domingo, septiembre 30, 2012

Jorge Fondebrider / Conversación




Conversación

Adentro no pasan cosas importantes.
Por eso salimos al crepúsculo y prende un cigarrillo.
Me dice qué cosa que es la noche.
La miro apoyado en la baranda
pensando que tal vez todo es así
porque la vida es eso y no hay fisura,
apenas un rostro a contraluz
y entonces pasa el río que va por otro cauce y me doy cuenta
de que acaso hay un abismo
y un vértigo también.
No hay duda de que estamos
profundamente solos,
ajenos en la fe como en la carne
y apenas nos rige una ilusión
y no es la misma.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), inédito



Ilustración: Two People Walking, c.1965, Laurence Stephen Lowry

sábado, septiembre 29, 2012

Juan Gelman / lamento por el sapo de stanley hook




lamento por el sapo de stanley hook

stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano
"oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral
no preocupado por esta finitud
no sacudido por la triste condición furiosa" le decía

"oh caballito cantor de la humedad oh pedazo esmeralda"
le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano
y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano
más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos
más allá de cualquier condición

"oye mío" decía "hay muerte y vida y noche y sombra y luz"
decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo
como amaba a las rosas tempranas esa mujer de Lesbos
pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler"

decía stanley hook y se tocaba la garganta
como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris
gris la memoria feo el corazón
"oye sapo" decía mostrándole el suelo
"los parientes de abajo están divididos ni siquiera se hablan"
decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular
los brillos del silencio popular
que se ponía como el sol

esa noche naturalmente stanley hook se murió
antes dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo
mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo
seguía con su jueves

todo esto es verdad
hay quien vive como si fuera inmortal
otros se cuidan como si valieran la pena
y el sapo de stanley hook se quedó solo


Juan Gelman (Buenos Aires, 1930-México, 2014), Traducciones III. Los poemas de Sidney West, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1969

Ilustración: Street Scene, 1958, Laurence Stephen Lowry

viernes, septiembre 28, 2012

Aníbal Cristobo / Una objeción




Una objeción

Objetos como estos potes, lociones de afeitar
correctamente etiquetadas y expresadas, colonias,
no son paradigmáticas, no sirven como recursos o ilustración de lo que
nos sucede

constantemente. No consiguen tampoco
crear un guión de nuestras actitudes: nos ponemos loción
y salimos; en el ascensor ya somos una incógnita
nueva, manchados por las dudas, o la desconfianza
ante un perro cuya mirada no puede comprenderse. Una mancha
de aceite, en la calle y un frasco de aceite, más tarde, en el
supermercado
establecen una relación necesaria; mentalmente
podemos regresar sobre esos datos: para imitarnos,

eliminamos las magnitudes despreciables; nos perfumamos
con actos improvisados, implorando
que ningún Jack Russell intente frotarse en nuestra pierna
mientras bajamos desde el 5to piso -y llamamos a esto

decisión: al parecer, compramos ese ticket
como quien adquiere una cadena infinita de consecuencias. Pero
no: el reverso, la frase se nos escapa y otra vez
reencarnamos en nuestro propio tránsito, aunque
éste no exista. La página que escribo ya dejó de existir, o bien
tenemos problemas con el navegador, interrumpidos
siempre por el ruido que hacemos al quitarnos las manchas, intentando
recuprerar alguna apariencia tras hacer el amor
con un perro, o quedarnos callados, fumando, con los dientes
perfectos, cuando llega un mensaje
y transforma por un momento algo importante

en algo irrelevante, y no lo percibimos.

Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971), Krakatoa, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2012


Foto: Aníbal Cristobo en Facebook

jueves, septiembre 27, 2012

Piergiorgio Viti / La miope



(la miope)

No es raro que me equivoque,
confundo las entradas con las salidas,
los ómnibus que se van
con los que vienen;
confundí incluso un amor
con el de otro,
pero me di cuenta enseguida,
por el olor de la loción para después de afeitar
o porque el abrazo
no era igual.

No es raro que me equivoque,
pero me gusta,
prefiero escuchar,
desenredar las voces,
porque salen del pecho,
colmena del alma,
y si me dicen
por qué no me pongo anteojos
respondo que la realidad hace tanto mal
que a veces es mejor
imaginarla.

Piergiorgio Viti (Sulmona, L'Aquila, 1978), inédito


(la miope)

Non è raro che sbagli,
confondo le entrate con le uscite,
gli autobus che partono
con quelli che ritornano;
alcune volte ho scambiato con altri
perfino il mio amore,
ma me ne sono accorta subito,
dall’odore del dopobarba
o perché l’abbraccio
non era lo stesso.

Non è raro che sbagli,
però mi piace così,
preferisco ascoltare,
districarmi tra le voci,
perché partono dal petto,
alveare dell’anima,
e se mi chiedono
come mai non indosso occhiali,
rispondo che la realtà fa così male
che a volte è meglio 
immaginarla.

Ilustración: Porto di Marghera, 1983, Zoran Music

miércoles, septiembre 26, 2012

Aldo Oliva / Parábola




Parábola

Este lobo translúcido, este
lánguido andante de un ansia extinguida
no podrá ocultar el matorral
incierto,
la solapada corriente del dolor
donde, sin saberlo, deambula;
no busca el placer sino el ensueño
de existir, a ras del piso, arrastrado
por el alcohólico comezón de la angustia.

Sonríe, a veces, a la altura, sin embargo;
como abarcando un círculo de airado ópalo;
cúmulos temibles de cernidas
olas de fuego, berceuse vertida en pizzicatto,
tremando en la sima de la niñez.

Fueron entonces los momentos,
en que, exhibiendo su cuchillo,
lo hundió en las junturas de las piedras
de algunas coquetas callecitas;
amasó un cosmos de la tierra fascinada
en el prodigio del principio: con saliva
y orina fue creando la invención del amor.

Y quedó solo.

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), "Ese general Belgrano y otros poemas", 2000, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

Ilustración: Venezia d'oro, 1961, Lucio Fontana

martes, septiembre 25, 2012

Eugenio Montale / Paseo junto al lago




Paseo junto al lago
                     
                                      Campione

El pequeño halcón pescador
cayó en picada sobre un tiesto de terracota
entre los muchos puestos sobre un muro junto al lago.
Oculto entre los claveles era visible
lo suficiente como para hacer posible
un diálogo.
Eres el último ejemplar de una especie
que yo creía extinta, dije.
La sobreabundancia de vosotros
surtirá el mismo efecto, fue su respuesta.
Ahora aprendo, acoté, que se es demasiados o ninguno.
Con el privilegio dijo el halconcillo
de que alguno de vosotros asistirá al ballet final.
A menos, repliqué, que espacio y tiempo, fin y principio
sean tan sólo invenciones humanas
mientras que tú ya devoraste el Todo con tu pico.
Adiós, hombre, adiós halcón y olvídate tu pesca.
Y tú olvida la tuya sin picos y sin alas,
hombrecito, hombrezuelo.
                         Y el granuja
se eclipsa en un halo de púrpura y herrumbre.

Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), "Cuaderno de cuatro años" [1973-1977], Poesía completa, traducción de Fabio Morábito, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006.


Lungolago

                       Campione

Il piccolo falco pescatore
sfrecciò e fini in un vaso di terracotta
fra i tanti di un muretto del lungolago.
Nascosto nei garofani era visibile
quel poco da non rendere impossibile
un dialogo.
Sei l'ultimo esemplare di una specie
che io credevo estinta, così dissi.
Ma la sovrabbondanza di vuoi uomini
sortirà eguale effetto mi fu risposto.
Ora apprendo osservai che si è troppi o nessuno.
Col privilegio vostro disse il falchetto
che qualcuno di voi vedrà il balletto finale.
A meno ribattei che tempo e spazio, fine
e principio non siano invenzioni umane
mentre tu col becco ha divorato il Tutto.
Addio uomo, addio falco dimentica la tua pesca.
E tu scorda la tua senza becco e senz'ali,
omiciattolo, ometto.
                     E il furfante dispare in un alone
de propora e di ruggine.


Ilustración: Derniers messages, 1967, George Braque

lunes, septiembre 24, 2012

Germán Arens / Después de caminar casi nueve leguas...




Después de caminar casi nueve leguas...

Después de caminar casi nueve leguas
llegué a la ermita.
El niño estatua permanece en ella,
también su madre.

Río y altura mediantes
el pueblo está a mis pies.
En su apariencia todo está abandonado.

Llega la noche,
decido dormir en el lugar.

A pesar de ser octubre
las colonias están secas.

La luna está casi llena.
En el centro de Orión las Tres Marías.
Sobre el horizonte oeste
muy cerca de Venus distingo a Saturno,
el de los diecisiete satélites.
Venus, que es el Lucero, apenas si se ve.
Busco a Júpiter en el este.
¿Estará el Gordo en Ganímedes?...

Entro a mi bolsa de dormir,
una vieja Duvet de pluma de ganso.
Enciendo mi linterna
y me entrego a la lectura de
“Algunos discursos presidenciales desde la vuelta
de la democracia a nuestros días”.

Mañana cruzaré el puente negro.


Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Siempre creì que los zombis eran los protagonistas de un subgénero del cine de terror clase B (publicará Vox, Bahia Blanca)

Ilustración: The Big Moon, 1923, Marianne von Werefkin

domingo, septiembre 23, 2012

Basil Bunting / Coda




Coda (de Briggflatts)

Una vigorosa canción precipita
esa larga congoja del oído.
Ciegos, seguimos entonces
la pendiente de la lluvia, su rocío acariciante
sobre campos que ignoramos.

Noche, reflotándonos.
Viento costero, un quejido
que interpela al océano
sobre cuánto hemos perdido, cuánto hemos abandonado,
qué sonidos se fueron a pique,
qué coronas se alejan a la deriva.

¿Dónde estamos? ¿Quién sabe ya
de reyes que bebían
mientras el día agonizaba? ¿Quién,
sacudiendo al hacha
para deponer a los reyes, adivina
hacia donde nos retiramos?

Basil Bunting (Scotswood-on-Tyne, Northumberland, 1900-Hexham, Northumberland, 1985), Covers. 36 poetas en lengua inglesa, traducción de Armando Roa, Uqbar Editores, Santiago de Chile, 2010


Coda (from Briggflatts, 1965)

A strong song tows 
us, long earsick. 
Blind, we follow 
rain slant, spray flick 
to fields we do not know. 

Night, float us. 
Offshore wind, shout, 
ask the sea 
what’s lost, what’s left, 
what horn sunk, 
what crown adrift. 

Where we are who knows 
of kings who sup 
while day fails? Who, 
swinging his axe 
to fell kings, guesses 
where we go? 


Ilustración: New York City Upper Broadway, 1907, George Bellows

viernes, septiembre 21, 2012

Milo De Angelis / De "Tema dell'addio"




Todo estaba ya en camino...

Todo estaba ya en camino. Desde entonces a aquí. Todo
el tiempo, luminoso, rozaba los labios. Todas
las respiraciones se unían en un collar. Las sombras
de Lambrate cerraron la puerta. Toda la habitación,
absorta, devino el primer latido. El negro
de tus cabellos contra el amarillo del último rayo.
Desde entonces a aquí. Era el primer día de verano.
El silencio nos llenaba la frente. Todo estaba
ya en camino, desde entonces, todo estaba aquí, único
y perdido, nuestro y remoto, ardiente. Todo pedía
ser esperado, regresar a su verdadero nombre.

Milo De Angelis (Milán, 1951), Tema dell’addio, Mondadori, 2005


Tutto era già in cammino. Da allora a qui. Tutto 
il tempo, luminoso, sfiorava le labbra. Tutti 
i respiri si riunivano nella collana. Le ombre 
di Lambrate chiusero la porta. Tutta la stanza, 
assorta, diventò il primo battito. Il nero 
dei tuoi capelli contro il giallo dell’ultimo raggio. 
Da allora a qui. Era il primo giorno dell’estate. 
Il silenzio ci riempiva la fronte. Tutto era 
già in cammino, da allora, tutto era qui, unico 
e perduto, nostro e remoto, ardente. Tutto chiedeva 
di essere atteso, di tornare nel suo vero nome. 


Ilustración: Naturaleza muerta sobre mesa azul, 1947, Henri Matisse

jueves, septiembre 20, 2012

Yu Jian / #320




#320

la suela gris de las nubes avanza por el cielo
y las oficinas se oscurecen, las pantallas emiten una fluorescencia fantasmal
los cuellos se cierran sobre las gargantas de los empleados
esas mujeres que atraviesan la calle financiera no deben ser provocadas
con celulares repletos de dinero           bufandas al viento
zozobran en tacos altos bajo las patas de gallo
los adolescentes dentro del ascensor
no son ninguna excepción           tres de ellos morirán pronto
en cuanto el tiempo empeore un poco           la ambulancia que transporta un cadáver
pasa aullando          el grito de los cuervos reparando el cielo
llega desde un obrador de los suburbios
el día toma una expresión cansada
deteniéndose           cada uno está inmerso
en sus propios asuntos           haciendo en secreto las cuentas de su vida
los hombres buscan cigarrillos           y fuman
las mujeres van al baño           a rehacer el maquillaje
este momento pasa rápido
las nubes oscuras           se dirigen hacia el estacionamiento
la electricidad regresa al mundo           ya más viejo

Yu Jian (Kunming, 1954), Un país mental. 100 poetas chinos contemporáneos, traducción de Miguel Angel Petrecca, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2011

#320

这个时间乌云的灰鞋底踩着天空
公司黑暗           电脑鬼火荧光
白领向着职员们的喉结收紧
走过金融大街的女人都是惹不得
塞满硬币的手机           围巾变质
鞋跟尾随着鱼尾纹下垂
站在电梯里向上驶去的
年轻人也不例外           其中的三个人快要死了
只要天色稍微不好           运输尸体的快车
尖叫着驶过           乌鸦修理天空的声音从
郊区的一处工地传过来
日子就会神色疲惫
停下           各自想一想各自
的事情          把人生账目暗自盘点
男士拿出香烟           抽一支
女士去卫生间           补一补妆
这一刻很快过去了
乌云系好裤带           走向停车场
世界重新来电           已经老化

Foto: Yu Jian en Facebook

miércoles, septiembre 19, 2012

Olvido García Valdés / Poema





tenía la alegría de ir a verte, pensó
que le diría si no acudía a la cita, la sustancia
de los afectos, aun si hay error en
la valoración de las personas, es
a menudo diáfana

de lejos viene
el habla de los ancianos, ritmo, tendencia
parlanchina o silenciosa en la pareja, consabida
forma de acercarse a lo próximo

      la mirada
equívoca de la camarera a los clientes, amable y
coquetamente cálida y al tiempo distanciada
en la atención profesional, despectiva
y asqueada al transmitir luego las órdenes

                          era
octubre con un calor casi de agosto salvo en la
transparencia de azul atardecer, azul leve
hacia lo blanquecino, no desvaído sino
crecido en más diáfana luz, el cielo cerca debería
llamarse, se ve que es aire, sí, y el dolor
intransitivo, aunque la pena no

Olvido García Valdés (Pravia, Asturias, 1950), en XX Festival de Poesía de Rosario


Foto: Olvido García Valdés por Su Alonso & Inés Marful

martes, septiembre 18, 2012

José María Pallaoro / De "Otro día"



Sillas 

Hay una silla en el sentar
de ahora está más
para fueguito de anoche.
¿Podrá el volver
sentarse en cuerina roja
como corazón que late?


Volver, volvimos

En el momento de volver,
el mundo se acomodó,
y volvimos

a la pobreza de las voces.


Nadie despierta vivo

En los días de atrás,
unos nueve o diez,
ayer que le dicen, no supe
por dónde andaba. La espalda
se retorcía en un dolor aguado,

eso creo recordar, sentado
siempre con la cabeza
gacha, con los ojos cerrados;
en el afuera
luces brillantes de los días

felices; tan extraño
como el exterior de mí,
como el interior de mí,
como un sueño del que
nunca despierto vivo.


José María Pallaoro (La Plata, 1959), Otro día, 2011

Foto: Facebook

lunes, septiembre 17, 2012

Cesare Pavese / Disciplina



Disciplina

Los trabajos comienzan al alba. Pero nosotros comenzamos
un poco antes del alba a encontrarnos a nosotros mismos
en la gente que va por la calle. Cada uno recuerda
que está solo y tiene sueño, descubriendo los raros
transeúntes - cada cual fantaseando a solas,
porque sabe que al alba abrirá bien los ojos.
Cuando llega la mañana nos encuentra estupefactos
mirando el trabajo que ahora comienza.
Pero no estamos más solos y nadie tiene sueño
y pensamos con calma los pensamientos del día
hasta sonreír. En el sol que regresa
estamos todos convencidos. Pero a veces un pensamiento
menos claro -una sonrisa burlona- nos toma de improviso
y volvemos a mirar como antes de que saliera el sol.
La ciudad clara asiste a los trabajos y a las sonrisas burlonas.
Nada puede temer la mañana. Todo
puede suceder y basta alzar la cabeza
del trabajo y mirar. Muchachos fugitivos
que no hacen todavía nada caminan por la calle
y alguno hasta corre. Las hojas de las avenidas
arrojan sombra sobre la calle y solo falta la hierba
entre las casas que asisten inmóviles. Muchos
en la orilla del río se desvisten al sol.
La ciudad nos permite alzar la cabeza
para pensarlo, y sabe bien que después la inclinamos.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Disciplina

I lavori cominciano all'alba. Ma noi cominciamo
un po' prima dell'alba a incontrare noi stessi
nella gente che va per la strada. Ciascuno ricorda
di esser solo e aver sonno, scoprendo i passanti
radi - ognuno trasogna fra sé,
tanto sa che nell'alba spalancherà gli occhi.
Quando viene il mattino ci trova stupiti
a fissare il lavoro que adesso comincia.
Ma non siamo più soli e nessuno più ha sonno
e pensiamo con calma i pensieri del giorno
fino a dare in sorrisi. Nel sole che torna
siamo tutti convinti. Ma a volte un pensiero
meno chiaro -un sogghigno- ci coglie improvviso
e torniamo a guardare come prima del sole.
La città chiara assiste ai lavori e ai sogghigni.
Nulla può dubitare il mattino. Ogni cosa
può accadere e ci basta di alzare la testa
del lavoro e guardare. Ragazzi scappati
che non fanno ancor nulla camminano in strada
e qualcuno anche corre. Le foglie dei viali
gettan ombre per strada e non manca che l'erba,
tra le case che assistono immobili. Tanti
sulla riva del fiume si spogliano al sole.
La città ci permette di alzare la testa
a pensarci, e sa bene che poi la chiniamo.


Ilustración: Paisaje con un árbol, 1960, Balthus

Roberto Roversi / De "Las treinta miserias de Italia"



De "Las treinta miserias de Italia"

XII

La miseria de la mísera Italia número doce
la cabeza en llamas la maraña
de la fiesta de los pensamientos paja que
se inflama arde entre ascuas humeantes.
Se consumen noticias mezcladas con el recuerdo
de viejos tiempos
el bagaje sobre el carro de la vida en marcha
es espacio de fresca primavera.
En otro lugar, polvo levantado por el auto
en el camino de campaña
huele a manzana mientras el mirlo se aleja
chilla fuerte en el hilo de hierba a lo largo del mar
cercos cercos cercos de adelfas abandonados y
pinos decapitados por vientos seculares
camino a la tierra.
¿Puede la muerte urdir su lacerante matanza
reducir a cenizas el delfín
el buque a fuego
la dominante nube en ciclón y
arrollar la vida?
¿El fervor es arrastrado al torbellino
lo existente en un instante desaparece
la juventud es luego recuerdo sobre el ojo cerrado
del cielo interminable de techos
y finalmente se olvidan las tumbas de los viejos héroes?
¿Cuántas primaveras los hombres fugitivos
ignoran las jóvenes alas que
llegan traídas por el viento?
Se puede considerar la oportunidad
de no resignarse
a quemar en el carro de los vencedores
incluso nuestras propias banderas.
Por favor.

Roberto Roversi (Boloña, 1923-2012), L'Italia sepolta sotto la neve, 1989
Versión de J. Aulicino

XII

La miseria della misera Italia numero
dodici
la testa in fiamme la sterpaglia
della festa dei pensieri paglia che
avvampa brucia fra braci di fumo.
Si consumano notizie mescolate al ricordo
di vecchie età
l'armamentario sul carro della vita
in corsa
è spazio di fresca primavera.
Altrove polvere sollevata dall'auto nella
strada di campagna
odora di mele mentre il merlo s'allontana
stride forte a filo dell'erba lungo il mare
siepi siepi siepi di oleandri abbandonati e
pini scavezzati dai venti secolari
camminano a terra.
Può la morte ordire il suo acuminato
massacro
ridurre in cenere il delfino
il vascello in fuoco
la sovrastante nuvola in ciclone e
travolgere la vita?
Il fervore trascinato in gorgo
l'esistente in un attimo è scomparso
giovinezza è il ricordo poi sull'occhio
chiuso
del cielo interminabile di tetti
e alla fine dimenticare la tomba
dei vecchi eroi?
Quante primavere gli uomini fuggitivi
abbandonano alle giovani ali che
arrivano portate dal garbino?
Si può considerare l'opportunità
di non rassegnarsi
bruciare il carro del vincitore
anche le nostre bandiere.
Per favore.

Foto Roberto Roversi en La Stampa

Agustín Delgado / Dos poemas




El primer hombre

El primer hombre
Que comparó a una mujer
Con una flor
Era un genio.
El segundo
Era un novísimo.

El tercer hombre
Descifró la batalla:
Los heridos se llamaban carabineros
Pues eran pobres.
Los hirientes se llamaban estudiantes
Pues eran delfines.
Reinaba, creo, Augusto.

Él, para más inri
No se escribía
Sino Pier y Paolo.

A saber
De qué lo flecharon.


En privado

Hace ya tiempo
Que no escribo poemas

Antes me gustaba
Tener la cuartilla delante de los ojos
Y mirar el atardecer.

Ahora
Se me llena por las noches la cabeza de ruido
Un ruido raro
Y veo palabras infinidad libélulas
Desaparecen revoloteando hasta perderse

Y me pierdo yo
Y caigo sin respiración en el anfiteatro de la noche
Y despierto
Con los músculos agarrotados.

Cuando voy a gritar
Una mano blanquísima baja lentamente
Y me tapa la boca.

Agustín Delgado (Rioseco de Tapia, León, 1941 - 2012), de Espíritu áspero. Poesía reunida (1965-2007), Trama Editorial, Madrid, 2010


Foto: Agustín Delgado por Lucía del Pozo Diario de León

domingo, septiembre 16, 2012

Melisa Machado / De "El canto rojo"



De "El canto rojo"

(Preámbulo)

                   "Yo soy más liviano:
                    canto ante extraños".
                                          Paul Celan.      

la prosperidad de mi lengua
los animales blancos
los animales negros
los líquidos venenosos
el agua límpida
la resurrección de la carne
la resurrección en todas sus formas
el pecado
la extremaunción
mis cicatrices
el cartel que ví en aquel hospital
el amor
las sábanas blancas
los alambres de púas
los poemas que se parecen a éste
el amor ilícito
el tamaño de mi esperanza
el amor lícito
la oquedad de algunas personas
"la tarde de mi vida"
mi cara en el espejo después de eso
el olor a limpio
el olor a orín de los viejos y los enfermos
los gatos
la estirpe
la humedad en todas sus formas
la imperfección
el hierro
la verdad
la piel delicada de los párpados
el lienzo
el armario
la palabra pureza
los bancos amarillos
la lucidez
el olvido.

Melisa Machado (Durazno, 1966), El canto rojo, inédito


Ilustración: El espejo, 1925, Fernand Leger

sábado, septiembre 15, 2012

Jacobo Fijman / Anosmia perfectísima



Anosmia perfectísima

Ni la rosa doliente
calentará la sangre no doliente.
Ya no tendrás olor de la rosa doliente
del vespertino olor el más doliente
con matutino olor el más doliente.

En vano la belleza de la rosa doliente
figurará su sombra sin el olor doliente.
En vano la belleza se elevará doliente
buscando los amores de la pasión doliente.
En vano la dinámica belleza de la flor doliente
buscará ser olor o ser el nombre de la pasión doliente.
El corazón,
el corazón ha muerto para la luz doliente,
para la luz de la pasión doliente.

                    18 de julio de 1957

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), Romance del vértigo perfecto, Editorial Descierto, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Flores en la noche, 1930, Paul Klee

viernes, septiembre 14, 2012

Robert Hayden / Aquellos domingos de invierno



Aquellos domingos de invierno

También los domingos mi padre se levantaba temprano
y se vestía en medio del frío negro azulado,
después, con manos agrietadas, doloridas
de trabajar a la intemperie, hacía
arder los rescoldos. Nadie nunca se lo agradeció.

Yo despertaba y oía el frío astillarse, quebrarse.
Cuando las habitaciones estaban caldeadas, me llamaba,
y lentamente me levantaba y vestía,
temiendo la ira crónica de aquella casa,

le hablaba con indiferencia, a él,
que había expulsado el frío
y lustrado tan bien mis mejores zapatos.
¿Qué sabía yo, qué sabía yo
del amor austero y los oficios solitarios?

Robert Hayden (Detroit, 1913–Ann Arbor, 1980), Collected Poems, Frederick Glaysher ed., Liveright, Nueva York, 1996
Versión de Jonio González                                  

Those Winter Sundays

Sundays too my father got up early 
and put his clothes on in the blueblack cold, 
then with cracked hands that ached 
from labor in the weekday weather made 
banked fires blaze. No one ever thanked him. 

I'd wake and hear the cold splintering, breaking. 
When the rooms were warm, he'd call, 
and slowly I would rise and dress, 
fearing the chronic angers of that house,

speaking indifferently to him, 
who had driven out the cold 
and polished my good shoes as well. 
What did I know, what did I know 
of love's austere and lonely offices?

Foto: Robert Hayden por Jill Krementz Michigan Today. Universidad de Michigan

jueves, septiembre 13, 2012

Franco Fortini / En el patio...





En el patio...

En el patio, en el jardín negro
de vieja nieve, hay un gran fuego
de ramas, un verdadero fuego.

¡Qué bueno! Más allá de la Arena se coagula
un resto de otro siglo, violeta y verde,
y la noche despliega sus empresas.

Quiere decir que febrero se aproxima.
El Centro Mecanográfico relampaguea de luz azul turquí.
Suben hasta el cuarto piso las chispas
y la llama hace girar un humo delicioso
que a los viejos les enciende las pupilas.

El fuego perfuma. El fuego brota hasta el tercer piso.
Huele el aire a esencia buena.
Asoman la cabeza por las ventanas los viejos y llaman
a los chicos a ver la insólita fiesta.

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), Composita solvantur, Einaudi, Turín, 1994
Versión de Jorge Aulicino




Nel cortile...

Nel cortile, nel giardino nero
di vecchia neve, c'è un grande fuoco
di ramaglie, un fuoco vero.

Che bello! Oltre l'Arena si rapprende
un resto d'altro secolo viola e verde
e la notte distende le sue imprese.

Vuol dire che fabbraio s'avvicina.
Il Centro Mecanografico lampeggia luce turchina.
Salgono ai quarti piani le faville
e la fiamma volge un fumo delizioso
che ai vecchi fa lucenti le pupille.

Il fuoco profuma. Il fuoco sprizza fino al terzo piano.
Odora l'aria di buona essenza.
Sporgono la testa alle finestre i vecchi e chiamano
i ragazzi a vedere l'insolita festa.


Ilustración: Oriental, 1938, Vassily Kandinsky

miércoles, septiembre 12, 2012

Angel Faretta / Otro último café



Otro último café


             a: G. R. Espero que definitivamente

No te quedaban tetas pero sí mucho rencor.
Las arrugas, el rictus en la boca y no amor;
tal vez éste se haya ido junto con las formas
rotundas que incitaban a romper las normas
entre aquello que se llama amor y qué deseo.
Cierto, hay cariño, afecto, ternura en el mero
sentido alzado por la cercana posesión cuando
se es capaz de asentir a todo e incluso gritando
que se está de acuerdo y suscribir lo más errado,
puede afirmarse que el más querido es un tarado
si ello es necesario para entrar voraz en esa carne
para luego no tener que lamentar fuera tarde
no hacerlo movido por escrúpulos de opinión.
No era cosa decir no, sino sí a esa ingestión
rotunda de placer, sabiendo lo que dura es poco
aún cuando se lo desee prolongar tras el ahogo.

Pero eras otra ahora, con rencor y hasta destetada,
flojas las ancas al caminar, un algo encorvada,
la mirada tan hundida y gris, cavada en los huesos
la boca algo desdentada, y pensando en los besos
ávidos que nos propinamos entonces me dije allí,
cuando finalmente, tras tantos años, de nuevo te vi,
no, que eras otra -era evidente-, sino un bosquejo  
trazado en sentido contrario. Aunque con un dejo  
de ayer carnal. No sabría decir dónde. Posiblemente
el lugar cerrado a todo escrutinio. Fatalmente    
vedado a todo conocimiento, aún al más carnal,  
y para entrar allí no hay río, veta, pasaje o canal.
Quedaba entonces en vos ese resto, plus, valencia
flotando en la mesa del café aquel y sin paciencia
ninguna a mi persona que te sería tan ajena          
como a vos la mía, intentaste mover la pena  
retrospectiva hacia lo que fuimos una vez.  
Admito que tu intento fue muy certero y pensé
por un minuto o más que la culpa era toda mía
pero me dije luego ¿sería capaz de ya vencida  
el ansia de poseer un recuerdo de ser sincero  
con mi anhelo ardiente y separar al austero    
sentimiento del culpable, por el deseo insaciable
que se vuelve el único valor no negociable        
del recuerdo corporal? Ese que a todo arrasa,    
que no tiene sitio, domicilio o tan solo casa        
donde cobijarse y serenar su móvil errancia,      
que lo lleva a vagabundear con repetida ansia    
hasta dar con el momentáneo refugio que le da
una noche, un cuerpo, un ardor, un grito de “ya”.

Tantos años, casi treinta, ahora ninguno fumaba
así que algo esencial de aquel entonces le faltaba
a la puesta en escena que el recuerdo arma          
con lo que tiene a mano. Urdiendo la trama        
y distribuyendo roles en una escenografía      
que organiza con el atrezzo y la guardarropía
más improvisada y caótica. Porque para aquél
lo que cuenta es lo que dicen en esa babel,    
dos personas a solas, sentadas en un café o bar
y para ello cualquier cosa, tazas, vasos o samovar
humeante en una mesa le basta y sobra para urdir
una escena banal o memorable en un lugar así,
representación de dos seres adultos que al hablar
no dicen lo que piensan. Si no que ocultan al narrar  
la vida transcurrida desde entonces hasta ahora,        
la adornan con esto, tachan lo otro, porque sobra  
cada una de esas palabras. Se espera que lo otro  
sea ave de paso, de presa o hasta desatado potro-
surja o se sobreentienda entre esas corteses nadas,
e indique sin dilaciones que se trata de camas.
Unas hechas, otras desechas, todas calientes,  
calor que aviva el recordar y busca otros urgentes
lechos donde probar, apurar y actualizar,
poner en escena -si quieren- el presente en realizar  
lo hecho entonces y que la ensoñación incrementa,  
hábil cocinera, sazona con azafrán o menta,
coriandro y ají del más picante para que el sabor  
del plato insípido o recalentado al vapor          
sepa como un manjar refinado. La ensoñación  
hábil en estos quehaceres, ducha en sofisticación
amaña los fiambres secos, enciende los pucheros
sosos, los hace de nuevo la mar de apetitosos.

Igualmente con nosotros no hubo caso alguno,
eran más fuertes el reproche y el rencor tuyo  
que el anhelo mío, cierto que ya morigerado  
por tu aspecto ya no bohemio sino desaseado
y por tu estampa decadente y la carne en trance
de estar en estado más bien de sobra y fiambre  
que el manjar bien conservado que yo imaginé.
Te vi llegar, sentarte, apenas sonreír, pedir café.
Medí tu estado, escruté en escorzo, no había pecho,
se habría aplacado, dado de mamar, maltrecho        
de tantas succiones aplicadas de uno y otro tipo.    
Quien podría decirlo. Además la tez de pergamino
la comba en la espalda que fuera entonces moral  
de persona que se siente siempre ofendida, del mal
siempre presa, ahora era visible comba anatómica
tal vez el sentimiento se había vuelto catatónica
fijeza en los huesos. Y yo que buscaba a aquello  
de esas noches y días frenéticos en este desecho  
de lo que fue una vez. El deseo cayó en picada    
de los genitales al cerebro, aquella tan deseada    
era sólo un esbozo trazado en sentido contrario,  
sombra, un resto y hasta un esqueleto en el armario.

Te diste a la fuga, buscaste cualquier pretexto,
y creeme que ahora, pensándolo, te lo agradezco
porque de haber pasado otra cosa, sería fraude,  
estafa al pasado ardor, quedar tristes esa tarde    
de haber derivado de ese bar hasta a un hotel    
e intentar allí reflotar un viejo rol o un papel      
en un lugar escuálido y como suelen serlo,      
porque al anhelo mutuo más que merecerlo        
hay que buscarlo y trabajarlo muy lentamente.
En el cuerpo primero, cultivarlo mentalmente  
a toda hora. Sumarle ansias, restarle las horas  
al trabajo y a la economía y nada de bodas,      
contratos y compromisos, ni menos juramentos
si no afanes, dudas, miedos, aún tormentos      
y el acicate de los celos siempre necesario,      
ya que ahora no hay diafragmas ni pesario        
que compliquen las arduas tareas prologales    
aunque le sumaban más goce a las manuales        
porque daban una cuota extra de misterio          
a lo que se busca liberar del cautiverio              
de lo secreto, oscuro y a medias dicho.            
Palpar, excavar, buscar, penetrar en ese nicho  
dichoso y por redondos minutos placenteros;
ya lo dijo Marcel Proust: son pocos los agujeros
puestos por el cuerpo a nuestra disposición;        
así después del espasmo llega la maldición        
de estar de nuevo vivos y aún despiertos,          
de vuelta a esta vida boba y sus desiertos.          

Te levantaste, ya no recuerdo qué pretexto diste,
presta de la mesa, cual señora a la que un chiste
inocente turba, como esas putas de dos pesos    
que vueltas esposas y madres daban sus besos  
con la boca cerrada no sea fuera develada
su antigua profesión y dotes bucales, malvada
se muestra ahora con la puta joven o ya madura
que no ha tenido suerte, marido, dote o la fortuna
de haber pescado en el ancho mar de la especie  
a algún tonto, a un cornudo o a cualquier imbécil
que la haga su dama y la dueña de su hogar        
vuelta una diosa doméstica y hasta divinidad lar.
Así te alzaste vos, siempre encorvada, pobre,      
siglos de opresión de gueto y sin un cobre          
habían dejado marcada esa huella victimosa.      
Ahora, me habías dicho, eras madre, esposa,      
imagino que el pobre hombre será militante        
por algún derecho y sino será un fabricante        
de la propia necesidad de ese mismo derecho      
mientras desfogaba sus ganas sobre tu pecho      
y así era evidente que no tuvieras ya busto          
hundido en succiones y presa de ese disgusto      
repetido del vivir. A qué fingir, somos eso          
que apenas nos aflora en un momento del sexo,      
y luego nada, viajeros que huyen, vagabundos        
buscando de nuevo cobijo en unos rotundos            
traseros, en brazos, lenguas y tetas, en todo            
aquello que aleje del repetido, soso modo                
de morir ésta la vida a cada rato ¿Y lo demás?        
Restos, deshechos, basura en el patio de atrás.        

Te vi partir a la avenida, salir por Corrientes,
las nalgas fláccidas, siempre encorvada; calientes
en los pocillos estaba el café, no mi persona
que veía irse algo de mi pasado por la zona
donde los recuerdos se editan con las pesadillas.
Torpe, como siempre, al tropezarte entre las sillas
del lugar bastante desierto a esa hora. Por fortuna,
digo fortuna porque pude dar así una oportuna      
mirada a tu trasero que daba la espalda
metafóricamente a mis años, y tus nalgas
que fueron una vez mi locura, muelles, tan redondas,
las vi ahora partir en su laxo pantalón tan flojas.
Comprendiendo así, una vez más, que lo que fue una vez
mejor dejar en el fue y no intentarlo traer a un aquí soez
para estas segundas vueltas risibles y de parodia,            
imposibles ambas en la pasión como en la historia.          

Fui saliendo después, no hacia frío ni llovía.  
La Providencia fue clemente conmigo, hacía
de ese modo las cosas más llevaderas. Afuera
era un día cualquiera ya tarde de fin de otoño
y si bien al caminar por la avenida un retoño
un gajo, quizás un detritus de todo lo anterior
pasado con vos y ahora este presente inferior
como serán todos los presentes si comparados
con los pretéritos, las fantasías y los pasados  
editados al placer de una necesidad que actúa
como acicate, compinche, espía y que apura  
vuelca, arroja en la mente todo lo que necesita,
así urdió esa tarde ese reencuentro y esa cita    
que resultó un fracaso. Doblé por Callao, tarde
ya. Una cuadra, dos, dudé en emborracharme.  
También era tarde para eso. Mejor emprender  
la vuelta. Dejar las cosas así y comprender      
que el tango, el bolero y como la canción        
en general y todas las referidas a la pasión    
lo han dicho por nosotros mucho antes. Nos queda
atesorar un vago memento, algo en salmuera
como abortos, trasgos, fenómenos de natura
que más se guardan y más regresan con premura.
Paré un taxi, era un hombre viejo que manejaba.
Era callado. Le dije el punto de llegada.  
Asintió. Miró a un costado y luego al cielo.
Comentó que iba a llover con algo de recelo,
pareció ser era otra cosa que pronosticaba.
No sabía ¿No sabía? Que era a mi anunciada
renuncia a un pasado imposible de mantener;
manejó sin hablar y, al llegar, se echó a llover.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: Amantes, hombre y mujer, 1914, Egon Schiele

martes, septiembre 11, 2012

David Rokeah / Sólo ojos, Aquellas palabras



Sólo ojos

La repentina coincidencia. Una hora
arrancada del tiempo se cita
con otra hora. Años
trashojados como un libro
leído una y otra vez.
Una vieja dirección
y un número de teléfono. Ojos
que sólo han visto ojos.

en la revista Encounter, Londres, julio de 1981


Aquellas palabras

Aquellas palabras estaban cargadas de silencio
y el silencio era una red enmarañada
en aguas oscuras. Hay cazadores
y cazados. Yo no hablo en enigmas.
Mi mano busca las tuyas.
La noche está callada.

de Eyes in the Rock: Selected Poems of David Rokeah, Rapp & Whiting, Londres, 1968


David Rokeah (Lvov, Polonia, 1916-Duisburg, Alemania, 1985, radicado en Palestina en 1934)
Versiones desde el inglés por Jonio González

Only eyes

The sudden coincidence. An hour
torn out of time makes an appointment
with another hour. Years
leafed through like a book
read again and again.
An old address
and a telephone number. Eyes
which have seen only eyes.

(Trad. del hebreo por Ruth y Matthew Mead)


Those words

Those words were heavy with silence
and the silence a tangled net
on dark waters. There are hunters
and hunted. I do not speak in riddles.
My hand seeks yours.
The night is wordless.

(Trad. del hebreo por Tamar Sachs)


Ilustración: Weilheim-Marienplatz, 1909, Vassily Kandisnky

lunes, septiembre 10, 2012

Darío Rojo / De "La sexta armonía"




La sexta armonía
Primera parte
(Fragmento)

……….

No importa quién viaje ni adónde

en su descripción del movimiento
tampoco está la respuesta. No hay
respuesta ni descripción, sujeto u objeto

hay una sustancia que va del exterior
al exterior: al menos así parece.
Parece que una rana traspasa la puerta.

Parece que un guanaco caga en el patio.
Parece que el conde recibe una trucha.

……….

Los antiguos llamaron sensación

a los hechos y objetos a los viajes:
el aleteo del sobretecho
de una carpa y los polígonos

radiales que enriquecen
con educado vocabulario
la representación de las coníferas.

En el recorrido de las sustancias

el comandante Wang estrelló
el contenido de su sartén
en una lámina donde aún quedan

gotas resecas de un material
anterior a las primeras palabras
que alguien hubiese pronunciado

en ese hogar. Escamas encostradas
en la tierra de turistas.
Una lata que se abre, un sobre

que es abierto, un relicario que
contiene cuatro fotos, una carpeta
en la computadora. La puerta

de par en par, ventana
con persiana que no baja

y al haber sintetizado ese instante
en que la vista posar no puede:

¡Ginkgo biloba!
o felpa de cornamenta

de demonio doméstico, sintetizado
y encapsulado en carrocería de magnífico
metal, en goretex sin mácula

que a nonato llega solo en nombre.
El topo convoca a fuerzas auxiliares
de patrones presentes

en el aire circundante, un topo
cuyo corazón pertenece a sí mismo
y a las flores que el exterior orlan.

Darío Rojo (Eduardo Castex, La Pampa, 1964), La sexta armonía, inédito

Ilustración: Das Schlaraffenland (El País de Jauja), 1567, Pieter Brueghel, el Viejo

domingo, septiembre 09, 2012

Fayad Jamis / El ahorcado del café Bonaparte




El ahorcado del café Bonaparte

                    A Pablo Armando Fernández

Para no conocer los abismos del humo
para no tragarse los periódicos de la tarde
para no usar unos espejuelos cubiertos de sangre o telaraña
El que estaba sentado en un rincón lejos de los espejos
tomándose una taza de café no oyendo el tocadiscos
sino el ruido de la pobre llovizna
El que estaba sentado en un rincón lejos de los relámpagos
lejos de los leones morados de todas las guerras
hizo un cordón con una hoja de papel
en que estaban escritos el nombre del Papa el nombre del Presidente
y otros dos mil Nombres Ilustres
y a la vista de todos los presentes
se colgó del sombrerero que brillaba sobre su cabeza
El patrón del café salió bajo su capa negra en busca de un policía
Armstrong cantaba sin cesar la luna había aparecido
como una gata furiosa en un tejado
Tres borrachos daban puñetazos en el mostrador
y el ahorcado después de mecerse dulcemente durante un cuarto de hora
con su voz lejana
comenzó a pronunciar un hermoso discurso:
"Maintenant je suis pendu dans le Bona
La lluvia es el cuarzo de mi miseria
Los políticos roen mi bastón
Si no me hubiera ahorcado moriría
de esa extraña enfermedad
que sufren los que no comen
En mis bolsillos traigo cartas estrujadas
que me escribí yo mismo
para engañar mi soledad
Mi garganta estaba llena de silencio
ahora está llena de muerte"

"Estoy enamorado de la mujer que guarda las llaves de la noche
Ella se ha mirado en mis ojos sin saber quién he sido
Ahora lo sabrá leyendo mi historia de hollín en los periódicos
Sabrá que me llamaba Louis Krizek
ciudadano del corazón de los hombres libres
heredero de la ceniza del amanecer
He vivido como un fantasma
entre fantasmas que viven como hombres
He vivido sin odio y sin mentira
en un mundo de jueces y de sombras
La tierra en que nací no era mía
y tampoco el aire en que reposo
Tan sólo he poseído la libertad
es decir el derecho a sufrir a errar
a ser este cuerpo frío
colgado como un fruto
entre los que cantan y ríen
entre una playa de cerveza
y un templo edificado para adorar el miedo
La mujer que guarda las llaves de la noche
sabrá que me llamaba Krizek
y que cojeaba un poco y que la amaba
Sabrá que ahora no estoy solo que conmigo
va a desaparecer un viejo mundo
definitivamente borrado por el alba
Así como la niebla a veces aplasta
las flores del cerezo
la muerte ha aplastado mi voz"

Cuando el patrón volvió con un policía de lata y azufre
el ahorcado del café Bonaparte
ya no era más que el humo tembloroso de un cigarro
bajo el sombrerero
sobre una taza con restos de café

Fayad Jamis (Zacatecas, 1930-La Habana, 1988), Los puentes (1956-57), Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 1989

Foto: Fayad Jamis en La Jiribilla

sábado, septiembre 08, 2012

Cesare Pavese / Crepúsculo de areneros




Crepúsculo de areneros

Las barcazas remontan despacio, a pulso, pesadas;
casi inmóviles, espuman la viva corriente.
Es ya casi de noche. Aisladas, se detienen:
se debate y estremece la pala bajo el agua.
De hora en hora, otras barcas han llegado hasta aquí.
Muchos cuerpos de mujer han cruzado en el sol
sobre esta agua. Han bajado al agua o saltado a la orilla
a debatirse en pareja, alguna, sobre la hierba.
En el crepúsculo, el río está desierto. Dos o tres areneros
han bajado, con el agua hasta la cintura, y excavan el fondo.
El gran frío en las ingles agota y adormece las espaldas.

Aquellas mujeres no son más que un blanco recuerdo.
Las barcazas en la oscuridad descienden, pesadas de arena,
sin un corcovo, rasantes: hay un hombre sentado
en cada punta y un grano de fuego les arde en la boca.
Cada par de brazos trajina su remo,
una tibieza desciende sobre las piernas agotadas
y lejos se encienden las luces. Desaparecieron las mujeres
que a la mañana llevaban en las barcas, tendidas,
mientras que un joven, parado en la punta, remaba sudando.
Eran bellas esas mujeres: alguna descendía,
semidesnuda y desaparecía riendo con algún compañero.
Cuando cualquier atolondrado venía a buscar pelea,
los areneros levantaban la cabeza y la injuria moría
sobre la mujer acostada, como si estuviese ya desnuda.
Ahora vuelven los estremecimientos, entrevistos en la hierba,
a ocupar el silencio. Y cada cosa se concentra
en la punta de fuego, que vive. Ahora el ojo
se pierde en el humo invisible que sale de la boca
y las piernas recuperan el empujón de la sangre.

A la distancia, sobre el río, cintilan las luces
de Turín. Dos o tres areneros ha encendido,
sobre la proa, el fanal, pero el río está desierto.
La fatiga del día querría adormecerlos
y sus piernas están casi destruidas. Alguno no piensa
sino en atracar la barcaza y caer sobre la cama
y comer en el sueño, quizá soñando.
Pero alguno vuelve a ver aquellos cuerpos en el sol
y tendrá aún la fuerza de ir a la ciudad, bajo las luces,
a buscar, riendo, entre la muchedumbre que pasa.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Crepuscolo di sabbiatori

I barconi risalgono adagio, sospinti e pesanti;
quasi immobili, fanno schiumare la viva corrente.
È già quasi la notte. Isolati, si fermano:
si dibatte e sussulta la vanga sott'acqua.
Di ora in ora, altre barche son state fin qui.
Tanti corpi di donna han varcato nel sole
su quest'acqua. Son scese nell'acqua o saltate alla riva
a dibbatersi in coppia, qualcuna, sull'erba.
Nel crepuscolo, il fiume è deserto. I due o tre sabbiatore
sono scesi con l'acqua alla cintola e scavano il fondo.
Il gran gelo dell'inguine fiacca e intontisce le schiene.

Quelle donne non sono che un bianco ricordo.
I barconi nel buio discendono grevi di sabbia,
senza dare una scossa, radenti: ogni uomo è seduto
a una punta e un granello di fuoco gli brucia alla bocca.
Ogni paio di braccia strascina il suo remo,
un tepore discende alle gambe fiaccate
e lontano s'accendono i lumi. Ogni donna è scomparsa,
che il matino le barche portavano stesa
e che un giovane, dritto alla punta, spingeva sudando.
Quelle donne eran belle: qualcuna scendeva
seminuda e spariva ridendo con qualche compagno.
Quando un qualche inesperto veniva a cozzare,
sabbiatori levavano il capo e l'ingiuria moriva
sulla donna distesa come fosse già nuda.

Ora tornano tutti i sussulti, intravisti nell'erba,
a occupare il silenzio e ogni cosa s'accentra
sulla punta di fuoco, che vive. Ora l'occhio
si smarrisce nel fumo invisibile ch'esce di bocca
e le membra ritrovano l'urto del sangue.

In distanza sul fiume, scintillano i lumi
di Torino. Due o tre sabbiatori hanno acceso
sulla prua il fanale, ma il fiume è deserto.
La fatica del giorno vorrebbe assopirli
e le gambe son quasi spezzate. Qualcuno non pensa
che a attracare il barcone e cadere sul letto
e mangiare nel sonno, magari sognando.
Ma qualcuno rivede quei corpi nel sole
e avrà ancora la forza di andare in città, sotto i lumi,
a cercare ridendo tra la folla che passa.

Ilustración: Il fiume a Bocca di Magra, 1959, Carlo Carrà

viernes, septiembre 07, 2012

Gerardo Jorge / Odalisca




Odalisca

Ya no la realidad de lo que es tocar un cuerpo
deseado crasamente por sus efluvios bajos
sino la evocación de un sentir ilimitado,
de un estarse impedido de aberturas
en la cámara en la que desearía
morar siempre justamente a partir
del contacto con las formas. Eso. Figuras
nebulosas como esas que suelen entreverse
en la bruma de la noche, al pasar, para siempre
mitológicas, o apenas imprecisas, pantallas
donde proyectar lo clásico, y también figuras como
la que hubo, por supuesto, de ofrecer
la que fue la modelo de esta obra.
Se agrega otra mujer, de este modo,
a la ristra de apetito por las Lauras,
las Beatrices, las Marías, apetito
que es tan sólo, a su vez, otro medio
interpuesto para darle concreción
a más peregrinaciones y quimeras. Y el ambiente
oriental de la pintura que, según dice la crítica,
no supera lo discreto, es tan sólo un pretexto,
como todos los motivos para llegar hoy acá
o asimismo lo que trajo hasta el aire de la sala
a las dos adolescentes de bermudas a la moda
y sombrero tipo bombín que escoltan a una púber
que enfundada en un solero con encaje, deja ver
en lo que es el relieve pronunciado de sus huesos,
entero y de una vez el llamado “sentido” de las artes;
ella, igual que ésta y otras de la serie interminable
de mujeres acostadas, odaliscas, como peces
ondulando en lo seco con sus colas.

Gerardo Jorge (1980, Buenos Aires), inédito


Imagen: Odalisque, 1846, Eugène Delacroix

jueves, septiembre 06, 2012

Inés Aráoz / de "Ría"



Si la sabiduría está en el hombre inmemorial...

Si la sabiduría está en el hombre inmemorial
Si el universo, recamado y fulgurante, está en el hombre
Si el amor es la puerta y su misma llave
Si la ciencia es sólo una formulación distinta
Si el lenguaje es formulación, asimismo fulguración
Paraíso e infierno una misma célula, riente o colérica
Y la alegría es Dios

Qué error pensar la eternidad como el coronamiento
   del cordel de un barrilete.

Inés Aráoz (San Miguel de Tucumán, 1945), Ría, El imaginero, Buenos Aires, 1988

Foto: Inés Aráoz por Constantino Grosse en XX Festival de Poesía de Rosario

miércoles, septiembre 05, 2012

Mirta Rosenberg / De "El paisaje interior"



*

Es la infatuación:
el amor al amor,
el odio al odio,
vuelven las cosas opacas
y las palabas flacas,
ilusión que no hace sombra.

El amor solo y el odio claramente
vuelven las cosas transparentes
pero con sombra propia
y las palabras fibrosas
no son copia de la cosa
donde encarna el yo.

Te amo y odio,
sí y no,
y desde hace tantos años
que el daño está claro:
somos yo y yo y vos.

Sentarse y aprender el dos.

*

Dichoso aquél, Safo querida,
que antes de morir puede decir con alegría
gasté todo el tesoro de los celos.

Sentarse a ser pobre.
Tener miedo.


Mirta Rosenberg (Rosario, 1951), El paisaje interior, inédito


Foto: Mirta Rosenberg por Valentina Rebasa XX Festival de Poesía de Rosario

martes, septiembre 04, 2012

Raúl González Tuñón / De "El rumbo de las islas perdidas"






Nostalgia-Devenir-Soledad-Multitud

                 Soledad, multitud, términos iguales
                     para el poeta altivo y fecundo.
                                        Charles Baudelaire


Por momentos en días graves pero no solemnes
vuelvo los ojos a las madres nutricias, viejas fuentes,
y avanzo hacia la verde frescura de las nuevas.
Estoy solo en la calle y rodeado de gentes
en el patio de adentro de la intimidad.
Entre la multitud camino y escapo a ella cuando sueño
o cuando miro, lánguidas, pasar las bajas nubes.

Si, señor Rilke, el creador es un solitario,
pero sólo en el acto de crear, ya se lo dije.
Antes -usted lo supo en un instante intenso-
suele andar, si es auténtico, contemplando los mundos,
en el barro, en la estrella, en la sangre, en el hombre
y en el rumor espeso que viene del Mercado.


Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), El rumbo de las islas perdidas, Editorial Descierto, Buenos Aires, 2012


Ilustración: Concetto spaziale, 1966, Lucio Fontana

lunes, septiembre 03, 2012

Jaan Kaplinski / Dos poemas




Escribo un poema cada día...

Escribo un poema cada día,
aunque no estoy seguro si estos textos
pueden ser llamados poemas.
No es difícil, especialmente ahora,
cuando es primavera en Tartu, y todo cambia su forma:
los parques, césped, ramas, capullos, y nubes
por sobre el pueblo, también el cielo y las estrellas.
Si sólo tuviera ojos suficientes, orejas y tiempo
para esta belleza que nos arrastra como un remolino
cubriendo todo con un poético vuelo de esperanzas
donde una sola cosa está asombrosamente resaltando:
el hombre imbécil esperando el colectivo
sacándose las botas de sus pies lisiados,
el bastón y gorro de lana a su lado:
el mismo gorro que tenía puesto
cuando lo viste ese día
en la misma parada a las tres de la mañana
el taxi pasó a su lado y el conductor
dijo: “el idiota se ha tomado unos tragos, otra vez “


Las ramas lilas se mecen con el viento, y las sombras...

Las ramas lilas se mecen con el viento, y las sombras
entran a hurtadillas por la puerta abierta del balcón,
meciéndose también. Hoy lavé las ventanas
y estuve triste por un largo tiempo: repentinamente todo
estaba tan cercano, tan claro, tan aquí y ahora,
que mi propio estar distante se vuelve más evidente,
más desolador. ¿Es real que sólo en un bosque
en el otoño tardío he encontrado amigos- carboneros y abetos?
¿Me he encontrado allí? ¿De dónde viene esta tristeza?
El sol prosigue. El viento se apacigua.
Las sombras de las ramas lilas están aún balanceándose sobre la biblioteca
antes de esfumarse.

Jaan Kaplinski (Tartu, Estonia, 1941) Õhtu toob tagasi kõik (Evening brings everything back), 1984, traducido por el autor con Fiona Sampson
Versiones al castellano: Marina Kohon


I write a poem every day,
although I'm not quite sure if these texts
should be called poems at all. 
It's not difficult, especially now,
when it's spring in Tartu, and everything is changing its form:
parks, lawns, branches, buds and clouds
above the town, even the sky and the stars.
If only I had enough eyes, ears and time
for this beauty that sucks us in like a whirlpool
covering everything with a poetical veil of hopes
where only one thing is uncannily sticking out:
the half-witted man sitting at the bus stop
taking boots from his dirty maimed feet,
his stick and his woolen cap lying beside him:
the same cap that was on his head
when you saw him that day standing
at the same stop at three in the morning
when the taxi drove you past him and the driver
said: " The idiot has again got some booze." 


The lilac branches are swaying in the wind and shadows
creep in on the floor from the open balcony door ,
swaying too. Today I washed the windows
and was sad for a long time: suddenly everything
was so close by, so clear, so much here and now,
that my own being distant becomes more evident,
more desolate. Is it really so that only in a forest 
in late autumn have I met friends - chicadees and spruce? 
Have I met myself there? Where does this sadness come from?
The sun moves on. The wind is dying out.
The shadows of lilac branches are still swaying on the bookshelf,
before vanishing.

Foto: El autor en Narrative Magazine

domingo, septiembre 02, 2012

Almafuerte / Los siete "Sonetos medicinales"




Sonetos medicinales

¡Avanti!

Para Don Félix J. Tettamanti

Si te postran diez veces, te levantas
Otras diez, otras cien, otras quinientas ...
No han de ser tu caídas tan violentas
Ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
Asimilan el humus avarientas,
Deglutiendo el rencor de las afrentas
Se formaron los santos y las santas.

Obsesión casi asnal para ser fuerte,
Nada más necesita la criatura
Y en cualquier infeliz se me figura
Que se rompen las garras de la suerte ...

¡Todos los incurables tienen cura
Cinco segundos antes de la muerte!


¡Più avanti!

No te des por vencido ni aun vencido,
No te sientas esclavo ni aun esclavo;
Trémulo de pavor, piénsate bravo
Y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
No la cobarde intrepidez del pavo
Que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora,
O como Lucifer, que nunca reza,
O como el robledal, cuya grandeza
Necesita del agua y no la implora.

¡Que muerda y vocifere vengadora,
Ya rodando en el polvo tu cabeza!


¡Molto più avanti!

Los que vierten sus lágrimas amantes
Sobre las penas que no son sus penas;
Los que olvidan el son de sus cadenas
Para limar las de los otros antes;

Los que van por el mundo delirantes,
Repartiendo su amor a manos llenas,
Caen bajo el peso de sus obras buenas,
Sucios, enfermos, trágicos ... ¡sobrantes!

¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
¡Nunca sigas impulsos compasivos!
¡Ten los garfios del odio siempre activos,
Y los ojos del Juez siempre despiertos! ...

¡Y al echarte en la caja de los muertos
Menosprecia los llantos de los vivos!


¡Molto più avanti ancora!

El mundo miserable es un estrado
Donde todo es estólido y fingido,
Donde cada anfitrión lleva escondido
Su verdadero ser, tras el tocado.

No digas tu verdad ni al más amado;
No demuestres temor ni al más temido;
No creas que jamás te hayan querido
Por más besos de amor que te hayan dado.

Mira cómo la nieve se deslíe
Sin que apostrofe al sol su labio yerto,
Cómo ansía las nubes el desierto
Sin que a ninguno su ansiedad confíe ...

¡Trema como el Infierno; pero ríe!
¡Vive la vida plena, pero muerto!


¡Moltissimo più avanti ancora!

Si en vez de las estúpidas panteras
Y de los férreos estúpidos leones,
Encerrasen dos flacos mocetones
En esa frágil cárcel de las fieras,

No habrían de yacer noches enteras
En el blando pajar de sus colchones,
Sin esperanzas ya, sin reacciones
Lo mismo que dos plácidos horteras;

Cual Napoleones pensativos, graves,
No como el tigre sanguinario y maula,
Escrutarían palmo a palmo su aula,
Buscando las rendijas, no las llaves ...

¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
A escrutar las rendijas de tu jaula!


Vera violetta

En pos de su nivel se lanza el río
por el gran desnivel de los breñales:
el aire es vendaval, y hay vendavales
por la ley del no-fin, del no-vacío;

la más hermosa espiga del estío
no sueña con el pan en los trigales;
el más noble panal de los panales
no declaró jamás: Yo no soy mío.

Y el sol, el padre sol, el raudo foco
que lo fomenta todo en la Natura,
por fecundar los polos no se apura,
ni se desvía un ápice tampoco ...

¡Todo lo alcanzarás, solemne loco,
siempre que lo permita tu estatura!


La yapa

Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta el Oceano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:

tu gimnasia de cárcel no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.

¿Qué saben de lo eterno las esferas;
de las borrascas de la mar, la gota;
de puñetazos, la falange rota;
de harina y pan, la paja de las eras? ...

¡Detente, por piedad, pluma, no quieras
que abandone sus armas el idiota!


Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte (San Justo, 1854- La Plata, 1917), Obras completas, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1993

Ilustración: L'enigma dell'ora, 1911, Giorgio de Chirico

sábado, septiembre 01, 2012

Almafuerte / ¿Flores a mí?



¿Flores a mí?

Ayer me diste una flor,
Una flor a mí, señora,
Que no consagré una hora
Ni al más poderoso amor.
¿Flores a mí? ... ¡Si es mejor
En un páramo arrojarlas!
O tú no sabes amarlas,
O al sentir mi cuerpo yerto
Sobre la tumba de un muerto
Has querido abandonarlas.

¿Flores a mí? ... ¿Tú no sabes
De esos parajes que aterran,
Donde las flores se cierran,
Donde no cantan las aves? ...
Las más orgullosas naves
Temen del mar los furores,
Los tigres devoradores
Huyen del simún airado ...
¡Y tú en mi pecho has dejado
Tan sin recelo tus flores!

¡Flores a mí! ... Puede ser
Que desalmada y celosa,
Buscaras la más hermosa
Con tu instinto de mujer;
Y haciéndole comprender
Yo no sé qué gentileza,
Con refinada fiereza,
Con el más profundo encono,
La bajaste de su trono
Por castigar su belleza.

No lo sé, linda mujer,
Ni quiero saberlo todo;
Me contento con mi modo
De saber y no saber.
Pero si quieres tener
La realidad en tu mano,
Te diré, sin ser un vano,
Que si te movió el amor...
¡La flor ha sido una flor
que fue destronada en vano!

Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte (San Justo, 1854- La Plata, 1917), Obras completas, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1993

Ilustración: Flor solitaria, 1934, Paul Klee