lunes, marzo 31, 2014

Tibulo / Décima elegía















[“El sueño de la razón produce monstruos”
Francisco de Goya

“El monstruo de la razón engendra sueños”
Juan Gelman,
inmenso en algún lugar]


Tibulo (liber I, elegeia X)

¿quién fue el primero que dio a conocer las horrorosas armas?
tan cruel fue y verdaderamente insensible aquel: entonces:
nacida la matanza del género humano, entonces las guerras:
un más breve camino fue abierto hacia la muerte funesta:
aquel mísero, sin embargo, nada mereció: para nuestro propio mal
empleamos lo que aquel nos dio en defensa de las fieras salvajes:
este vicio existe por el oro ambicioso: ni guerras había cuando una copa
de madera había junto al plato de comida ni fortalezas ni trincheras había
y el pastor buscaba seguro los sueños entre el rebaño de sus muchas ovejas
fuera mi vida de aquel tiempo y no hubiera conocido las tristes armas ni hubiera
oído con el corazón exaltado la trompeta: ahora a la guerra me arrastran, y ya
algún enemigo acaso lleva los dardos que habrán de detenerse en mi costado:
Lares de mi padre, protéjanme: ustedes mismos me alimentaron y sostuvieron
cuando, tierno, de niño gateaba ante sus pies: no los avergüence haber sido hechos
de un antiguo tronco, así habitaron la antigua casa de mis abuelos: entonces
guardaban mejor la fe, cuando un dios de madera humilde culto recibía en un
templo pequeño: este era complacido si alguien ofrecía un racimo de uva
o si ofrecía ramillete de espigas a su santa cabellera y alguno que ha obtenido
lo deseado llevaba él mismo detrás de la compañía de su hija un puro panal:
aparten de nosotros, Lares, el tejido de acero, y un cerdo en rústica ofenda
de mi campo repleto sacrificaré, y lo seguiré con vestido puro y una canasta
adornada con mirto llevaré y yo mismo con mirto en mi cabeza: quiera esto les
agrade: otros sean fuertes en las armas: sea Marte favorable y venza a los
guerreros adversos, para que a mí pueda el soldado decirme sus hechos, y
bebiendo en la mesa pueda yo dibujar, mojado un dedo con vino, al ejército:
qué es este furor de llamar a la negra muerte con guerras?: inminente la guerra
con sigiloso paso viene oculta: no hay campos a cosechar allá abajo, no hay, no
cultos viñedos, sino Cerbero el audaz y el terrible barquero de Estigia: en este lugar
consumidos el pelo y mejillas, la pálida turba yerra hacia lagos oscuros: cuánto
más alabado aquel a quien, criados sus hijos, la tarda vejez encuentra en su pequeña casa:
él mismo cuida sus a ovejas, el hijo los corderos y la esposa prepara agua tibia
para el cansado: sea yo así, pueda mi cabeza brillar de canas y en mi vejez
contar historias de viejos tiempos: entre tanto, la paz proteja los campos: la bella paz
primero condujo a bueyes hacia el arado bajo curvos yugos: viñedos la paz alimentó
y vertió jugos de uva hasta que el vino llenara para el hijo la vasija paterna: con la paz
brillan la azada, el arado y el óxido invade a las tristes armas en la oscuridad del duro soldado:
el rústico mismo, sobrio del bosque en el carro vuelve a la casa con su hijo, su mujer: hay
pues solamente la guerra del amor, entonces: con sueltos cabellos la mujer, forzadas
las puertas: llora lastimadas las tiernas mejillas: el mismo vencedor llora si extasiadas
sus manos hubieren sido lastimantes: el malicioso amor de la disputa provee palabras
malas y entre ellos se sienta irritado: es insensible cualquiera que a una piedra preciosa
a su muchacha maltrate: este arrancaría seguramente del cielo a los dioses: baste quitar
el tenue vestido de los miembros baste el ornato de su cabellera desemprolijar para
moverlo a las lágrimas: feliz cuatro veces feliz aquel que puede enardecido lograr
lágrimas en su muchacha: pero el que sea con las manos agresivo y lleve escudo
y sudor manténgase lejos de la tierna Venus: seas con nosotros, alma paz:
derrame frutos sujetando una espiga tu ardoroso seno

Albio Tibulo (Gabii, Lazio, 54 a.C.-Roma, 19 a.C.)
Versión de Ignacio Uranga

Imagen: Tibulo imaginado por Lawrence Alma-Tadema: Tibullus at Delia's (detalle), 1866

X

Quis fuit, horrendos primus qui protulit enses?
Quam ferus et vere ferreus ille fuit!
Tum caedes hominum generi, tum proelia nata,
Tum brevior dirae mortis aperta via est.
5
An nihil ille miser meruit, nos ad mala nostra
Vertimus, in saevas quod dedit ille feras?
Divitis hoc vitium est auri, nec bella fuerunt,
Faginus adstabat cum scyphus ante dapes.
Non arces, non vallus erat, somnumque petebat
10
Securus sparsas dux gregis inter oves.
Tunc mihi vita foret, volgi nec tristia nossem
Arma nec audissem corde micante tubam;
Nunc ad bella trahor, et iam quis forsitan hostis
Haesura in nostro tela gerit latere.
15
Sed patrii servate Lares: aluistis et idem,
Cursarem vestros cum tener ante pedes.
Neu pudeat prisco vos esse e stipite factos:
Sic veteris sedes incoluistis avi.
Tum melius tenuere fidem, cum paupere cultu
20
Stabat in exigua ligneus aede deus.
Hic placatus erat, seu quis libaverat uva,
Seu dederat sanctae spicea serta comae,
Atque aliquis voti compos liba ipse ferebat
Postque comes purum filia parva favum.
25
At nobis aerata, Lares, depellite tela,
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • 
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Hostiaque e plena rustica porcus hara.
Hanc pura cum veste sequar myrtoque canistra
Vincta geram, myrto vinctus et ipse caput.
Sic placeam vobis: alius sit fortis in armis
30
Sternat et adversos Marte favente duces,
Ut mihi potanti possit sua dicere facta
Miles et in mensa pingere castra mero.
Quis furor est atram bellis accersere mortem?
Inminet et tacito clam venit illa pede.
35
Non seges est infra, non vinea culta, sed audax
Cerberus et Stygiae navita turpis aquae;
Illic percussisque genis ustoque capillo
Errat ad obscuros pallida turba lacus.
Quam potius laudandus hic est, quem prole parata
40
Occupat in parva pigra senecta casa.
Ipse suas sectatur oves, at filius agnos,
Et calidam fesso conparat uxor aquam.
Sic ego sim, liceatque caput candescere canis,
Temporis et prisci facta referre senem.
45
Interea pax arva colat. pax candida primum
Duxit araturos sub iuga curva boves,
Pax aluit vites et sucos condidit uvae,
Funderet ut nato testa paterna merum,
Pace bidens vomerque nitent - at tristia duri
50
Militis in tenebris occupat arma situs -
Rusticus e lucoque vehit, male sobrius ipse,
Uxorem plaustro progeniemque domum.
Sed Veneris tum bella calent, scissosque capillos
Femina perfractas conqueriturque fores.
55
Flet teneras subtusa genas, sed victor et ipse
Flet sibi dementes tam valuisse manus.
At lascivus Amor rixae mala verba ministrat,
Inter et iratum lentus utrumque sedet.
A, lapis est ferrumque, suam quicumque puellam
60
Verberat: e caelo deripit ille deos.
Sit satis e membris tenuem rescindere vestem,
Sit satis ornatus dissoluisse comae,
Sit lacrimas movisse satis: quater ille beatus,
Quo tenera irato flere puella potest.
65
Sed manibus qui saevus erit, scutumque sudemque
Is gerat et miti sit procul a Venere.
At nobis, Pax alma, veni spicamque teneto,
Perfluat et pomis candidus ante sinus.


domingo, marzo 30, 2014

Raquel Jaduszliwer / Armonía del mundo



                 










Los movimientos planetarios no son, así, más que una misma polifonía continua que progresa a través de tensiones disonantes hasta ciertos puntos de consumación.
 Johannes Kepler: La armonía del mundo (1619)                      


Armonía del mundo  
ya es hora  
se abre un párpado
es el día que avanza    se hace descifrar
las cosas se disuelven y todo aguarda y tiembla
arroja su pregunta como un hilo de agua
¿quién volvió de la noche con su lámpara?
¿hay alguien que contesta?
¿por qué el sueño retiene a la presa que somos en su carcasa inmóvil?
¿y quién en esta hora responde por sus muertos?
¿por qué ninguno de ellos regresa todavía?

armonía del mundo
dónde estará ese arco perfecto en que creíamos
a ciegas en la luz comienza el día
la armonía del mundo se pliega y se despliega                          
en su limbo de luz  
en su crisálida
     
Raquel Jaduszliwer (San Fernando, Buenos Aires), La noche con su lámpara, Fundación Victoria Ocampo, 2014



sábado, marzo 29, 2014

Kenneth Fearing / Estadísticas













Sesenta personas, hoy, se dispondrán a viajar a tierras más soleadas
     y cielos más azules.
Al atardecer, doscientas se detendrán por un instante para contemplar
     el vuelo de los pájaros hacia el sur.
En cinco mil habitaciones se dibujarán sombras, se graduarán las lámparas,
     se ubicarán las mesas, se dispondrán las cartas para el solitario.
Hoy, noventa y cuatro se divorciarán, mientras que treinta y tres
     personas conseguirán un gran, aunque inesperado, éxito financiero.
Veintiuna, hoy, serán elegidas para morir.
Estas son las cifras, incontrovertibles; estos los hechos.
Sesenta, doscientas, cinco mil, noventa y cuatro, treinta y tres, veintiuna.
Actuario de actuarios, cuando estos números ordenados
     sean cumplimentados a la hora establecida, ¿qué se hará para verificarlos
     y redimirlos, para explicarlos y preservarlos?
¿De qué modo serán contabilizados, además de como carne
     y sangre de personas,
¿Como frías sumas o sustracciones? Y ¿con qué vehemente máquina de calcular?
Porque la necesidad de que la respuesta sea correcta es enorme.

Kenneth Fearing (Oak Park, Illinois, 1902-Nueva York, 1961), New and Selected Poems, Indiana University Press, 1956
Versión de Jonio González


Statistics

Sixty souls, this day, will arrange for travel to brighter
lands and bluer skies.
At sunset, two thousand will stop for a moment to watch
birds flying south.
In five thousand rooms the shades will be drawn, with the
lamps adjusted, the tables prepared, and the cards
arranged for solitaire.
This day, ninety-four will divorce, while thirty-three
persons meet great, though unexpected, financial
success.
Twenty-one, on this day, will elect to die.
These are the figures, incontrovertibly; such are the facts.
Sixty, two thousand, five thousand, ninety-four, thirty
three, twenty-one.
Actuary of actuaries, when these ordained numbers shall
have been fulfilled at the scheduled hour,
What shall be done to prove and redeem them, to explain
and preserve them?
How shall these accounts be balanced, otherwise than in
personal flesh and blood?
By cold addition or subtraction? And on what fiery
comptometer?
Because the need for an answer that is correct is very great.

viernes, marzo 28, 2014

Gerard Smyth / de "Midwest Postscript"












2. Grandes cielos

No hay cercas aquí donde el único visitante
es la ventisca o el tornado,
donde los tallos del maíz se secan y las largas carreteras se vacían.

Los silos se ven abandonados, expuestos –
pero cada uno contiene algo que es noble,
una cosecha de granos o cosechas de historias.

El águila, el jote, el pavo salvaje
están viviendo el instante en su mundo elemental.
En el mapa de cinco dólares hay rastros

de Francia en la nomenclatura: St Croix,
St Cloud, La Salle pero más cerca de la leyenda
Están Redwood Falls, Stillwater, Minnehaha.

No es el camino más rápido a través de la historia estadounidense,
este tren que rueda bajo grandes cielos
llevándonos a orillas abajo del Mississippi –

ese río que corre como una lenta mecha, de norte a sur
que atraviesa lugares donde no viven
sólo de pan, no buscan los consuelos de la ciudad.

Gerard Smyth (Dublín, 1951), de la serie “Midwest Postscript”, inédita
Traducción : Jorge Fondebrider


2 Big Skies

No fences here where the only visitor 
is the blizzard or twister, 
where cornstalks wither and the long roads are clear. 

The silos look forlorn, exposed – 
but each one holds something that is noble, 
a harvest of grain or harvest of stories. 

The eagle, the buzzard, the wild turkey 
are living the moment in their elemental world.
On the five-dollar map there are traces                       

of France in the nomenclature: St Croix,
St Cloud, La Salle but closer to legend 
are Redwood Falls, Stillwater, Minnehaha.                              

It is not the quickest way through American history,
this train that trundles under big skies,
carrying us down banks of the Mississippi – 

that river that runs like a slow fuse, north to south
that passes through places where they do not live 
by bread alone, do not seek the consolations of the city. 

jueves, marzo 27, 2014

Horacio / Me evitas, Cloe...















[Carmen 1:23]

Me evitas, Cloe, tal cual si un cervatillo fueras
que busca por inaccesibles montes a la madre
-espantada-, no sin vano temor de selvas y brisas:

el volver de la primavera: entonces tiembla, pues
si en movimiento las hojas, si verdes reptiles agitan
una zarza: el corazón, las piernas tiémblanle:

no te persigo como áspero tigre ni león de Getulia
para acaso destrozarte: deja a tu madre
y marcha entonces adulta con este hombre.

Horacio (Quintus Horatius Flaccus, Venusia, hoy Venosa, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.)
Versión de Ignacio Uranga


carm. 1.23 (Metrum: Asclepiadeum tertium)

Vitas inuleo me similis, Chloe,
quaerenti pavidam montibus aviis
    matrem non sine vano
        aurarum et siluae metu.

  nam seu mobilibus veris inhorruit
adventus foliis seu virides rubum
    dimovere lacertae,
        et corde et genibus tremit. 

      atqui non ego te tigris ut aspera
 Gaetulusve leo frangere persequor:
       tandem desine matrem
          tempestiva sequi viro.

miércoles, marzo 26, 2014

Kenneth Fearing / X menos X


















Aun cuando tu amiga, la radio, haya callado; aun cuando su sueño,
el programa, haya terminado; aun cuando su vida,
la teletipo, esté en silencio; aun cuando su destino,
el bulevar, esté desierto;
Y cierre ese paraíso, la sala de baile, y esté a oscuras
ese teatro, la clínica,
Permanecerá tu deseo, y el de ella, y las esperanzas de él
          y de ellos,
Tu risa, su risa,
Tu blasfemia, la blasfemia de él, la recompensa de ella, la de
         ellos, la consternación de estos, de él, de ella y tuya...
Aun cuando tu enemigo, el recaudador, haya muerto; aun cuando
tu consejero, el vendedor, esté durmiendo; aun cuando
tu novia, la reina de la pantalla, haya hablado; aun cuando
tu amigo, el magnate, se haya ido.


Kenneth Fearing (Oak Park, Illinois, 1902-Nueva York, 1961), New and Selected Poems, Indiana University Press, 1956
Versión de Jonio González


X Minus X

Even when your friend, the radio, is still; even when her dream,
          the magazine, is finished; even when his life, the ticker, is
          silent; even when their destiny, the boulevard, is bare;
And after that paradise, the dance-hall, is closed; after that
 theater, the clinic, is dark,

Still there will be your desire, and hers, and his hopes and
          theirs,
Your laughter, their laughter,
Your curse and his curse, her reward and their reward, their
          dismay and his dismay and her dismay and yours—
Even when your enemy, the collector, is dead; even when your c
          ounsellor, the salesman, is sleeping; even when your
          sweetheart, the movie queen, has spoken; even when your
          friend, the magnate, is gone.


Foto: Kenneth Fearing por Jean Purcell, 1940, en Modern American Poetry

martes, marzo 25, 2014

William Carlos Williams / Paterson, 18




Libro Dos
Domingo en el Parque 
I (cont. y final)







             Caminando  —
mirando abajo (desde un borde) hacia esta madriguera cubierta
de hierba
(algo alejada del tráfico)
sobre sus frentes
¡una luna! donde ella permanece sudando a su lado:

Ella se mueve, afligida,
hacia él—herido (borracho), se mueve
hacia él (un bulto) deseoso,
hacia él, aburrido     .

flagrantemente aburrido y dormido, una botella de
cerveza todavía en su mano como una lanza
sostenida    .

mientras los pequeños insomnes niños, que
han trepado las columnas de rocas
proyectadas sobre la pareja (donde ellos descansan
a la vista sobre el césped, sitiados—

descuidados en su estrecha celda bajo
los pies de la multitud) mirando hacia abajo,
¡desde la historia!
hacia ellos, asombrados y bajo la luz
asexuada (de la infancia) igualmente aburridos,
se desbandan     .

¡Allí donde
el movimiento late abiertamente
y puedes oír a los evangelistas gritar!

acercándose a
ella—flaca como una cabra— apoya
su flaco vientre en la espalda del hombre
jugando con las trabas de sus
tiradores     .

—a lo que él añade su  voz inútil:
hasta que en su sueño avanza
una música total, inequívoca (en
su sueño, sudando en su sueño—luchando
contra el sueño, ¡jadeante!)
—y no despierta.

Ve, vivo (dormido)
—el estruendo de las cataratas entrar
a su sueño (para ser cumplido)

renacido
en su sueño—diseminado por la montaña
separadamente     .

—con lo que la atrae, separadamente.

Y la multitud amnésica (los diseminados),
convocados  — se esfuerza
por atrapar el movimiento de una voz    .

oye,
¡Placer! ¡Placer!

—siente,
medio abatido, la tarde de voces
complejas la propia—
y se alivia
(revive)

Un policía dirige el tránsito
sobre la calle principal hasta
una ladera boscosa hacia
los sanitarios:

robles, cerezos,
cornejos, blancos y verdes, encinas   :
duras raíces enroscadas en la superficie
—la mayoría muertas: salientes rocosas
pulidas por los pies de los excursionistas:
azafrán de corteza dulce     .

sostenidos por grasa rancia:

deformidad—

—para ser descifrada (¡un corno, una trompeta!)
una elucidación por multiplicidad,
una corrosión, un cuajada de parásitos, un clarín
para creer, para ser buenos perros    :

NO SE ADMITEN PERROS SUELTOS EN ESTE PARQUE

William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, William Carlos Williams, New Directions, New York, 1963
versión © Silvia Camerotto


Book Two
Sunday in the Park I

Walking   — /look down (from a ledge) into this grassy /den /(somewhat removed from the traffic) /above whose brows /a moon! where she lies sweating at his side: //She stirs, distraught, /against him—wounded (drunk), moves /against him (a lump) desiring /against him, bored     . //fragrantly bored and sleeping, a /beer bottle still grasped spear-like /in his hand       . //while the small, sleepless boys, who /have climbed the columnar rocks /overhanging the pair (where they lie /overt upon the grass, besieged— //careless in their narrow cell under /the crowd’s feet) stare down, /from history! /at them, puzzled and in the sexless /light (of childhood) bored equally, /go charging off     . //There where /the movement throbs openly /and you can hear the Evangelist shouting! //—moving nearer /she—lean as a goat—leans  /her lean belly to the man’s backside /toying with the clips of his /suspenders    . /—to which he adds his useless voice: /until there moves in his sleep /a music that is whole, unequivocal (in     /his sleep, sweating in his sleep—laboring /against sleep, agasp!) //—and does not waken. //Sees, alive (asleep) /—the fall’s roar entering /his sleep (to be fulfilled) /reborn /in his sleep—scattered over the mountain /severally       . //—by which he woos her, severally. //And the amnesic crowd /(the scattered), /called about   —  strains /to catch the movement of one voice        . //hears, /Pleasure! Pleasure! /—feels, /half dismayed, the afternoon of complex /voices its own—/ and is relieved /(relived) //A cop is directing traffic /across the main road up
a little wooded slope toward /the conveniences: //oaks, choke-cherry, /dogwoods, white and green, iron-wood    : /humped roots matted into the shallow soil /—mostly gone: rock out-croppings /Polished by the feet of the picnickers: /sweetbarked sassafras      . //leaning from the rancid grease: /deformity— /—to be deciphered (a horn, a trumpet!) /an elucidation by multiplicity, /a corrosion, a parasitic curd, a clarion /for belief, to be good dogs    : //NO DOGS ALLOWED AT LARGE IN THIS PARK.


lunes, marzo 24, 2014

Robert Lowell / A la venta










Pobre juguete avergonzado,
organizado con despilfarradora animosidad,
vivió durante solo un año:
la casita de papá en Berverly Farms
ya estaba a la venta el mismo mes en que murió.
Vacía, abierta, íntima,
su mobiliario de casa de ciudad
tenía un aire provisorio
como si esperara a los de la mudanza,
que van pisando los talones a los sepultureros.
Preparada, asustada
de vivir sola hasta los ochenta,
mamá languidecía en la ventana
como si se hubiera quedado en el tren
una estación más allá de su destino.

de Life Studies (1959)

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Apuntes autobiográficos y algunos poemas, traducción de Sergio Coddou, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013


For Sale

Poor sheepish plaything,
organized with prodigal animosity,
lived in just a year—
my Father’s cottage at Beverly Farms
was on the market the month he died.
Empty, open, intimate,
its town-house furniture
had an on tiptoe air
of waiting for the mover
on the heels of the undertaker.
Ready, afraid
of living alone till eighty,
Mother mooned in a window,
as if she had stayed on a train
one stop past her destination.

domingo, marzo 23, 2014

Enrique Lihn / De "Estación de los desamparados", 4










No cambiaré para nada esa mínima venganza
escandalosa.
Si me llamaras por teléfono
yo, tu inseguro servidor, simularía una voz distinta a la que hiciste temblar.
Mi conversación te remontará, poco a poco, a otros días
hasta que comprendas: hablaré
de ti con otra y de otra contigo
igual que Manzanero.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1919-1988), Estación de los desamparados, Premia Editora, Libros del Bicho 29, Ciudad de México, 1982

sábado, marzo 22, 2014

W. N. Herbert / Hechos sobre cosas










Las cosas se cansan.
A las cosas les gusta tumbarse.
Las cosas se ponen contentas cuando,
sin razón, colapsan.

La botella de plástico francesa, todavía media llena,
ese libro de tapa blanda, ahí apoyado en
otro libro, soñoliento:
pronto querrán salir,

pronto los encontrarás en el pasto
con los envases vacíos de lavandina y ese pedazo
de cartel de inmobiliaria
que está cubierto de mugre fina como máscara.

La bolsa de plástico que doblaste
se siente constreñida por ti y quiere
colgar de los arbustos, pareciéndose a un espíritu
despatarrado y haciendo dedo.

Las cosas son holgazanas, vagabundas, transitorias;
prefieren cuando llueve.
A las lamparitas les gusta estar tiradas en ese mismo
pasto crecido, no cortado, fortuito

y observar el efecto de embudo: el modo
de mirar hacia la lluvia, todo parece
inclinarse hacia ti,
el modo en que pareces gustarle a la lluvia.

A las cosas que no decaen
les gusta más en los arbustos, les gusta
estar parcialmente enterradas.
Les gusta la frescura del pasto.

A la mayoría de ellas, les gusta
cuando llueve.

W. N. Herbert (Dundee, Escocia, 1961), Omnesia: remix, Bloodaxe Books, Newcastle, 2013
Traducción de Jorge Fondebrider


Facts about Things

Things are tired.
Things like to lie down.
Things are happiest when,
for no reason, they collapse.

That French plastic bottle, still half-full,
that soft-back book, just leaning on
another book, drowsily:
soon they will want to go outside,

soon you will find them in the grass
with the empty bleaching cans and that part
of an estate agent’s sign
that’s covered in a fine grime like mascara.

That plastic bag you’ve folded up
feels constrained by you and wants
to hang from bushes, looking like a spirit,
sprawled and thumbing a lift.

Things are bums, tramps, transitories:
they prefer it when it’s raining.
Lightbulbs like to lie in that same
long, uncut, casual grass

and watch the funnel effect: the way
on looking up the rain, all seems
to bend towards you,
the way the rain seems to like you.

Things which do not decay
like it best in shrubbery, they like
to be partly buried.
They like the coolness of the grass.

Most of all, they like it
when it rains.

viernes, marzo 21, 2014

Carlos Godoy / Los principios del federalismo















Una tarde escuché a mi vecino gritar pidiendo ayuda.

No me animé a salir y pensé en que otro vecino podría acudir.
De todos modos me senté junto a la puerta
y esperé atento.

O no había nadie o nadie quería ayudarlo.

El hombre forzaba tanto la voz que empezó a toser
y a ahogarse mientras gritaba.

Yo me vestí, calenté agua para un café
y seguí apoyado sobre la puerta escuchando los gritos.

De un momento a otro se calló.
Después lo escuché toser durante varias noches.

En el lapso de las dos o tres semanas siguientes
me lo crucé en el supermercado
y me saludó como siempre con un movimiento de cabeza.

Carlos Godoy (Córdoba, 1983), 30.30 poesía argentina del siglo XXI, Editorial Municipal de Rosario, 2013

jueves, marzo 20, 2014

Juan Carlos Flores / de "El contragolpe"














Visto desde el suelo

Amanece y están en la montaña, respirar otro aire y están en la montaña, gozar es mejor que sufrir y están en la montaña, jugar es mejor que matar y están en la montaña, ex-civilistas, lastre abajo, atraviesan la ley, buscando algún tubo de escape.


El repartidor de biblias

El repartidor de biblias, Dios o su mensajero, va de casa en casa distribuyendo biblias. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Bombas de humo, para que tú en el invisible te conviertas. Algo por los asediados hay que hacer.

Juan Carlos Flores (La Habana, 1962), El contragolpe (y otros poemas horizontales),  Letras Cubanas, La Habana, 2009

Más poemas en Fogonero emergente
Foto: Flores en Penúltimos Días
Un estudio de Julio Ortega aquí

miércoles, marzo 19, 2014

Melinda Depetris / Construiste el escenario para tus días













Construiste el escenario para tus días
ese que te hace juego con las lentejuelas de la remera
te dedicaste a bailar abrazando gente posás para las fotos
muchas sonrisas y un mantel bonito
ya lo sé, quiero explotar en la vía pública
que mi relleno sea papel picado y pulpa de pomelo rosado
me gustan las texturas, ese momento en el que
no encontramos otras palabras para decir
que a cierta hora el fin del mundo éramos nosotros.

Melinda Depetris (Punta Alta, 1985), 30.30 poesía argentina del siglo XXI, Editorial Municipal de Rosario, 2013

martes, marzo 18, 2014

Gabriel Ferrater / Mala memoria












La pared era de piedras enormes
y blanqueada con cal azulada. La cama
(un armatoste, reparada
con listones de madera de una caja de coñac),
arrimada al muro, era un caballo
de toros que derramaba las entrañas:
dos colchones de mazorca, gris
el de abajo y rojo el de arriba,
mal cubiertos por la sábana enmascarada
de polvo y betún, ya que los zapatos
no suelen molestar en el amor
de precio más bajo. La chica que vendía
dentro de un alvéolo de aquel pueblo gótico,
su cuerpo poco formado, rudimentario
como la plebe, muy antigua y muy moderna,
hablaba con acento castellano, y era triste.
Dijo que se llamaba Victoria. Tenía
una foto de su prometido, y dos
nada más, de ella misma: una a los catorce años,
la otra del pasaporte.
                                       No sé qué hacer
con la barra de lacre que nos viene a los dedos
cuando registramos un escritorio viejo,
en la noche cerrada, mientras se agrieta un gallo.


Gabriel Ferrater (Reus,1922 - Sant Cugat del Vallès, 1972),  Les dones i els dies, Edicions 62, Barcelona, 2010
Versión de Aníbal Cristobo


Mala memòria

La paret era de carreus enormes
i emblanquinada amb calç blavosa. El llit
(una gran baluerna, reparada
amb llates d’una caixa de conyac)
arrambat a la pedra, era un cavall
de toros, que abocava les entranyes:
dos matalassos de panolla, gris
el de sota i vermell el de damunt,
mal coberts pel llençol emmascarat
de pols i de betum, car les sabates
no es creu que facin nosa per l’amor
de preu més baix. La noia que venia
dins d’un alvèol d’aquell poble gòtic
el seu cos poc format, rudimentari
com la plebs, molt antiga i molt moderna,
parlava amb accent xava, i era trist.
Diu que es deia Victòria. Tenia
una foto del seu promès, i dues
només, de seves: una als catorze anys,
l’altra de passaport.
                                     No sé què fer-ne,
com la barra de lacre que ens ve als dits
quan regirem un escriptori vell,
dins l’alta nit, mentre s’esquerda un gall.


lunes, marzo 17, 2014

Chella Courington / Cuando murió Berryman













Dejó los zapatos, unos gastados mocasines,
en el puente. Era un par de cuero de cabra
que podría haberse quitado
en cualquier parte: en la universidad,
junto al escritorio, debajo de una mesa del café Tate,
a los pies de la cama de un amante.

Todas las noches pensaba, mañana.
Por la mañana, se acordaba
de su traje en la tintorería, de su ensayo
sobre Marlowe, de los estudiantes que esperaban
ante la puerta de su despacho. El 7 de enero
las razones se agotaron.

Se lavó y recortó la barba,
se puso una camisa nueva.
Poco a poco caminó
hacia el puente.

Chella Courington (Alabama, 1956), en gravity and light
Versión de Jonio González

El poema está dedicado, se entiende, al poeta John Berryman, nacido en McAlister, Oklahoma, en 1914, quien se arrojó del  puente de la Avenida Washington en Minneapolis, Minnesota, en 1972 (N. de R.)


When Berryman Died

He left his shoes, scuffed loafers, 
on the bridge. A cordovan pair 
he could have shed 
anywhere: at the university, 
beside his desk, under Tate’s coffee table,
at the foot of a lover’s bed. 

Every night he thought, tomorrow. 
Mornings, he remembered
his suit at the cleaners, his essay
on Marlowe, students waiting 
outside his office. January 7
reasons ran dry. 

He bathed and trimmed his beard, 
put on a new shirt. 
In eight degrees he walked 
to the bridge.

domingo, marzo 16, 2014

Edwin Yllescas / A la misteriosa, andantes III y IV
















A la misteriosa
(Andante III)

Breve fue su tiempo, acaso súper y restaurante.
Temerosa del gentío al lado, el vino fue casero
blanco, o tinto siempre asaz calentó la palabra.
Los avíos de cena llegaron special delivery.
Sentencia atroz, rodó cabeza y cuerpo tumultuoso.
Colgaron y nunca nadie advirtió la horca soleada
su sistema de cuerdas y contra pesos, nadie lo vio.
Adversos al murmurador, su chiribitil fue extraño;
lobos de Gubia permanecieron en su risco
rapada en su lana negra, ella devoró oveja y pastor
vesperal siempre hubo en él, hueso por lamer y roer.
Tal como uno que sueña haber soñado con Dios
temerosos guardaron astillas para más adelante
y como no sabían dónde queda el espacio en el tiempo
buscaron redomada batalla, apenas reposo, orillados
en la puerta del más adelante. Siempre supieron, al pretérito
sólo suyo pertenece el vacío, el hollejo chupado, relamido.
Después de todo qué podía esperar el vejete.
Acaso, liar los bártulos rumbo al habitual desengaño
a la puerta eterna, otra vez contra la nariz de la vida.

19, 9, 13


A la misteriosa
(Andante IV)

Tenía una vida en Managua. La eche a perder.
Seguro, la  habría echado a perder en cualquier parte
Dada por el azar de mis padres, no la supe conducir
perdí mis años en cantinas y paliduchas de callejón.
Ahora ya todo pasó. No me queda nada.
Estoy más solo que durante aquellos años lapidarios.
Me quedé sin acordeón parisino, sin conservatorio romano.
Mi tiempo pasa lento, estoy ido en lo que pude ser sí ganaba
mi propia batalla contra mí. Confieso que perdí
Siempre hablo de esas cosas y, realmente,
por donde la busque ya no tiene salida el asunto.
Moriré un día de éstos y aún pienso que ganaré la guerra
ya perdida cuando andaba en mis alegres bermejas.
O guam tristis et afflicta voy por mi silencio desierto
pero no te enlutes, tú siempre tendrás París.

26, 09, 13


Edwin Yllescas (Managua, 1941), inéditos, Periódico de Poesía, UNAM, México

sábado, marzo 15, 2014

Heberto Padilla / Dos poemas













Andaba yo por Grecia

Andaba yo por Grecia
y en todo creía sentir la huella de Cavafy.
Cubierta por la lluvia,
coloreada por una tierra parda,
¡qué extraña y solitaria Alejandría en la memoria!

Al templo abandonado,
a la ciudad perdida, a los mitos,
al muro, ¿cómo pudo Cavafy
arrancarles el signo de la vida?

En el tren de regreso,
cuando volvía de otras ruinas,
estaba el campo mudo
y el bosque amarillento
siempre al final de los caminos;
pero no me detuve ante aquel árbol sombrío
que vi al pasar,

que entró por mi ventana,
que aún pone en mis papeles
una hilacha sedienta,
que aún vela sobre mi amor
como un desastre.



El relevo

cada vez que entra y sale
una generación dando portazos
el viejo poeta se aprieta el cinturón
y afina el cornetín
como un gallito:

no se convencen -dice- de que en poesía
la juventud solo se alcanza con los años


Heberto Padilla (Pinar del Río, 1932-Alabama, 2000), Antología de la poesía hispanoamericana (1915-1980), selección de Jorge Rodríguez Padrón, Selecciones Austral Espasa Calpe, Madrid, 1984

viernes, marzo 14, 2014

Elizabeth Smart / El girasol de Blake
















I

¿Por qué dijo Blake
“Girasol, aburrido del tiempo”?
¡Ahora!, parecen decir
con un estruendo de címbalos
cada vez que los miro.
Muy alegres
y positivos
y disfrutando totalmente
de su redonda brillantez.


II

¡Perdón, Blake!
Ahora entiendo el significado de tus palabras.
Las tormentas y la escarcha han estropeado
su luminoso encanto
y aun cuando permanecen en pie
nada podría transmitir mayor abatimiento
que sus lánguidas
desengañadas
colgantes cabezas.

Elizabeth Smart (Ottawa, 1913-Londres, 1986), The Collected Poems of Elizabeth Smart, David Gascoyne, ed., Paladin, Londres, 1992.
Versión de Jonio González



Blake's Sunflower

I

Why did Blake say 
'Sunflower weary of time'? 
Every time I see them 
they seem to say 
Now! with a crash 
of cymbals!
Very pleased 
and positive 
and absolutely delighting 
in their own round brightness.

II

Sorry, Blake!
Now I see what you mean. 
Storms and frost have battered 
their bright delight 
and though they are still upright 
nothing could say dejection 
more than their weary 
disillusioned
hanging heads. 

jueves, marzo 13, 2014

Geoffrey Hill / De "Himnos de Mercia", 4











VI

Los príncipes de Mercia eran tejón y cuervo. Esclavo de su libertad, yo excavaba y atesoraba. Huertos fructificados sobre grietas. Yo bebía de los panales de arenisca helada.

«Un niño inadaptado en casa, solitario entre hermanos.» Mas yo, que ninguno tenía, alentaba una extrañeza, me entregaba a juguetes inalcanzables.

Velas de resina nudosa, ramas de manzano, el muérdago pegajoso. «Mira», decían, y de nuevo, «mira». Pero yo corría despacio; el paisaje se retiraba, regresando a su fuente.

En el patio del colegio, en los baños, los niños mostraban orgullosos sus cicatrices de moco seco, muñecas y rodillas adornadas de impétigo.


VII

Gasómetros, su rojo entre los campos. Represas de molino, piscinas de marga en completo reposo. Enjambres de anguilas. Coágulos de ranas: en una ocasión, con ramas y trozos de ladrillo, golpeó una acequia llena; luego se alejó furtivamente de la quietud y el silencio.

Ceolred era su amigo y lo siguió siendo, incluso tras el día del caza perdido: un biplano, ya entonces obsoleto e irreemplazable, dos pulgadas de tosca plata densa. Ceolred lo dejó caer en barrena por un hueco abierto entre los tablones del suelo del aula, suavemente, sobre excrementos de rata y monedas.

Después del colegio atrajo a Ceolred, que se reía de miedo, hasta las viejas canteras, y lo despellejó. Luego, tras dejar a Ceolred, viajó durante horas, solo y tranquilo, en su camión de arena privado, derrelicto, de nombre
Albión.

Geoffrey Hill (Bromsgrove, Reino Unido, 1932-Cambridge, Reino Unido, 2016)), Himnos de Mercia (Mercian Hymns, 1971), Versión de Jordi Doce y Julián Jiménez Heffernan, DVD Ediciones, Barcelona, 2006


Jaime Siles en Perros en la playa:

(...)
Hill parece, pues, transgredir la frontera que Aristóteles establecía entre poesía e historiografía, aunque, como Cicerón, asigna a ésta un valor retórico, que es el que este libro retoma y que podría explicar la razón por la que prima en él el poema en prosa. Seamus Heaney así lo entendió cuando en Stations, gustosamente, se vio sometido a su influencia. Pero hay un punto en todo este libro que todavía está por resolver y al que me gustaría añadir una humilde sugerencia hermenéutica: me refiero no sólo a su clara dimensión política sino también a su misma condición y constitución estética. Mi impresión es que Hill combina aquí dos planos (el de la Historia con mayúscula y el de la historia con minúscula, que se imbrican en la experiencia de la infancia, el sentimiento del paisaje y la mixtura del espacio y del tiempo) pero que lo hace de un modo trágico –y, en ocasiones, lírico– que recuerda a algunos de los procedimientos shakespeareanos y, en concreto, a aquellos que tienen como tema la meditación sobre el poder y, para ser exactos, el hipotema de la violencia fundacional del Estado.

Ese, y no otro, me parece la clave que rige estos Himnos de Mercia, en los que se alude a las leyendas monetales del rey Offa y a los títulos latinos que acompañaron su acción o la de otros reyes en los oscuros tiempos del medievo que se mezclan con los, no menos oscuros, de la memoria personal aquí. De manera que estos Himnos son de carácter político, como se puede ver en la cita de C. H. Sisson que, en la primera edición (1971), los introducía y que, como las acotaciones explicativas que acompañaban a cada uno de los poemas, luego se suprimió. Lo que ha tenido graves consecuencias para la recta comprensión del texto, aunque haya contribuido –y mucho– a aumentar el carácter abierto de la literariedad de esta escritura, porque –como observa Jordi Doce en su fundamentado epílogo– «el sentido aparece incorporado en la configuración misma de la imagen que genera y articula el poema». Y ello no hace sino añadir opacidad. Ahora bien, la opacidad también es un criterio estético, que estudió Fuhrmann y ejemplificó Montale y que, desde la Antigüedad clásica y su reformulación en el Barroco, no ha dejado de ser nunca uno de los rasgos distintivos de la estética de la modernidad.

(...)

Jaime Siles, ABCD las Artes y las Letras, ABC, 4 de noviembre de 2006

VI

The princes of Mercia were badger and raven. Thrall to their freedom, I dug and hoarded. Orchards fruited above clefts. I drank from honeycombs of chill sandstone.

‘A boy at odds in the house, lonely among brothers.’ But I, who had none, fostered a strangeness; gave myself to unattainable toys.

Candles of gnarled resin, apple-branches, the tacky mistletoe. ‘Look’ they said and again ‘look.’ But I ran slowly; the landscape flowed away, back to its source.

In the schoolyard, in the cloakrooms, the children boasted their scars of dried snot; wrists and knees garnished with impetigo.


VII

Gasholders, russet among fields. Milldams, marlpools that lay unstirring. Eel-swarms. Coagulations of frogs: once, with branches and half-bricks, he battered a ditchful; then sidled away from the stillness and silence.

Ceolred was his friend and remained so, even after the day of the lost fighter: a biplane, already obsolete and irreplaceable, two inches of heavy snub silver. Ceolred let it spin through a hole in the classroom-floorboards, softly, into the rat-droppings and coins.

After school he lured Ceolred, who was sniggering with fright, down to the old quarries, and flayed him. Then, leaving Ceolred, he journeyed for hours, calm and alone, in his private derelict sandlorry named Albion.

miércoles, marzo 12, 2014

Montserrat Abelló / Dos poemas
















Cada cual ha de tener

            A Virginia Woolf

Cada cual ha de tener
su propia habitación.
Y un patio azul
donde pasear sus dudas.
Más allá del sol
vivirá el deseo
y la pesadumbre
de la primera palabra.
Y la sonrisa
que se ha perdido
y ya no se recupera.
Suave será, sin embargo,
la sombra de la tarde,
detrás de las nubes,
alargada, como un lirio.


A menudo decimos

A menudo decimos
esto es el fin,
ninguna música controla ya
nuestras esperanzas.
Pero hay ojos que no conocemos
que escrutan el horizonte,
labios que susurran.
Oídos que perciben,
que atentos escuchan
allá al fondo de la noche.
Esta es la fuerza que buscamos,
el amor que aprendemos a sostener
contra el borde del tiempo.


Montserrat Abelló (Tarragona, 1918), Al cor de les paraules. Obra poètica 1963-2002, Proa, Barcelona, 2012
Versión de Jonio González


Cadascú ha de tenir

                    A Virginia Woolf

Cadascú ha de tenir
la seva cambra.
I un pati blau
on passejar els seus dubtes.
Més enllà del sol
viurà el desig
i la recança
de la primera paraula.
I el somriure
que s’ha perdut
i ja no es recupera.
Suau serà, però,
l’ombra de la tarda,
darrera els núvols,
allargada, com un lliri.


Sovint diem

Sovint diem 
 això és la fi, 
 cap música ja no controla 
 les nostres esperances. 
 Però hi ha ulls que no coneixem 
 que escruten l’horitzó, 
 llavis que xiuxiuegen. 
 Orelles que perceben,      
 que amatents escolten 
 allà al fons de la nit. 
 Aquesta és la força que busquem, 
 l’amor que aprenem a sostenir 
 contra el caire del temps. 

martes, marzo 11, 2014

Horacio Fiebelkorn / El presente














Con un amigo íbamos en verano
por la avenida principal de aquella ciudad.
Nos paralizó la maniobra brusca de un auto.

Con qué necesidad apurarse tanto, dijo mi amigo.

Es cierto, le dije, porque en esta ciudad
las cosas, o ya sucedieron, o no ocurrirán nunca.

Si eso es así, ¿dónde está el presente, entonces?,
preguntó, algo inquieto.

Pero en su frase nuestro andar era historia al revés,
esperaba en algún lugar para esfumarse
a pocos pasos de distancia.


Horacio Fiebelkorn (La Plata, 1958), El sueño de las antenas, Ediciones Vox, Bahia Blanca, 2013


Foto: Fiebelkorn en FB

lunes, marzo 10, 2014

Alfonso Gatto / Casi un recuerdo












Encontrarnos por azar nos pareció
en la hora olvidada.
Era la estación amarilla en verde.
Un ciclista, extraviado el camino,
bebía recuerdos en el fondo de los ojos.
Pero todo es eterno para quien pasa,
hasta el nombre oído alguna vez.

Alfonso Gatto (Salerno, 1909– Capalbio, 1976), La forza degli occhi, Mondadori, 1954
Versión de Jorge Aulicino


Quasi un ricordo

Incontrarci per caso ci parve
nell'ora dimenticata.
Fu la stazione gialla nel verde.
Un ciclista perduta la via
beveva ricordi in fondo agli occhi.
Ma tutto è eterno per chi passa,
anche il nome udito una volta.

domingo, marzo 09, 2014

Robinson Jeffers / Ama al cisne salvaje















"Odio mis versos, cada línea, cada palabra.
Oh pálidos y frágiles lápices intentando siempre
la curvatura de una hoja de hierba o la garganta de un pájaro
que se suspende en la rama, erizado contra un blanco cielo.
Oh quebrados y crepusculares espejos siempre por atrapar
un color, un raudo destello del esplendor de las cosas.
Cazador desafortunado, oh balas de cera,
la belleza del león, las alas del cisne salvaje, la tormenta de las alas."
-Este cisne salvaje del mundo no es presa de cazadores.
Mejores balas que las tuyas errarían al blanco pecho,
mejores espejos que los tuyos se quebrarían en la flama.
¿Acaso importa que te odies a ti mismo? Cuanto menos
ama tus ojos que pueden ver, tu mente que puede
oír la música, el trueno de las alas. Ama al cisne salvaje.

De Solstice (1933-1935)

Robinson Jeffers (Pittsburgh, 1887- Carmel, 1962), Antología, versiones de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost, Libros del Umbral, Tlalpan, México, Distrito Federal, 1999


Love the Wild Swan

“I hate my verses, every line, every word.   
Oh pale and brittle pencils ever to try
One grass-blade’s curve, or the throat of one bird
That clings to twig, ruffled against white sky.
Oh cracked and twilight mirrors ever to catch
One color, one glinting flash, of the splendor of things.
Unlucky hunter, Oh bullets of wax,
The lion beauty, the wild-swan wings, the storm of the wings.”
—This wild swan of a world is no hunter’s game.
Better bullets than yours would miss the white breast,
Better mirrors than yours would crack in the flame.
Does it matter whether you hate your...self? At least
Love your eyes that can see, your mind that can
Hear the music, the thunder of the wings. Love the wild swan.

sábado, marzo 08, 2014

Robinson Jeffers / Los excesos de Dios














¿No es por su gran derroche que conocemos
a nuestro Dios? Pues ser igual a la necesidad
es natural, animal, mineral: pero arrojar
arcoiris sobre la lluvia
y belleza por encima de la luna, y secretos arcoiris
en las cúpulas de las conchas de las profundidades
y hacer el necesario abrazo de la procreación
hermoso también como el fuego;
ni siquiera los hierbajos se multiplican sin florecer
ni los pájaros sin música:
aquí está la gran cualidad humana en el corazón de las cosas,
la extravagante benevolencia, la fuente
que la humanidad puede entender, y con la que acorde correría
si el poder y el deseo fueran pares.

De Tamar (1920-1923)

Robinson Jeffers (Pittsburgh, 1887- Carmel, 1962), Antología, versiones de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost, Libros del Umbral, Tlalpan, México, Distrito Federal, 1999


The Excesses Of God

Is it not by his high superfluousness we know
Our God? For to be equal a need
Is natural, animal, mineral: but to fling
Rainbows over the rain
And beauty above the moon, and secret rainbows
On the domes of deep sea-shells,
And make the necessary embrace of breeding
Beautiful also as fire,
Not even the weeds to multiply without blossom
Nor the birds without music:
There is the great humaneness at the heart of things,
The extravagant kindness, the fountain
Humanity can understand, and would flow likewise
If power and desire were perch-mates.

viernes, marzo 07, 2014

Eugenio Montale / Elogio de nuestro tiempo










No se puede exagerar bastante
la importancia del mundo
(del nuestro, quiero decir)
probablemente el único
en que se puede
matar con arte y crear también
obras de arte destinadas a vivir
el lapso de una mañana, si bien hecha
de milenios y hasta más. No, no se puede
magnificarlo bastante. Sólo
que debemos darnos prisa
porque podría no estar lejana
la hora en que se infló más de la cuenta,
según un conocido apólogo, la rana.

Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), "Quaderno di quattro anni" [1973-1977], Poesía completa, traducción de Fabio Morábito, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006



Elogio del nostro tempo

Non si può esagerare abbastanza
l'importanza del mondo
(del nostro, intendo)
probabilmente il solo
in cui si possa uccidere
con arte e anche creare
opere d'arte destinate a vivire
lo spazio di un mattino, sia pur fatto
de millenni e anche più. No, no si può
magnificarlo a sufficienza. Solo
ci si deve affrettare perché potrebbe
non essere lontana
l'ora in cui troppo si sarà gonfiata
secondo un noto apologo la rana.

jueves, marzo 06, 2014

Daiana Henderson / Vi nevar, en Rosario, y con sol













A ver si alguien entiende lo que digo.
Estábamos en el primer piso de un
estacionamiento. Nos bajamos, encastrando
las manos en los huecos de la ropa.
Un señor pasó muy cerca con su auto,
dijo algo que sonó como que
estaba nevando en Fisherton,
dijimos "¿qué dijo?", "este tipo está loco",
miramos afuera y los copos perfectos
descendían sobre los parabrisas, fue como una
redención y me acordé de tantos libros
y de tantas películas. Quise llamar
a todos por teléfono, decirles que los amo.
Necesito algo que me haga concha el corazón,
Como cuando se te pega una canción espantosa
y necesitás otra pegadiza para reemplazar
esa pieza en tu cerebro automático.
Necesito algo que me destruya.

Daiana Henderson (Paraná, 1988), Un foquito en medio del campo, Editorial Muncipal de Rosario, 2013

miércoles, marzo 05, 2014

Kakinomoto No Hitomaro / En el mar vestido...

















CIII
(Naga uta)

En el mar, vestido de yedra, de Iwami,
Cerca del cabo de Kara,
El alga miru de las profundidades
Crece en los arrecifes hundidos;
La enjoyada maraña marina
Crece en la playa rocosa.
Agitándose como la enjoyada maraña
Marina, mi amada yacía conmigo,
Mi amada, por la que siento un fervor
Profundo como el océano donde crece la miru
Sólo dormimos juntos unas pocas
Noches maravillosas y después
Tuve que separarme de ella.
Fue como separar enredaderas trenzadas.
Mis entrañas están enredadas.
Con la pena de mi corazón
La añoro y miro hacia atrás.
Una maraña de hojas de colores
Baja por el monte Watari.
Ya no puedo ver el agitarse
De sus mangas al despedirme.
La luna corre por entre las nubes
Y por encima de la casita
De la luna de miel en el monte Yagami.
El sol en el ocaso se ha ocultado.
Ya se va extinguiendo la luz.
Yo creí ser un hombre valiente.
Pero traigo mis delgadas mangas
Empapadas de lágrimas.

Kakinomoto No Hitomaro (Japón, siglos VII-VIII), Kenneth Rexroth, Cien poemas japoneses, versión del inglés al castellano de Carlos Manzano, Gadir, Madrid, 2007

Nota
Rexroth señala que lo único que puede ser tomado por exacto de la biografía de Hitomaro es que vivió durante el reinado del emperador Mommu, entre 697 y 707. La Enciclopedia Británica ubica la fecha de su muerte en 708. Otras reseñas biográficas no arriesgan fechas. Fue incluido en la antología de los 36 Inmortales en el siglo XI. Como señala Rexroth, es un poeta deificado. Las naga uta son composiciones más o menos extensas de contenido elegíaco, informa Rexroth.

Tsunusa hau
Iwami non umi no
Koto saegu
Kara no saki naru
Ikuri ni zo
Fuka miru ouru
Ariso ni zo
Tama mo wa ouru
Tama mo nasu
Nabiki neshi ko wo
Fuka miru no
Fukamete moedo
Se neshi yo wa
Ikuda mo arazu
Hau tsuta no
Wakare shi kureba
Kimo mukau
Kokoro wo itami
Omoi tsutsu
Kaerimi suredo
O~ bune no
Watari no yama no
Momiji ba no
Chiri no midari ni
Imo ga sode
Saya ni mo miezu
Tsuma gomoru
Yagami no yama no
Kumo ma yori
Watarau tsuki no
Oshikedomo
Kakuroi kureba
Ama zutau
Iri hi sashinure
Masurao to
Omoeru ware mo
Shikitae no
Koromo no sode wa
Torite nurenu.


Imagen: Hitomaro, según la inspiración de Yosai, siglo XIX

martes, marzo 04, 2014

Emily Dickinson / Dos poemas
















887

Sobrevivimos al amor, como a otras cosas
y lo guardamos en el cajón -
hasta que nos parece moda antigua -
como trajes usados por grandes señores.

c. 1864


888

Cuando he visto salir el sol
de su maravillosa casa -
dejar un día en cada puerta
un acto, en cada lugar -

sin incidentes de éxito
o accidentes del ruido -
un tambor me pareció el mundo,
perseguido por niñitos

c. 1864

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830 - 1886), Poemas, selección y traducción de Silvina Ocampo, Tusquets Editores, Buenos Aires, 2011 -edición no bilingüe


[887]
We outgrow love, like other things
And put it in the Drawer -
Till it an Antique fashion shows -
Like Costumes Grandsires wore.

[888]
When I have seen the Sun emerge
From His amazing House —
And leave a Day at every Door
A Deed, in every place —

Without the incident of Fame
Or accident of Noise —
The Earth has seemed to me a Drum,
Pursued of little Boys 

The Poems of Emily Dickinson Edited by Thomas H. Johnson (Universidad de Harvard)


Ilustración: daguerrotipo de Dickinson c. 1850  (Amherst College, Massachusetts)

lunes, marzo 03, 2014

José Mármol / Crepúsculo
















Con el color de la torcaz y el lirio,
tranquilas nubes el espacio pueblan,
y allá el confín del horizonte inundan
ondas de fuego que en la mar reflejan.

Guardado el rostro en azulados velos
cae a su ocaso la vital lumbrera,
pero, el cabello destrenzado, flotan
en sierpes de oro sus brillantes hebras.

Púrpura y oro en el ocaso brillan
entre celajes de enlutada niebla,
como entre el manto de la negra duda
los bellos sueños de la edad primera.

Púrpura y oro en el ocaso brillan;
y frente a frente de la luz postrera,
paso tras paso, con semblante adusto,
la obscura noche al firmamento trepa.

Así las esperanzas alumbraron
mi joven corazón; así con ellas
la gloria y el amor se reflejaban
sobre las flores de mi incierta huella.

Así vino después, como la noche,
el desencanto a oscurecer la senda;
y de gloria y de amor y de esperanzas
un crepúsculo vago se conserva.

                                             (Cantos del peregrino)

José Mármol (Buenos Aires, 1818-1871), Antología de la poesía argentina, selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo I, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979


Imagen: José Mármol, daguerrotipo de entre 1847 y 1853, en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

domingo, marzo 02, 2014

Cesare Pavese / Luna de agosto










Del otro lado de las colinas amarillas está el mar,
del otro lado de las nubes. Pero jornadas tremendas
de colinas ondeantes y crepitantes en el cielo
se fragmentan antes del mar. Aquí arriba está el olivo
con el charco de agua que no llega a espejarse,
y los rastrojos, los rastrojos que no terminan nunca.

Y se levanta la luna. El marido está tendido
en un campo, con el cráneo partido de sol
-una esposa no puede arrastrar un cadáver
como un saco-. Se levanta la luna, que arroja un poco de sombra
bajo las ramas torcidas. La mujer en la sombra
alza una mueca aterrada al óvalo de sangre
que coagula e inunda cada arruga en las colinas.
No se mueve el cadáver tendido en los campos
ni la mujer en la sombra. Pero el ojo de sangre
parece guiñar a alguno y le señala un camino.

Llegan largos escalofríos por las desnudas colinas,
desde lejos, y la mujer los siente en la espalda,
como cuando corrían por el mar de grano.
También invaden las ramas del olivo perdido
en ese mar de luna, y ya la sombra del árbol
parece contraerse y tragarse también a ella.

Se precipita afuera, en el horror lunar,
y la sigue el susurro de la brisa sobre las piedras
y una silueta tenue que le muerde los pies,
y le duele en las entrañas. Regresa doblada a la sombra
y se tira sobre las piedras y se muerde la boca.
Abajo, oscura, la tierra se cubre de sangre.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), "Lavorare stanca", Poesie, Mondadori, Milán, 1969
Versión de Jorge Aulicino


Luna d'agosto

Al di là delle gialle coline c'è il mare,
al di là delle nubi. Ma giornate tremende
di colline ondeggianti e crepitanti nel cielo
si frammenttono prima del mare. Quassú c'è l'ulivo
con la pozza dell'acqua che no basta a specchiarsi,
e le stoppie, le stoppie, che non cessano mai.

E si leva la luna. Il marito è disteso
in un campo, col cranio spaccato dal sole
-una sposa non può trascinare un cadavere
come un sacco-. Si leva la luna, che getta un po' d'ombra
sotto i rami contorti. La donna nell'ombra
leva un ghigno aterrito al faccione di sangue
che coagula e inonda ogni piega dei colli.
Non si muove il cadavere disteso nei campi
né la donna nell'ombra. Pure l'occhio si sangue
pare ammicchi a qualcuno e gli segni una strada.

Vengono brividi lunghi per le nude colline
di lontano, e la donna se le sente alle spalle,
como quando correvano il mare del grano.
Anche invadono i rami dell'ulivo sperduto
in quel mare di luna, e già l'ombra dell'albero
pare stia per contrarsi e inghiottire anche lei.

Si precipita fuori, nell'orrore lunare,
e la segue il fruscío della brezza sui sassi
e una sagoma tenue che le morde le piante,
e la doglia nel grembo. Rientra curva nell'ombra
e si butta sui sassi e si mordi la bocca.
Sotto, scura la terra si bagna di sangue.

sábado, marzo 01, 2014

Luis de Tejeda / Santa Rosa de Lima














Nace en provincia verde y espinosa
tierno cogollo; apenas engendrado
entre las rosas, sol es ya del prado,
crepúsculo de olor, rayo de rosa.

De los llantos del alba apenas goza,
cuando es del dueño singular cuidado,
temiendo, o se lo tronche rudo arado,
o se lo aje mano artificiosa.

Mas ya que del cairel desaprisiona
la virgen hoja, previniendo engaños,
la corta y pone en su guirnalda o zona:

así esta virgen tierna en verdes años
cortó su Autor, y puso en su corona:
¡oh bien anticipados desengaños!

                                                          (Coronas líricas)


Luis de Tejeda (Córdoba, Argentina, 1604-1680), Antología de la poesía argentina, selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo I, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979