lunes, abril 30, 2012

Franco Fortini / Dos poemas




Una noche de septiembre

Una noche de septiembre,
cuando las duras mujeres roncas de cabellos chamuscados
se suavizaban prontas en las aldeas calcinadas
y en las fuentes la arena limpiaba las escudillas tintineantes,
he visto bajo la luna de cobre
sobre la calle violeta de Lodi dos obreros, tres muchachas bailar
entre las babas de tinta de los fósforos sobre el asfalto
una noche de septiembre
cuando fueron un grito único el miedo y la alegría
cuando cada mujer habló a los soldados
dispersos entre las hileras de viñas
y sobre la ciudad no había más que el vino agrio
de los cantos y todo era posible
en torno al pálido fuego de las radios
y quien mañana estaría muerto sobre las carreteras
bebía en el magro hierro de las estaciones
o en la paja abrazado al fusil dormía
cuando el verano incineraba
de Ventimiglia a Salerno
y no había nada más
y éramos libres
de huir, de no saber o de llorar,
una noche de septiembre.

1955

Otra arte poética

Existe, en la poesía, una posibilidad
que, si una vez ha herido
a quien la escribe o la lee, no dará
más reposo, como un motivo
semi modulado semi traicionado
puede atormentar una memoria. Y yo, que escribo,
sé que hay un sentido distinto
que puede darse en lo idéntico,
sé que allí afirmada en el verso queda
la palabra que sientes o lees
y juntos se van volando
donde tú ya no eres, donde ni siquiera
piensas poder llegar, y comienzan
otras montañas, en cambio, llanuras ansiosas, ríos
como has visto viajando en aviones temblorosos.
Ciudades impetuosas aquí, bajo tus inmóviles
palabras escritas.

1957

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Poesia e errore", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versiones de J. Aulicino

Una sera di settembre

Una sera di settembre
quando le dure donne rauche di capelli strinati
si addolcivano pronte nei borghi calcinati
e ai fonti la sabbia lavava le gavette tintinnanti
ho visto sotto la luna di rame
sulla strada viola di Lodi due operai, tre ragazze ballare
tra le bave d'inchiostro dei fosfori sull'asfalto
una sera di settembre
quando fu un urlo unico la paura e la gioia
quando ogni donna parlò ai militari
dispersi tra i filari delle vigne
e sulle città non c'era che il vino agro
dei canti e tutto era possibile
intorno al fuoco della radio pallido
e chi domani sarebbe morto sugli stradali
beveva alle ghise magre della stazioni
o nella paglia abbracciato al fusile dormiva
quando l'estate inceneriva
da Ventimiglia a Salerno
e non c'era più nulla
ed eravamo liberi
di fuggire, di non sapere o piangere,
una sera di settembre.

1955

Altra arte poetica

Esiste, nella poesia, una possibilità
che, se una volta ha ferito
chi la scrive o la legge, non darà
più requie, come un motivo
semi modulato semi tradito
può tormentare una memoria. E io che scrivo
so ch'è un senso diverso
che può darsi all'identico
so che qui ferma dentro il verso resta
la parola che senti o leggi
e insieme vola via
dove tu non sei più, dove neppure
pensi di poter giungere, e cominciano
altre montagne, invece, pianure ansiose, fiumi
come hai visti viaggiando dagli aerei tremanti.
Città impetuose qui, sotto le immobili
parole scritte tue.

1957



Ilustración: Studio per la città che cresce, 1910, Umberto Boccioni

domingo, abril 29, 2012

John Ashbery / El idiota



El idiota

¡Oh cómo me ignora este hosco,
indiferente mundo! Esas rocas, esas casas
no conocen el contacto de mi carne, ni hay un árbol
cuya sombra me haya amparado cual un amigo.
He vagado por el mundo entero.
No he conocido ningún hombre, ninguna fiera se acercó
pacíficamente y puso su hocico entre mis manos.
Ninguna muchacha acogió mi rostro con un beso.

Sin embargo una vez, durante una travesía
de Gibraltar al Cabo de Hornos
conocí a bordo amistosos marineros,
y mientras luchábamos para salvar la nave del naufragio
durante una tormenta, las mismas olas parecían amigas,
y el rumor que hacía la espuma al golpear la frente de la nave.

John Ashbery (Nueva York, 1927), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969 (edición no bilingüe)

The Idiot

Oh how this sullen, careless world
Ignorant of me is! Those rocks, those homes
Know not the touch of my flesh, nor is there one tree
Whose shade has known me for a friend.
I've wandered the wide world over.
No man I've known, no friendly beast
Has come and put its nose into my hands.
No maid has welcomed my face with a kiss.

Yet once, as I took passage
From Gibraltar to Cape Horn
I met some friendly mariners on the boat
And as we struggled to keep the ship from sinking
In a storm, the very waves seemed friendly, and the sound
The spray made as it hit the front of the boat.

Poetry, diciembre de 1957

Ilustración: Cavallo bianco e molo, 1921, Mario Sironi

sábado, abril 28, 2012

Valerio Magrelli / De "Ora serrata retinae"






Tengo el cerebro poblado de mujeres...

Tengo el cerebro poblado de mujeres.
Por alguna parte
debe de haberse desfondado el cráneo
y murmurando me fluye en la cabeza
una fuente de amor.
En esta región de sombra
camino como un peregrino
o como un monje.
Detrás de cada curva
aparece un rostro silencioso,
blanco como una lápida.


Escribir como si esto...

Escribir como si esto
fuese obra de traducción,
de alguna cosa ya escrita en otra lengua.
La palabra se carga y hesita,
sigue todavía vibrando
como sobre el teclado las notas tocadas
sobreviven el staccato
y lo recorren hasta que calla.

Valerio Magrelli (Roma, 1957), "Ora serrata retinae", Poesie (1980-1992) e altre poesie, Einaudi, Turín, 1996
Versiones de Jorge Aulicino


Ho il cervello popolato di donne.
Da qualche parte
dev'essersi sfondato il cranio
e mormorando mi sgorga in testa
una fontana d'amore.
In questa regione d'ombra
cammino come un pellegrino
o come un monaco.
Dietro ogni curva
s'affaccia un viso silenzioso
bianco come una lapide.


Scrivere come se questo
fosse opera di traduzione,
de qualcosa già scritto in altra lingua.
La parola si carica e esita,
continua ancora a vibrare
come sulla tastiera le note tenute
sopravvivono allo staccato
e lo percorrono fino al suo tacere.


Ilustración: Paesaggio con tempio, siglo XX, Mario Sironi

Alberto Girri / "Homenaje a W.C. Williams", 4




Hojear en el "Fausto"

¿Finalmente
            habrás entendido
por qué el mundo, campo
del así ocurre, así ocurrirá siempre,
                     encarna el puro, gradual
deterioro, acabamiento
de cualquier promesa
                y se burla
del más ilusorio de tus proyectos:
                      no estar urgido
por ninguna entidad antes de poseerla,

                 y habrás aceptado
que también entre tus noches haya
una decisiva, donde cuerpos y rostros
que persigues se disuelven,
un temblor te acosa,
tus oídos retumban,
               y pasas ordalías
con serpientes de pantanos,
grifos de voz ahogada,
lamias de ojos implacables?

                ¿Sobre todo,
asimilaste el no dicho
corolario,
                un pacto sin rúbrica
estableciendo que tu única eternidad
asequible es lo momentáneo, ceder
sólo a lo momentáneo,
anular la memoria,
el irreal pasado,
               esa dañosa versión de la Nada
en que los recuerdos vagan sin ecos?

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Homenaje a W. C. Williams", 1981, Obra Poética IV, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1984

Ilustración: The Double Dream of Spring, 1915, Giorgio de Chirico

viernes, abril 27, 2012

Lavinia Greenlaw / Sexo, política y religión




Sexo, política y religión

Sus rasgos se despliegan cuando reclina
la cabeza en el lavabo. Yo hago tiempo
templando el agua justo a punto.
Casi me he acostumbrado a tocar cabellos viejos
y aprendido a respetar el rostro de una cliente
al sujetar la frente con mi mano libre

y apretar el chorro contra el cuero cabelludo.
Debo poner atención a mis dedos
y no quedarme viendo sus afelpados cachetes
o los pliegues de la barbilla que al abrirse revelan
un arrugado cuello y el agujero impecable
por el que ahora ella respira.

Si yo entendiera las palabras que eructa
en su nueva esofágica voz, podría preguntar
sobre el cáncer y sobre lo que ocurriría
si mi mano resbalase y la áspera espuma
drenara fácilmente por una red de surcos
o si una mosca... Tengo que echar un ojo.

La abertura es nítida y oscura, enmarcada
por piel de una suavidad intolerable.
Ha cerrado los ojos y sonríe, mientras
la masajeo con esmero y me concentro
en tres cosas que mi madre me dijo
que una peinadora nunca debe mencionar.


de Night Photograph

Lavinia Greenlaw (Londres, 1962), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Sex, politics and religion

Her features unfold as she lowers her head
back against the basin. I play for time,
getting the temperature of the water just right.
I have almost grown used to touching old hair
And have learnt to respect a customer’s face,
Clamping my free hand against the forehead

and forcing the spray tight against the scalp.
I must keep my eyes on my fingers
and must not stare at her feathery cheeks
or the rolling chin that falls away to reveal
her puckered throat and the seamless hole
through which she now has to breathe.

If I understood the words burped into shape
by her new oesophageal voice, I might
ask about cancer and what would happen
if my hand slipped and the harsh foam
dribbled comfortably down a network of gullies,
or if a fly… I have to get a look.

The opening is neat and dark,
framed by skin of an unbearable softness.
She has shut her eyes and is smiling
as I massage hard and keep my mind
on the three things I was told by my mother
that a hairdresser should never discuss.

Foto: Lavinia Greenlaw en Poetry Foundation

jueves, abril 26, 2012

Pablo Ingberg / Dos poemas




La vía dolorosa

Un pasillo en penumbra
luz al final quién sabe
vista o imaginada
deseada sin duda
ventanas a los lados
tapiadas de postigos
luz afuera quién sabe
luz adentro con duda

el guante se da vuelta
el pasillo de vuelta

no se sabe otra forma


La luz al otro lado

Una lámpara rompe al encenderse
el agujero negro de la noche

musgos y briznas de hierba indescifrable
con visos de llegar a ser monstruosas
asoman de la grieta al otro lado
de la cual se sospechan desfondados sin nombre


Pablo Ingberg (Dolores, 1960), Nadie atiende los llamados, Ediciones Cada Tanto, Buenos Aires, 2010

Foto: Pablo Ingberg, 2011, en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, por Agustín Spinetto

miércoles, abril 25, 2012

Valerio Magrelli / De "Nature e venature"




La migraña se aproxima, redoblan...

              Antaura era el nombre neoplátónico del maldito
              y diabólico daemon de la migraña.
                                                                     A.A. Barb

La migraña se aproxima, redoblan
los tambores en la parte de abajo,
en el hemisferio nocturno.
Asoman las tribus,
sus constelaciones
ascienden, emplumada cola
de la bestia inferior.
Suben desde el bajo, aparecen
mientras la tierra resuena adentro,
golpeada y cava, viviente
tímpano.


Si para llamarte debo marcar un número...

Si para llamarte debo marcar un número,
te transformas en número,
dispones los rasgos
en la combinación a la que respondes.
El tres que se repite,
el nueve en tercer lugar,
indican algo de tu rostro,
Cuando te llamo
debo dibujar tu figura,
debo hacer nacer las siete cifras
análogas a tu nombre
hasta que se entreabre la caja
fuerte de la viva voz.

De golpe, mientras estoy hablando,
la interferencia altera el diálogo,
lo multiplica, abre una perspectiva
dentro del espacio oscuro
del oído.
Me veo vertical, sonámbulo,
en equilibrio sobre una fuga de voces
gemelas, enlazadas una a la otra,
sorprendidas en su contacto.
Oigo la lengua de la bestia ctonia,
la hórrida trenza de palabras, frases, el monstruo
policéfalo y deforme que me llama
desde la profundidad.

Valerio Magrelli (Roma, 1957), "Nature e venature", Poesie (1980-1992) e altre poesie, Einaudi, Turín, 1996
Versiones de Jorge Aulicino


Antaura era il nome neoplatonico del
maledetto e diabolico demone dell'emicrania.
A.A. Barb

L'emicrania si aprossima, rullano
i tamburi, dalla parte di sotto,
dall'emisfero notturno.
Spuntano le tribú,
le sue costellazioni
montano, piumata coda
della bestia inferiore.
Salgono su dal basso, appaiono
mentre la terra risuona dall'interno
percossa e cava, vivente
timpano.



Se per chiamarti devo fare un numero
tu ti transformi in numero,
disponi i lineamenti
nella combinazione a cui rispondi.
Il tre che si ripete,
il nove al terzo posto,
indicano qualcosa del tuo volto.
Quando ti cerco
devo disegnare la tua figura,
devo fare nascere le sette cifre
analoghe al tuo nome
finché non si dischiuda la cassa.
forte della viva voce.

Di colpo, mentre sto telefonando,
l'interferenza altera il dialogo,
lo moltiplica, apre una prospettiva
dentro lo spazio buio
dell'udito.
Mi vedo verticale, sonnambolico,
in bilico su una fuga di voci
gemelle, allacciate una all'altra,
sorprese nel contatto.
Sento la lingua della bestia ctònia,
l'orrida treccia di parole, frasi, il mostro
policefalo e difforme che chiama me
dalle profondità.

Ilustración: La caída de los condenados (detalle), Dirk Bouts

martes, abril 24, 2012

Jacobo Fijman / Arsis y tésis



Arsis y tésis

Los dioses cortan soles en discursos celestes.
Los dioses cortan soles en las selvas perpetuas de los
chivos agrestes.
Un imperio de tierra levanta al niño omnipotente
que conduce la métrica sufriente,
la tersa majestad de los acentos
de excelencias silábicas y laringes y vientos.
Los espacios oceánicos modulan el amor
castísimo de estrellas y de beato honor;
y las plantas sonoras del abismo profundo
golpean a la lumbre más pálida del mundo.

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), Romance del vértigo perfecto, Editorial Descierto, Buenos Aires, 2012

Ilustración: The Lament for Icarus,1898, Herbert Draper

lunes, abril 23, 2012

Philip Levine / Belle Isle, 1949



Belle Isle, 1949

Nos desnudamos la primera noche cálida de primavera
y bajamos corriendo hacia el río Detroit
para bautizarnos en el piélago
de piezas de coches, peces muertos, bicicletas perdidas,
nieve fundida. Recuerdo que nos sumergimos
tomados de la mano con una muchacha polaca de la universidad
a la que no había visto antes, y que el frío
entrecortó nuestros gritos al mismo tiempo,
y la ascensión a través de las capas
de oscuridad hasta la atmósfera final sin luna
que era este mundo, la muchacha saliendo
a la superficie después de mí y alejándose a nado
en las aguas sin estrellas hacia las luces
de la avenida Jefferson y las chimeneas
de la vieja fábrica que ya no parpadeaban.
Volvernos por fin para no ver ninguna isla
sino una calma perfecta oscura hasta
donde alcanzaba la vista, y de pronto una luz
y otra flotando a lo lejos
para conducirnos a casa, barcos graneleros quizá, o fumadores
que caminaban solitarios. Regresar jadeando
a la playa tosca y gris en la que no nos atrevimos
a echarnos, los húmedos montones de ropa,
y vestirnos el uno junto al otro en silencio
para volver al lugar de donde vinimos.

Philip Levine (Detroit, Estados Unidos,1928), The Vintage Book of Contemporary American Poetry (ed. J.D.Mc Clatchy), Vintage Books, Nueva York, 1990
Versión de Jonio González

Belle Isle, 1949

We stripped in the first warm spring night
and ran down into de Detroit River
to baptize ourselves in the brine
of car parts, dead fish, solen bicycles,
melted snow. I remember going under
hand in hand with a Polish highschool girl
I'd never seen before, and the cries
our breath made caught at the same time
on the cold, and rising through the layers
of darkness into the final moonless atmosphere
that was this world, the girl breaking
the surface after me and swimming out
on the starless waters towards the lights
of Jefferson Ave. and the stacks
of the old stove factory unwinking.
Turning at last to see no island at all
but a perfect calm dark as far
as there was sight, and then a light
and another riding low out ahead
to bring us home, ore boats maybe, or smokers
walking alone. Back panting
to the gray coarse beach we didn't dare
fall on, the damp piles of clothes,
and dressing side by side in silence
to go back where we came from.

Foto: Philip Levine en Library of Congress Blog

domingo, abril 22, 2012

César Vallejo / Hoy me gusta la vida mucho menos...





Hoy me gusta la vida mucho menos...

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir, ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi sér parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre siempre!

César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892-París, 1938), "Poemas humanos", Obra poética completa, Francisco Moncloa Editores, Lima, 1968


Ilustración: Boulevard des Italiens, 1880, Gustave Caillebotte

sábado, abril 21, 2012

Valerio Magrelli / La forma de la casa




La forma de la casa

I

En un cuarto
está la fuente
donde perpetuamente
corre el agua.
Manantial de clausura
habitáculo frío
lacustre
sede septentrional.

II

Despensa jamás fue dado *
más apropiado nombre.
Corazón del alimento
en el corazón de la casa
como el motor inmóvil
de las cosmologías.
Tabernáculo lugar
alimenticio y secreto.

III

La cocina está colmada de objetos
y realmente puede parecer un bosque.
Cada planta está en su lugar
aflora allí donde es puesta
con paciencia infinita reposa.
Piensen en las cosas
en la flora
metálica de los cubiertos.

IV

Lámpara fluorescente
luz vespertina que en el campo
precede al temporal
lo prepara
y detiene al día en la rotación
de la siesta
firme sobre el hilo
como un saltador.
El comedor está desierto
fijo en una mirada.

V

Resucita en el número
perpendicular
tren suspendido alma
que solamente sube
sin horizonte.

VI

El agua que espera en las cañerías
detenida como una bestia en la madriguera.
La casa en la casa
es esta casa de agua.
Circunvecina e inmóvil
temporal suspendido.

VII

Santa igualdad
de la noche doméstica
único término conocido que permite
elegir la incógnita del día.
Y entonces el sueño
corona matemática.

VIII

Parece casi que toda la naturaleza
quisiera dar la espalda a la luz
-se vuelve le opone su cuerpo-
en el abrazo proteger la palidez.
Los objetos esconden el rostro
cultivan curvos cada uno su sombra
como si la sombra fuese su nombre.

IX

Barco de vapor casa de fuego
calafateada y alta
entra en el agua
como un santo bautista.


Valerio Magrelli (Roma, 1957), "Nature e venature", Poesie (1980-1992) e altre poesie, Einaudi, Turín, 1996
Versiones de Jorge Aulicino

* en el italiano dispensare (dispensar, dar, otorgar, distribuir bienes entre los necesitados, proporcionar la Eucaristía) da origen directo a dispensa (despensa)


La forma della casa

I.
In una camera
c'è la fontana
dove perpetuamente
scorre l'acqua.
Sorgente di clausura
abitacolo freddo
lacustre
sede settentrionale.

II.
Dispensa mai fu donato
piú appropiato nome.
Cuore del cibo posto
nel cuore della casa
come il motore immobile
delle cosmologie.
Tabernacolo luogo
alimentare e segreto.

III.
La cucina è gremita di oggetti
e veramente può sembrare un bosco.
Ogni pianta è al suo posto
sorge là dove è messa
con pazienza infinita riposa.
Pensate alle cose
alla flora
metallica delle posate.

IV.
Lampada fluorescente
lume pomeridiano che in campagna
precede il temporale
lo apparecchia
e arresta il giorno nella rotazione
della controra
fermo sul filo
come un saltatore.
La sala da pranzo è deserta
fissata da un sguardo.

V.
Resuscita nel numero
perpendicolare
treno sospeso anima
che solamente sale
senza orizzonte.

VI.
L'acqua che attende nelle condutture
ferma come una bestia nella tana.
La casa nella casa
è questa casa d'acqua.
Circumvicina e immobile
temporale sospeso.

VII.
Santa eguaglianza
della notte domestica
solo termine noto que permette
di scogliere l'incognita del giorno.
Ed ecco il sonno
corona matematica.

VIII.
Sembra quasi che tutta la natura
voglia dare le spalle alla luce
-si volge le oppone il suo corpo-
nell'abbraccio proteggere il pallore.
Gli oggetti nascondono il volto
coltivano curvi ciascuno la sua ombra
come se l'ombra fosse il loro nome.

IX.
Piroscafo casa di fuoco
calafatata e alta
entra nell'acqua
come un santo battista.



Ilustración: Il figlio del costruttore, 1917-1921, Carlo Carrà

Roberto Pasquali / Dos poemas




el viaje era caluroso la noche fresca...

el viaje era caluroso la noche fresca
el cielo una verdad transparente
sin embargo todo esto no fue bastante
las flores grávidas de frutos la bestia fiel
el cordero dispuesto al sacrificio
sin embargo todo esto no fue bastante
la rueda y el ala el don del encuentro
la onda la luz el beso
sin embargo todo esto no alcanzó
promesas celestes de compasión y amor
gracia y retorno
el canto de la poesía
sin embargo todo esto no alcanzó
sobre la tierra la marca roja del rechazo
los hijos del invierno que golpean las puertas
los pies secos las bocas sin voz
nos anuncian el desierto
la inmóvil sordera de la nada
y sobre nuestros pasos está todavía viva
la memoria de la sonrisa
de la pureza del juego
de la mano en el corazón
sin embargo todo esto no alcanzó


En el cruce entre un horizonte terrestre...

En el cruce entre un horizonte terrestre
Y una vertical celeste la religión de los cristianos
Pasaje a otra parte donde la imagen es realidad
La belleza florperfume
La mirada es baja en el pecado del peso
Que la tierra atrae
Tal vez solo la infinita paciencia del arte que desde siempre
Busca  volver a levantar lo que ha caído
Infiel a la gravedad de la ley

Roberto Pasquali (Boloña, 1955)
Versiones de Alfredo Barrera Narvaez


il viaggio era caldo la notte fresca
il cielo una verità trasparente 
eppure tutto questo non è bastato
i fiori gravidi di frutti la bestia fedele
l’agnello disposto al sacrificio
eppure tutto questo non è bastato
la ruota e l’ala il dono dell’incontro
l’onda la luce e il bacio
eppure tutto questo non è bastato
promesse celesti di compassione e amore
grazia e ritorno
il canto della poesia 
eppure tutto questo non è bastato
sulla Terra il marchio rosso del rifiuto
i figli dell’inverno che bussano alle porte
i piedi secchi le bocche senza voce
ci annunciano il deserto
l’immobile sordità del nulla
e sui nostri passi è ancora viva
la memoria del sorriso
della purezza del gioco
della mano sul cuore
eppure tutto questo non è bastato



All’incrocio tra un orizzonte terrestre
E una verticale celeste la religione dei cristiani
Passaggio a un altrove dove l’immagine è realtà
La bellezza fioreprofumo
Lo sguardo è basso nel peccato del peso
Che la terra attira
Forse solo l’infinita pazienza dell’arte che da sempre
Cerca di risollevare ciò che è caduto
Infedele alla gravità della legge


Foto: Roberto Pasquali en Facebook

viernes, abril 20, 2012

Jacobo Fijman / Dos poemas




Canción con algo de canción y soledad y yermo

Ay de la muerte en luz y las cosas dobladas
del árbol y los días.
Las manos tristes hablan desoladas:
y se van y se vienen las umbrías.
Anoche las majadas
se fueron a las rías.

Fontanero de nervios volvemos a la tarde
con las manos más puras y los sueños más lentos
en los nombres concéntricos del nombre en el alarde
donde el recuerdo vive los mágicos acentos.

Ay de la muerte en luz y las cosas dobladas
del árbol y los ríos.

7 de agosto de 1957



Romance de énfasis

Vamos bien por el sueño
cuanto más por la muerte.
Tantos años habemos
en sí mismos con otros.
En tal muerte de muerte
de encantorio o de sueño
en los flacos sentidos.

¿Para cuándo las torres
sobre todas las cosas?
A los nuestros amigos
que encaraman la gloria
suenen de ellas los nombres
con el nombre del sueño.

¿Para cuándo las torres
sobre todas las cosas?
A los nuestros amigos
suenen de ellas los nombres.
Menester es el sueño,
menester es la muerte.

14 de febrero de 1958

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), Romance del vértigo perfecto, Editorial Descierto, Buenos Aires, 2012

Nota: Los poemas de este libro, que incluye copias facsimilares de los originales de Fijman, escritos em muchos casos con letra de imprenta sobre papel membretado del Ministerio de Salud, no parecen haber sido recopilados antes. Esta edición no da cuenta de la procedencia de los textos que contiene. En el prólogo, firmado por Roberto Cignoni, se señala: "Estas composiciones, como otras cada tanto encontradas de Fijman, dejan vislumbrar una cantidad indefinible de poemas, los que tal vez nunca se hallen y se libren a nuestra experiencia."

Ilustración: Paisaje Bunti, 1916, Xul Solar

jueves, abril 19, 2012

Rocco Scotellaro / Dos poemas lucanos


Apuntes para una letanía

El sur es mi amor, están los aradores
a la sombra de las encinas o sobre los campos,
duermen atados a la soga
de las yeguas bayas.
Tienen la cara quemada,
una crosta de pan.

Y mujeres suben barrancos,
aprietan a los hijos en el viento,
van buscando llenas de espanto
al hombre que puede no retornar.

El sur es chicos que lloran
en las bocas de los callejones abandonados.
La música es la cínica risa
de la lechuza espía de cada casa.
Por esto en las grandes fiestas
nos encolumnamos detrás de los santos,
rogamos por el sol y por el agua,
tenemos la piel de los maldecidos
cuando los dones nos son negados.

El sur es el amor condenado:
los tábanos nos pican,
nos llega el perfume de la ortiga
cuando el sol toca la lluvia.
El sur es mi amor más extraño:
la bella campesina en medio de las flores
a la que puedes pisotear.

El sur es la canción de los comienzos,
se mueven los dedos
sobre la red de los recuerdos.

El sur es mi abuelo
mi padre y mi madre
y sur es el soldado en Nueva York
que da vueltas con el casco en la espalda,
el hijo bobo de la casa nativa,
y sur también soy yo
que canto la letanía...

(de Seven Poems by Rocco Scotellaro, edición bilingüe, Deliriodendron Press, San Francisco)


Lucania

Me acompaña el silbo de los grillos
y el son de la campana en el cuello
de una inquieta cabrita.
El viento me envuelve
con sutilísimas cintas de plata
y allá, en la sombra de las nubes perdido
yace hecho pedazos un pueblito lucano.

(de Poesie di Rocco Scotellaro)

Rocco Scotellaro (Tricarico, Matera, 1923-Portici, Napoli, 1953)
Versiones de Jorge Aulicino


Appunti per una litania

Sud è il mio amore, sono gli aratori
nell'ombra delle quercie o sulle aie,
dormono legati alle cavezze
delle cavalle baie.
Hanno la faccia bruciata
una crosta di pane.

E donne salgono pendii
si stringono i figli nel vento,
vanno cercando piene di sgomento
l'uomo che può non ritornare.

Sud è bambini che piangono
nelle bocche dei vicoli abbandonati.
La musica è la cinica risata
delle civetta spia d'ogni casa.
Perciò nelle feste grandi
facciamo le colonne dietro ai santi,
preghiamo per l'acqua e per il sole,
abbiamo la pelle dei dannati
quando i doni ci vengono negati.

Sud è l'amore condannato:
mosca cavallina ci solletica,
ci viene il profumo delle ortiche
quando la pioggia è toccata dal sole.

Sud è il mio più strano amore:
la bella contadina in mezzo ai fiori
che tu la puoi pestare.

Sud è la canzone dei primordi,
si muovono le dita
sulla rete dei ricordi.

E sud è il mio nonno
mio padre e mia madre
e sud è il soldato di New York
che vi gira col casco sulle spalle,
lui figlio melenso in casa natia,
e sud sono anch'io
che canto la litania...


Lucania

M'accompagna lo zirlio dei grilli
e il suono del campano al collo
d'un'inquieta capretta.
Il vento mi fascia
di sottilissimi nastri d'argento
e là, nell'ombra delle nubi sperduto,
giace in frantumi un paesetto lucano.

Foto: Rocco Scotellaro en Lucani in Europa

miércoles, abril 18, 2012

Leopoldo Castilla / Confines




Confines

Alguien viaja todavía
en trenes difuntos en el campo.
Alguien alambra el agua.

El cielo atraviesa la laguna, tras otro cielo
y una sortija inmensa
de luz, vacío y lluvia desterrada
perfora el planeta.

Hay casas por ahí. Pobres hasta el hueso.

Más al fondo,
donde uno comienza a perder la tonada,
aúllan
el coirón en los eriales
y en los álamos de Neuquén
                      las horas quietas.

No hay quien vuelva de allí.

Un viejo refucilo
acorrala al hombre
descarga los ojos de los animales
y fulmina la frontera.

Después
-si es que hay después-
de la nada
         nace
            la nieve
y de un relámpago la cordillera.


Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Coirón, Ediciones del Zorrito, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Concetto spaziale, 1951, Lucio Fontana

martes, abril 17, 2012

David Rokeah / Dos poemas




Murciélago

No le des la vuelta a tu piel. La noche
protege todo cuanto es moreno, asfalto
que cubre los granos de arena resecos por el sol.
Mira las cosas del mundo en su conjunto como son.
Aprende del murciélago que encuentra restos
de un antiguo murciélago entre los olivos
y no pregunta cuándo vivió.
El relámpago que ha iluminado tu rostro
ha captado la imagen de los olivos también y alcanzado
los árboles jóvenes. Aprende a ver
las cosas con su propia luz.

de Eyes in the Rock: Selected Poems of David Rokeah, Rapp & Whiting, Londres, 1968

Pregunta

Escrito una vez más en la arena tras la lluvia.
Grabado una vez más sobre la roca que emerge del mar.
Lo que las estrellas escriben en la arena
en una noche sin estrellas, si es que algo escriben.
Pregunta a los cardos en su desenfrenado florecer
pregunta al camaleón que toma un atajo
cruzando la pared de tu casa
pregunta al viento que llega del Sahara
y va hacia el río Hiddekel
pregunta a las olas que regresan del mar
y a las olas que no regresan
pregúntate a ti mismo.

en la revista Encounter, Londres, marzo de 1982


David Rokeah (Lvov, Polonia, 1916-Duisburg, Alemania, 1985, radicado en Palestina en 1934)
Versiones desde el inglés por Jonio González


Bat

Do not turn your skin. The night
protects whatever is dark-skinned, asphalt
that covers the sun-stricken grains of sand.
See the things of the bodily world as they are.
Learn from the bat that found remains
of an ancient bat among the olive trees
and did not ask when it lived.
The lightning that flash-lit your face
took the olive tree's picture too and struck
the saplings. Learn to see
things in their own light.

(Trad. del hebreo por Michael Hamburger)

Ask 


Written once more in the sand after rain.
Scratched once more on the stone emerging from the sea.
What do stars write on the sand
in a night without stars -if they write at all.
Ask the thistles in their unbridled blossoming
ask the chamaleon taking a short-cut
across the wall of your house
ask the wind which comes from the Sahara
and goes to the river Hiddekel
ask the waves that return from the sea
and the waves that do no return
ask yourself.

(Trad. del hebreo por Ruth y Matthew Mead)

Foto: David Rokeah en The Institute for the Translation of Hebrew Literature

lunes, abril 16, 2012

Yaso / Haiku




Ventisca de invierno
Y el gato que no para
de hacer guiños.
     
[Yaso] *

Kogarashi ya matataki shigeki nekono tsura

El libro del Haiku, selección, traducción y estudio de Alberto Silva, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010

* Sin datos biográficos en esta obra.

Ilustración: Gato, c.1920, Takeuchi Seiho

domingo, abril 15, 2012

W. H. Auden / Historia policial




Historia policial

Pues ¿quién alguna vez carece totalmente de paisaje,
la serpenteante calle de la aldea, la casa entre los árboles,
todo próximo a la iglesia, o si no la sombría casa en la ciudad,
la que tiene columnas corintias, o
el diminuto apartamento del obrero: de todos modos
un hogar, el centro donde suceden las tres o cuatro cosas
que pueden sucederle a un hombre? Sí,
¿quién no puede trazar el mapa de su vida, sombrear
la pequeña estación donde encuentra a sus amores
y se despide continuamente, y marcar el lugar
donde descubrió por primera vez el cuerpo de su felicidad?

¿Un vagabundo desconocido? ¿Un hombre rico? Siempre un enigma
con un pasado sepultado, pero cuando aflora la verdad,
la verdad acerca de nuestra felicidad,
cuánto resulta deberse al chantaje y a los amoríos.

El resto es lo tradicional. Todo según los planes:
la enemistad entre el sentido común local
y esa exasperante, brillante intuición
que siempre está, por azar, al alcance de la mano;
todo según los planes, tanto las mentiras como la confesión,
hasta la excitante cacería final, y la matanza.

Pero en la última página la duda permanece:
el veredicto, ¿fue justo? Los nervios del juez,
esa pista, la protesta desde el patíbulo,
y nuestra sonrisa... pues sí...
Pero el tiempo siempre es asesinado. Alguien debe pagar
nuestra pérdida de la felicidad, o la felicidad misma.

W. H. Auden (Londres, 1907-Viena, 1973), Rolando Costa Picazo, Los primeros años, "Poemas 1936-1939", Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1994


Detective Story

For who is ever quite without his landscape, 
The straggling village street, the house in trees, 
All near the church, or else the gloomy town house, 
The one with the Corinthian pillars, or 
The tiny workmanlike flat: in any case 
A home, the centre where the three or four things 
That happen to a man do happen? Yes, 
Who cannot draw the map of his life, shade in 
The little station where he meets his loves 
And says good-bye continually, and mark the spot 
Where the body of his happiness was first discovered? 

An unknown tramp? A rich man? An enigma always 
And with a buried pastbut when the truth, 
The truth about our happiness comes out 
How much it owed to blackmail and philandering. 

The rest's traditional. All goes to plan: 
The feud between the local common sense 
And that exasperating brilliant intuition 
That's always on the spot by chance before us; 
All goes to plan, both lying and confession, 
Down to the thrilling final chase, the kill. 

Yet on the last page just a lingering doubt: 
That verdict, was it just? The judge's nerves, 
That clue, that protestation from the gallows, 
And our own smile . . . why yes . . . 
But time is always killed. Someone must pay for 
Our loss of happiness, our happiness itself.

Ilustración: L'assasin menacé, 1927, René Magritte

sábado, abril 14, 2012

Gabriel Reches / Viste que en el vacío los cuerpos caen...




Viste que en el vacío los cuerpos caen...

Viste que en el vacío los cuerpos caen como si tuvieran igual peso
hasta la profesora de química con más clonazepam logra recordarlo
no debería extrañar que nos encontremos en el aire
sea cual fuere tu lugar en el cuadro de honor del mausoleo
sea cual fuere tu mausoleo, como te guste llamarlo
en colonizaciones, chatarra traba merca
neurona de plush, pija rebajada en te verde
elixir montonero de eterna juventud
¿contentos poetitas?
ahora hablemos sobre el fin del mundo
Y qué si jesús y sus colegas lograran volver y se encontraran
reservoreos culturales carcomidos por insectos
la especie que se esfuma en el sueño de grandeza
dominación sobre aquello que aceptara nombre
vos creías estar al margen con tu bolsa
que llenabas de cosas en la feria orgánica
yo contemplaba el éxtasis de las hojas
ay, como dan contra el suelo parquizado
ahora que ya fue, el dilema se plantea
para qué comprar biromes si después del cataclismo
una voz no abriga, una voz no es sombra
será por bendecir la siesta del quiosquero
el último instante donde un pulso
merece derroche
la farsa debe
parecer dicha

Gabriel Reches (Buenos Aires, 1968), es el fin del mundo, tía Berta, inédito, en krill (entrevista y poema)

Ilustración: Blanco sobre blanco, 1918, Kasimir Malevich

viernes, abril 13, 2012

Angel Faretta / Rito de pasaje






Rito de pasaje
                   
               a Jorge Aulicino

Aquel año mi padre no podó la parra,
ese pedazo de Italia en nuestro patio,
como siempre lo hizo todos los años
y así desde que yo podía recordar.
Era para agosto, para santa María.
Esa vez tuvo que llamar a un vecino
que lo hizo con estolidez y apuro
en cobrar la plata que se le pagó.
Mi padre tenía casi noventa años,
poco después, una noche, se murió.
Nunca podé la parra, vendí la casa,
luego de muchos años, acá estoy
en el otro extremo de esta ciudad
cada vez más confusa y me temo
que ajena. Por más de diez años
soñé que volvía todas las noches
a la casa paterna, clandestinamente.
Con lógica onírica conservaba la llave
de la puerta. Claro que ahora era
todo un intruso, me colaba allí,
me deslizaba primero por el jardín,
luego por pasillos y por recovecos
pero nunca volví a ver la parra:
el patio del fondo me estaba vedado
ahora también en sueños. De pronto
debía huir de allí. Los nuevos dueños
llegaban súbitamente. Era ya mañana,
tenía que escapar y estar de nuevo
acá, para despertar en esta otra casa.
Luego el desasosiego me acompañaba
el resto del día. Una sensación extraña
la de ser extraño y la de extrañar
mi propia y vieja casa paterna.
Como digo, esto se repitió por años,
diez al menos. Luego salió un libro
y enseguida otro. Cesó ese sueño.
Ahora de mis libros soy el dueño.
Otra casa, ésta a fuerzas de palabras
edificada y alzada también con otras
ansias e ilusiones. La parra, la viña,
el árbol total y el propio eje vertical
siguen creciendo en mí, en la sangre,
corre en las venas y las arterias letradas
de cada palabra que escribo, como éstas.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: La stanza, 1965, Carlo Carrà

jueves, abril 12, 2012

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 16




Zenas Witt

Yo tenía dieciséis, y tenía los sueños más terribles,
y puntos delante de mis ojos, y debilidad nerviosa.
Y no podía recordar los libros que leía
como Frank Drummer, que memorizaba página tras página,
y mi espalda era débil, y me preocupaba y preocupaba,
y me daba vergüenza y balbuceaba mis lecciones,
y al parame para hablar olvidaba
todo lo que había estudiado.
Pues bien, vi el aviso del Dr. Weese,
y allí leí todo en letra impresa,
como si él me conociera;
y acerca de los sueños que no podía evitar.
Por eso supe que estaba destinado a una tumba temprana.
Y me preocupé hasta que tuve una tos,
y entonces los sueños cesaron,
y luego dormí sin sueños
aquí en la colina junto al río.


Johnnie Sayre

Padre, nunca podrás saber
la angustia que atormentó mi corazón
por mi desobediencia, tan pronto como sentí
la rueda despiadada de la máquina
hundirse en la carne sollozante de mi pierna.
Mientras me llevaban a la casa de la viuda Morris
pude ver en el valle la escuela
a la que no fui para subirme de polizón a los trenes.
Rogué vivir hasta poder pedir tu perdón —
¡Y entonces tus lágrimas, tus palabras de consuelo entrecortadas!
Del solaz de esa hora obtuve infinita felicidad.
Fuiste sabio al grabar para mí:
“Sustraído al mal por venir”.

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini

Zenas Witt

I was sixteen, and I had the most terrible dreams,
And specks before my eyes, and nervous weakness.
And I couldn’t remember the books I read,
Like Frank Drummer who memorized page after page.
And my back was weak, and I worried and worried,
And I was embarrassed and stammered my lessons,
And when I stood up to recite I’d forget
Everything that I had studied.
Well, I saw Dr. Weese’s advertisement,
And there I read everything in print,
Just as if he had known me;
And about the dreams which I couldn’t help.
So I knew I was marked for an early grave.
And I worried until I had a cough,
And then the dreams stopped.
And then I slept the sleep without dreams
Here on the hill by the river.

Johnnie Sayre

Father, thou canst never know
The anguish that smote my heart
For my disobedience, the moment I felt
The remorseless wheel of the engine
Sink into the crying flesh of my leg.
As they carried me to the home of widow Morris
I could see the school-house in the valley
To which I played truant to steal rides upon the trains.
I prayed to live until I could ask your forgiveness —
And then your tears, your broken words of comfort!
From the solace of that hour I have gained infinite happiness.
Thou wert wise to chisel for me:
“Taken from the evil to come.”

Ilustración: The Old Clock on the Stairs, siglo XIX, Edward Lamson Henry

miércoles, abril 11, 2012

W. H. Auden / Nunca habrá paz






Nunca habrá paz

Aunque el clima benigno y claro
vuelva a sonreír en el condado de tu estima
y regresen sus colores, la tormenta te ha cambiado:
   nunca olvidarás la oscuridad
que enturbia tu esperanza, el vendaval
   que profetiza tu caída.

   Tienes que vivir con tu conocimiento.
Detrás, más allá, fuera de ti, hay otros,
viviendo soledades sin luna que tú no conoces,
   pero ellos sí te conocen a ti,
seres de género y de número desconocido:
   y tú no les gustas.

   ¿Qué les has hecho?
¿Nada? Nada no es una respuesta:
llegarás a creer (¿cómo puedes evitarlo?)
   que sí lo hiciste, que les hiciste algo;
te encontrarás deseando hacerles reír,
   y anhelarás su amistad.

   Nunca habrá paz.
Por lo tanto, pelea con todo tu coraje
y con todas las artimañas descorteses que conozcas,
   y ten bien claro esto:
su causa, si la tenían, ya no les importa;
   odian por odiar.

W. H. Auden (Londres, 1907- Viena, 1973), Parad los relojes y otros poemas, selección y traducción de Javier Calvo, Mondadori, Madrid, 1999


There will be no Peace

Though mild clear weather
Smile again on the shore of your esteem
And its colours come back, the storm has changed you:
You will not forget, ever,
The darkness blotting out hope, the gale
Prophesying your downfall.

You must live with your knowledge.
Way back, beyond, outside of you are others,
In moonless absences you never heard of,
Who have certainly heard of you,
Beings of unknown number and gender:
And they do not like you.

What have you done to them?
Nothing? Nothing is not an answer:
You will come to believe - how can you help it? -
That you did, you did do something;
You will find yourself wishing you could make them laugh,
You will long for their friendship.

There will be no peace.
Fight back, then, with such courage as you have
And every unchivalrous dodge you know of,
Clear on your conscience on this:
Their cause, if they had one, is no thing to them now;
They hate for hate's sake.

(Collected Poems, Faber and Faber, Londres, 1994)

Ilustración: Homme à l'épée, 1969, Pablo Picasso

martes, abril 10, 2012

Mario Benedetti (Udine, 1955) / Dos poemas






Mi nombre se ha equivocado al creer en la continuidad
emocionada, sus antiguos lugares íntimos, mi historia.
Las palabras han seguido su curso.
Los hospitales no tienen pasillos. Del cementerio de los perros,
cercano al vertedero de Limbiate, salen los muertos con collar.
Nada se condensa. Se dispersa en el teléfono mi pecho.
Las palabras han seguido su curso.
Sólo estás cansado, repite una voz cualquiera.

*

Las palabras están en las historias que me has hecho ver.
¡Cuánto no he visto nunca, y cuánto no se dice hoy!
Va adelante confiado el cuerpo ciego y obligado a permanecer.

Tu mano no busca hongos.
Tu mano se ha cerrado los ojos con curitas.
¿Lo ves? ¿Qué se puede hacer?


Mario Benedetti (Udine, 1955), Tersa morte, Mondadori, 2013


Il mio nome ha sbagliato a credere nella continuità
commossa, i suoi luoghi intimi antichi, la mia storia.
Le parole hanno fatto il loro corso.
Gli ospedali non hanno corsie. Dal cimitero dei cani
vicino alla discarica di Limbiate escono i morti al guinzaglio.
Non si addensa nulla, si disperde al telefono il mio petto.
Le parole hanno fatto il loro corso.
Sei solo stanco, ripete una voce qualunque.



Le parole sono nelle storie che mi hai fatto vedere.
Quanto non è mai visto, e quanto non si dice oggi!
Va avanti fidandosi il corpo cieco e obbligato a stare.

La tua mano non cerca i funghi.
La tua mano si è chiusa gli occhi con i cerotti.
Lo vedi? Cosa si può fare


Foto: Benedetti en La dimora del tempo sospeso

lunes, abril 09, 2012

Ricardo Zelarayán / Juntos o sueltos




Juntos o sueltos

Juntos o sueltos
sabiendo que los sueltos
son la materia prima de estar juntos.
La laguna junta las gotas
y uno los días.
¿Y cómo te va?
Aunque es inútil seguir
sin verle la punta al hilo.
Raíz no es ancla
pero el ala la hizo el aire
y el pie la distancia
la de los juntos y la de los sueltos.

****

Lo perdido tiene bulto
y sombra.
Muchas hojas hacen sombra
muchos días también.

Ricardo Zelarayán (Paraná, 1922-Buenos Aires, 2010), Ahora o nunca. Poesía reunida, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Saule pleureur, 1918, Claude Monet

domingo, abril 08, 2012

Guido Guinizelli / Al corazón gentil...







Al corazón gentil... *

Al corazón gentil acude siempre Amor
como el pájaro de la selva a la verdura;
ni hizo a Amor antes que a corazón gentil,
ni a gentil corazón antes que a Amor, Natura.
Que entonces como existió el Sol,
así pronto fue el esplendor luciente,
mas no antes que el Sol.
Y toma Amor en la gentileza el sitio,
tan propiamente
como el calor en la claridad del fuego.

Fuego de amor en gentil corazón se enciende
como virtud de la piedra preciosa,
pues de estrella no acude valor
antes que el Sol la haga gentil cosa;
luego que le ha quitado afuera
la vileza con su fuerza el Sol,
la estrella le da valor:
así al corazón hecho por Natura,
elegido, puro, gentil,
mujer a guisa de estrella lo enamora.

Amor arde deste modo en corazón gentil,
como fuego en lo alto de la antorcha:
esplende a su gusto, claro y sutil;
no de otra guisa, pues es fuerte.
Y si la burda naturaleza
enfrenta a Amor como agua al fuego
ardiente, porque es fría,
Amor al gentil corazón se allega,
como al preciado sitio
adamantino el hierro en la mina.

Se da el Sol al fango todo el día,
aunque es vil, pero no pierde calor el Sol.
Dice el hombre: "Por mi raza soy gentil",
pero es como el barro: el Sol  es gentil valor.
No debe dar el hombre fe
a que gentileza sin corazón exista
con debida dignidad,
y sin virtud en el corazón,
como rayo en el agua
y en el cielo estrellas y esplendor.

Esplende en la inteligencia del cielo
Dios creador más que en nuestros ojos, el Sol:
el juicio oye a su factor más allá del cielo,
y el cielo deseando, a Él lo obedece;
y así como corresponde al juicio
dar a la justicia de Dios beato cumplimiento,
así en verdad obra deseo
la mujer bella: en la mirada enciende,
por gentileza, el talento
que le será siempre obediente.

Señora, Dios me dirá: "¿Qué presumiste?",
siendo mi alma de Él delante.
"El cielo pasaste y hasta Mí viniste
y diste en vano amor a Mí en semblante:
que a Mí convienen laudes,
y a la reina del dominio digno
por quien cesa el fraude".
Dirle podré: "Tiene semblante de ángel
que fuese de tu reino;
no ha sido una falta que la amase".


Guido Guinizelli (Bolonia, c.1230-Monselice, c.1276), Poeti del Dolce Stil Novo, Mondadori, Milán, 2010
 Versión de J. Aulicino

* Esta canción fue tenida por los propios stilnovistas como el acta de fundación de la "moderna escuela": de ella es extensa y filosófica paráfrasis Donna mi prega..., de Guido Cavalcanti. Dante reconoce a Guinizelli como fundador del Dolce Stil Novo en el XXVI canto de "Purgatorio": "Ma se le tue parole or ver giuraro, /  dimmi che è cagion per che dimostri / nel dire e nel guardar d'avermi caro." (Pero si tus palabras de verdad juraron, dime por qué razón tanto demuestras, en el mirar y el decir, que te soy caro), dice Guinizelli. E io a lui: "Li dolci detti vostri, / che, quanto durerà l'uso moderno,/ faranno cari ancora i loro incostri." (Y yo: "Por los dulces dichos tuyos, que, cuanto dure el uso moderno, harán queridos todos tus escritos"), responde Dante. En el primer verso de Al cor gentil... se conjuga la idea central del Dolce Stil Novo de que la virtud y el amor se requieren mutuamente; y en las dos últimas estrofas la concepción de que el amor por la mujer es vínculo con Dios, que, suscintamente, contiene el sustrato de la Divina Comedia. Los comentaristas han visto, asimismo, el ocaso de la nobleza hereditaria en la idea de que el cor gentil es un acto decidido por la naturaleza, y por Dios a través de ella; idea cuyo correlato político fue la sanción de los Ordinamenti da Giustizia en 1293 en Florencia, con los que se excluyó a los nobles de los cargos públicos.

Al cor gentil...

Al cor gentil rempaira sempre amore
come l’ausello in selva a la verdura;
  né fe’ amor anti che gentil core,
né gentil core anti ch’amor, natura:
  ch’adesso con’ fu ’l sole,
sì tosto lo splendore fu lucente,
né fu davanti ’l sole;
e prende amore in gentilezza loco
così propïamente
come calore in clarità di foco.

Foco d’amore in gentil cor s’aprende
come vertute in petra prezïosa,
  che da la stella valor no i discende
anti che ’l sol la faccia gentil cosa;
  poi che n’ha tratto fòre
per sua forza lo sol ciò che li è vile,
stella li dà valore:
così lo cor ch’è fatto da natura
asletto, pur, gentile,
donna a guisa di stella lo ’nnamora.

Amor per tal ragion sta ’n cor gentile
per qual lo foco in cima del doplero:
  splendeli al su’ diletto, clar, sottile;
no li stari’ altra guisa, tant’è fero.
  Così prava natura
recontra amor come fa l’aigua il foco
caldo, per la freddura.
Amore in gentil cor prende rivera
per suo consimel loco
com’ adamàs del ferro in la minera.

Fere lo sol lo fango tutto ’l giorno:
vile reman, né ’l sol perde calore;
  dis’omo alter: «Gentil per sclatta torno»;
lui semblo al fango, al sol gentil valore:
  ché non dé dar om fé
che gentilezza sia fòr di coraggio
in degnità d’ere’
sed a vertute non ha gentil core,
com’aigua porta raggio
e ’l ciel riten le stelle e lo splendore.

Splende ’n la ’ntelligenzïa del cielo
Deo crïator più che [’n] nostr’occhi ’l sole:
  ella intende suo fattor oltra ’l cielo,
e ’l ciel volgiando, a Lui obedir tole;
  e con’ segue, al primero,
del giusto Deo beato compimento,
così dar dovria, al vero,
la bella donna, poi che [’n] gli occhi splende
del suo gentil, talento
che mai di lei obedir non si disprende.

Donna, Deo mi dirà: «Che presomisti?»,
sïando l’alma mia a lui davanti.
  «Lo ciel passasti e ’nfin a Me venisti
e desti in vano amor Me per semblanti:
  ch’a Me conven le laude
e a la reina del regname degno,
per cui cessa onne fraude».
Dir Li porò: «Tenne d’angel sembianza
che fosse del Tuo regno;
non me fu fallo, s’in lei posi amanza».

Ilustración: Al cor gentil..., siglo XIII, códice Banco Rari, Biblioteca de Florencia

sábado, abril 07, 2012

Juan Larrea / Tres poemas




Alba de no entender nada

El horizonte salta a los ojos de su amor
arrastrando consigo la esperanza de sobrevivirse
en este olvido sonrosado de carne y de sí mismo
se está lejos de ser puro
en mi vida te veo
desleída inasible
los brazos se buscan los brazos se alargan
imaginarios
desde una a otra orilla de la llama

Quisieran matarme
pensando volver a verte
no hallarían de ti más que la esperanza de estar desnudo

(Traducción de Luis Felipe Vivanco)


Punto de referencia

No a la arena y a su soltura
no a los pies dispuestos a la persecución
no a un techo más cálido que otro
no a la noche perforada detrás de la oreja
no a los guijarros heroicos a las capas de polvo
no a la llamada del oro adulterado de las dudas
no a los adioses a las mentiras a las reconciliaciones
a todo lo que no sea asegurarme
que ni tú ni yo hemos existido nunca

(Traducción de Carlos Barral)


Sin espada

El río la noche el fuego de vivir
los cabellos pulpo las necesidades de una lluvia
que han de compartirse
el espejo más reprimido
menos rapaz
las piernas más puras que las esclusas
solas sobre el abandono
las manos ennegrecidas por negras flores como ojos cerrados

Tú sola puedes separarnos

(Traducción de Luis Felipe Vivanco)

Juan Larrea (Bilbao, 1896-Córdoba, Argentina, 1980), Versión celeste, Barral Editores, Barcelona, 1970
Envío de Jonio González

Aube à en rien comprendre

L'horizon saute aux yeux de son amour
entrainant avec lui l'espoir de se survivre
dans cet oubli rosé de chair et de soi-même
on est loin d'être pur
je te vois dans ma vie
délayée insaisissable
des bras se cherchent des bras s'allongent
imaginaires
d'une rive à une autre rive de la flamme

On voudrait me tuer
en pensant te revoir
on en trouverait de toi que l'espoir d'être un



Point de repère

Non au sable et à sa souplesse
non aux pieds tout prêts pour la poursuite
non à un toit plus chaud qu'un autre
non à la nuit trouée derrière l'oreille
non aux cailloux héroïques aux couches de poussière
non aux appels de l'or dénaturé des doutes
non aux adieux aux mensonges aux pardons
à tout ce que en soit pas m'assurer
que toi ni moi n'avons jamais existé



Sans glaive

La rivière la nuit le feu de vivre
les cheveux pieuvre les besoins d'une pluie
à partager
la glace la plus retenue
la moins rapace
les jambes plus pures que des écluses
seules sur l'abandon
les mains noircies de fleurs noires comme des yeux fermés

Toi seule tu peux nous séparer



Foto: Los poetas Juan Larrea y Gerardo Diego, Madrid, 1929 El Diaro Montañes, de Santander

viernes, abril 06, 2012

William Carlos Williams / Paterson, 3



Libro 1

Los delineamientos de los gigantes 

I (continuación)

Andan incomunicados, la
ecuación no tiene solución, aunque
su sentido es claro —que ellos pueden vivir
el pensamiento de él está asentado en la guía
telefónica—
Y por derivación, hacia las Grandes Cataratas,
¡al carajo! ¡el gigante ataca! La buena Muncie*, también

¡Buscaban lo milagroso!

   Un caballero del Ejército Revolucionario, al describir las cataratas, describe otra curiosidad natural de la comunidad: A la tarde nos invitaron a visitar otra curiosidad del vecindario. Se trata de un monstruo con forma humana, tiene veintisiete años, su cara mide desde la parte superior de su frente hasta el mentón veintisiete pulgadas, y el contorno superior de su cabeza es de veintiuna pulgadas; sus ojos y su nariz son notablemente grandes y prominentes, mentón alargado y puntiagudo. Sus rasgos son toscos, irregulares y  desagradables, su voz es áspera y estridente. Su cuerpo tiene veintisiete pulgadas de altura, sus miembros son pequeños y bastante deformes, y solo puede usar una de sus manos. Nunca pudo sentarse derecho, ya que no puede aguantar el enorme peso de su cabeza; permanece continuamente en una cuna enorme, con la cabeza sostenida por almohadas. Una gran cantidad de gente lo visita, y le agrada la compañía de los clérigos en particular, siempre pregunta por ellos entre sus visitantes y le gusta mucho recibir educación religiosa. El General Washington lo visitó, y le preguntó «si era Liberal o Conservador». Él respondió que nunca había participado activamente en ninguno de los partidos.

¡Un prodigio! ¡Un prodigio!

   De las diez casas que descubrió Hamilton cuando vio (¡las cataratas!) cuya opinión se reservó, a mediados del siglo —las fábricas habían desarrollado una población heterogénea. En 1870 había 20711 nativos, que de hecho incluían niños de padres extranjeros; 12868 extranjeros, de los cuales 237 eran franceses, 1420 alemanes, 3343 ingleses— (el señor Lambert entre ellos, que más adelante construyó el castillo), 5124 irlandeses, 879 escoceses, 1460 holandeses y 170 suizos—

¡Las Furias insultan alrededor de las aguas que caen!
La violencia se concentra, girando en sus cabezas
provocándolas:

   El twaalft o lubina estriada también abundaban, e incluso el esturión de considerable tamaño era pescado con frecuencia: —El domingo 31 de agosto de 1817 capturaron uno de siete pies y seis pulgadas de largo, que pesaba 126 libras cerca del cauce de las cataratas. Fue apedreado por los niños hasta quedar exhausto, hasta que uno de ellos, John Winters, se lanzó al agua y se subió a la lomo del enorme pez, mientras otro lo agarraba del cogote y las agallas, y lo arrastró hasta la costa. El Bergen Express y el Paterson Advertiser del miércoles 3 de septiembre de 1817, dedicaron media columna relatando el incidente, bajo el titular, «El Monstruo Capturado».

¡Comienzan!
Las perfecciones se agudizan
La flor despliega sus pétalos coloridos
abiertos  al sol
Pero la lengua de la abeja
falla
Vuelven a hundirse en la greda
gritando
—puedes decir que es un grito
que sube por ellas, un escalofrío
mientras se marchitan y desparecen:
El matrimonio tiene consecuencias
estremecedoras

Gritar
o conformarse con una satisfacción menor:
unos pocos van
a la Costa sin ganancia—
Les falla el lenguaje
mueren también
incomunicados.

El lenguaje, el lenguaje
los traiciona
No saben las palabras
o no tienen
el coraje de usarlas
—chicas de
familias venidas a menos y
llevadas a los montes: sin palabras.
Pueden observar el torrente en
sus mentes
y les resulta ajeno. .

Dan la espalda
y se marean—¡pero se recuperan!
  La vida es dulce
dicen:  ¡el lenguaje!
—el lenguaje
divorciado de sus mentes,
el lenguaje . . ¡el lenguaje!


William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto

* Localidad estadounidense

The delineaments of the giants (3) They walk incommunicado, the /equation is beyond solution, yet  /its sense is clear —that they may live /his thought is listed in the Telephone /Directory—// And derivatively, for the Great Falls, /PISS-AGH! the giant lets fly! Good Muncie, too // They craved the miraculous! // A gentleman of the Revolutionary Army, after describing the Falls, thus describes another natural curiosity then existing in the community: In the afternoon we were invited to visit another curiosity in the neighborhood. This is a monster in human form, he is twenty-seven years of age, his face from the upper part of his forehead to the end of his chin, measures twenty-seven inches, and around the upper part of his head is twenty-one inches: his eyes and nose are remarkably large and prominent, chin long and pointed. His features are coarse, irregular and disgusting, his voice rough and sonorous. His body is twenty-seven inches in length, his limbs are small and much deformed, and he has the use of one hand only. He has never been able to sit up, as he cannot support the enormous weight of his head; but he is constantly in a large cradle, with his head supported in pillows. He is visited by great numbers of people, and is peculiarly fond of the company of clergymen, always inquiring for them among his visitors, and taking great pleasure in receiving religious instruction. General Washington made him a visit, and asked “whether he was a Whig or a Tory.” He replied that he had never taken an active part on either side.// A wonder! A wonder!//  From the  ten houses Hamilton saw when he looked (at the falls!) and kept his counsel, by the middle of the century —the mills had drawn an heterogeneous population. There were in 1870, native born 20,711, which would of course include children of foreign parents; foreign 12,868 of whom 237 were French, 1,492 German, 3,343 English— (Mr. Lambert who later built the Castle among them), 5,124 Irish, 879 Scotch, 1.360 Hollanders and 170 Swiss— //Around the falling waters the Furies hurl! /Violence gathers, spins in their heads summoning /them:// The twaalft, or striped bass was also abundant, and even sturgeon, of a huge bigness, were frequently caught: —On Sunday, August 31, 1817, one seven feet six inches long, and weighing 126 pounds, was captured a short distance below the Falls basin. He was pelted with stones by boys until he was exhausted, whereupon one of them, John Winters, waded into the water and clambered on the back of the huge fish, while another seized him by the throat and gills, and brought him ashore. The Bergen Express and Paterson Advertiser of Wednesday, September 3, 1817, devoted half a column to an account of the incident, under the heading, “The Monster Taken”. //They begin! /The perfections are sharpened /The flower spreads its color petals /wide in the sun /But the tongue of the bee /misses them /They sink back into the loam /crying out /—you may call it a cry /that creeps over them, a shiver /as they wilt and disappear:  /Marriage come to have a shuddering /implication //Crying out /or take a lesser satisfaction: /a few go /to the Coast without gain— /The language is missing them / they die also /incommunicado. //The language, the language /fails them /They do not know the words /or have not /the courage to use them /—girls from /families that have decayed and /taken to the hills: no words. /They may look at the torrent in /their minds /and it is foreign to them  . //They turn their backs /and grow faint —but recover! /Life is sweet /they say: the language! /—the language /is divorced from their minds, /the language  .  .  the language!


Ilustración: The Daughters of Edward Darley Boit, 1882, John Singer Sargent

jueves, abril 05, 2012

Osvaldo Lamborghini / De Alvear a Freud



               
          11 de noviembre de 1978

De Alvear a Freud

La locura es la segunda juventud
sin hablar de la niñez
(yo tenía un amigo...)
: como en el ajedrez
ocupando las casillas
todas las posiciones son malas
: Baudelaire era más concreto
hablaba de lo irreparable

La piel se vuelve lozana
pura leche y rosas
el amor doble ario en soledad
(Cupido nos perderá a todos)
una verdadera muchacha
: el profesor de dibujo
francés suizo
     Y yo me voy

Si volví a este lugar fue solo por un momento
mis ex colegas los poetas sabrán perdonarme
: vine a fumar un cigarrillo en el camerino
y de paso
anotar un teléfono:
la diva me ha querido en otro tiempo
y ahora sólo pueden ofrecerme su piedad
y bien
sed piadosos
ya quisiera que me tuvieran piedad
Troia Helena - Helena
Troia: repechar en una guerra sucia

Mi palabra
-lo único-
puede aún pastar ovejas
y tómenlo como un dogma
koan lamborghiniano:
todo es más simple de lo que ustedes creen
muchachos: lapidario

Hay que rodear a Germán
: no merecemos más
                     Hartz

Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940-Barcelona, 1985), Poemas 1969-1985, Mondadori, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Un yogui, 1932, Xul Solar

miércoles, abril 04, 2012

Anónimo / Kanginshu, 69, 91




[69]

En la noche
te espero sola,
me entristecen
las campanadas
que anuncian
las horas pasadas

en la noche
que te veo,
me acongojan
los cantos del gallo
que apremian la despedida

¡qué carga
es el amor!
¡qué tortura!


[91]

¿Quién eres
   (¡hombre travieso!)
el que me abraza tan fuerte
y me muerde,
a una mujer casada?

aunque sea un retozo,
estoy en plena floración
  a diecisiete años de edad
estoy en plena floración

muérdeme suavecito –
si tus dientes me dejan huellas,
se enterará él.

Anónimo (Japón, siglo XVI), Los cantos en el pequeño paraíso, selecciones del Kanginshu, traducción de Masateru Ito, Emecé, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Mujer, 1930, Nakamura Daizaburo

martes, abril 03, 2012

Anónimo / Kanginshu, 92, 231, 236-237




[92]

Me hiciste flotar
       tan alto
pero ahora
nuestros corazones
están a la deriva.


[231]

Susurro
    nuestro mundo todo es
susurro
    como la caída del granizo
susurro
    sobre la hoja de bambú.


[236-237]

Sea lo que fuere,
  pienso,
pero me inquieta
  como las olas
       de la bahía de Tago
  que se levantan
       cuando me levanto
  y aún se mueven
  cuando descanso

hay días
en que las olas
no se levantan
hay esos días
pero en mis adentros.

Anónimo (Japón, siglo XVI), Los cantos en el pequeño paraíso, selecciones del Kanginshu, traducción de Masateru Ito, Emecé, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Chrysanthemums, c.1817, Sakai Hoitsu

lunes, abril 02, 2012

Cecco Angiolieri / Por tan grande suma empeñé la risa...




LXXXI

Por tan grande suma empeñé la risa
que no puedo ver manera alguna
de pagar el rescate de la prenda:
la empeñé por más de lo que vale Pisa.
Mi mente está endurecida de tal modo
que dejaría que me rompieran la osamenta
antes que esbozar siquiera una sonrisa:
de los espíritus estoy cortado hasta ese punto.
El otro día querer me pareció en un sueño
hacer un acto que por reír valiese:
me desperté; y todavía me avergüenzo.
Y me digo a mí mismo: Dios quisiese
mantenerme en el estado en que me pongo,
que matar haría a cualquiera que riese.

Cecco Angiolieri (Pisa, 1260-1312 ó 1313), Rime, Rizzoli, Milán, 2000
Versión de J. Aulicino

LXXXI

Per sì gran somma ho ’mpegnate le risa,
che io non so vedere come possa
prendere modo di far la rescossa:
per più l’ho ’n pegno, che non monta Pisa.
Ed è sì forte la mia mente assisa,
che prima mi lassarei franger l’ossa,
che ad un sol ghigno io facesse mossa,
tanto son dagli spiriti ’n recisa. 
L’altro giorno voler mi parve, ’n sogno,
un atto fare, che rider valesse:
svegliàimi; certo ancor me ne vergogno.
E dico fra me stesso: - Dio volesse
ch’i’ fusse ’n quello stato ch’i’ mi pogno,
ch’uccidere farìa chiunca ridesse!

Ilustración: De Lachende Rembrandt (Rembrandt riendo), c.1628, Rembrandt