sábado, febrero 22, 2014

Ariosto / Sátira Primera, 1















(Este poema se publica aquí por partes, que naturalmente
no tiene el original. Serán dos.)


 [1]


a Micer Alessandro Ariosto
y a Micer Ludovico Da Bagno


Deseo el poder oír de ustedes,
fraterno Alessandro y compadre Bagno,  (1)
eso si en la corte se acuerdan de mí,
y como el señor me acusa; si amigo
a mí defiende y dice porqué causa
partiendo los demás yo aquí me quedo;
oh, ustedes tan doctos en adular
(arte que entre nos más se estudia),
que así le ayudan a insultarme.
Loco aquel que a su señor contradice,
aunque está visto que dijese el día
tiene estrellas y la medianoche el sol.
Que cante loas o que befas cante,
de súbito surge un coro de voces
armoniosas de cuántos lo rodean;
y quien por humildad no tiene ardor
para abrir la boca, con el rostro aplaude
y así parece decir: ‘también consiento”.
Si a otro critican, al menos alaben
cuando, queriendo dar mi parecer,
haya dicho a cara abierta y sin fraude.
He dado muchas razones verdaderas,
de las cuales por sí sola cualquiera
debería ser digna a tener en cuenta.
Primero la vida, poca o ninguna
cosa he dar preferencia, que más breve
no quiero que Fortuna o Cielo quieran.
Cada alteración, ahora si bien leves,
que hubiese el mal que tengo, o moriría,
o Valentino y Póstumo errar debieran.  (2)
Más que su opinión lo digan los males,
mejor que los demás sé de remedios
me sean útiles, y más de los que no.
A mi natura sé qué mal le convienen
los fríos invernales, y allá en el polo
los tenéis, más que en Italia, intensos.
Y no me dañaría tan solo el frío;
mas el calor de estufas tan infesto,   (3)
que huyo de ello como de la peste.
Y allá el invierno lo pasan juntos
en el lugar donde se come, duerme,
bebe y donde también se hace el resto.
¿Quién podrá allí sorber como se debe
aire que hace trabajar el fiato
de las cercanas montañas Rifeas?       (4)
Y el vapor del estómago elevado,
da catarro a la testa y cala el pecho,
y acabaría una noche sofocado.
Y el vino humoso, que me lo prohíbo     (5)
como veneno, y se traga a cada brindis,
sacrilegio les sería aguarlo.
Todo lleva pimienta y cardamomo
que nocivos mi médico prohíbe.
Dicen que podría tener reducto,
sentado junto al fuego y evitaría
oler sobacos, pies y a los eructos;
las viandas sazonaría el cocinero
a mi antojo, como aguarme el vino
podría a mi gusto, o no beberlo o poco.
Y ustedes ¿juntos estarían y yo
mañana y noche pasaría solo
de celda a la mesa como cartujo?
Necesitaríamos ollas y petates
de cocina y de recámara, dotarme
los enseres de una recién casada.
Si cocinara separadamente,
una, dos, cuatro veces, maestro Pasino  (6)
pondrá facha de darnos a las armas.
Si deseara las cosas que habrá comprado
Francesco de Siver para su familia,          (7)
podré mañana y tarde conseguir muchos.
Si digo al despensero esto me traiga     (8)
ya que al húmedo cerebro poco afecta
y esto no, que al catarro sutiliza,
por una vuelta o dos que obedeciera,
cuatro o seis olvidará, y porque teme
no acepte el gasto, no se calentaría.
Entonces me reduzco al pan; ruge
la cólera; que luego de dos palabras
mis amigos entraríamos en disputa.
Me podrían ahora decir “de tu escote
haz que el fante el comprador te sea;  (9)
y come pollos al spiedo asados”.   (10)
Yo, por mi mal servicio, no he podido
del cardenal sacar tanto provecho
para volver a su corte en hostería.
Apolo, tu merced, tu merced, santo
colegio de Musas, no tengo para ustedes
lo que alcanza para hacerme un manto.
“Oh, el Señor te ha dado…”, os lo concedo,
tanto, de hecho y más que un manto;
más dado por ustedes, lo dudo mucho.
Lo ha dicho tanto a estos como aquellos
que con mis versos puedo a mi gusto
mandarlos al Culiseo como muestra.   (11)
No desea que los laudes que le escribo
tengan derecho a una recompensa;
sino que vaya de una posta a la otra.
Otorga a quien al Barco o villa le sigue,  (12)
a quien lo viste o desnuda o el frasco
le pone al fresco para la hora nona;     (13)
o pasa en vela hasta que el bergamasco
se levanta a forjar clavos, por eso   (14)
a menudo se le cae el quinqué al suelo.  (15)
Si por mi parte en mis versos lo alabo,
dice lo hago por placer y por ocio;
mejor hubiera seguido a su lado.
Si en Milán me han hecho socio
De Costabile canciller y un tercio   (16)
tengo de lo que el notario factura,
es porque pico espuelas, corro
cambio de bestias y riendas, apuro
montes y valles, con la muerte juego.
Marón, haceme caso, tirá tu lira      (17)
y todos tus versos a la letrina,
aprendé algo de valor y provecho.
Pero si lo hacés, pensá una vez hecho
tu querida libertad habrás perdido
si la hubieras jugado a los dados;   (18)
y que nunca más, aún si a la canosa edad
de Néstor vivieras vos y él también,    
esta condición podrías ya cambiar.
El nudo diseñado no desharás,
negocio harás si él, con amor y paz
quiere le devuelvas lo que te ha dado.
A mí por contumaz, de no querer ver
ni Agria ni Buda, no me desagrada          (19)
desee recuperar lo que fue suyo
(si bien las mejores plumas ganadas
en mi muda me cortase), sería peor
de su afecto y merced fuera excluso,
que sin ninguna fe ni amor me nombre,
y que demuestre con palabras y guiños
el desprecio y odio hacia mi persona.
Y fue por esta razón que me retuve
de comparecer jamás delante suyo,
desde que fui a excusarme en vano.


Ludovico Ariosto (Reggio Emilia, 1474-Ferrara, 1533), Satire, Biblioteca Universale Rizzoli, Milán, 1990
La presenta versión y notas son de Angel Faretta


Notas:
1: Alessandro, el hermano menor de Ludovico que se mencionará otras veces en esta Sátira. Ludovico de Bagno secretario privado de Ippolito d’Este.
Contexto: en 1587, El cardenal y protector de Ariosto, Ippolito d’Este príncipe de Ferrara, se traslada a Agria-Ager- en Hungría, y le pide al poeta que sea parte de su comitiva, a lo que Ludovico se niega y que constituye el motto de esta sátira/epístgola. Escrita, circa octubre de ese año.

2: Valentino y Póstumo, médicos de la corte de Ferrara.

3: “stuffe”, de donde deriva tanto estufa como estofar (así como el lunfardismo “estufado”) no es el hogar a leña o chimenea, sino el cuarto caldeado con braseros o también con calefactores de porcelana cilíndricos puestos en los rincones, y en cuyo interior arden leños, generalmente aromáticos.

4: montes Rifeos o montañas Rifeas, nombre de un locus más mítico que orográfico, situado en la Escitia, locus también perteneciente a la geografía más simbólica que cartográfica. Ya citadas por Dante y Virgilio, es sinónimo de “Ultima Tule”

5: los tales vinos humosos posiblemente fueran vinos como el típico tokai húngaro, aromatizados con hierbas o especias. Ariosto hará en ésta y otras sátiras, varias, desde luego, referencias al vino. Para ello debe recordarse que a la manera griega o romana se lo tomaba todavía por entonces con agua porque el vino, sobre todo “rosso” o tinto resultaba muy espeso, a veces casi un jarabe y debía rebajárselo con agua.
Por cierto solo en algunas partes de Grecia, Italia, como de la Argentina, es posible ver todavía el hábito de rebajar el vino con agua o con soda. Hábito atávico que debe explicarse por esta memoria ritual, más allá de la calidad del vino que se ingiere.

6: Pasino, cocinero en jefe de la comitiva de Ippolito.

7: Francesco Siver, el raggioner, contador encargado de comprar alimentos. Véase más abajo.

8:“spenditor”. Expendedor. También “contador”, luego vuelto “raggioner” (o “raggionero”) en italiano, es el que lleva las cuentas de los gastos sobre todo alimenticios -¡múltiples, siendo italianos y del cinquecento! Ese “spendere”, que también tiene que ver con “el gasto” se volvió, vía el francés “depenser,” en el apellido inglés Spencer. La serie “dispensa-expensa” sería fascinante de seguir.

9: “Fante” apócope de infante. Tanto en la milicia como en la baraja, donde es la sota española. Refiere también a un criado menor, más bien un  mandadero. Sin entrar en demasía en los arcanos cartománticos, es la figura que viene o deviene tras el rey y el caballo-caballero. Que en la baraja francesa y luego inglesa fuera o se transformara en el “knave” o “joker”, refiere también al empleo de intermediario, tanto confidente como alcahuete. Es decir intermediario o parte intermedia de las otras dos figuras mayores. Por ello el carácter o “disegno” generalmente andrógino de la sota en la baraja española, por ejemplo, aunque también a veces en la del “joker”.
 Si en esta sátira vemos una figura real (Ippolito), más varias menciones a caballos y cabalgaduras, se hace más visible el empleo aquí del “fante” o de la sota.

10: “spiedo”. En el original “a tua alaria cotti”. “Alaria” es el espeto o espetón, pero preferimos la forma “spiedo” porque es, o fue, una forma italiana de cocción que fuera bien conocida por argentinos.

 11:“culiseo”, obvio juego de palabras obsceno con Coliseo. Interesante de observar que aquí en esta epístola satírica, el poeta no se arredra de pasar de la referencia más alta a la más baja, lo mítico, el juego de palabras y la obscenidad precisa corren por andariveles imaginarios paralelos.
 “Alaria” (spiedo) antes empleado como otras metáforas cumplen también a veces tales dobles y triples y –claro- cuádruples sentidos.

12: “barco” era “parco” (parque), en dialecto ferrarés, en el que por cierto está escrito buena parte de la obra de Ariosto, sobre todo sus comedias, aunque eso aparece también en diversos loci de las sátiras, como en el propio “Furioso”. Aquí el propio poeta revisó en su segunda edición estos dialectismos y los llevó un poco más hacia el toscano-florentino que ya se volvía por entonces la koiné italiana.

13: “I fiaschi in pozzo per la cena” es guardar los frascos de vino en pozos practicados en la tierra y húmedos para enfriarlos para la cena. Puede como tantos otros loci de la sátira tratarse de un doble sentido.
 “Hora nona”, las tres de la tarde. Una de las siete partes en que se dividía el día desde los romanos, y que la Iglesia continuó modo sui. Son: maitines a media noche, laudes al amanecer, prima (suprimida por el vaticano segundo, que otro poco suprime la misa), a las siete de la mañana; tercia, a las nueve, sexta al mediodía y nona a las tres. Es la hora del viernes en que Cristo expira en la cruz. Y la mención de Ariosto es justísima de una sátira, puesto que emplea o degrada elementos sacros en profanos.

14: Ariosto emplea toda serie de dicta anónimos, luego mal llamados “populares”. Aquí “más temprano que herrero bergamasco” (es decir de Bérgamo) refiere que tales se levantaban apenas despuntada el alba para sus trabajos, básicamente la de forjar clavos parar herrar caballos, con que la serie, caballo-caballeros-cabalgar-montura, et al., suma otro pliegue o matiz.

15: “torchia” en el original. De donde –como incontables palabras- viene el inglés “torch”, antorcha, tal vez otras de las tantas acuñadas casi cien años después por Giovanni Florio en Londres. Éste se las pasó a su amigo Shakespeare.
 Pongo “quinqué” por razones métricas y por el uso casi particular que le hemos dado a este pequeño farol de mano, que podía colgarse sobre los muros o en el postillón de un carruaje.

16: Ippolito le había dado a Ariosto la tercera parte de la canonjía del arzobispado de Milán, reservado otra tercera para su persona y el tercio restante para este Antonio Costabile.

17: Según casi todos los comentaristas y exégetas ariostescos, refiere al poeta Andrea Marone, que pidió acompañar a Ippolito, cosa que éste rechazó. Pero claro está que Marón refiere así también a Virgilio, es decir Publio Virgilio Marón (Publius Vergilius Maro), con lo cual aparte del apócope que el italiano emplea a piacere (amore/amor, onore/onor) Ariosto reduplica el ritmo de su sátira al ironizar con este poeta que juega aquí el rol del cortesano obsecuente, es decir la otredad personificada de su epístola satírica en marcha.

18: “zara”, juego practicado con tres dados; contracción de azar.

19: “Agria” y “Buda”, ciudades húngaras. La primera es Ager, y la segunda luego unida a Pest, situada en la otra orilla del Danubio, formaría Budapest.




SATIRA I

A MESSER ALESSANDRO ARIOSTO
ET A MESSER LUDOVICO DA BAGNO



Io desidero intendere da voi,
Alessandro fratel, compar mio Bagno,
s'in corte è ricordanza più di noi;

se più il signor me accusa; se compagno
per me si lieva e dice la cagione
per che, partendo gli altri, io qui rimagno;

o, tutti dotti ne la adulazione
(l'arte che più tra noi si studia e cole),
l'aiutate a biasmarme oltra ragione.

Pazzo chi al suo signor contradir vole,
se ben dicesse c'ha veduto il giorno
pieno di stelle e a mezzanotte il sole.

O ch'egli lodi, o voglia altrui far scorno,
di varie voci subito un concento
s'ode accordar di quanti n'ha dintorno;

e chi non ha per umiltà ardimento
la bocca aprir, con tutto il viso applaude
e par che voglia dir: «anch'io consento».

Ma se in altro biasmarme, almen dar laude
dovete che, volendo io rimanere,
lo dissi a viso aperto e non con fraude.

Dissi molte ragioni, e tutte vere,
de le quali per sé sola ciascuna
esser mi dovea degna di tenere.

Prima la vita, a cui poche o nessuna
cosa ho da preferir, che far più breve
non voglio che 'l ciel voglia o la Fortuna.

Ogni alterazione, ancor che leve,
ch'avesse il mal ch'io sento, o ne morei,
o il Valentino e il Postumo errar deve.

Oltra che 'l dicano essi, io meglio i miei
casi de ogni altro intendo; e quai compensi
mi siano utili so, so quai son rei.

So mia natura come mal conviensi
co' freddi verni; e costà sotto il polo
gli avete voi più che in Italia intensi.

E non mi nocerebbe il freddo solo;
ma il caldo de le stuffe, c'ho sì infesto,
che più che da la peste me gli involo.

Né il verno altrove s'abita in cotesto
paese: vi si mangia, giuoca e bee,
e vi si dorme e vi si fa anco il resto.

Che quindi vien, come sorbir si dee
l'aria che tien sempre in travaglio il fiato
de le montagne prossime Rifee?

Dal vapor che, dal stomaco elevato,
fa catarro alla testa e cala al petto,
mi rimarei una notte soffocato.

E il vin fumoso, a me vie più interdetto
che 'l tòsco, costì a inviti si tracanna,
e sacrilegio è non ber molto e schietto.

Tutti li cibi sono con pepe e canna
di amomo e d'altri aròmati, che tutti
come nocivi il medico mi danna.

Qui mi potreste dir ch'io avrei ridutti,
dove sotto il camin sedria al foco,
né piei, né ascelle odorerei, né rutti;

e le vivande condiriemi il cuoco
come io volessi, et inacquarmi il vino
potre' a mia posta, e nulla berne o poco.

Dunque voi altri insieme, io dal matino
alla sera starei solo alla cella,
solo alla mensa come un certosino?

Bisognerieno pentole e vasella
da cucina e da camera, e dotarme
di masserizie qual sposa novella.

Se separatamente cucinarme
vorà mastro Pasino una o due volte,
quattro e sei mi farà il viso da l'arme.

S'io vorò de le cose ch'avrà tolte
Francesco di Siver per la famiglia,
potrò matina e sera averne molte.

S'io dirò: «Spenditor, questo mi piglia,
che l'umido cervel poco notrisce;
questo no, che 'l catar troppo assottiglia»

per una volta o due che me ubidisce,
quattro e sei mi si scorda, o, perché teme
che non gli sia accettato, non ardisce.

Io mi riduco al pane; e quindi freme
la colera; cagion che alli dui motti
gli amici et io siamo a contesa insieme.

Mi potreste anco dir: «De li tuoi scotti
fa che 'l tuo fante comprator ti sia;
mangia i tuoi polli alli tua alari cotti».

Io, per la mala servitude mia,
non ho dal Cardinale ancora tanto
ch'io possa fare in corte l'osteria.

Apollo, tua mercé, tua mercé, santo
collegio de le Muse, io non possiedo
tanto per voi, ch'io possa farmi un manto.

«Oh! il signor t'ha dato...» io ve 'l conciedo,
tanto che fatto m'ho più d'un mantello;
ma che m'abbia per voi dato non credo.

Egli l'ha detto: io dirlo a questo e a quello
voglio anco, e i versi miei posso a mia posta
mandare al Culiseo per lo sugello.

Non vuol che laude sua da me composta
per opra degna di mercé si pona;
di mercé degno è l'ir correndo in posta.

A chi nel Barco e in villa il segue, dona,
a chi lo veste e spoglia, o pona i fiaschi
nel pozzo per la sera in fresco a nona;

vegghi la notte, in sin che i Bergamaschi
se levino a far chiodi, sì che spesso
col torchio in mano addormentato caschi.

S'io l'ho con laude ne' miei versi messo,
dice ch'io l'ho fatto a piacere e in ocio;
più grato fòra essergli stato appresso.

E se in cancellaria m'ha fatto socio
a Melan del Constabil, sì c'ho il terzo
di quel ch'al notaio vien d'ogni negocio,

gli è perché alcuna volta io sprono e sferzo
mutando bestie e guide, e corro in fretta
per monti e balze, e con la morte scherzo.

Fa a mio senno, Maron: tuoi versi getta
con la lira in un cesso, e una arte impara,
se beneficii vuoi, che sia più accetta.

Ma tosto che n'hai, pensa che la cara
tua libertà non meno abbi perduta
che se giocata te l'avessi a zara;

e che mai più, se ben alla canuta
età vivi e viva egli di Nestorre,
questa condizïon non ti si muta.

E se disegni mai tal nodo sciorre,
buon patto avrai, se con amore e pace
quel che t'ha dato si vorà ritorre.

A me, per esser stato contumace
di non voler Agria veder né Buda,
che si ritoglia il suo sì non mi spiace

(se ben le miglior penne che avea in muda
rimesse, e tutte, mi tarpasse), come
che da l'amor e grazia sua mi escluda,

che senza fede e senza amor mi nome,
e che dimostri con parole e cenni
che in odio e che in dispetto abbia il mio nome.

E questo fu cagion ch'io me ritenni
di non gli comparire inanzi mai,
dal dì che indarno ad escusar mi vienni.

Imagen: Ariosto por Cristofano Dell'Altissimo

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