lunes, abril 29, 2013

Nurit Kasztelan / Topografía del límite





Topografía del límite

Explica las cosas con términos geográficos,
que el humus son hongos y bacterias,
lo enfermo, dice
pero como todo lo orgánico,
es fértil.

En un terremoto,
mientras todos corren y se desesperan,
escribe sobre los temblores en su libreta;
justifica su inacción.

Lo atraen los desiertos, las humedades
la tierra que se inunda
y queda sin oxígeno.

Cómo respirar en ese sistema abiótico,
me pregunto,
cómo hacer para que la tierra absorba
sin ansiedad.


Nurit Kasztelan (Buenos Aires, 1982), Lógica de los accidentes, Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2013


Foto: Nurit Kasztelan en proyectoshibridos

Alberto Cisnero / De "Tagsales"





12-

Y escamoteada con vileza
la victoria, eliminarás
motivo de prisa y espera;
según el cristal, una palabra
aloja muchas vilezas; debería
bastar. Lo demás es secreto.


13-

Una decena y tres veces más
remiró el ave; oh sedicente,
oh los días, su delicado gusto
(el producto incluye decoración,
título, exordio); la belleza
admite escasas enmiendas.


22-

Durante un instante, nada sucedió;
y si el caso amerita podríamos
arreglarlo sin violencia; la luz
se filtra por docenas de grietas, no sé
dónde, pero no está lejos.
Especialmente esta noche.


25-

Uno está solo en la oscuridad
y aquellas palabras y frasecitas
muy duras detrás de una ballester
o detrás de un volante, tan lejos
pero siempre a igual distancia, moran
ya en otro reino. Todo saldrá bien.


Alberto Cisnero (La Matanza, 1975), Tagsales, Encausto Editores, Buenos Aires, 2013


Ilustración: Paisaje con vacas, 1932, Jenő Gadányi

domingo, abril 28, 2013

Charles Reznikoff / Tres poemas






Mendiga

Cuando yo tenía cuatro años mi madre me llevó al parque.
El sol primaveral calentaba poco. La calle estaba casi desierta.
La bruja de mi libro de cuentos de hadas vino caminando hacia nosotros.
Se detuvo para pescar algunas uvas mohosas junto al cordón de la vereda.


Te Deum

No canto
a las victorias,
no tengo ninguna,
sino a la simple luz del sol,
la brisa,
la generosidad de la primavera.

A las victorias no
sino al trabajo cotidiano hecho
lo mejor que he podido;
no por un lugar en el estrado,
sino en la mesa común.


Escena nocturna

Vi el cobertizo entre las sombras del patio
y vi la nieve en su techo:
un brillo alargado a la luz de la luna.

No podía descansar ni cerrar los ojos
aun cuando sabía que a la mañana siguiente
debía levantarme temprano y reemprender el trabajo,
y reemprender el trabajo.

Ese día estaba perdido, ese mes también;
y un año y otro por lo que sé.


Charles Reznikoff (Nueva York, 1894-1976), The Poems of Charles Reznikoff, Seamus Cooney ed., David R. Godine, Boston, 1975
Versiones de Jonio González



Beggar Woman
  
When I was four years old my mother led me to the park.
The spring sunshine was not too warm. The street was almost empty.
The witch in my fairy-book came walking along.
She stooped to fish some mouldy grapes out of the gutter.


Te Deum

Not because of victories
I sing,
having none,
but for the common sunshine,
the breeze,
the largess of the spring.

Not for victory
but for the day’s work done
as well as I was able;
not for a seat upon the dais
but at the common table


Night-Piece

I saw within the shadows of the yard the shed 
and saw the snow upon its roof— 
an oblong glowing in the moonlit night. 

I could not rest or close my eyes, 
although I knew that I must rise 
early next morning and begin my work again, 
and begin my work again. 

That day was lost—that month as well; 
and year and year for all that I can tell.


Foto: Charles Reznikoff  en Poetry Foundation

sábado, abril 27, 2013

George Oppen / De "Narración"





de Narración




El sonido constante
de las radios, y el arte

de las luces de colores
y el perfumista

también son arte. Pero acá

las líneas paralelas no se cruzan
y el compás no gira, éste es el intervalo

en el que no lo hacen, y los eventos
emergen como una isla en la proa, moluscos

aferrados a piedras en las que el alga
crece, pasto
y árboles pequeños

sobre la línea del horizonte
y el faro

que revela su fachada blanca a la luz del día
donde las cosas se explican unas a otras,
no a sí mismas.


8

Pero por la noche el parque
es horrible, dijo ella. Y Bronk* dijo
quizás el mundo
es el horror.
Ella no entendió. Quiso decir
que ondas o bolas de escombro
son expulsadas en los procesos
solares y como un radar
rebotan donde caen. El ojo
suele ocurrir
registra
pero es oscuro.
Es la naturaleza
del mundo:
tan oscura como un radar.


11

El río de nuestra sustancia
fluye
con el resto. El río de la sustancia
de la curva terrestre. El río de la sustancia
del amanecer, río del sedimento, de la erosión, fluye
hacia un mar inimaginable. Pero la mente alcanza

la felicidad, al alcanzar

lo que está ahí. No conozco otro tipo de felicidad
tampoco la he presenciado nunca... Islas
hacia el norte

en la niebla polar
en el mar poco profundo.
Nada

salvo el sentido
de dónde estamos, los que estamos más al norte. Lo maravilloso de la ola
incluso acá es su propio ruido agitándose
en el mundo; pensé que incluso si no hubiera nada

la posibilidad de ser existiría;
pensé que había encontrado
permanencia; el pensamiento se abalanzó sobre nosotros en ese mar
porque en ese mar respiramos el milagro
abierto

del espacio, y hablamos
de la posibilidad de rescatar
el amor a la luz fría
del Mundo Exterior un lenguaje sustancial
de claridad, y de respeto.


George Oppen (New Roschelle, New York, 1908-Sunnyvale, California, 1984), Narración, selección y versiones de Matías Moscardi, Luz Mala, Mar del Plata, 2013


* William Bronk (1918-1999), amigo íntimo de Oppen [Nota del traductor]



3 The constant singing/ Of the radios, and the art// Of colored lights/ And the perfumist// Are also art. But here// Parallel lines do not meet/ And the compass does not spin, this is the interval// In which they do not, and events/ Emerge on the bow like an island, mussels// Clinging to its rocks from which kelp// Grows, grass/ And the small trees// Above the tide line/ And its lighthouse// Showing its whitewash in the daylight// In which things explain to each other,/ Not themselves. 

8 But at night the park/ She said, is horrible. And Bronk said/ Perhaps the world/ Is horror./ She did not understand. He meant/ The waves or pellets/ Are thrown from the process/ Of the suns and like radar/ Bounce where they strike. The eye/ It happens/ Registers/ But it is dark./ It is the nature/ Of the world:/ It is as dark as radar.

11 River of our substance/ Flowing/ With the rest. River of the substance/ Of the earth’s curve, river of the substance/ Of the sunrise, river of silt, of erosion, flowing/ To no imaginable sea. But the mind rises// Into happiness, rising// Into what is there. I know of no other happiness/ Nor have I ever witnessed it. . . . Islands/ To the north// In polar mist/ In the rather shallow sea—/ Nothing more// But the sense/ Of where we are// Who are most northerly. The marvel of the wave/ Even here is its noise seething/ In the world; I thought that even if there were nothing// The possibility of being would exist;/ I thought I had encountered// Permanence; thought leaped on us in that sea/ For in that sea we breathe the open/ Miracle// Of place, and speak/ If we would rescue/ Love to the ice-lit// Upper World a substantial language/Of clarity, and of respect.



Ilustración:  Bright Light at Russell’s Corners, 1946, George Ault

jueves, abril 25, 2013

Jo Shapcott / Empleo en la bolsa





Empleo en la bolsa

Claro que puedo mantener un trabajo y me parece
que el aire de mi cerebro ayuda a combatir el estrés.
Un día, en que traía mi lunch de vuelta a la oficina,
el té humeante en un vaso de poliestireno, el bollo aplastado
en una bolsa de papel bajo mi brazo, el malabarismo
entre comida, portafolios y bebida se vino abajo.
Era cerca del mediodía. Conozco bien los trayectos
de los transeúntes desde la estación, sé culebrear entre
los pasos peatonales de concreto, en puntos de las calles
en que el tráfico se abre y milagrosamente te deja
cruzar. Son esas rutas donde vive la típica gente
que se adhiere a las células de mi memoria
aun cuando la mente se dispara, hay grandes rendijas
de tiempo en blanco y visiones que me dan vueltas por turnos
como las películas. Ellos son los que me piden todo
cuando paso, a diario, todo lo que tengo. Un muchacho
se recarga contra los tablones detrás de los que duerme,
pidiendo monedas desde su nido de sábanas, pidiendo
mi taza de té, diciéndome cariño
mientras se arrastra por el hueco en la madera.
Es difícil seguir ecuánime en esa ruta, pero
ese día estaba alegre por una linda fantasía
hasta que me resbalé con los restos de una hamburguesa aplastada
en la calle y el malabarismo entre mis posesiones se volvió
una rutina de pastelazo, piernas, brazos volando, la comida
destinada a perderse irremediablemente. Entonces
el muchacho con el delirante bordado de mugre
en la solapa me miró desdeñoso de nuevo, desafiándome
a ser mala, a atreverme. Le ofrecí mi manzana y se puso
verde, musitó, se pellizcó el cuerpo en varios sitios
y salió huyendo. Sentí que me estaban dando una regañiza
y no quise ignorarla, pero no entendía
ni una palabra. Apilé la comida frente a él.
El té humeante, los periódicos, el portafolios, todas
las bolsas. Me quité el abrigo, los zapatos, cada
prenda de ropa y me quedé parada, sudando en la llovizna,
pero él no quería que supiera su idioma,
su eminencia, su condena o su deleite.


de Phrase Book


Jo Shapcott (Londres, 1953), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Work in the City

Yes I dod hold down a job and I find
the air in my brain helps combat
the stress. Once, carrying
my lunch back the office, the tea
steaming in a polystyrene cup, the roll crunched
in a paper bag under my arm, the juggle
of food, briefcase, drink started to collapse.
I was around midday. I know the commuter
paths from the station, how to weave through
the concrete walkways, over roads in the spots
where traffic parts and lets you miraculously
through. These are the routes where the classic
people live, thes ones who'll stick in my memory cells
even when the mind's shot, great blanck slots of time
and visions revolving by turns like the movies.
They are the ones who ask me for everything
as I go by, every day, everything I have. One boy
leans against the wood palings he sleeps behind,
calling for change from his nest of blankets,
calling for my cup of tea, calling me love
as he crawls through the gap in the wood.
It's hard to stay perfect on that route, but
this day I was smiling at a lovely fantasy
until I slipped up on a piece of hamburguer mashed
on the road, turning the juggle with my possessions
into a full stunt routine, legs, arms flying, the food
I was bound to waste at the end of it all. Then
the boy with the mad embroidery of muck
on his lapel stared me down again, daring me
to be bad. I offered him my apple and turned
green, muttered, clasped his body in many places
and swung away. I sensed I was getting a tonghe-lashing
and didn't want to ignore it, but I couldn't understand
a word. I put the food in a little pile in front of him,
the stearming tea, the papers, briefcase, all
the bags. I took off my coat, my shoes, every
piece of clothing and stood sweating in the light rain
but he didn't want me to know his language,
his eminence, his damnation or his delight.


Foto: Jo Shapcott en The Telegraph

Cecilia Romana / Dos poemas






Transcribió un verso de Pound

Conmigo se portaba como un rastrero. Deberías
matar a tu propio hijo, me decía, pero no lograba
crisparme los nervios, tal vez porque no tengo
el instinto -¿cómo lo llaman?- maternal.

En cambio, aquello de Pound: lo que de veras
amas, no te será arrebatado, al pie de la
letra, aunque me avergüence, no dudé ni un minuto
en creer que era posible estar al margen.

¿Es otoño? Las quejas caen como duraznos.
Un hombre debería pensar muy bien las cosas
antes de hacerlas. Un hombre al que le
meten ciertas ideas en la cabeza, debería
pensar dos veces la cosas antes de hacerlas.



Países Bajos

           un regalo para Diego

El tratado que puso fin a la coalición de Augsburgo
se firmó en Ryswick.
Eso pasó en 1697. Trescientos diez años más tarde,
cedí los derechos de mi vida
a un hombre
con cierto parecido al paisajista
holandés Jacobo Isaac Ruisdael.


Cecilia Romana (Buenos Aires, 1975), Los que fueron, Editorial Cabiria, Buenos Aires, 2012



Ilustración: Ciudad amurallada en otoño, 1902, Vassily Kandinsky

miércoles, abril 24, 2013

Elizabeth Garrett / Pseudonarciso





Pseudonarciso

Dije: el reflejo de Narciso
era una mujer.
Qué eres entonces tú, sino la crisis
de mi emerger -un rostro,
estos ojos, esta boca que estalla
maravillosa, en miríada,
para beber la venenosa
ausencia del aire.

Este es el poema en reversa:
el clavadista en la película al revés
surgiendo desde los pies, avieso
desde un medio imposible.
En algún lado equivoqué el camino.
¿Tú? ¿La víctima?
Rompe el dulce reflejo.
Estoy totalmente seducida
por mi propia seducción.

de The Rule of Three

Elizabeth Garrett (Londres, 1958), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000

Pseudo-Narcissus

I said: the reflection of Narcissus
Was a woman.
What are you, then, but the crisis
Of my own sufarcing - a face,
These eyesm this mouth, breaking
Myriad and marvellous
To drink the poisonous
Vacancy of air,
An I am drowning.

This is the poem reversed - 
The diver in the backward-running
Film springing feet-first, perverse
From an impossible medium.
Somewhere I took a wrong turning.
You? Victim? -
Shatter the sweet reflection.
I am seduce utterly
By my own seduction.



Ilustración: El sueño de la esposa del pescador, 1814, Katsushika Hokusai

martes, abril 23, 2013

Tomás Maver / Cuando regresaba de la noche...





Cuando regresaba de la noche...

                        Que en los desiertos del corazón
                            broten las fuentes curativas.
                                              W. H. Auden


Cuando regresaba de la noche
oscura en que el alma se conoce y
acompaña,
junté lo que tenía para decirles
y armé una pequeña casa con un patio lleno de árboles
donde poder reunirnos a tomar algo
y después salir a caminar y respirar el aire frío.

En las madrugadas de aquella larga vuelta
descansé a la intemperie, y me dije:
los exhaustos sacan fuerza
de recipientes que parecen vacíos

y es mejor entregarse a recorrer
los espacios que nos alejan de todo
hasta ser liviano como un cuenco
donde cualquiera pueda acercarse
a oír cómo se va llenando.

Porque, amigos, es menos lo que yo tengo
para decir
de lo que ustedes hacen
por escuchar.

Por eso vuelvo
a esa casa sola,
a ese patio y sus árboles
como si por primera vez llegara
al extremo de mi alma.


Tomás Maver (Buenos Aires, 1985), Yo, la incesante nieve, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2009


Foto: Tomás Maver en Hacienda Glamorosa

lunes, abril 22, 2013

W. S. Merwin / Poemas




Economía

Para qué romper el espejo.
Aquí está la cara rota
buena para siete años de tristeza.


El poema

Llego tarde, como siempre.
Trato de recordar lo que casi oí.
La luz evita mi ojo.

Cuántas veces he oído las cerraduras girar
y la alondra tomar las llaves
y colgarlas en el cielo.


Fantasmas de gatos

I
Años después
en una cocina de otro país
todavía estás hambriento

II
Bajo el calor del día
tu sombra
vuelve a echarse sobre la piedra


Canción nómada

Mi cuna
fue un zapato


W. S. Merwin (Nueva York, 1927), versión de Homero Aridjis, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 [edición no bilingüe]




Foto: W. S. Merwin Michael Amsier/ metroactive

domingo, abril 21, 2013

James Wright / Intentando rezar






Intentando rezar

Esta vez he dejado mi cuerpo atrás, llorando
Sobre sus oscuras espinas.
Sin embargo,
Hay buenas cosas en este mundo.
El crepúsculo.
La buena oscuridad
De las manos de las mujeres que tocan el pan.
El espíritu de un árbol empieza a moverse.
Toco hojas.
Cierro los ojos y pienso en agua.


James Wright (Martins Ferry, Ohio, 1927-Nueva York, 1980), Collected Poems, Westeyan University Press, Middletown, Connecticut, 2007
Versión de Jonio González


Trying to pray

This time, I have left my body behind me, crying
In its dark thorns.
Still,
There are good things in this world.
It is dusk.
It is the good darkness
Of women's hands that touch loaves.
The spirit of a tree begins to move.
I touch leaves.
I close my eyes and think of water. 



Ilustración: Paisaje (Invierno), 1909, Kazimir Malevich

sábado, abril 20, 2013

Tomás Tranströmer / Gógol







Gógol *

El saco roído como una manada de lobos.
La cara como una lasca de mármol.
Está sentado entre sus cartas
en el soto que susurra
escarnio y errores,
sí, el corazón sopla como un papel los pasajes
inhóspitos.
Ya el ocaso avanza a hurtadillas
como un zorro sobre este país,
pega fuego a la hierba en un minuto.
El espacio está lleno de cuernos y pezuñas
y abajo se desliza como sombra entre las fincas
alumbradas de mi padre.

Petersburgo a la misma altitud que la derrota
(¿viste a la hermosa en la torre inclinada?)
y en los barrios cubiertos de hielo
vaga aún como imán el pobre hombre en su capa.
Y aquí, envuelto en cuaresmas, está él,
antes rodeado de las tropas de la risa
que se fue hace tiempo a las regiones más distantes
que los árboles-fronteras.
La mesa tambaleante de hombres.
¡Mira hacia afuera cómo la oscuridad fija con fuego
una vía láctea de almas!
¡Carro de fuego que se va del país!

Tomás Tranströmer (Estocolmo, 1931-2015), versión de Homero Aridjis, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 [edición no bilingüe]

* Traducción en colaboración con Pierre Zekeli


Ilustración: Han vuelto los grajos, 1871, Alexei K. Savrasov

viernes, abril 19, 2013

Tomás Tranströmer / Casas suecas solitarias





Casas suecas solitarias

Un desorden de abetos negros
y rayos de luna humeantes.
Aquí yace la choza empotrada
y parece sin vida.

Hasta que el rocío murmure
y un anciano abra
-con mano temblorosa-
la ventana, liberando al búho.

Y en otro lugar lejano
la nueva casa humea
sus sábanas blancas, cual mariposas
flameando al viento

en medio de un bosque agonizante
donde la podredumbre lee
con gafas de savia
el protocolo de las carcomas.

Verano de lluvias doradas
o una sola nube tormentosa
encima de un perro que ladra.
La semilla da puntapiés en la tierra.

Voces agitadas, caras
galopan por hilos telefónicos
con almas encogidas y rápidas
sobre pantanos kilométricos.

La casa colgada sobre un islote del río
empollando sus cimientos.
Un humo constante -se queman
los papeles secretos del bosque.

La lluvia da vueltas por el cielo.
La luz serpentea en el río.
Sobre la loma las casas vigilan
la cascada de bueyes blancos.

Un otoño con liga de estorninos
tiene el amanecer en jaque.
La gente se mueve con rigidez
en el teatro de luz de las lámparas.

¡Dejadlos sentir sin ansias
las alas engañosas
y la energía de Dios
envuelta en la oscuridad!


Tomás Tranströmer (Estocolmo, 1931-2015), versión de Homero Aridjis, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 [edición no bilingüe]



Foto: Tomás Tranströmer EFE/Revista Mil Mesetas

jueves, abril 18, 2013

Charles Baudelaire / Los gatos





Los gatos

Los amantes ardientes y los sabios austeros
Aman del mismo modo, cuando la edad declina,
Al gato fuerte y dulce, maravilla felina,
Que en la sala se esconde de los fríos traicioneros.

Amigos de la ciencia y la voluptuosidad,
Indagan el silencio y el horror de lo oscuro.
Seguirían del Erebo el fúnebre conjuro
Si algún amo pudiera vencer su vanidad.

Adoptan mientras duermen las nobles posiciones
De las pétreas esfinges que en la arena desierta
Sueñan el sueño insomne de quien nunca despierta.

En sus flancos fecundos duermen constelaciones.
Y partículas de oro, haces de magia incierta,
Encienden sus pupilas con místicas visiones.


Charles Baudelaire (París, 1821-1867) [Las flores del mal,1857, 1861], versión de José Emilio Pacheco, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959 *, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 [edición no bilingüe]

* poetas mexicanos.



Les Chats

Les amoureux fervents et les savants austères
Aiment également, dans leur mûre saison,
Les chats puissants et doux, orgueil de la maison,
Qui comme eux sont frileux et comme eux sédentaires.

Amis de la science et de la volupté
Ils cherchent le silence et l'horreur des ténèbres;
L'Erèbe les eût pris pour ses coursiers funèbres,
S'ils pouvaient au servage incliner leur fierté.

Ils prennent en songeant les nobles attitudes
Des grands sphinx allongés au fond des solitudes,
Qui semblent s'endormir dans un rêve sans fin;

Leurs reins féconds sont pleins d'étincelles magiques,
Et des parcelles d'or, ainsi qu'un sable fin,
Etoilent vaguement leurs prunelles mystiques.




Ilustración: Filósofo meditando, 1632, Rembrandt

miércoles, abril 17, 2013

Mario Merlino / horror vacui





horror vacui

et malgré tout nos fuimos habituando al vacío
digerimos de prisa las sorpresas
aventuramos un grito en las batallas
y se vinieron encima de nosotros
sin quererlo

e las linguas sin pausa se fueron misturando
yes there was el ojo único del cíclope
mas queríamos ser dos a toda costa
y el dos nos traicionó corto de mente
e não houve nenhum posto donde guarecernos
el vacío ganaba la partida
estaban los geranios muertos
el ángel bodeguero no escanciaba
onán hacía estragos entre la muchedumbre
oui, c'est moi, je n'est pas encore un autre

ninguna lengua era bastante
demorou-se el poema donde ninguém morava
todo horror era poco
y las ventanas de bill gates perdían
la vista del fantasma

todo horror era poco
y janelas
contactos e servicios
alquileres pocilgas
bestsellers guerra santa
niños ahogados en pilas bautismales
tórridos se mezclaron
nos hicieron rever el caótico
pus del universo
mientras la imagen ampliada del microbio
nos hurgaba sañuda
il corpo entumecido
la vera faccia dell'amore morto
la dernière mascarade
del amor insepulto

Mario Merlino (Coronel Pringles, Buenos Aires, 1948-Madrid, 2009), "Missa pedestris", Voces comunes y otros poemas (obra reunida 1977-2006), Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2012



Foto: Mario Merlino por Raúl Manrique en La Estafeta del Viento

martes, abril 16, 2013

Gerardo Gambolini / Campanas mudas





Campanas mudas 

Finalmente la isla, vacía, difusa bajo la luz:
calles de arena entre casas incompletas
jardines suspendidos en la tela del aire
columnas que no sostienen nada

Esta es la única
tierra sólida. Aquí, como un río,
un viento narcótico arrastra las mudas,
lejanas campanas del continente

las últimas pieles, que ya no redimen
y que devuelven de uno una imagen insuficiente
un módico horizonte de sola corrección, conformidad
metros cuadrados

Ahora párate en la costa regada de rocas y de huesos
y resiste la nostalgia de la proa
la estela detrás de las velas hinchadas
sabiendo que las sirenas están en el barco.


Gerardo Gambolini (Buenos Aires, 1955), inédito




Ilustración: Beating out to Sea, 1913, George Bellows

lunes, abril 15, 2013

William Carlos Williams / Paterson, 10




Libro 1

Los delineamientos de los gigantes 

II (Continuación)

Lo dirigió hacia abajo y golpeó con dureza
las turbulentas aguas de la bahía; y volvió a levantarlo
y bajando gradualmente, golpeó duro otra vez, pero
permaneció abajo para alcanzar el muelle donde
ellos esperaban—

(Así que Carlos huyó en los ‘70
 dejando los retratos de mis abuelos,
 los muebles, la platería, incluso la comida
 caliente sobre la mesa antes de que los Revolucionarios
 aparecieran por el otro lado de la calle.)

Hoy fui a ver a mi madre. Mi hermana ‘Billy’ estaba en la escuela. Jamás voy cuando ella está allí. Mi madre ayer tenía acidez de estómago. La encontré en la cama. De todos modos, ella ha ayudado y siempre trata de hacer algo por sus hijos. Unos días antes de irme la encontré tratando de arreglar mis pantalones. Se los quité y dije, “Madre, no puedes hacer eso por mí con tu cabeza descalabrada. Lo sabes. Siempre le pido a Louisa o a la señora Tony que hagan ese trabajo para mí”. ‘Billy’ levantó la vista y dijo, “Hace muy mal”.
   Ya te dije que ayudaba con el trabajo, lavaba los platos, tres veces por día, barría y fregaba los pisos y porches, y limpiaba los patios, cortaba el pasto, arreglaba los techos, hacía trabajos de reparaciones  y ayudaba a lavar, hacía las compras y sacaba los orinales y los limpiaba cada mañana, incluso el de ‘Billy’ con su mierda a veces, y hacía otros trabajos, y después no era raro que ‘Billy’ dijera: “No haces nada aquí”. Una vez dijo incluso, “El otro día te vi ahí afuera barriendo el porche, fingiendo que hacías algo”.
   Por supuesto que ‘Billy’ pasó por el bisturí del cirujano y por la menopausia y tuvo un ataque de parálisis facial, pero siempre ha sido una excéntrica y una mandona. Mi hermana de Hartford dijo que ella solía atropellarla hasta que fue lo suficientemente grande como para darle una paliza. La he visto abofetear a su marido en plena cara. La hubiera golpeado como para que no regresara en una semana. Me ha corrido con un atizador, etc., pero siempre le pedía que no me golpeara, “No cometas ese error”, la advertía siempre.
   ‘Billy’ es una buena trabajadora y meticulosa, pero siempre quiere que la culpa sea de otro.  Le dije a mi amigo, en Hartford, que era igual a nuestra casera, LA PISTOLA. Dijo que tenía una hermana que también era así.
   En cuanto a mi madre, ella está obsesionada con el fuego. Por eso no quiere que me quede allí solo cuando ella muera. Los niños han dicho durante años que ella piensa más en mí que en cualquiera de sus hijos.
T. *

Fracasan, renguean por los callos. Creo
que quiere matarme, no sé
qué hacer. Llega después de medianoche,
me hago el dormido. Se para ahí,
siento que me mira, ¡tengo
miedo!

¿Quién? ¿Quién? ¿Quién? ¿Qué?
¿Una tarde de verano?

Un cuarto de papas, media docena de naranjas,
un atado de remolachas y algunas verduras para la sopa.
Mira, tengo una dentadura nueva. Vaya,
pareces diez años más joven.

Pero nunca, ni en la angustia o la desesperación,
te olvides usar el sentido común, hasta descubrir
sus pensamientos, dignos y simples,
y no olvides nunca que aunque sus pensamientos
sean dignos y simples, la angustia
 y la desesperación: la gracia y el detalle de
 una dínamo—

Así en su  alta dignidad es sabio.

Un delirio de soluciones, inmediatamente, lo empujan
otra vez a las calles, para empezar de nuevo:
a subir escaleras huecas entre olores agrios
hacia una cita obscena. Y allí descubre
una dulzura infecta de chupetines rojos—
y un perro que aúlla:
¡Ven, eh, Chichi! O una gran barriga
que ya no ríe sino que se lamenta
con su inexpresivo ombligo negro el engaño
del amor . . .

Ellos son las divisiones y los desequilibrios
de todo su concepto, debilitados por compasión,
desdeñado deseo; ellos son —No hay ideas sino
en los hechos . . .

   No siento ni el más mínimo rencor hacia ti, pero te empujo hacia esos extremos insustanciales, y te ruego que te sometas a tus propios mitos, ya que cualquier demora en hacerlo es una mentira para ti. La demora nos hace viles y mezquinos: Todo lo que puedo decir de mí y de otros es que no es tan importante cómo miente un hombre o cómo fornica o cuánto ama el dinero, siempre y cuando no tenga un Poncio Pilatos sino un Lázaro hambriento en sus intestinos. Una vez Plotino preguntó, “¿Qué es la filosofía?” y él respondió, “Lo más importante”. El difunto Miguel de Unamuno gritó también, no “¡Más luz, más luz!” como Goethe cuando estaba muriendo, sino, “¡Más calor, más calor!”. Detesto sobre todo las socarronas piedras intestinales de Pilatos; y lo aborrezco más que el engaño y las falsedades y las pequeñas víboras de malicia que se encuentran en todas las lenguas carnales. Por eso te ataco, como dices, no porque crea que hagas trampa o que mientes por dinero, sino porque mientes y fastidias y haces trampa cada vez que ves una porción del destrozado Galileo en los intestinos de un hombre. Tú lo detestas; hace que te retuerzas; es por eso que todos los americanos a los que se les caen las babas por esa palabra tan proletaria: extrovertido. Por supuesto, tu propia naturaleza sabe mejor que tú como lo demuestran algunos bellos pasajes que has escrito.
Para terminar, tú y yo podemos prescindir uno del otro, como se acostumbra según los hábitos y modos descartables de la gente.  Puedo continuar con mi monólogo de la vida y de la muerte hasta la inevitable aniquilación. Pero está mal. Y como dije, por muchas trampas que me invente, no lloraré por Poe o Rilke o Dickinson o Gogol mientras le doy la espalda a unos niños abandonados e Ismaeles del espíritu en este país. Dije que el artista es un Ismael; Llámame Ismael, dice Melville en la primera línea de Moby Dick; él es el canalla de un hombre; —Ismael significa aflicción. Ya ves, siempre estoy preocupado por el presente cuando leo los dolorosos epitafios en el cementerio americano de la literatura y de la poesía, y cuando sopeso la cabeza y el corazón que sufrieron en la tierra donde  tú no estás. Contigo el libro es una cosa y el hombre que lo escribió, otra. El concepto de tiempo en la literatura y en las crónicas facilita al hombre la engañosa división. Pero me estoy volviendo locuaz:—

                                                                                 E. D. **


William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto

* T: Alva N. Turner, 1878-1959
** E.D: Edward Dahlberg, 1900-1977

The delineaments of the giants (10)
He pointed it down and struck the rough /waters of the bay, hard; but lifted it again and /coming gradually, hit again hard but /remained down to taxi to the pier where /they were waiting— //(Thence Carlos had fled in the 70’s /leaving the portraits of my grandparents, /the furniture, the silver, even the meal /hot upon the table before the Revolutionists /coming in at the far end of the street.)  // I was over to see my mother today. My sister, ‘Billy’, was at the schoolhouse. I never go when she is there. My mother had a sour stomach yesterday. I found her in bed. However, she had helped and she is always trying to do something for her children. A few days before I left I found her starting to mend my trousers. I took them away from her and said, “Mother, you can’t do that for me, with your crippled head. You know. I always get Louisa or Mrs. Tony to do that work for me.” ‘Billy’ looked up and said, “It’s too bad about you.”
//I have already told you I helped with the work, did dishes, three times daily, swept and mopped floors, porches and cleaned yards, mowed the lawn, tarred the roofs, did repair work and helped wash, brought in the groceries and carried out the pots and washed them each morning, even ‘Billy’s’ with dung in it, sometimes, and did other jobs and then it was not uncommon for ‘Billy’ to say: “You don’t do anything here”. Once she even said, “I saw you out there the other morning sweeping porches, pretending you were doing something.”//Of course, ‘Billy’ has been chopped on by the surgical chopper and has gone through the menopause and she had a stroke of facial paralysis, but she has always been eccentric and wanted to boss. My Hartford sister said she used to run over her until she became big enough to throsh her. I have seen her slap her husband square in the face. I would have knocked her so far she would not have got back in a week. She has run at me with a poker, etc., but I always told her not to strike. “Don’t make that mistake,” I would always caution. //‘Billy’ is a good worker and thorough going but she wants to lay blame—always on the other fellow. I told my buddie, in Hartford, she was just like our landlady, THE PISTOL:. He said he had a sister just like that. //As to my mother, she is obsessed with fire. That’s why she doesn’t want me to stay there, alone, when she is dead. The children have all said for years, she thinks more of me than any child she has. //T. /They fail, they limp with corns. I /think he means to kill me, I don’t know /what to do. He comes in after midnight, /I pretend to be asleep. He stands there, /I feel him looking down at me, I /am afraid! //Who? Who? Who? What? /A summer evening? //A quart of potatoes, half a dozen oranges, /a bunch of beers and some soup greens. /Look, I have a new set of teeth. Why you /look ten years younger  . //But never, in despair and anxiety, /forget to drive wit in, in till it discover /his thoughts, decorous and simple, /and never forget that though his thoughts /are decorous and simple, the despair /and anxiety: the grace and detail of /a dynamo— //So in his high decorum he is wise. /A delirium of solutions, forthwith, forces /him into back streets, to begin again: /up hollow stairs among acrid smells /to obscene rendezvous. And there he finds /a festering sweetness of red lollipops— /and a yelping dog: /Come YEAH, Chichi! Or a great belly /that no longer laughs but mourns /with its expressionless black navel love’s /deceit  .  . //They are the divisions and imbalances /of this whole concept, made weak by pity, /flouting desire; they are—No ideas but /in the facts  .  .   // I positively feel no rancor against you, but will urge you toward those vapory ends, and implore you to submit to your own myths, and that any postponement in doing so is a lie for you. Delay makes us villainous and cheap: All that I can say of myself and of others is that it matters not so much how a man lies or fornicates or even loves money, provided that he has not a Pontius Pilate but an hungered Lazarus in his intestines. Once Plotinus asked, “What is philosophy?” and he replied, “What is most important”. The late Miguel de Unamuno also cried out, not “More light, more light!” as Goethe did when he was dying, but “More warmth, more warmth!” I hate more than anything else the mocking stone bowels of Pilate; I abhor that more than cozening and falsehoods and the little asps of malice that are on all carnal tongues. That is why I am attacking you, as you put it, not because I think you cheat or lie for pelf, but because you lie and chafe and gull whenever you see a jot of the torn Galilean in a man’s intestines. You hate it; it makes you writhe; that’s why all the Americans so dote upon that canaille word, extrovert. Of course, nature in you knows better as some very lovely passages that you have written show.  //But to conclude, you and I can do without each other, in the usual way of the sloughy habits and manners of people. I can continue with my monologue of life and death until inevitable annihilation. But it’s wrong. And as I have said, whatever snares I make for myself, I won’t weep over Poe, or Rilke, or Dickinson, or Gogol, while I turn away the few waifs and Ishmaels of the spirit in this country. I have said that the artist is an Ishmael; Call me Ishmael, says Melville in the very first line of Moby Dick; he is the wild ass of a man; —Ishmael means affliction. You see, I am always concerned with the present when I read the plaintive epitaphs in the American graveyard of literature and poetry, and in weighing the head and the heart that ached in the land, that you are not. With you the book is one thing, and the man who wrote it another. The conception of time in literature and in chronicles makes it easy for men to make such hoax cleavages. But I am getting garrulous:—  /E.D.



Ilustración: Deux fillettes, fond jaune et rouge, 1947, Henri Matisse

domingo, abril 14, 2013

Robert Frost / La puerta sin cerradura





La puerta sin cerradura

Así pasaron muchos años
Pero, por fin, alguien llamó
Y pensé en la puerta
Sin cerradura para echar llave.

Soplé la luz
Y fui en puntas de pie
Y levanté mis manos
En plegaria a la puerta.

Mas la llamada se repitió.
Mi ventana era amplia;
Me trepé en el antepecho
Y bajé del otro lado

De vuelta por el antepecho,
Respondí: -Entre usted-
A quienquiera que hubiera
llamado a la puerta

Así ante un golpe
Vacié mi jaula
Para esconderme en el mundo
Y cambiar con la edad.


Robert Frost (San Francisco, 1874 - Boston, 1963), Poemas, selección, traducción y prólogo de Enrique L. Revol, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1979


The Lockless Door

I went many years,
But at last came a knock,
And I thought of the door
With no lock to lock.

I blew out the light,
I tip-toed the floor,
An raised both hands
In prayer to the door.

But the knock came again
My window was wide,
I climbed on the sill
And descendet outside.

Back overthe sill
I bade a 'Come in'
To whatever the knock
At the door may have been.

So at a knock
I emptied my cage
To hide in the world
And alter with age.



Ilustración: La Séptima Avenida en la noche, 1929, Tavik Frantisek Simon

sábado, abril 13, 2013

Charles Baudelaire / El Héautontimoruménos






El Héautontimoruménos   
                               
                             a  J. G. F.

Te golpearé sin cólera alguna
y sin odio, como un carnicero,
como Moisés golpeara la roca
y hasta haré brotar de tu ojo

para alimentar mi Sahara propio
a las vertientes del sufrimiento.
Mi deseo de esperanza henchido
habrá de flotar sobre tu llanto salino

como un barco que se larga hacia la mar
y como en mi corazón, al que colmaron,
habrán de retumbar tus queridos sollozos
como un tambor que bate parche al atacar.

¿No soy un arpegio disonante
que suena en la divina sinfonía
todo gracias a la voraz ironía
que me mantea y me muerde?

¡En mi voz está ella, la turba!
¡En mi sangre el veneno negro!
Yo soy el siniestro espejo
donde se contempla la furia.

¡Yo soy el puñal y la herida!
¡Soy el cachetazo y la mejilla!
¡Los miembros y el tormento,
el verdugo y el atormentado!

¡De mi corazón vampiro tenaz,
de esos grandes abandonados,
a la risa eterna ya condenados
y que no pueden sonreír jamás!


Charles Baudelaire (París, 1821-1867), Oeuvres Complètes, Bibliothèque nrf de la Pléiade, Gallimard, 1964
Versión de Angel Faretta

Nota del traductor:

 “Héautontimoruménos” es en griego “el que se castiga a sí mismo”. Tal el título de una comedia del romano Terencio. Pero también es mencionado en la tercera de las “Jornadas de San Petersburgo” por Joseph de Maiestre (junto con Poe sus autores favoritos), como que “tout mechant ces’t un héautontimorouménos”. Es decir que “todo malvado es un...”
 A quién pertenecen las iniciales de la dedicatoria, no ha podido ser resuelto hasta ahora. Existen dos hipótesis, la de Jacques Crepet y Jean Pommier que proponen “Jeanne Gentille Femme”, referido a su conocida amante, la mulata Jeanne Duval. Pero Ives Le Dantec se inclina por Juliette Gex-Fagon, dato recogido en la conocida biografía de Baudelaire de François Porché.
 Baudelaire emplea aquí el título en griego mediante su maravillosa contaminatio de imágenes sacras y profanas como el typo del concepto de modernidad -por él acuñado. Y como aquel que sabe o recuerda “la otra mitad eterna del arte”, pero que se mueve o directamente habita en el lado terreno y caído de las cosas. Tal sus poemas “El albatros” y “Correspondencias” que, junto con éste que vertimos aquí, forman un terceto ejemplar al respecto.


L’HÉAUTONTIMORUMÉNOS

                          a: J. G. F.
           
Je te frapperai sans colère
Et sansa haine, comme un boucher,
Comme Moïse le rocher!
Et je farai de ta paupière,

Pour abreuver mon Sahara,
Jaillir les eaux de la souffrance.
Mon désir gonflé d’espérance
Sur tes pleurs salés nagera

Comme un vaisseau qui prend la large,
Et dans mon coeur qu’ils soûleront
Tes chers sanglots retentiront
Comme un tambour qui bat la charge!

Ne suis-je pas un faux accord
Dans la divine symphonie,
Grâce à la vorace Ironie
Qui me secoue et qui me mord?

Elle est dans ma voix, la criarde!
C’est tout mon sang, ce poison noir!
Je suis le sinistre miroir
Où la mégère se regarde!

Je suis la plaie y le couteau!
Je suis le soufflet et la joue!
Je suis les membres et la roue, 
Et le victime et le bourreau!

Je suis de mon Coeur le vampire,
-Un des ces grands abandonnés
Au rire éternel condamnés,
Et qui ne pouvent plus sourire!



Ilustración: Ezzelin and Meduna, 1779, Henry Fuseli

viernes, abril 12, 2013

Gary Snyder / Mediados de agosto en el mirador...






Mediados de agosto en el mirador del monte Sourdough

Valle abajo, una neblina de humo
Tres días de calor tras cinco de lluvia
La resina brilla en las piñas
Sobre rocas y prados
Enjambres de nuevos insectos.

No logro recordar cosas que una vez leí
Unos pocos amigos, pero están en ciudades.
Bebiendo fría nieve derretida de una taza de estaño
Dominando una distancia de millas
A través del aire quieto de las alturas.


Gary Snyder (San Francisco, 1930), Not Nature: New and Selected Poems, Pantheon, Nueva York, 1992.
Versión de Jonio González


Mid-August at Sourdough Mountain Lookout

Down valley a smoke haze 
Three days heat, after five days rain   
Pitch glows on the fir-cones 
Across rocks and meadows 
Swarms of new flies. 

I cannot remember things I once read   
A few friends, but they are in cities.   
Drinking cold snow-water from a tin cup   
Looking down for miles 
Through high still air.


Ilustración: Murnau-Kohlgruberstrasse, 1908, Vassily Kandinsky

jueves, abril 11, 2013

T. S. Eliot / Una partida de ajedrez (de "La tierra baldía")






II. Una partida de ajedrez

Como un trono cincelado, la silla que ocupaba
resplandecía en el mármol, donde el espejo
forjado con adornos de parras en flor
entre los cuales espiaba un áureo Cupido
(otro escondía los ojos detrás de un ala)
duplicaba las llamas de un candelabro de siete brazos
reflejando la luz sobre la mesa mientras
el fulgor de sus joyas, vertiéndose en profusión
volaba a su encuentro desde las cajitas de satén;
en frascos de marfil y vidrio de colores,
husmeaban sus extraños perfumes sintéticos,
agitados en cremas, en polvo o líquidos, confundían
y ahogaban los sentidos; temblando en el aire
fresco que llegaba desde la ventana, ascendían
y se dilataban en las largas llamas de las velas,
aventando su incienso entre las molduras
y los motivos en el encofrado del techo.
Enormes leños de mar, atizados de cobre, ardían
en verde y naranja, encuadrados por la piedra radiante
en cuya luz melancólica flotaba la silueta de un delfín.
Sobre la antigua repisa del hogar lucía,
como una ventana abierta a la maleza
la metamorfosis de Filomela, ferozmente poseída
por aquel rey de los bárbaros; todavía allí el ave
surca todo el desierto con su voz intacta,
todavía ella sigue gritando y el mundo clama
chak chak en tus sucios oídos.
Y en otros cabos blanqueados por el tiempo
se narraba en lo alto de las paredes; formas oblicuas
que miraban fijo enmudecían el cuarto clausurado.
Pasos arrastrándose por la escalera.
A la luz del fuego, bajo el cepillo, su pelo
se desplegó en puntas incandescentes que ardían
en palabras, y luego entró en una quietud salvaje.

«Estoy mal de los nervios esta noche. Sí, mal. Quedate conmigo.
Hablame. ¿Por qué siempre estás callado? Hablá.
¿En qué estás pensando? ¿En qué pensás? ¿En qué?
Nunca sé en lo que estás pensando. Nunca».

Pienso que estamos en el callejón de las ratas
donde los muertos extraviaron sus huesos.

«¿Qué fue ese ruido?»
   El viento bajo la puerta.
«¿Y ese otro ruido ahora? ¿Qué está haciendo el viento?»
   Nada, otra vez nada.
                                «¿No
sabés nada? ¿No ves nada? No recordás
nada?»
    Recuerdo
    aquellas perlas que una vez fueron sus ojos.
«¿Estás vivo, sí o no? ¿No hay nada en tu cabeza?»
Pero
Oh Oh Oh Oh ese Rag shakesperiano…
es tan refinado
tan inteligente


«¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué voy a hacer?
Voy a despabilarme y salir a la calle
con el pelo suelto, así como estoy. ¿Y mañana qué vamos a hacer?
¿Y qué vamos a hacer nunca?»
                       El agua caliente a las diez.
Y si llueve, un coche encapotado para las cuatro.
Y nos vamos a jugar una partida de ajedrez,
apretando ojos sin párpados y esperando un golpe en la puerta.

Cuando al marido de Lil le dieron la licencia –dije
sin medir las palabras, yo misma se lo dije
APÚRENSE POR FAVOR ESTAMOS CERRANDO
ahora que viene Albert podrías arreglarte un poquito.
Él querrá saber qué hiciste con la plata que te dio
para ponerte los dientes. Porque te la dio, yo fui testigo.
Sacatelos todos, Lil, y hacete una linda dentadura,
porque él dijo, te lo juro, no aguanto verte así.
Ni yo tampoco, le dije, pensá en el pobre Albert,
estuvo cuatro años en el ejército, necesita pasarlo bien
y si vos no le das un poco de diversión, le dije, otras lo harán.
Y ella dijo, ¿no más que eso? Algo así, le dije.
Entonces ya sabré a quién agradecerle, dijo, y me miró feo.
APÚRENSE POR FAVOR ESTAMOS CERRANDO
Si te parece mal, hacé lo que quieras, le dije.
Y si no, otras pueden comer del mismo plato.
Pero si Albert te deja no digas que no te avisaron.
Deberías tener vergüenza, le dije, de estar tan fuera de moda.
(Y con sólo treinta y un años).
No lo puedo arreglar, dijo ella, poniendo una cara larga,
son esas pastillas que tomé, dijo, para sacármelo.
(Ya tiene cinco y casi se muere con el pequeño George).
El farmacéutico me dijo que todo iría bien, pero nunca volví a ser la
[misma.
Estás totalmente loca, le dije.
Bueno, si Albert no te deja en paz, no es asunto mío, le dije,
¿para qué te casaste si no querías tener chicos?
POR FAVOR APÚRENSE ESTAMOS CERRANDO
Bueno, ese domingo Albert estaba en casa, y tenían
[jamón caliente
y me invitaron a cenar para que captara la belleza del jamón ca…
APÚRENSE POR FAVOR ESTAMOS CERRANDO
APÚRENSE POR FAVOR ESTAMOS CERRANDO
Chau Bill. Chau Lou. Chau May. Chau.
Ta ta. Chau. Chau. Buenas noches, damas, buenas noches
dulces damas, buenas noches, buenas noches.


T. S. Eliot (St. Louis, 1888-Londres, 1965), La tierra baldía, versión de Walter Cassara, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2013




II. A Game of Chess

The Chair she sat in, like a burnished throne,  
Glowed on the marble, where the glass  
Held up by standards wrought with fruited vines  
From which a golden Cupidon peeped out  
(Another hid his eyes behind his wing)  
Doubled the flames of sevenbranched candelabra  
Reflecting light upon the table as  
The glitter of her jewels rose to meet it,  
From satin cases poured in rich profusion;  
In vials of ivory and coloured glass  
Unstoppered, lurked her strange synthetic perfumes,  
Unguent, powdered, or liquid—troubled, confused  
And drowned the sense in odours; stirred by the air  
That freshened from the window, these ascended  
In fattening the prolonged candle-flames,  
Flung their smoke into the laquearia,  
Stirring the pattern on the coffered ceiling.  
Huge sea-wood fed with copper  
Burned green and orange, framed by the coloured stone,  
In which sad light a carvèd dolphin swam.  
Above the antique mantel was displayed  
As though a window gave upon the sylvan scene  
The change of Philomel, by the barbarous king  
So rudely forced; yet there the nightingale  
Filled all the desert with inviolable voice  
And still she cried, and still the world pursues,  
“Jug Jug” to dirty ears.  
And other withered stumps of time  
Were told upon the walls; staring forms  
Leaned out, leaning, hushing the room enclosed.  
Footsteps shuffled on the stair,  
Under the firelight, under the brush, her hair  
Spread out in fiery points  
Glowed into words, then would be savagely still.  

My nerves are bad to-night. Yes, bad. Stay with me.  
Speak to me. Why do you never speak? Speak.  
What are you thinking of? What thinking? What?  
I never know what you are thinking. Think.”

I think we are in rats’ alley  
Where the dead men lost their bones.

“What is that noise?”  
                      The wind under the door.  
“What is that noise now? What is the wind doing?”  
                      Nothing again nothing.  
                                              “Do  
You know nothing? Do you see nothing? Do you remember  
Nothing?”  
        I remember  
                Those are pearls that were his eyes.  
“Are you alive, or not? Is there nothing in your head?”  
                                                         But  
O O O O that Shakespeherian Rag—  
It’s so elegant  
So intelligent  

“What shall I do now? What shall I do?  
I shall rush out as I am, and walk the street  
With my hair down, so. What shall we do to-morrow?  
What shall we ever do?”
                          The hot water at ten.  
And if it rains, a closed car at four.  
And we shall play a game of chess,  
Pressing lidless eyes and waiting for a knock upon the door.

When Lil’s husband got demobbed, I said,  
I didn’t mince my words, I said to her myself,  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
Now Albert’s coming back, make yourself a bit smart.  
He’ll want to know what you done with that money he gave you  
To get yourself some teeth. He did, I was there.  
You have them all out, Lil, and get a nice set,
He said, I swear, I can’t bear to look at you.  
And no more can’t I, I said, and think of poor Albert,  
He’s been in the army four years, he wants a good time,  
And if you don’t give it him, there’s others will, I said.  
Oh is there, she said. Something o’ that, I said.  
Then I’ll know who to thank, she said, and give me a straight look.  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
If you don’t like it you can get on with it, I said,  
Others can pick and choose if you can’t.  
But if Albert makes off, it won’t be for lack of telling.  
You ought to be ashamed, I said, to look so antique.  
(And her only thirty-one.)  
I can’t help it, she said, pulling a long face,  
It’s them pills I took, to bring it off, she said.  
(She’s had five already, and nearly died of young George.)  
The chemist said it would be alright, but I’ve never been the same.  
You are a proper fool, I said.  
Well, if Albert won’t leave you alone, there it is, I said,  
What you get married for if you don’t want children?  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
Well, that Sunday Albert was home, they had a hot gammon,  
And they asked me in to dinner, to get the beauty of it hot—  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
Goonight Bill. Goonight Lou. Goonight May. Goonight.  
Ta ta. Goonight. Goonight.  
Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night.




Ilustración: River Rats, 1906, George Bellows

miércoles, abril 10, 2013

Fabián Iriarte / El pañuelo de Desdémona






El pañuelo de Desdémona

¿Cuántas diminutas columnas de sal
se pueden formar en siete horas continuas de llanto?
¿Cuántos días puede durar el dolor?

(Otra pregunta, quizás relacionada:
¿Cuántos yo tiene una persona?
2052, dice Virginia Woolf).

¿Cómo se quiebra...? ¿Por qué falla la voz?
¿De qué has sido testigo? ¿Qué prueba ocular
se necesita? ¿Cómo llega la muerte?

¿Qué usa para hacer morir? ¿Se la oye
venir por los pasillos? ¿Hasta cuándo va a durar?
¿Quién pondrá una moneda sobre tus párpados? ¿Quién
será testigo de tu propia muerte? ¿Cómo será dejar?


Fabián O. Iriarte (Laprida, Buenos Aires, 1963), Las confesiones, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2012


Ilustración: Ib and her Husband, 1992, Lucien Freud WikiPaintings

martes, abril 09, 2013

Jack Kerouac / 107° Coro





107° Coro

La luz llega Tarde
   sí
             porque

sucede después de que uno se ha dado cuenta
     No se ve la luz
     hasta que la sensación de ver la luz
     es registrada por la Percepción

La Percepción notifica a la Discriminación
     etc., la Conciencia

Hasta entonces no había luz
De modo que la luz llega tarde

La oscuridad llega tarde
     No se concibe la oscuridad
     hasta que se tiene la luz tarde
     cuando se entiende la diferencia
     entre polos iguales brillantes
     con ideas Arbitrarias
     acerca de que algo es de esta manera
     o de aquélla, morando en esta morada
     negando en esa morada -
     Shock igual, positivo, eléctrico,
            espiral, dacoit, torre,
     aceite - todo llega tarde



Jack Kerouac (Lowell, Massachusetts, 1922-St. Petersburg, Florida, 1969), Méxito City Blues (Sesenta poemas), selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Biblioteca Javier Coy d'estudis nord-americans, Universitat de València, Valencia, 2008

En la India y en Birmania, el dacoit es un miembro de una clase de criminales que roban y asesinan en pandillas ambulantes (N. del T.).


107th Chorus

Light is Late
         yes
             because

it happens after you realize it
       You dont see the light
       Until sensation of seeing light
       Is registred in Perception.

Perception notifies Discrimination
       etc., Consciousness

Until then there was no light
So light is late

Darkness is late
       You dond conceive of darkness
       Till you've been late with light
       When you learned difference
       Between equal poles abright
       with Arbitrary ideas
       About somethin bein this
       Or that, abiding in this abode,
       Denying in that abode -
       Equal, positive, electric shock,
                   coil, dacoit, tower,
       Oil - it's all late




Ilustración: Orange, 1957, Mark Rothko
     

lunes, abril 08, 2013

Franco Fortini / Autopista del sol






Autopista del sol


Todo era así de simple, haberlo sabido.
Que el minucioso laberinto delicado,
la patria imaginaria,
en este viento debían desaparecer
y nosotros, lanzados sobre la luz
de las rectas...
Ahora para nosotros tardos, libres
en este aire de nada,
llanuras, montes humillados,
otros espacios y deberes
se dilatan, ya ciertos
de morir. Y de vista
se pierde el corazón
como, después de adelantarlo,
al otro en el retrovisor.

1960


Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "L'ospite ingrato", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino


Autostrada del sole

Tutto era così semplice, averlo saputo.
Che l'accurato labirinto delicato
la patria immaginaria
in questo vento dovevano sparire
e noi scagliati sulla luce
dei rettillinei...
Ora a noi tardi liberi
in quest'aria di nulla
pianure monti umiliati
altri spazi e doveri
dilatano e già veri
da morirne. E di vista
si perde il cuore
come dopo il sorpasso
l'altro nel retrovisore.

1960 



Ilustración: Composición con rojo y negro, 1944, Piet Mondrian

domingo, abril 07, 2013

Cesare Pavese / Una estación




Una estación

Esta mujer una vez estuvo hecha de carne
fresca y sólida: cuando llevaba un chico,
se mantenía escondida y entristecía sola.
No quería mostrarse deformada por la calle.
Las otras veces (era joven y sin quererlo
hizo muchos chicos) pasaba por la calle
con un paso seguro y sabía disfrutar los momentos.
Los vestidos se hacen viento las tardes de marzo
y se aprietan y tiemblan alrededor de las mujeres que pasan.
Su cuerpo de mujer se movía seguro en el viento
que se desvanecía y lo dejaba firme. No tuvo nunca otro bien
que ese cuerpo, que ahora está gastado, después de tantos hijos.

En las tardes de viento se expande un aroma de savias,
el aroma que tenía el cuerpo, de joven,
entre los vestidos superfluos. Un sabor de tierra mojada,
que en cada marzo regresa. También donde no hay avenidas
en la ciudad, y no llega en el sol el respiro del viento,
su cuerpo vivía, exhalando los jugos
en fermentación, entre muros de piedra. Con el tiempo, también ella,
que ha nutrido otros cuerpos, se ha estropeado y doblado.
No es lindo mirarla, ha perdido toda la fuerza;
pero, entre tantos que tuvo, una hija vuelve a pasar
por las calles, a la tarde, y a ostentar en el viento,
bajo los árboles, sólido y fresco, su cuerpo que vive.

Y hay un hijo que vaga, y sabe estar solo
y se sabe divertir solo. Pero se mira en las vidrieras,
complacido por el modo en que lleva del brazo
a su compañera. Le gusta, en un juego de músculos,
arrimársela, mientras ella lucha, y besarla en el cuello.
Sobre todo le gusta, después de que ha engendrado
sobre aquel cuerpo, dejarlo entristecer y volver a sí mismo.
Una apretada lo hace solamente sonreír, y un hijo
lo haría indignarse. Lo sabe la muchacha, que espera,
y se prepara a esconder el vientre deformado
y goza con él, complaciente, y le admira la fuerza
de ese cuerpo que sirve para hacer tantas otras cosas.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


Una stagione

Questa donna una volta era fatta di carne
fresca e solida: quando portava un bambino,
si teneve nascosta e intristiva da sola.
Non amava mostrarsi sformata per strada.
Le altre volte (era giovane e senza volerlo
fece molti bambini) passava per strada
con un passo sicuro e sapeva godersi gli instanti.
I vestiti diventano vento le sere di marzo
e si stringono e tremano intorno alle donne che passano.
Il suo corpo di donna muoveva sicuro nel vento
che svaniva lasciandolo saldo. Non ebbe altro bene
che quel corpo, che adesso è consunto dai troppi figliuoli.

Nelle sere di vento si spande un sentore di linfe,
il sentore que aveva da giovane il corpo
tra le veste superflue. Un sapore di terra bagnata
che ogni marzo ritorna. Anche dove in città non c'è viali
e non giunge col sole il respiro del vento,
il suo corpo viveva, essalando di succhi
in fermento, tra i muri di pietra. Col tempo, anche lei,
che ha nutrito altri corpi, si è rotta e piegata.
Non è bello guardarla, ha perduto ogni forza;
ma, dei molti, una figlia ritorna a passare
per le strade, la sera, e ostentare nel vento
sotto gli alberi, solido e fresco, il suo corpo che vive.

E c'è un figlio che gira e sa stare da solo
e si sa divertire da solo. Ma guarda nei vetri,
compiaciuto del modo che tiene a bracetto
la compagna. Gli piace, d'un gioco di musculi,
accostarsela mentre rilutta a baciarla sul collo.
Sopratutto gli piace, poi che ha generato
su quel corpo, lasciarlo intristire e tornare a se stesso.
Un amplesso lo fa solamente sorridere e un figlio
lo farebbe indignare. Lo sa la ragazza, che attende,
e prepara se stessa a nascondere il ventre sformato
e si gode con lui, compiacente, a gli ammira la forza
di quel corpo che serve per compiere tante altre cose.


Ilustración: Desnudo sobre el vientre, 1917, Egon Schiele

sábado, abril 06, 2013

José María Alvarez / De "Museo de cera"




Greed

                          «El pasado... Apenas terminaba de montar uno de sus aspectos,
                          aparecían nuevos elementos que desintegraban todo el conjunto»
                                                                    LAWRENCE DURRELL

                               «Y así entré solo en Deraa, bajo la luz plena del amanecer»
                                                                    T. E. LAWRENCE

A Pablo Picasso


Habitaciones cuerpos
Que hoy retornan a mí iluminados
Por una extraña luz. Una mujer
Vistiéndose. Desvaída
Ella también bajo el calor
De una tarde. Unas
Manos de niña
Con una palangana.
Identidad
Afirmada esta noche
Bajo esta luz de vasos sucios
Olores imposibles unas medias. Imagen
De algo que fue robado
A la muerte y pagado
Con la misma moneda.

José María Alvarez (Cartagena, Murcia, 1942), Museo de cera, 1974-2002, en la web oficial del autor


Ilustración: Naturaleza muerta con cráneo, libro y lámpara de petróleo, 1947, Pablo Picasso

viernes, abril 05, 2013

Juan Bonilla / Esto quería ser un poema de amor





Esto quería ser un poema de amor

Tiras de las dos asas amarillas
Y la bolsa se cierra.
Luego haces dos nudos
Sobre las mondas de naranja y las cáscaras de plátano,
Las sobras de la cena,
Unas cuantas docenas de colillas
Y una planta que ha muerto.
Son doce pisos luego y unos cuarenta pasos
Hasta el contenedor –en el que apenas cabe ya ninguna bolsa.
En el momento de depositarla allí
Se ha iluminado un número en tu mente:
Setenta y seis. Son pocas todavía
Las bolsas de basura que habéis llenado juntos
Si las comparas con las más de mil
Que Laura y tú llenasteis;
Son muchas, desde luego, un escorial, si las comparas
Con las apenas diez
Que de aquel sótano de Londres donde Marge,
Sacabas rumbo a un minúsculo depósito en el patio.
En La Habana Amarilis
Cada noche colgaba la basura de las ramas de los árboles
–para evitar la proliferación de ratas–:
llenasteis juntos veintitantas bolsas.
Es fea, bien lo sabes, tu costumbre
De computar amores en bolsas de basura.
Tal vez un día de estos se te olvide.
Doce pisos arriba hay una luz: es tu cocina.
En el cubo hay una nueva bolsa que mañana llenaremos.


Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, 1966), en poesiargentina


Foto: Juan Bonilla en La clave cultural

jueves, abril 04, 2013

Miguel Angel Petrecca / Novelista




Novelista

¿Será posible entonces que todo cobre sentido de repente,
como si agarraras diez años de tu vida y batiéndolos rápido
los volcaras en el formato preexistente de una novela?
No es tan fácil, parecen repetir, una y otra vez,
hombres que miran desde la ventana de un bar.
Ellos también se hicieron la misma pregunta antes,
mucho antes de que en vos naciera el germen
de esta fuerza que te obliga a caminar en redondo.
Algunos, tras responder negativamente,
dedicaron otra década a amaestrar un perro,
cultivar tomates en el jardín de su casa o convertirse
en coleccionistas de un objeto antiguo y anodino.
Cuando más tarde volvieron con ímpetu a la carga
buscaban mentalmente moldes donde verter su vida:
diez años acá, cinco allá, veinte en una frontera.
Sin embargo, el problema no era de forma sino de fondo.
No estaba, como el vino, añejándose en una bodega profunda
la experiencia, esperando el momento del descorche;
había escapado, quién sabe cuándo y por qué orificio,
dejando en su lugar como un inmenso depósito
donde flota, sin llegar a evocar nada, un perfume familiar.


Miguel Angel Petrecca (Buenos Aires, 1979), Poésie récente d'Argentine, une anthologie possible, Reflet de Lettres-Abra Pampa, París, 2013



Ilustración: Business Men’s Bath, 1923, George Bellows