viernes, julio 07, 2017

Raymond Carver / Viento













                                             para Richard Ford

Agua perfecta en calma. Perfectamente admirable.
Multitudes de pájaros moviéndose
sin descanso. Es suficiente el misterio, sólo Dios lo sabe.

Me preguntás si tengo tiempo. Tengo.
Tiempo para ir. No hay pique
de cualquier forma. Nada que hacer en todas partes.

Cuando, a un kilómetro de distancia, vemos al viento
cruzando el agua. Nos quedamos sentados y quietos
y lo vemos venir. Nada de qué preocuparnos.

Solo viento. No tan fuerte. Aunque bastante fuerte.
Me decís, “¡Mirá eso!”
Y nos aferramos a la borda cuando pasa.

Lo siento abanicarme la cara y las orejas. Lo siento
despeinarme más dulcemente, parece,
que los dedos de cualquier mujer.

Después giro mi cabeza y lo veo
moverse y bajando por el Estrecho,
llevando las olas antes de eso.

Arrojando las olas contra
nuestro casco. Los pájaros se vuelven locos ahora.
El barca se mueve de un lado a otro.

“Jesús”, decís, “Nunca vi nada como esto”
“Richard”, te digo —
“Nunca vas a ver algo como esto en Manhattan, mi amigo.”

Raymond Carver (Clatskanie, Estados Unidos, 1938-Port Angeles, Estados Unidos, 1988), “Ultramarine” (1986), All of Us, The Collected Poems of Raymond Carver, Vintage Books, Nueva York, 1996
Versión de Noelia Torres


WIND

     for Richard Ford

Water perfectly calm. Perfectly amazing.
Flocks of birds moving
restlessly. Mystery enough in that, God knows.

You ask if I have the time. I do.
Time to go in. Fish no biting
anyway. Nothing doing anywhere.

When, a mile away, we see wind
moving across the water. Sit quiet and
watch it come. Nothing to worry about.

Just wind. Not so strong. Though strong enough.
You say, “Look at that!”
And we hold on to the gunwales as it passes.

I feel it fan my face and ears. Feel it
ruffle my hair-sweeter, it seems, 
than any woman’s fingers.

Then turn my head and watch
it move on down the Strait,
driving waves before it. 

Leaving waves to flop against
our hull. The birds going crazy now.
Boat rocking from side to side.

“Jesus”, you say, “I never saw anything like that.”
“Richard,” I say —
“You’ll never see that in Manhattan, my friend.”


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