace la patria,
¡Pero qué muchacha!
                  ¡qué muchachas,
                               qué muchachos,
                                           llevan el negro!" ******

Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972), The Cantos, A New Directions, Nueva York, 1993
Versión de Jorge Aulicino

* Este Canto, y el LXXII, escritos en italiano, no fueron incluidos en las ediciones completas de los Cantos hasta 1987. Así, la clásica versión al español de José Vázquez Amaral para Joaquín Mortíz (México) no los incluye ni en la edición de 1975, ni en la reimpresión de 1986. El poema, que imagina un encuentro del espíritu del poeta Guido Cavalcanti con el de una campesina de la Romaña, muerta en una acción suicida al final de la Segunda Guerra, emula el ritmo del clásico poema de Cavalcanti "Donna mi prega", que Pound apreciaba especialmente, así como el anterior -el Canto LXXII- imita tono y giros dantescos. Ambos son poemas indudablemente políticos, de cariz fascista, e insisten en la típica cita poundiana a la tradición poética toscana y provenzal.

** Según el registro necrológico de la iglesia de Santa Reparata, hoy Santa Maria del Fiore, del 27 o 28 de agosto de 1300, Cavalcanti murió en Florencia, ciudad en la que había nacido circa 1250 (Rime, edición de Marcello Ciccuto, Rizzoli, Milán, 1978). Cavalcanti, del partido de los güelfos negros (papistas ortodoxos) partió al exilio en Sarzana, en la Liguria, a unos 100 kilómetros de Florencia, el 24 de junio de 1300, como resultado de una medida punitiva que abarcó también a los blancos, dispuesta por los Priori del Comune, uno de los cuales era su amigo Dane Alighieri. Enfermó de malaria y se le permitió volver a su ciudad natal. En el Canto X de Infierno, de la Divina Comedia, Dante comunica al padre de Guido que su hijo aún "se reúne con los vivos". La acción de la Comedia se sitúa en la Semana Santa de 1300, artificio que permite a Dante este póstumo homenaje, en tanto, en realidad, el Infierno fue escrito hacia 1308.

*** literalmente, cabalgante. Alusión directa al apellido de Guido

**** ...cantava como fosse 'namorata: / er'adornata - di tutto piacere (cantaba como si estuviese enamorada / y ornada de todo placer), Cavalcanti, Rimes, XLVI, Rizzoli, Milán, 1978

***** pugnare, uso antiguo y literario por combatir (de allí las comillas, tal vez)

****** alusión segura al uniforme negro de las juventudes mussolinianas organizadas desde 1922 en la Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale (Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional): camicie nere (camisas negras)

Canto LXXIII
Cavalcanti
Corrispondenza Repubblicana


E poi dormii
E svegliandomi nell'aere perso
Vidi e sentii
E quel ch'io vidi mi pareva andar a cavallo,
E sentii:
"A me non fa gioia
Che la mia stirpe muoia
                     infangata della vergogna
Governata dalla carogna
                      e spergiurata.
Roosevelt, Churchill ed Eden
                          bastardi e ebreucci
Lurchi e bugiardi tutti
                      e il popolo spremuto in tutto
                                                  ed idiota!
Morto che fui a Sarzana
                      aspetto la diana
                                     della riscossa.
Sono il Guido che amasti
                       per il mio spirito altiero
E la chiarezza del suo entendimento.
De la Ciprigna sfera
Conobbi il fulgore
                 già cavalcante
                              (mai postiglione)
Per la vie del Borgo
                              detto altramente
La cità dolente
                (Firenze)
                          sempre divisa,
Gente stizzosa e leggiera
                          che razza di schiavi!
Pasai per Arimino
                  ed encontrai un spirito gagliardo
Che cantava como incantata
                           di gioia!
Era una contadinella
Un po' tozza ma bella
                    ch'aveva a braccio due tedeschi!
E cantava,
          cantava amore
                        senz'aver bisogno
                                          d'andar in cielo.
Aveva condotto i canadesi
                          su un campo di mine
Dove era il Tempio
                   della bella Ixotta.
Camminavano in quatro o in cinque
                                  ed io era ghiotto
                   d'amore ancora
                                malgrado i miei anni.
Così sono le ragazze
                     nella Romagna.
Venivan' canadesi
                  a 'spugnar' i tedeschi,
A rovinar' quel che rimaneva
                             della cità di Rimini;
Domandarono la strada
                      per la Via Emilia
                                        a una ragazza
                                     una ragazza stuprata
Po'prima da lor canaglia
                      -Be'! Be'! soldati!
                                          Quest'è la strada
                       Andiamo, andiamo
                                        a Via Emilia!
Con loro proseguiva.
                     Il suo fratello aveva scavato
I buchi per le mine,
                    là, verso il mare.
Verso il mare la ragazza,
                          un po' tozza ma bella,
Condusse la truppa.
                    Che brava pupa! che brava pupetta!
Lei dava un vezzo
                  per puro amore,
                                 che eroina!
Sfidava la morte,
Conquistò la sorte
                   peregrina,
Tozza un po' ma non troppo
                          raggiunse lo scopo.
                                              Che splendore!
All'inferno 'l nemico,
                      furon venti morti,
Morta la ragazza
                 fra quella canaglia,
Salvi i prigionieri.
                     Gagliardo lo spirito
                                          della pupetta
Cantava, cantava
                 incantata di gioia,
Or'ora per la strada
                     che va verso 'l mare.
                  Gloria della patria!
                                      Gloria! gloria
Morir per la patria
                     nella Romagna!
Morti non morti son',
Io tornato son'
               dal terzo cielo
                               per veder la Romagna,
Per veder' le montagne
                       nella riscossa,
Che bell'inverno!
                 Nel settentrion rinasce la patria,
Ma che ragazza!
               che ragazze,
                           che ragazzi,
                                        portan il nero!"

Ilustración: La renuncia a los bienes del mundo (detalle), c.1320, Giotto di Bondone