sábado, octubre 31, 2015

Galway Kinnell / Últimas canciones









I

¿Qué cantan los últimos pájaros
que descienden planeando en el crepúsculo
sobrevolando
bosques oscuros, y cuyas
alas inclinadas
se cierran sobre el mundo como los brazos de un amante
que dan forma, noche a noche, en sueños,
a una ausencia irremediable?


II

Silencio. Cenizas
en el hogar. Sea lo que sea
lo que nos aleja del cielo,
pereza, cólera, codicia, miedo, sólo
podríamos reinventarlo en la tierra
como canción.

Galway Kinnell (Providence, Estados Unidos, 1927 – Sheffield, Estados Unidos, 2014), Body Rags, Houghton Mifflin, Boston, 1968
Versión de Jonio González
Foto: Galway Kinnell (detalle) por Ricard W. Brown en poets.org


Last Songs

I

What do they sing, the last birds
coasting down the twilight,
banking
across woods filled with darkness, their
frayed wings
curved on the world like a lover’s arms
which form, night after night, in sleep,
an irremediable absence?


II

Silence. Ashes
in the grate. Whatever it is
that keeps us from heaven,
sloth, wrath, greed, fear, could we only
reinvent it on earth
as song.



jueves, octubre 29, 2015

Diego Roel / Vía Lucis









El que Es Sin defecto y Grande
me habló a mí, que soy pequeña y triste,
para que pueda formar en mi mente letras desconocidas,
para que de mi boca salga un verbo nuevo,
una expresión más leve, una palabra que atraviese
los mares y las islas,
que resuene en los últimos términos de la tierra.

Sí, yo siempre estuve callada y guardé silencio.

Pero ahora Tu Voz en mí se expande y multiplica
como voces de mujer que está de parto,
como voces de mujer que está muriendo.

Ahora Tu Voz en mí se expande.

Cuando pase a través de las aguas del gran Río
no me anegarán sus corrientes.
Cuando salte en medio de las llamas
no me quemaré.

El que Es Sin defecto y Grande
me habló a mí, que soy pequeña y triste.

Diego Roel (Temperley, Argentina, 1980)


Vía Lucis
Colección La Verdad se Mueve
Ediciones Del Dock
Buenos Aires, 2015









Foto: Diego Roel por Gabi Salomone (detalle)





Philip Levine / Una noche en blanco









Abril, y las últimas flores del ciruelo
se dispersan sobre la hierba negra
antes del alba. El sicomoro, la lima,
el pino herido inhalan
las primeras, pálidas señales del cielo.
                                       Un día de hierro,
pienso, que aún se volverá
deslumbrante, la luz
se eleva desde el vientre de las hojas y se derrama
ardiendo de los cálices
de las amapolas.
                        El sinsonte grazna
en su rama, se agita
y vuelve a tranquilizarse. El caracol, despierto
para siempre, tiembla en su caparazón
y pone proa hacia China. Mis manos bailan
en memoria de un millón de estrellas desvanecidas.

Un hombre tiene todos los lugares para reposar la cabeza.

Philip Levine  (Detroit, Estados Unidos, 1928-Fresno, Estados Unidos, 2015), New Selected Poems, Knopf, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González


A SLEEPLESS NIGHT

April, and the last of the plum blossoms 
scatters on the black grass 
before dawn. The sycamore, the lime, 
the struck pine inhale 
the first pale hints of sky. 
                                     An iron day, 
I think, yet it will come 
dazzling, the light 
rise from the belly of leaves and pour 
burning from the cups 
of poppies. 
                        The mockingbird squawks 
from his perch, fidgets, 
and settles back. The snail, awake 
for good, trembles from his shell 
and sets sail for China. My hand dances 
in the memory of a million vanished stars. 

A man has every place to lay his head.

miércoles, octubre 28, 2015

Luljeta Lleshanaku / Cuando el amor empieza a ...









Entra en mis días arrogantemente
como el silencio tras el golpe
del mazo del juez.

Me balanceo en la brisa más ligera
a lo largo del campo de trigo
esperando la cosecha.

Llega cuando pienso que estoy segura
cuando pienso que todo lo que soy es sólo espina,
fuerte, sin pecho ni vientre,
sin ombligo
como una bodega repleta de alimentos
almacenados para el invierno.

Titubeo un instante
preparada para empezar de nuevo
con la paleta limpia de un pintor
huella oscura en el centro.

Luego emprenderé el mismo viaje
cuyo final tan bien conozco:
una bala fría llena mi bolsillo,
la que cada buen soldado guarda
para el día en que se encuentra sitiado.

Luljeta Lleshanaku (Elbasan, Albania, 1968), Más que una retrospectiva, Carmina in minima re, nº 55, Barcelona, mayo de 2015
Traducción de Lucia Paprková
Envío de Jonio González


Kur dashuria jep një shenjë...

Ajo futet ne rrjedhën e gjërave me arrogancë, 
si heshtja që pason trokitjet e çekiçit të gjyqtarit 
gjatë seancës. 

Gjithë qenia perkundet, nga puhia me e vogel, 
nje are e ardhur gruri 
që pret për t’u korrur. 

I thua vetes se je e mbrojtur, 
se tashmë je vetëm një shpinë 
një shpinë e fortë, pa gjoks, pa bark, 
pa kërthizë, 
(veçanërisht pa kërthizë) 
si tavani i qilarit 
mbi ushqimet e konservuara për dimër. 

Zmbrapsem një moment 
e gatshme për t’ia filluar çdo herë nga fillimi 
me një paletë te pastër piktori 
e një vrimë të errët në mes. 

E nis për të disatën herë atë rrugë 
fundin e së cilës e njoh mirë, 
si prekjen metalike të fishekut, ne xhep, 
të cilin, gjatë rrethimit, 
ushtari i mirë 
e ruan për vete.


martes, octubre 27, 2015

Silvia Arazi / Ostinato doméstico









raro

ver a Dora cocinando lentejas
su gato blanco
con semejantes ojos

raro

este hacer las camas
para deshacer las camas
limpiar el piso
luego ensuciar el piso
festejar cumpleaños
los globos
raros

raro

mirarnos en el espejo
y peinarnos
peinarnos
tan obstinadamente
fatalmente

raro

este abrir las puertas
para cerrar las puertas
encender las lámparas
luego apagar las lámparas

limpiar los vidrios
de la casa con furor
para que vuelvan a empañarse
con la lluvia


Silvia Arazi (Buenos Aires, 1957), La medianera, Interzona, Buenos Aires, 2013

Foto: Silvia Arazi por Mariela Cirer Lesta (detalle), 2012



lunes, octubre 26, 2015

Daria Menicanti / Dos poemas











Hay gatas y gatas

Mis cosas las aliso como hace
la gata con los gatitos que los lame
de punta a punta
y les saca el pelo loco.
Hasta aquí, de acuerdo. Pero si uno de ellos
salió desgraciado
ella lo tiene cerca y consigo.
Corazón de hierro, yo mis cosas mal
nacidas las tiro.

Milán, 1991
Poesie inedite (1945-1993)



Epigrama X
(Ascendientes: Farinata degli Uberti) *

Lo que se dice un mujer de bien,
toda de una pieza. Ahí está, espera
perpendicularmente sentada
a una mesita. Ordena lo que quiere,
tranquila y clara. Sabe lo que quiere.
(Yo terminaré en el habitual café)
La blanca redonda lisa cara no
la han arado de arrugas los conflictos,
remordimientos dolientes de la edad.
-Estás muy bien -me siento mirándola.
Y ella inmóvil: -Oh, me defiendo.
-¿Pero de quién -querría preguntarle-,
de quién?

octubre 1965
Un nero d'ombra, 1969


Daria Menicanti (Piacenza, Italia 1914-Mozzate, Italia, 1995), Il concerto del grillo [obra completa], Mimesis, Milán, 2013
Via Silvia Rosa
Versiones de Jorge Aulicino

* Farinata degli Uberti: Orgulloso jefe del partido gibelino, su torso aparece erguido en un sepulcro ardiente en el Canto X de "Infierno" de la Divina Comedia de Dante Alighieri (N. de T.)


C'è gatta e gatta

Le mie cose le alliscio come fa
la gatta coi gattini che li lecca
a lungo e a lungo
e ne trae il pelo matto
Fin qui d'accordo. Ma se uno di quelli
è venuto infelice
lei se lo tiene vicino e con sé.
Cuore di ferro io mie cose nate
male le butto.

Milano, 1991


Epigramma X
(Ascendenti: Farinata degli Uberti)

Quando si dice una donna perbene
tutta di un pezzo. Eccola lì che aspetta
perpindicolarmente seduta
a un tavolino. Ordina quel che vuole
tranquila e netta. Sa quello che vuole.
(Io finirò con solito caffè)
La bianca tonda liscia faccia non
l'hanno arata di rughe i conflitti
rimorsi dolenti dell'età
- Stai molto bene - mi siedo guardandola.
E quella immobilmente: -Oh, me difendo.
- Ma da chi -vorrei chiederle -
da chi?

ottobre 1965





domingo, octubre 25, 2015

Carlos Cociña / Tres poemas









De Tres canciones, 1992

Se acerca el tren;
sus luces van sobre las lomas.
No son los carros del tren,
es un gran gallinero extendido sobre los árboles
del cerro.
Ese tren va a las tierras cardinales.
En sus ventanas iluminadas se refleja
el gran transatlántico,
entre los valles de maíz, encendido
entre los insectos que vibran en vuelo.



Como una cadena de montañas que nace en el
mar del sur
y se despeña hasta las aguas antárticas,
la cruz de los andes atraviesa la selva
y los valles
con el ruido de las nieves y las mareas del oeste.
Como una cadena de montañas,
de sur a norte, que
se eleva hasta la bóveda de la cruz
de las estrellas,
la cordillera sostiene el mar que se va sobre
la pampa
como una única ola.
La montaña de los andes se estrella en el cielo
cubierto de sales marinas.

en La siega



De A veces cubierto por las aguas, 1999-2001

Es lejos donde el río se hace río. En su constitución, el movimiento es secreto. A pesar de ello, el agua llega a este paraje. Las cosas y los momentos surgen de acuerdo a una lógica que pronto se diluye. Basta aplicar el mismo curso a cosas o momentos distintos para reproducir otras corrientes de afecto. Ahí los esquemas se expanden en direcciones imposibles, o sus vectores se ubican al unísono en distintos lugares. Momentos inimaginables cuyo único trazo es la descarga. Cosas de luminosidad incontenible, que sólo se dirige a sí misma. Pero casi siempre las aguas forman un curso, cuyo origen está en cualquier momento de las cosas.

Edición para Internet en Poesía cero, 2003


Carlos Cociña (Concepción, Chile, 1950)




sábado, octubre 24, 2015

Kenneth Patchen / Dos poemas












El soldado y la estrella  

El rifle apunta:
 Hace lo que los rifles hacen.

 La estrella es muy bonita: 
 Haciendo lo que las estrellas hacen.

 Diles, oh Soñador, que algunos fueron
 Asesinados al principio de la matanza

 Diles, oh Soñador, que la lluvia y la nieve
 Están cayendo sobre esas pobres cabezas sin jinete.

 Diles, oh Soñador, que hay unas manos miserables
     flotando en el agua…
 Manos heladas que habrán de alcanzarlos en sus cálidos
     lechos.



Toda la noche estruendosa

Está bien oscuro, Jack
Y las estaciones allá afuera no se identifican
Estamos totalmente ciegos, como ratas quemadas
Se está acabando
A nuestro alrededor
Las huellas de la bestia, una bestia de la que nadie
    sabe nada
Los ojos en blanco
De algo allá arriba
Algo que ni siquiera sabe que existimos
Me huele a corazones rotos allá arriba, Jack
Un corazón roto en el centro de las cosas —
Y nosotros no contamos para nada

Kenneth Patchen (Niles, Estados Unidos, 1911-Palo Alto, Estados Unidos, 1972), Material de Lectura, número 116, Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM), Ciudad de México, 2012
Selección y traducción de Alberto Blanco




viernes, octubre 23, 2015

Joao Cabral de Melo Neto / Educación por la piedra









Una educación por la piedra: por lecciones;
para aprender de la piedra, frecuentarla;
captar su voz sencilla, impersonal
(por la de dicción comienza ella las clases).
La lección de moral, su resistencia fría
a lo que fluye y a fluir, a ser maleada;
la de poética, su encarnadura concreta;
la de economía, su adensarse compacta:
lecciones de piedra (de fuera para adentro,
cartilla muda), para quien va a deletrearla.

*

Otra educación por la piedra: en el Sertâo
(de dentro para fuera, y pre-didáctica).
En el Sertâo la piedra no sabe dar las clases,
y si las diera, no enseñaría nada;
allí no se aprende la piedra: allí la piedra,
una piedra de nacimiento, entraña el alma.

Joao Cabral de Melo Neto (Recife, Brasil, 1920-Rio de Janeiro, Brasil, 1999), La educación por la piedra [A Educação pela Pedra1960 a 1966], Visor, Madrid, 2003
Traducción de Pablo del Barco
Envío de Jonio González


A Educação pela Pedra

Uma educação pela pedra: por lições;
Para aprender da pedra, frequentá-la;
Captar sua voz inenfática, impessoal
(pela de dicção ela começa as aulas).
A lição de moral, sua resistência fria
Ao que flui e a fluir, a ser maleada;
A de poética, sua carnadura concreta;
A de economia, seu adensar-se compacta:
Lições da pedra (de fora para dentro,
Cartilha muda), para quem soletrá-la.

*
Outra educação pela pedra: no Sertão
(de dentro para fora, e pré-didática).
No Sertão a pedra não sabe lecionar,
E se lecionasse, não ensinaria nada;
Lá não se aprende a pedra: lá a pedra,
Uma pedra de nascença, entranha a alma.

en Bula Revista






jueves, octubre 22, 2015

Carlos Battilana / Inclinado









Inclinado
el cuerpo
observando la procesión
de insectos y alimañas
descuidé
el jardín
y otros seres
han hecho con él
lo que ahora
es: matas de pasto
manchones de color
marrón
canteros
destrozados, plantas
raquíticas.

El viento
cruza el terreno
pero no es viento,
es brisa fría.

Me mojo
la cara
y veo
los papeles acumulados
las cicatrices o las marcas
concentradas
en el cuerpo
y sin detener el tiempo
recuerdo
que la vida existe
corre por algún lugar.

Celebrar
-me digo-
es también
inclinar el cuerpo
saber
que el día
acontece
en un plano
distante
a la retórica
de lo vital.

Carlos Battilana(Paso de los Libres, Argentina, 1964), Velocidad crucero, Conejos, Buenos Aires, 2014
Foto: Carlos Battilana en FB



miércoles, octubre 21, 2015

Linda Pastan / Dos poemas









Lo que queremos

Lo que queremos
nunca es sencillo.
Nos movemos entre las cosas
que pensamos que necesitábamos:
un rostro, una habitación, un libro abierto
y esas cosas tienen nuestro nombre...
ahora, nos necesitan.
Pero lo que necesitamos se aparece
en sueños, lleva disfraces.
Descendemos,
tendemos los brazos
y por la mañana
nos duelen.
No recordamos el sueño,
pero el sueño se acuerda de nosotros.
Está ahí todo el día
igual que un animal está ahí
debajo de la mesa,
igual que las estrellas están ahí
aun cuando el sol brilla


Viento frío

La puerta del invierno
está cerrada y congelada,

y como los cuerpos
de animales extinguidos hace mucho, los coches

yacen abandonados allí
donde la fría carretera los haya llevado.

Qué ceremoniosa es la nieve,
con qué callada gravedad

convierte aun la muerte
en una disposición formal.

Sola ante mi ventana, escucho
el viento,

las pequeñas hojas que golpean suavemente
sus ataúdes de hielo.

Linda Pastan (Nueva York, Estados Unidos, 1932), Carnival Evening: New and Selected Poems, 1968-1998, W. W. Norton, Nueva York, 1999
Versiones de Jonio González


WHAT WE WANT

 What we want
is never simple.
We move among the things
we thought we wanted:
a face, a room, an open book
and these things bear our names--
now they want us.
But what we want appears
in dreams, wearing disguises.
We fall past,
holding out our arms
and in the morning
our arms ache.
We don't remember the dream,
but the dream remembers us.
It is there all day
as an animal is there
under the table,
as the stars are there
even in full sun.  


WIND CHILL

The door of winter
is frozen shut, 

and like the bodies
of long extinct animals, cars 

lie abandoned wherever
the cold road has taken them. 

How ceremonious snow is,
with what quiet severity 

it turns even death to a formal
arrangement. 

Alone at my window, I listen
to the wind, 

to the small leaves clicking
in their coffins of ice.  


martes, octubre 20, 2015

Uriel Martínez / Olinalá









era lunes, ya había caído
la noche; mientras ordenaba
la ropa por color, me acordé
de ti.

había prendas que me llevé
al olfato, otras al tacto,
sí, las blancas, las de algodón,
las desgastadas.

al momento de doblar las mangas
ya no alcancé el olor a cloro,
estuvieron expuestas al viento
y al sol doce horas.

tampoco olían a ti, ni a mí,
ni a nadie; eran prendas
para guardarse en perchas
como antiguamente se guardaban
cartas, mechones, timbres
postales, dientes desprendidos,
ex libris, pliegues, hojas secas,
esquelas, retratos en cajas
de Olinalá rectangulares.

[inédito]

Uriel Martínez (Zacatecas, México,1950)
Foto: Uriel Martínez en FB



lunes, octubre 19, 2015

Alejandro Méndez / Un cuáquero en la corte de los milagros











La educación sentimental
fue un título con abandonos documentados.

La educación sentimental
fue pura vocación crónica y automedicación.

La educación sentimental
requirió posgrados y maestrías.


Sentimental,
la ambición por el mar proclamada desde la orilla.

Sentimental,
la disposición del repertorio de nombres propios.

Sentimental,
la nota más alta en el karaoke.


Mi educación sentimental
fue como el grito de guerra de los esquimales,
en silencio.

Mi educación sentimental
                fue como el rezo secreto de los ateos.

Mi educación sentimental
fue como el ave fénix, pero mis hombros
no cargaron el cadáver de mi padre.


Educado
con el metrónomo de las pasiones menores.

Educado
en la creencia del dios de la simetría.

Educado
para mirar el Rubicón sin cruzarlo.


Una educación sentimental
para poder contarla y despuntar el vicio por los aforismos.

Una educación sentimental,
ahora que la lírica está muerta y hay déficit de laúdes.

Una educación sentimental
revisionista y autoindulgente para llorar a secas.


Sentimental,
la mano que escribe ajena al cuerpo que la sostiene.

Sentimental,
aun leyendo los diarios o sacando la basura.

Sentimental,
en los 0.4 segundos de la sístole y otros tantos de la diástole.


Tuve una educación sentimental
con temblores como un cuáquero del siglo XVII.

Tuve una educación sentimental
jacobina en las despedidas y garantista en el placer.

Tuve una educación sentimental
supersticiosa a la manera de los pigmeos.


Fui educado
por la didascalia homoerótica de mis tías.

Fui educado
en el dojo de un cinturón negro
para aprender a caer con elegancia.

Fui educado
                para ser paciente como un filólogo
                con su piedra Rosetta.


Sentimental,
por las mañanas separando las hebras del té.

Sentimental,
el tarareo del estribillo de esta canción.

Sentimental,
la diáspora de amantes.


Alejandro Méndez (Buenos Aires, 1965), Pólder, Bajo la luna, Buenos Aires, 2014
Vía Griselda García

Foto: Alejandro Méndez en FB



domingo, octubre 18, 2015

Carlos Pellicer / Nocturno "B"









No tengo tiempo de mirar las cosas
como yo lo deseo.
Se me escurren sobre la mirada,
y todo lo que veo
son esquinas profundas rotuladas con radio,
donde leo la ciudad para no perder tiempo.
Esta obligada prisa que inexorablemente
quiere entregarme el mundo con un dato pequeño.
Este mirar urgente y esta voz en sonrisa
para un joven que sabe morir por cada sueño.
No tengo tiempo de mirar las cosas,
casi las adivino.
Una sabiduría ingénita y celosa
me da miradas previas y repentinos trinos.
Vivo en doradas márgenes; ignoro el central gozo
de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser.
Y acelerando rachas -quilla o ala de oro-,
repongo el dulce tiempo que nunca he de tener.

Carlos Pellicer (Villahermosa, México, 1897-Ciudad de México, 1977), Obras de Carlos Pellicer, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1981
Envío de Jonio González


sábado, octubre 17, 2015

Daniel Giribaldi / Yo soy aquel









Yo soy aquel que ayer nomás batía
el verso mugre y la canción ranera.
El que casi amasija a una mechera
que el mate cebó con agua fría.

El que quilombizó la taquería
la vez que cayó en cana en la tercera,
cuando escribió en una pared fulera:
¡Quevedo volverá! La Poesía...

El trompa y el peonacho de la rima,
el que apiló palabras a destajo,
el que en la viola fue bordona y prima.

Y al fin de su jornada de trabajo
siente que el mundo se le viene encima
y canta un mundo que se viene abajo.

Diógenes Jacinto Giribaldi, Daniel Giribaldi (Buenos Aires, 1930-1984), Sonetos mugre, Sudestada, Buenos Aires, 1968



viernes, octubre 16, 2015

Pura López Colomé / XXX: Sáurica lesión









Mi alma gemela bifurca las estrellas,
haciendo de su cauda un horror alcanforado.
Horror, sí, porque eso es observar,
arder, quemar, incinerar,
calcinar dentro a quien lo huele
fascinado, intoxicando a fondo,
lanzándolo en propulsión certera
en busca de un camino firme,
con nitidez trazado,
que la conciencia envuelve,
simple
humilde
pobre
cabello plateado desprendido.
Es la mirada, es por la mirada
que se parten en dos los actos,
eran siameses, ahora mellizos,
y luego mitad espíritu sin dueño,
mitad crisálida sin ninfa.
Una mera cana al aire.

Basta. Puras ilusiones proyectadas entre constelaciones cuyas formas, tan actuales, tan identificables, tan pertenecientes a la esfera de lo que hay, regalos de prismáticos, telescopio, periscopio o microscopio, se encuentran a enorme distancia de nuestra vida de antes, allá: sub/supra specie aeternitatis. El hombre de un entonces francamente inconcebible hablaba sin palabras. Suelta tus "frases hechas", y verás si no.  Verás si no se tornan flechas.

Quiero creerte
cuando cuentas
tus historias
de secretos
inviolados
(ahora revelados),
exquisita intimidad
de antiquísimas
especies inextintas,
iguanas variopintas,
y tú.
Entre tú y ellas.
Cuentas,
poseso,
que no sufren.
Que ante amenaza,
catástrofe o imposición
del supuesto contrincante,
lejos de echar chispas
se queda(ba)n congeladas,
acaba(ba)n de estar.
Que se aparea(ba)n
a plena luz
a propósito,
mostrando el dolor
de su placer
(sin cesuras).
Nada de cuevas
u ocultamientos:
una encima de otra,
clavándole
dientes y garras
a la que sonríe.
¿Que qué?
(una con, otra sin, acento)
(entre signos contenidas)
Cuentas
que se susurra(ba)n cosas al oído,
cosas carentes de intención,
sólo cosas,
comiendo se pasea(ba)n,
platica(ba)n
con los astros (sus iguales).
Y al voltear,
encaramadas,
encarna(ba)n
la maravilla, un gesto.
Borra(ba)n las eras
con un viraje del cuello.
Cuentas.
Que sin "eras"
era su boca abierta,
en actitud triunfal
de hambre loca,
un éxtasis natural,
un ¡mírenme!
y no me toquen
desde la cúspide
de un pedernal.
Cuentas
que te abraza(ba)n
sin aproximarse:
el tercer ojo
parietal,
ni subliminal
ni espiritual,
absorbía todo.
Cuentas
que lo revives
en este preciso instante:
sientes tu principio
al fin.
Cuentas,
según yo.

Francamente, no alcanzamos a percatarnos de lo mismo. Porque aún no estableces contacto profundo con el, no tu, pasado. En cuanto comiences a rodearte de un mundo sin cronología, su aliento te azotará (lo reconocerás sin explicaciones). Hay que ir pelechando movimientos, las emociones que de ellos se derivan, lo mismo que la comida digerida, como las iguanas la cola que estorba. Noté que observabas a la mayor asoleándose. Parecía meditar, tan quieta.  O tragar aire. Y de envidia, se te caía la baba. Babea(ba)s.

Un hombre no del todo hombre ya
captó en rojo tu mensaje,
al borde de la cabeza,
al centro izquierdo del pecho,
color clavel.
Por detrás del cráneo
vino la respuesta/apuesta,
un blanco-proyectil,
un proyectil blanco.
Que pocos distinguen.
Que deja huella en arco.
Un pasado.
Gemelo.

Reptilmente, voltear en dirección humana, produce de inmediato una lesión. La mirada-arpón se ha metido en honduras, castiga a quien ha descubierto la privada confidencia (uno con uno), el hervidero desde la boca abierta, y semejante pirotecnia de sonidos-gruñidos-quejidos-alaridos-idos-idos-idos: ahí dentro, en esa cavidad de olores turbios y jugos gástricos, la plena soledad del universo. Los rayos del sol se posan. No asesinan a quien los sorprende in fraganti, en pleno acto creador; solo hieren de por vida. En adelante, recorrido significa encrucijada.

Oasis.
Vegetación y agua,
una cola arrojada,
un desecho,
una raíz semántica
olvidada.

(Infinito manantial, cerrado como un Cero, circular como la O de oasis, como la letra Omega, encorvada herradura invertida que impone mala fortuna... porque termina en tierra. Un manantial así concibo entre visiones, en medio de un desierto de alcanfor. Horrible. De tan −y sumamente− deshabitado.)

Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952), "Inéditos", Periódico de Poesía, N° 83, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), octubre de 2015




jueves, octubre 15, 2015

Thorkild Bjornvig / Dos poemas










Tarde en una ciudad desconocida

¿Es esto la muerte?: en medio del alboroto de la fiesta.
Conversación, amigos y estrépito de música,
la amada descansando en mis brazos,
mientras el bramido como un zumbido melifluo
me invade el oído -me roza un frío helado.
Te vas. Detrás de ti se pierden las voces,
la música suena como un mosquito alto y lejano­
O bien: un instante los salones estuvieron llenos
ahora la luz se apaga. Lo que esperas
ocurrió hace mucho tiempo. Cierro los ojos, los oídos,
intento recordar imágenes y palabras­
entonces siento que una corriente gélida viene desde la puerta,
y oigo acercarse pasos a mi mesa,
y una voz baja que me dice: Tiene que marcharse.

Autorretrato

Ascendíamos girando constantemente, a través de luz y sombras, seguimos
hasta el paso, cerrado en invierno, acabado de desembarazar
de seis metros de nieve. Y después bajamos. Delante de nosotros, muy abajo,
un arco iris: por primera vez en mi vida visto desde arriba, por ello

no medio arco, no, entero, el perfecto círculo de luz,
la sombra del coche en el centro: un aéreo cubo negro
en el rojo y azul, violeta y púrpura de la flotante rueda celeste.
La vista elevó el corazón creando un instante de comunión con el milagro de la vida,

volvió a crear lo que dejábamos detrás, en un remolino, un humo de luz,
la negra playa de lava, la bahía azul, el deslumbrante mar de nubes y el marrón rojizo
de las sagradas islas de las montañas. Tan transparente y nítido,
indestructible, efímero, fue el regalo de despedida de las alturas.

Thorkild Bjornvig (Aarthus, Dinamarca, 1918-Samso, Dinamarca, 2004), Poesía nórdica, Ediciones de la Torre, Madrid, 1995
Traducción de Francisco T. Uriz
Envío de Jonio González



miércoles, octubre 14, 2015

San Juan de la Cruz / Tras un amoroso lance









Otras de el mismo, a lo divino

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en escuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance,
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza de cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más baxo y rendido
y abatido me hallaba;
dixe: No habrá quien alcance.
Abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

finis

Juan de Yepes, San Juan de la Cruz (Fontiveros, España, 1542-Ubeda, España, 1591), Poesías completas, edición de Cristobal Cuevas, Hyspamerica, Buenos Aires, 1982


martes, octubre 13, 2015

Jorge Teillier / El pasajero del Hotel Usher









Las escaleras se disuelven
como el humo de las tazas de té.
El pasajero sueña con Annabel,
en las oscuras riberas
de ríos donde nunca estuvo.
El llamado del teléfono
es el perforante guijarro
de las garzas en la laguna
el oleaje de los autos
acuna sus pesadillas.

El cuarto está lleno de gaviotas
que en vano intentan revivir sobre un césped,
que en vano se estrellan contra vidrios empañados.
Sus alas serán cortadas,
sometidas a la misma condena
a la que se somete el pasajero.

Los pantanos de la memoria
absorben al Hotel,
absorben al pasajero
que no se levanta del lecho,
no recorre las galerías
donde las arañas tejen sus mensajes,
no mira las mesas del comedor
donde dialogan, para no morir de tedio,
las alcuzas con el mantel de hule.
No contempla las desteñidas reproducciones de Doré en los muros.
No ve el polvillo de las demoliciones en los primeros rayos matutinos.
Ya se fue Ariadna de la ciudad
y el laberinto de los pasadizos
sólo lleva a invencibles Minotauros.

El pasajero despierta
con el zumbido de las aspiradoras.
Ve caer del techo
la perezosa nevazón de la pintura,
viaja solo
a orillas de un río donde nunca el viento moverá una nube,
sabe que jamás responderá al teléfono.

En los pantanos de la memoria
ya empiezan a acecharlo
las sombras de quienes alguna vez lo amaron
y el oleaje de los autos pasando frente a las demoliciones
anuncia indiferente
la caída del pasajero y del Hotel Usher.

Jorge Teillier (Lautaro,Chile, 1935 - Viña del Mar, Chile, 1996), "Hotel Nube" [1996], Hotel Nube. En el mudo corazón del bosque, Tajamar Editores, Santiago de Chile, 2014



lunes, octubre 12, 2015

Almafuerte / La sombra de la patria











Sueltos van sus cabellos. En guedejas
Por su busto encorvado se derraman
Como velo de angustias o sombría
Melena de león. Adusta, pálida,
Desencajado el rostro: la vergüenza
no tiene la pupila más opaca,
Ni la faz de Jesús, al beso infame,
Se contrajo más rígida. Adelanta
Con medroso ademán... ¡Oh! ¡La ignominia
Con paso triunfador nunca se arrastra!
La voraz invasión de lo pequeño
No hiere como el rayo, pero amansa!
Cuando el alma inmortal cae de rodillas
La materia mortal cae deshojada!
La caída, más honda es la caída
Que nos pone a merced de la canalla,
De lo ruin, de lo innoble, de lo fofo
Que flota sobre el mar como resaca,
Corno fétido gas en el vacío,
Cual chusma vil, sobre la especie humana.

II

Yo la siento gemir, y sus gemidos -
Resonante, recóndita cascada -
En mi cerebro entumecido se hunden,
Y allí, en mitad de las tinieblas, cantan,
Con el santo fervor de los que piensan
Ablandar a su dios con sus plegarias,
Con el grave compás de los que lloran
Y al son de los sollozos se acompañan,
Con el hondo plañir de los que yacen
Más allá de la luz y la esperanza...
Yo la siento gemir, y sus gemidos,
Saetas del pesar, me despedazan,
Reproches del deber, me paralizan,
Pregones de vergüenza, me anonadan!
Yo la siento gemir, y sus gemidos
Sobre mi frágil corazón, estallan
Como todos los vientos de la tierra
Soplando, sin cesar, sobre una rama,
Como toda la fuerza de los orbes
Gravitando, a la vez, sobre una espalda.
Como todo el dolor del universo
Que en una sola vida se agolpara,
Como toda la sombra de los siglos
En una sola mente refugiada.

III

Yo la siento gemir, y me parece
Que la bóveda azul se desencaja,
Cual si fuera una ruina miserable
Que Saturno esparciese con sus alas,
Cual si fuera una cúpula proterva
Que derrumbase Dios, bajo sus plantas...
Yo la siento gemir, y el oceano
Y la selva, y las cumbres y la pampa,
Y la nube y el viento y las estrellas,
Y todo lo insensible y sin entrañas,
Me parece que sienten, me parece
Que asumen voz y proporción humanas;
Me parece que vienen y se postran
Sobre la regia púrpura de mi alma,
Y la súplica ardiente de las cosas
En miserere trágico levantan.

IV

Yo la siento cruzar ante mis ojos
Y es una estrella muerta la que pasa.
Dejando en pos de su fulgor, la sombra,
Porque en pos de su luz, reina la nada!
Yo la siento cruzar ante mis ojos
Y la pupila tras de sí me arranca,
Cual si su imagen desgreñada y torva,
En vez de su visión, fuese una garra!
Yo la siento cruzar ante mis ojos
En aterrante procesión fantástica,
De biblias del deber que ya no enseñan,
De apóstoles del bien que ya no hablan,
De laureles de honor que ya no honran,
De inspirados de Dios que ya no cantan,
De púdicas estolas que envilecen,
De patenas limpísimas que manchan,
De eucarísticos panes que envenenan,
De banderas celestes que se arrastran!
Yo la siento cruzar... ¡Seres felices
Que carecéis de luz en la mirada!
¡Ah! ¡yo no puedo soportar la mía
Bajo la horrible sombra de mi patria!

V

¿Dónde estás, Jehová? ¿Dónde te ocultas?
¿Qué? ¿No vuelves tus ojos y la salvas?
¿Qué? ¿No giras tu rostro y la contemplas?
¿Qué? ¿No extiendes tu mano y la levantas?
Miras echar sobre su casto seno-
¡Que fue pulcro, Señor, como la nácar.
Antes de que su rastro en él dejase
La vil caricia de la gran canalla!-
Miras echar sobre sus nobles hombros,-
¡Hombros que fueran los de Juno y Diana,
Si el azote brutal del infortunio
Su pulido marfil no flagelara!
Miras echar sobre su cuerpo sacro,-
¡Tan sacro, sí, como tus hostias santas,
Porque también tus hostias se mancillan
Porque también tus hostias se profanan!-
Miras echar sobre la patria nuestra,-
Digo por fin, vibrante de arrogancia,-
El hediondo capote del esbirro
Que ha de ser su señor, si no le matas;
¿Y el rayo de tu enojo no descuelgas?
¿Tu flamígero brazo, no descargas?
¿Tu cielo fulgurante, no oscureces?
¿Y tus mundos atónitos no paras?

VI

¿Dónde estás, Jehová? ¿Desde que cumbre,
Circundada de monstruos y de llamas;
Desde qué abismo negro, impenetrable;
Desde qué estrella errante y solitaria
Ves su profanación y no fulminas?
¿Oyes la voz de tu poeta y callas?
La voz de tu poeta que te siente,
La voz de tu poeta que te aclama,
La voz de tu poeta que te adora,
En la noche en el día y en el alba,
En el secreto foro de su pecho
Y en el público altar de su palabra.
¿Dónde estás, Jehová, que así me dejas
Buscarte ansioso por doquier, y callas?
¿Y callas como un ídolo sin lengua,
Como un muñeco rígido sin alma,
A quien supuso vida el fanatismo
Y atribuyó justicia la ignorancia?

VII

¡Sí! La virtud, las leyes, el derecho
La religión, la libertad, la patria,
La tradición gloriosa de los pueblos,
La consigna inviolable de las razas,
Y todo lo que da calor y vida
A ese artefacto rígido que llaman
El universo tuyo, son apenas
Un sueño, una mentira, una palabra;
Una cosa que suena como un disco
Chocando sobre el mármol de una escala;
Una cosa que está como una piedra,
Descendiendo veloz de una montaña:
Una mancha que brilla,
Una boca que grita y que no habla!

VIII

Y la doblez, la astucia, la codicia;
La vileza del sable que amenaza;
La insidia ruin que a la virtud deshonra
Y a las turbas conturba y maniata;
La evidencia del mal, su negro imperio,
Sojuzgando las cosas y las almas,
Cual si fuera la torpe levadura
Que lleva la creación en sus entrañas,
La genésica fuerza incontrastable,
El fiat inicial del protoplasma,-
Esos son la verdad, Dios de los pueblos,
A cuyos pies la humanidad se arrastra
Como van los rebaños trashumantes
Hacia donde los vientos arrebatan,
Los pluviales arroyos a los ríos,
Y a las aguas del mar todas las aguas!

IX

Esos son la verdad, Dios providente,
Que todo lo precaves y lo mandas,
Arquitecto invisible, que dispones
La orientación del pórtico y su fábrica,
Poderoso caudillo que presides
La instrucción del soldado y la batalla,
Tragediante inmortal que verificas
La negra intriga de tus propios dramas!
Esos son la verdad Dios de justicia,
A cuyo tribunal siempre se llama,
Que has hecho del placer el ancho cauce
Que conduce a la muerte o la nostalgia,
Que has dejado indefensa a la gacela
Armando al lobo de potentes garras,
Que has dividido el mundo de los hombres.
En los más, que padecen y trabajan,
Y en los menos, que gozan y que cumplen
La misión de guiar la recua humana,
Y que más grandes son cuando más mienten,
Y que más nobles son cuando más matan!...
¿Dónde estás, Jehová? ¿Dónde te ocultas,
Que así me dejas blasfemar y callas,
Mi rebelión airada no sofrenas,
Mi pequeñez pomposa no anonadas,
Mi razón deleznable no enloqueces,
Y esta lengua de arpía no me arrancas?

X

Los que sabéis de amor -de amor excelso,
Que recorre la arteria y la dilata,
Que reside en el pecho y lo ennoblece,
Que palpita en el ser y lo agiganta-;
Los que sabéis de amor, nobles mancebos,
Fuertes, briosos, púdicos, sin mancha,
Que recién penetráis en el santuario
De la fecunda pubertad sagrada;
Vosotros, -Sí, vosotros ¡oh! mancebos
De talante gentil y alma entusiasta,
Que todavía honráis a vuestras madres,
Circuyendo de besos y de lágrimas
El augusto recinto de sus frentes,
¡La espléndida corona de sus canas!
Volved los rostros a la reina ilustre
Que prostituida por los viejos, pasa,
Y si al poner los ojos en los suyos,
Ojos de diosa que del polvo no alza,
No sentís el dolor que a los varones
Ante el dolor de la mujer ataca;
Si al contemplar su seno desceñido,
Seno de virgen que el rubor abrasa,
No sentís el torrente de la sangre
Que inunda el rostro en borbollón de grana;
Si al escuchar sus ayes angustiosos,
-Ayes de leona que en su jaula brama-
No sentís una fuerza prodigiosa
Que os empuja a la lucha y la venganza;
¡Arrancaos a puñados, de los rostros,
Las mal nacidas juveniles barbas,
Y dejad escoltar a vuestras novias
La Sombra de la Patria!

Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte (San Justo, Argentina, 1854-La Plata, Argentina, 1917)
Obras completas, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1993 (Primera edición, 1951)



domingo, octubre 11, 2015

William Butler Yeats / Dos poemas

















Él desea las telas del cielo

Si yo tuviera las telas bordadas del cielo
forjadas  con luz de oro y plata,
las azules y las tenues  y oscuras telas
de la noche y  de la luz  y penumbra,
extendería las telas bajo tus pies:
pero al ser pobre, sólo tengo mis sueños;
he extendido mis sueños bajo tus pies;
pisa suavemente porque pisas mis sueños.



Cuando seas vieja

Cuando seas vieja y gris y llena de sueño,
y cabeceando  hacia el fuego, tomes este libro,
y lentamente leas, y  sueñes  con la mirada suave
que tus ojos tenían  y sus profundas sombras;

cuántos amaron tus momentos de alegre gracia,
Y amaron tu belleza con amor falso o verdadero,
pero un hombre amó tu alma peregrina,
y amó las penas de su rostro cambiante;

e inclinándote hacia los leños  encendidos,
murmures, un poco triste, cómo el Amor huyó
y  se deslizó por sobre las montañas elevadas
y escondió su rostro entre  una  multitud de estrellas.

William Butler Yeats (Dublín, 1865-Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), The Collected Poems of W. B. Yeats,  Macmillan, Nueva York, 1989
Versión: Marina Kohon


He Wishes for the Cloths of Heaven

Had I the heavens’ embroidered cloths,
Enwrought with golden and silver light,
The blue and the dim and the dark cloths
Of night and light and the half-light,
I would spread the cloths under your feet:
But I, being poor, have only my dreams;
I have spread my dreams under your feet;
Tread softly because you tread on my dreams.



When You Are Old

When you are old and grey and full of sleep,
And nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;

How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true,
But one man loved the pilgrim soul in you,
And loved the sorrows of your changing face;

And bending down beside the glowing bars,
Murmur, a little sadly, how Love fled
And paced upon the mountains overhead
And hid his face amid a crowd of stars.


sábado, octubre 10, 2015

George Oppen / "De ser muchos"












1

Hay cosas entre
Las que vivimos 'y verlas
es conocerlas'.

Ocurrencia, una parte
De una serie infinita,

Las tristes maravillas;

De esto se contó
Un cuento sobre nuestra maldad.
No es nuestra maldad.

'Recuerdas aquel viejo pueblo al que fuimos y nos sentamos
en la ventana carcomida y tratamos de imaginarnos en aquella
época - Está muerta y no lo está, y no es posible imaginar su
vida o su muerte; la tierra habla y la salamandra habla, viene la
primavera y simplemente la oscurece -'

George Oppen (New Roschelle, Estados Unidos, 1908-Sunnyvale, Estados Unidos, 1984), "De Of Being Numerous / De ser muchos" (1968), George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas,  selección y traducción de Kurt Folch, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2012

1

There are things
We live among 'and to see them
Is to know ourselves'.

Ocurrence, a part
Of an infinite series,

The sad marvels;

Of this was told
A tale of our wickedness.
It is not a wickedness.

'You remember that old town we went to, and we sat in the
ruined window, and we tried to imagine that we belonged to
those - It is dead and it is not dead, and you cannot
imagine either its life and its death; the earth speaks and the
salamander speaks, the Spring comes and only obscures it -'





viernes, octubre 09, 2015

Carlos Daniel Aletto / De "Ciudad oculta"










en ciudad oculta 
              primera calle

     aquí conocí el barro
espejo pisoteado de cielo
                    y madera retorcida
donde reflejos de demonios
                       se divierten con sus muecas

     aquí imprimí el primer sello de mi suela
sobre el camino más breve
atajo del deseo
sendero hacia lo deseado
                     prepotencia de huellas
donde pequeñas bestias
                     en remeras harapientas
se hornean a soles lentos
y exhiben mocos
para la national geographic

    y aquí exploré los secretos del barro
                         antepasado del hombre
en su esencia de saliva y tierra
donde un demonio idiota empuja el carro
                           con almas y cartones
humedeciendo con babas los caminos
                            de ciudad oculta

Carlos Daniel Aletto (Mar del Plata, Argentina, 1967), Ciudad oculta, inédito
Foto: Carlos Daniel Aletto en FB
  


jueves, octubre 08, 2015

May Sinclair / Tras la retirada










Si sólo pudiera ver de nuevo
La casa por delante de la que pasamos en el largo camino flamenco
Aquel día
Cuando el ejército fue de Amberes, a través de Brujas, hacia el mar;
La casa de la esbelta puerta
Y la delgada hilera de celosías, grises y polvorientas en la pared blanca.
Se alzaba, abatida y sola, en la plana tierra flamenca.
Y detrás de ella los altos y delgados árboles eran pequeños bajo
el cielo.

A través de las ventanas
Se veía borrosa como los ojos de las mujeres que han llorado largamente.

No había nadie allí a quien yo conociera,
Nunca me senté junto a su hogar, nunca crucé su umbral, nunca abrí su puerta,
Nunca estuve ante sus ventanas mirando dentro;
Sí, sus ojos decían: “Has visto cuatro ciudades de Flandes:
Ostende, y Brujas, y la condenada Amberes,
Y la querida Gante,
Y no hay nadie en ellas a quien puedas recordar
Como me recuerdas a mí.”

Me acuerdo muy bien
De que por la noche, de que por la noche no puedo dormir en Inglaterra aquí;
Pero me levanto, y voy:
No a las ciudades de Flandes,
No a Ostende y el mar,
No a la ciudad de Brujas, o a la ciudad de Amberes, o a la ciudad
de Gante,
Sino a algún lugar
En el campo
Donde los altos y delgados árboles son pequeños bajo el cielo...

Si sólo pudiera ver de nuevo
La casa por delante de la que pasamos aquel día.


May Sinclair (Rock Ferry, Reino Unido, 1863-Buckinghamshire, Reino Unido, 1946), Poetry of the First World War. An Anthology, Oxford University Press, Oxford, 2013.
Versión de Jonio González


AFTER THE RETREAT

IF I could only see again
The house we passed on the long Flemish road
That day
When the Army went from Antwerp, through Bruges, to the sea;
The house with the slender door,
And the one thin row of shutters, grey as dust on the white wall.
It stood low and alone in the flat Flemish land,
And behind it the high slender trees were small under the sky.

It looked
Through windows blurred like women's eyes that have cried too long.

There is not anyone there whom I know,
I have never sat by its hearth, I have never crossed its threshold, I have never opened its door,
I have never stood by its windows looking in;
Yet its eyes said: 'You have seen four cities of Flanders:
Ostend, and Bruges, and Antwerp under her doom,
And the dear city of Ghent;
And there is none of them that you shall remember
As you remember me.'

I remember so well,
That at night, at night I cannot sleep in England here;
But I get up, and I go:
Not to the cities of Flanders,
Not to Ostend and the sea,
Not to the city of Bruges, or the city of Antwerp, or the city of Ghent,
But somewhere
In the fields
Where the high slender trees are small under the sky—

If I could only see again
The house we passed that day. 


miércoles, octubre 07, 2015

Giovanni Raboni / Ciudad desde lo alto









Estas calles que suben a los muros
no tienen horizonte, mira: chocan contra un cielo
blanco y neto, sin árboles y vuelven como un río. Desde aquí a las
   procesiones
de señores y de perros
que llevan collar, oriflamas
las colas alzadas,
habrá noventa pasos, cien, no más: pero más abajo,
   en el fondo de la ciudad
dividida en cuadraditos (puedes contarlos) y dulce
como un cuenco... Y poco más adelante
la catedral, de cinco órdenes sobrepuestos: y prosiguiendo,
a la derecha, en diagonal, unos
treinta o cuarenta pasos más -un palmo: sigue leyendo
como si fuera un mapa- das de lleno con el eje de la plaza,
construida sobre los rocosos cimientos del circo
romano
gris elipsis quieta donde
duermen o se afanan enormes, obesos, engordados
como capones, haítos a fuerza
de carne y borgoña ¡con tal de que no salgan de la plaza!, los pobres
de la ciudad. En medio de dos fuegos,
allí, dentro de cuatrocientos años,
implantan la guillotina.

Giovanni Raboni (Milán, Italia, 1932-Fontanellato, Italia, 2004), A tanto caro sangue, Mondadori, Milán, 1988
Versión de Jorge Aulicino


Città dall'alto

Queste strade che salgono alle mura
non hanno orizzonte, vedi: urtano un cielo
bianco e netto, senz'alberi, come un fiume che volta. Da qui alle processioni
dei signori e dei cani
che recano guinzagli, stendarti
reggendosi la coda
ci sarano novanta passi, cento, non di piû: però più giù, nel fondo della città
divisa in quadrati (puoi contarli) e dolce
come un catino... e poco più avanti,
la cattedrale, de cinque ordini sovrapposti: e prosseguendo
a destra, in diagonale, per altri
trenta o quarante passi - una spanna: continua a leggere
come in un mappa - imbrocchi in pieno l'asse della piazza
costruita sulle rocciose fondamenta del circo
romano
grigia ellisse quieta dove
dormono o si trascinano enormi, obesi, ingrassati
come capponi, rimpinzati a volontà
di carni e borgogna purché non escono dalla piazza! i poveri
della città. A metà tra i due fuochi
lì, tra quattrocento anni,
impiantano la ghigliottina.


martes, octubre 06, 2015

Alekséi Petróvich Tsvetkov / No es el viento











somos niños todos guardamos cama
rapados al cero en las sienes venitas azules
me han dado un libro y leo acerca de estepas
y bosques que no he visto en la vida
liusia que duerme a mi izquierda recuerda que iba
al parvulario pero el sentido de sus recuerdos es confuso
aunque lo describe todo son imágenes oscuras
no puedo imaginarme ningún parvulario
estamos enfermos pero nada sabemos de ello
porque estuvimos enfermos desde que nacimos
muchos adultos son buenos nos dan de comer
los adultos están para dar de comer a los niños

después de la siesta nos ponen inyecciones
viene el importante jefe de sección con mascarilla
a la derecha huele mal resulta que a kolia
le han salido llagas y le están vendando
kolia cuando podía caminar presumía y se pavoneaba
vio un escarabajo y un caballo dice tan grande
como un elefante pero después de la operación volvió
escayolado y como liusia y yo calla no molesta
en el libro hablan de un partisano aseguran
que lo abatió una bala fascista el libro se parece
a la verdad la cosa buena es que mueren
los adultos mientras los niños no saben más que vivir acostados

el día en que murió stalin nos llevaron a bañarnos
lloran pero aún así nos lavan día de baño en la sala
lusia en el catre como pollo en el plato
nunca llevó ni trenza ni vestido
mientras estamos tumbados cerca uno del otro desnudos
nos enjabonan y la enfermera verka
canta que no es el viento el que dobla la rama que levanten
el brazo los que no han olvidado el sabor del viento en la lengua
recuerdo que jugábamos con erizos de goma
por qué justamente con erizos ese día
lo guardo en la memoria por lo de stalin y nosotros acostados
llenos de jabón los hijos del edén en el día del pecado original

Alekséi Petróvich Tsvetkov (Stanislav, Ucrania, 1947), La hora de Rusia. Poesía contemporánea, Visor, Madrid, 2011
Traducción de Eva Crego
Envío de Jonio González

lunes, octubre 05, 2015

John Ashbery / De "Autorretrato en un espejo convexo"









[Fragmento]

La sombra de la ciudad inyecta su propia
urgencia: la Roma en la que Francesco *
estaba trabajando durante el Saco: sus invenciones
fascinaron a los soldados que irrumpieron en su estudio;
decidieron salvar su vida, pero él se marchó poco después;
la Viena en la que hoy está el cuadro, donde
lo vi con Pierre en el verano de 1959; Nueva York,
donde estoy ahora, que no es sino un logaritmo
de otras muchas ciudades. Nuestro paisaje
palpita con filiaciones, con enlaces;
los negocios se mantienen con miradas, gestos,
rumores. Es una vida alternativa para la ciudad,
el respaldo del espejo en el estudio
sin identificar aunque nítidamente esbozado. Persigue
desviar la vida del estudio, deflactar su espacio
trazado, abatirlo en promulgaciones, aislarlo.
La operación ha sido temporalmente interrumpida
pero algo nuevo se aproxima, un nuevo preciosismo
empujado en el viento. ¿Lo puedes soportar,
Francesco? ¿Eres suficientemente fuerte?
Este viento trae lo que ignora, llega
autopropulsado, ciego, sin noción alguna
de sí mismo. Es una inercia que una vez
reconocida socava toda actividad, secreta o pública;
suspiros del mundo que no puede comprenderse
pero pueden sentirse, un escalofrío, una plaga
extendiéndose por los cabos y penínsulas
de tus venas hasta los archipiélagos, hasta esa
clandestinidad, limpia, espaciosa, de alta mar.
Ése es su lado negativo. Su lado positivo
es hacerte percibir la vida y sus tensiones
que tan sólo parecían marcharse, pero que ahora,
al ser puestas en duda por este nuevo modo, parecen
precipitarse fuera de moda. Sólo llegarán a ser clásicos
cuando decidan claramente de qué lado están.
Su reticencia ha ido minando
el escenario urbano, permitiendo que sus ambigüedades
parezcan agotadoras, tercas, los pasatiempos de un viejo.
Lo que ahora necesitamos es a este improbable
aspirante aporreando las puertas de un castillo
asombrado. Tu argumento, Francesco,
comenzó a enranciarse al no existir esperanza
de una o varias respuestas. Si se disuelve
en polvo, significa tan sólo que su hora
llegó hace algún tiempo, pero mira y escucha:
puede que haya otra vida allí dentro guardada
en lugares recónditos e ignotos; que ella
y no nosotros, seamos el cambio; que en realidad seamos
ella si pudiésemos volver a ella, revivir su apariencia
de algún modo, volver nuestros rostros hacia el globo
al tiempo que desciende, y lograr, sin embargo, escaparnos seguros:
pulso normal, respiración normal. al ser una metáfora
hecha para incluirnos, somos parte de ella
y podemos vivir dentro de ella como de hecho vivimos,
aunque sabemos que nunca podrá ser aleatorio
que nuestras mentes se queden desnudas para interrogar
sino que habrá de ocurrir con un orden que no supone una amenaza
para nadie -en el modo normal en que se hacen las cosas,
como el crecimiento concéntrico de los días
alrededor de una vida: correctamente, si lo piensas.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), Autorretrato en un espejo convexo, traducción de Julián Jiménez Heffernan, DVD Ediciones, Barcelona, 2006

* Alude a Girolamo Francesco Maria Mazzola, il Parmigianino (Parma, Italia, 1503 - Casalmaggiore, Italia, 1540), cuyo autorretrato en un espejo convexo es de lo que trata este poema (Nota del Administrador)


SELF-PORTRAIT IN A CONVEX MIRROR

[...]

The shadow of the city injects its own
Urgency: Rome where Francesco
Was at work during the Sack: his inventions
Amazed the soldiers who burst in on him;
They decided to spare his life, but he left soon after;
Vienna where the painting is today, where
I saw it with Pierre in the summer of 1959; New York
Where I am now, which is a logarithm
Of other cities. Our landscape
Is alive with filiations, shuttlings;
Business is carried on by look, gesture,
Hearsay. It is another life to the city,
The backing of the looking glass of the
Unidentified but precisely sketched studio. It wants
To siphon off the life of the studio, deflate
Its mapped space to enactments, island it.
That operation has been temporarily stalled
But something new is on the way, a new preciosity
In the wind. Can you stand it,
Francesco? Are you strong enough for it?
This wind brings what it knows not, is
Self-propelled, blind, has no notion
Of itself. It is inertia that once
Acknowledged saps all activity, secret or public:
Whispers of the word that can’t be understood
But can be felt, a chill, a blight
Moving outward along the capes and peninsulas
Of your nervures and so to the archipelagoes
And to the bathed, aired secrecy of the open sea.
This is its negative side. Its positive side is
Making you notice life and the stresses
That only seemed to go away, but now,
As this new mode questions, are seen to be
Hastening out of style. If they are to become classics
They must decide which side they are on.
Their reticence has undermined
The urban scenery, made its ambiguities
Look willful and tired, the games of an old man.
What we need now is this unlikely
Challenger pounding on the gates of an amazed
Castle. Your argument, Francesco,
Had begun to grow stale as no answer
Or answers were forthcoming. If it dissolves now
Into dust, that only means its time had come
Some time ago, but look now, and listen:
It may be that another life is stocked there
In recesses no one knew of; that it,
Not we, are the change; that we are in fact it
If we could get back to it, relive some of the way
It looked, turn our faces to the globe as it sets
And still be coming out all right:
Nerves normal, breath normal. Since it is a metaphor
Made to include us, we are a part of it and
Can live in it as in fact we have done,
Only leaving our minds bare for questioning
We now see will not take place at random
But in an orderly way that means to menace
Nobody – the normal way things are done,
Like the concentric growing up of days
Around a life: correctly, if you think about it.

[...]



domingo, octubre 04, 2015

Antonio Machado / Poema de un día

















(POEMA DE UN DÍA)

MEDITACIONES RURALES

Heme aquí ya, profesor
de lenguas vivas (ayer
maestro de gay-saber,
aprendiz de ruiseñor)
en un pueblo húmedo y frío,
destartalado y sombrío,
entre andaluz y manchego.
Invierno. Cerca del fuego.
Fuera llueve un agua fina,
que ora se trueca en neblina,
ora se torna aguanieve.
Fantástico labrador,
pienso en los campos. ¡Señor,
qué bien haces! Llueve, llueve
tu agua constante y menuda
sobre alcaceles y habares,
tu agua muda,
en viñedos y olivares.
Te bendecirán conmigo
los sembradores del trigo;
los que viven de coger
la aceituna;
los que esperan la fortuna
de comer;
los que hogaño,
como antaño,
tienen toda su moneda
en la rueda,
traidora rueda del año.
¡Llueve, llueve; tu neblina
que se torne en aguanieve,
y otra vez en agua fina!
¡Llueve, Señor, llueve, llueve!
   En mi estancia, iluminada
por esta luz invernal,
—la tarde gris tamizada
por la lluvia y el cristal—,
sueño y medito.
              Clarea
el reloj arrinconado,
y su tic-tic, olvidado
por repetido, golpea.
Tic-tic, tic-tic... Ya te he oído.
Tic-tic, tic-tic... Siempre igual,
monótono y aburrido.
Tic-tic, tic-tic, el latido
de un corazón de metal.
En estos pueblos, ¿se escucha
el latir del tiempo? No.
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el reló,
con esa monotonía,
que mide un tiempo vacío.
Pero ¿tu hora es la mía?
¿Tu tiempo, reloj, el mío?
(Tic-tic, tic-tic)... Era un día
(tic-tic, tic-tic) que pasó,
y lo que yo más quería
la muerte se lo llevó.
   Lejos suena un clamoreo
de campanas...
Arrecia el repiqueteo
de la lluvia en las ventanas.
Fantástico labrador,
vuelvo a mis campos. ¡Señor,
cuánto te bendecirán
los sembradores del pan!
Señor, ¿no es tu lluvia ley,
en los campos que ara el buey,
y en los palacios del rey?
¡Oh, agua buena, deja vida
en tu huida!
¡Oh, tú, que vas gota a gota,
fuente a fuente y río a río,
como este tiempo de hastío
corriendo a la mar remota,
con cuanto quiere nacer,
cuanto espera
florecer
al sol de la primavera,
sé piadosa,
que mañana
serás espiga temprana,
prado verde, carne rosa,
y más: razón y locura
y amargura
de querer y no poder
creer, creer y creer!
   Anochece;
el hilo de la bombilla
se enrojece,
luego brilla,
resplandece,
poco más que una cerilla.
Dios sabe dónde andarán
mis gafas... entre librotes,
revistas y papelotes,
¿quién las encuentra?... Aquí están.
Libros nuevos. Abro uno
de Unamuno.
¡Oh, el dilecto,
predilecto
de esta España que se agita,
porque nace o resucita!
Siempre te ha sido, ¡oh Rector
de Salamanca!, leal
este humilde profesor
de un instituto rural.
Esa tu filosofía
que llamas diletantesca,
voltaria y funambulesca,
gran Don Miguel, es la mía.
Agua del buen manantial,
siempre viva,
fugitiva;
poesía, cosa cordial.
¿Constructora?
—No hay cimiento
ni en el alma ni en el viento.—
Bogadora,
marinera,
hacia la mar sin ribera.
Enrique Bergson: Los datos
inmediatos
de la conciencia. ¿Esto es
otro embeleco francés?
Este Bergson es un tuno;
¿verdad, maestro Unamuno?
Bergson no da como aquel
Immanuel
el volatín inmortal;
este endiablado judío
ha hallado el libre albedrío
dentro de su mechinal.
No está mal:
cada sabio, su problema,
y cada loco, su tema.
Algo importa
que en la vida mala y corta
que llevamos
libres o siervos seamos;
mas, si vamos
a la mar,
lo mismo nos han de dar.
¡Oh, estos pueblos! Reflexiones,
lecturas y acotaciones
pronto dan en lo que son:
bostezos de Salomón.
¿Todo es
soledad de soledades,
vanidad de vanidades,
que dijo el Eclesiastés?
Mi paraguas, mi sombrero,
mi gabán... El aguacero
amaina... Vámonos, pues.
   Es de noche. Se platica
al fondo de una botica.
—Yo no sé,
Don José,
cómo son los liberales
tan perros, tan inmorales.
—¡Oh, tranquilícese usté!
Pasados los carnavales,
vendrán los conservadores,
buenos administradores
de su casa.
Todo llega y todo pasa.
Nada eterno:
ni gobierno
que perdure,
ni mal que cien años dure.
—Tras estos tiempos, vendrán
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarán.
Así es la vida, Don Juan.
—Es verdad, así es la vida.
—La cebada está crecida.
—Con estas lluvias...
                   Y van
las habas que es un primor.
—Cierto; para marzo, en flor.
Pero la escarcha, los hielos...
—Y además, los olivares
están pidiendo a los cielos
agua a torrentes.
                —A mares.
¡Las fatigas, los sudores
que pasan los labradores!
En otro tiempo...
                —Llovía
también cuando Dios quería.
—Hasta mañana, señores.
   Tic-tic, tic-tic... Ya pasó
un día como otro día,
dice la monotonía
del reloj.
   Sobre mi mesa Los datos
de la conciencia, inmediatos.
No está mal
este yo fundamental,
contingente y libre, a ratos,
creativo, original;
este yo que vive y siente
dentro la carne mortal
¡ay! por saltar impaciente
las bardas de su corral.

Baeza, 1913.

Antonio Machado (Sevilla, España, 1875- Collioure, Francia, 1939), "Campos de Castilla (1907-1917)", Poesías completas, Espasa Calpe, Colección Austral, Madrid, 2007


sábado, octubre 03, 2015

Robert Bly / Dos poemas










La luna

Tras pasarme el día escribiendo poemas
voy a contemplar la luna entre los pinos.
Lejos, entre los árboles, me siento apoyado contra un tronco.
La luna tiene sus pórticos vueltos hacia la luz,
pero la parte profunda de su casa permanece a oscuras.


Gratitud hacia los viejos maestros

Cuando andamos de prisa o paseamos por el lago helado,
ponemos el pie donde nunca ha estado.
Caminamos sobre lo que jamás se ha caminado. Pero nos sentimos inquietos.
¿Quién está ahí abajo sino nuestros viejos maestros?

El agua que en otro tiempo no soportaba el peso de un hombre
-entonces éramos estudiantes- ahora sostiene nuestro pie
y se extiende una milla más allá de nosotros.
Debajo de nosotros los maestros, y alrededor la quietud.


Robert Bly (Lac qui Parle, Minnesota, EE. UU., 1926), Eating the Honey of Words. New and Selected Poems, HarperCollins, Nueva York, 1999
Versiones de Jonio González


THE MOON

After writing poems all day,
I go off to see the moon in the pines.
Far in the woods I sit down against a pine.
The moon has her porches turned to face the light,
But the deep part of her house is in the darkness.


GRATITUDE TO OLD TEACHERS

When we stride or stroll across the frozen lake,
We place our feet where they have never been.
We walk upon the unwalked. But we are uneasy.
Who is down there but our old teachers?

Water that once could take no human weight-
We were students then-holds up our feet,
And goes on ahead of us for a mile.
Beneath us the teachers, and around us the stillness.




viernes, octubre 02, 2015

Philip Larkin / Canciones de amor en la vejez











Guardaba sus canciones, ocupaban tan poco espacio,
le gustaban las tapas:
una descolorida de estar al sol,
una con los círculos de un jarrón con agua,
una pegada, de cuando le dio por poner orden,
y coloreada, por su hija;
y así esperaron, hasta que ya viuda
las encontró, buscando otra cosa, y se puso
a redescubrir cómo esos acordes francos y sumisos
habían dado paso
a esas palabras que los guiones prolongan,
y la infalible sensación de ser joven
se extendió como un árbol que despierta en primavera,
en el que cantaba esa fresca lozanía,
esa certeza de tener tiempo por delante
como cuando las tocó por primera vez. Pero más aún,
el refulgir de ese tan mencionado brillo, el amor,
estalló para mostrar
el vuelo de su luminosa insipiencia,
que aún prometía solventar, y satisfacer,
e imponer un orden inmutable. Por ello,
esconderlas otra vez, llorar,
fue duro, sin admitir en parte que
no lo había conseguido entonces, y no lo haría ahora.

Philip Larkin (Coventry, Inglaterra, 1922- Hull, Inglaterra, 1985), Poesía reunida, Lumen, Barcelona, 2014
Traducción de Damián Alou y Marcelo Cohen
Envío de Jonio González



Love Songs In Age

She kept her songs, they kept so little space, 
 The covers pleased her: 
One bleached from lying in a sunny place, 
One marked in circles by a vase of water, 
One mended, when a tidy fit had seized her, 
 And coloured, by her daughter - 
So they had waited, till, in widowhood 
She found them, looking for something else, and stood 

Relearning how each frank submissive chord 
 Had ushered in 
Word after sprawling hyphenated word, 
And the unfailing sense of being young 
Spread out like a spring-woken tree, wherein 
 That hidden freshness sung, 
That certainty of time laid up in store 
As when she played them first. But, even more, 

The glare of that much-mentionned brilliance, love, 
 Broke out, to show 
Its bright incipience sailing above, 
Still promising to solve, and satisfy, 
And set unchangeably in order. So 
 To pile them back, to cry, 
Was hard, without lamely admitting how 
It had not done so then, and could not now.

© by owner. Added by volunteers for educational purposes and provided at no charge. Dmca
All Poetry


jueves, octubre 01, 2015

Daria Menicanti / Tres poemas











Alegre final

Hubo una vez en que me enamoré
de uno hasta convivir con él.
Pero él buscaba una pelea perpetua
y aplausos femeninos a su nombre
y la jadeante espera por cada uno de sus anhelados retornos.
Ahora su barquito se fue
lejos. En compañía de un inepto,
hoy me aburro. Ah sí,
maravillosamente me aburro.


Gnómica

Hace tiempo dejé de robar amores,
de tomar para mí las cosas bellas,
de beber astuta un sorbo
del vaso de otra.
Mejor -desde hace tiempo me repito-
mejor tener nostalgias que remordimientos.


Poetisa

Se acerca una que parece un hidrante
- Soy, dice, Rossana Battistoni-
y se pone en el acto a leerme sus versos.
Dios mío
Dios mío
cuánto debo de haber pecado
contra tu santo rostro
que me has constreñido aún en vida a escuchar
versos feroces de tal Battistoni. *


Daria Menicanti (Piacenza, Italia 1914-Mozzate, Italia, 1995)
Versiones de Jorge Aulicino

* No descartar un juego verbal con el origen del apellido Basttistoni en las palabras latina baptista e italiana battista (bautista), extendido en diversas formas dialectales, probablemente primero como sobrenombres, por diversas regiones italianas. (Nota del traductor)

Fuentes:
Nuovo post per Daria, Marco Marchi
Il canto delle sirene

Vía Silvia Rosa
Ver también Emma Gunst


Lieto fine

C'era una volta che mi innamorai
di uno sino a conviverci.
Ma lui cercava una perpetua rissa
e applausi femminili al suo nome
e l'affannata attesa per ognuno dei suoi ambiti ritorni.
Ora il suo battelletto se n'è andato
lontano. In compagnia di un dappoco
oggi mi annoio. Eh, sì:
meravigliosamente mi annoio.


Gnomica

Da tempo ho smesso di rubare amori
di prendere per me le cose belle
di bere scaltra un sorso
dal bicchiere di un'altra.
Meglio - oramai da tempo mi ripeto -
meglio avere rimpianti che rimorsi.


Poetessa

Viene lì una che pare un idrante
- Sono, dice, Rossana Battistoni -
e via che si mette a leggermi i suoi versi.
Dio mio
Dio mio
quanto mai devo aver peccato
contro il tuo volto santo
se mi hai costretta già in vita ad ascoltare
versi efferati da tale Battistoni.